Domingo 25 enero
Este día la previsión eran lluvias y efectivamente, llovía a mares. Esto nos gafó bastante los planes ya que en el último momento intentamos buscar para ir a Delfos, excursión que era una paliza pero tenía muy buena pinta, solo que con la previsión que daban decidimos que era mejor no arriesgarse. Decidimos probar suerte e ir hacia el puerto, por si salía alguna barco hacia Egina y fue un desastre total: llovía a cántaros y lógicamente los barcos no salían. Es lo que toca cuando viajas en Enero, que a veces los planes salen bien y a veces no tanto. Nos lo tomamos con calma, desayunamos tranquilamente en un bar cercano y volvimos a coger el tranvía hacia el centro, dirección al Museo Arqueológico. El café en general en Atenas nos pareció muy caro y muy malo. Lo bueno del paseo de tranvía es que la línea de tranvía M1 entre Thiseo y Monastiraki pasa por dentro del Ágora de Atenas.
Fuimos al Museo Arqueológico y no sabría deciros si merece o no la pena. Tienes el privilegio de ver un montón de piezas únicas, incluida la máscara de Agamenón, que no hay precio que lo pague; pero es cierto que son 20 euros y hay que echarle un rato largo. Si no tienes tiempo, o no te interesa tanto el tema de arqueología, especialmente las excavaciones que se llevaron a cabo en Creta; quizá me lo saltaría.
Después de echar un buen rato en el museo buscamos donde ir a comer. El escogido fue Atítamos dónde, al igual que todo lo que pasó este día, tuvimos muy mala suerte. El local lo recomiendo, tenía una terraza cubierta monísima y la temperatura era bastante buena; además amaino un poco la lluvia durante ese rato. Pero pedimos fatal. Pedimos Dolma de entrante que sin más y como plato pasta con cordero, que estaba fuera de carta; que más que cordero parecía cabrito la verdad. Objetivamente estaba bueno pero yo dudo mucho que lo que nos pusieron fuera cordero. Además, cuando fuimos a pagar nos dicen que no funciona el datáfono y tuvimos que ir uno a buscar un cajero. El chico me explicó bastante mal donde estaba el más cercano y tuve que ir por un barrio en el que me encontré con dos coches de policía parando a otro coche en la calle y registrándolo hasta encontrar un cajero. La comida fueron 52 euros, incluyendo la bebida (26 cada uno).
Como el día no podía más que empeorar, se puso a llover a cántaros así que decidimos tomárnoslo con calma. A la tarde teníamos previsto ir a ver el atardecer al Monte Licabeto, muy recomendado por la guía. Pero llovía tanto que decidimos tomarlo con calma y simplemente pasear y comprar souvenirs. Para cenar fuimos a una taberna Aspro Alogo. Es un local pequeño y familiar que tiene toda la pinta de haber vivido mejor época pero que tiene una comida espectacular. Pedimos Tzaziki, Slouvaki de pollo y Dorada y con las bebidas pagamos unos 35 euros entre los dos. El señor nos regaló dos botellas de agua antes de irnos, un chupito y un trocito de tarta de postre. Lo recomiendo mucho.
Después de un buen paseo, volvimos al alojamiento temprano ya que al día siguiente cogíamos el vuelo temprano a Estambul.
Lunes 26 de enero
Madrugamos a las 5 de la mañana para coger el bus en Sintagma. La verdad que el bus estaba lleno hasta arriba, fue un viaje incómodo y si lo repitiera no sé si me plantearía ir tranquilamente en taxi. Es verdad que cuando lo cogimos el bus iba a salir ya y no había sitio donde sentarse.
Llegamos al aeropuerto que estaba vacío y pasamos enseguida el control y el control de pasaportes, así que nos tomamos tranquilamente unos cafés. Viéndolo con perspectiva igual hubiésemos llegado en metro, que empieza relativamente tarde, pero no nos quisimos arriesgar.
Como en Madrid, no nos pusieron pega por llevar un bolso además de la maleta y en el vuelo, que era solo de una hora y media, nos dieron desayuno y café. La verdad que recomiendo encarecidamente AEGEAN.