Último cambio de registro del viaje. Empezamos en las ciudades de los zares, Moscú, Kazán y Ekaterimburgo. Pasamos a la Siberia en el Baikal, al festival del Naadam y la estepa mongola, el desierto del Gobi para finalmente terminar en China.
Llegamos ayer a China desde Ulan Baton y caímos rendidos a las 12 de la noche para dormir como benditos.
Hemos desayunado en nuestra suite y a las 7 hemos salido a visitar lo más complicado de Pekín, la plaza de Tiananmen y la Ciudad Prohibida. Nada más bajar del hotel lo que más llama la atención es que hay tráfico pero silencio. Es brutal, es la primera vez que me encuentro con esto un tráfico importante pero cero ruido. Prácticamente todos los coches y motos que vemos son eléctricos y eso se traduce en que de vez en cuando se escucha algún pito pero por lo demás la calle está en silencio. Curiosísimo.
Hemos llegado a la cola de Tiananmen a las 7:30, locurón de cola. Hemos coincidido con una pareja de Álava que al menos ha hecho que la espera sea más amena. Hemos estado literalmente dos horas de cola. 4 controles de pasaporte, tres máquinas de rayos X y dos revisiones corporales exhaustivas con tocamientos indecentes incluidos. Qué barbaridad la seguridad que hay. A todo esto con un calor tremendo, miles de personas, empujones, gente colándose y paraguas por todas partes…
A las 9:30 hemos salido a la plaza de Tiananmen. Esto a mi juicio merece la pena venir y hacer la cola porque es un sitio histórico tan importante que daba cosa venir y no verlo. Aquí se proclamó la República Popular China en 1949 y fue el escenario de las protestas de 1989 y lugar de la famosa foto. Pero dos horas de cola para esto la verdad que es un disparate y si la parte historica no te impacta sería para cuestionárselo. Es una plaza enorme con varios edificios gubernamentales, el monumento de los héroes del pueblo y una bandera custodiada. 250.000 turistas y un calor que ni en Murcia. Siguiendo la masa hemos llegado hasta la Puerta de Tiananmen, con la mítica fotografía de Mao presidiéndola, y hemos entrado hacia la Ciudad Prohibida.
Lo de la Ciudad Prohibida ha sido de locos. Es de lejos el monumento con más masificación turística que he visto en mi vida. Hasta ahora había sido quizá el Taj Mahal pero qué va, aquí hay más del doble de gente. Es un torrente de gente por todas partes, con un calor muy bestia y ni una mala sombra. Si consigues separar el ruido, los paraguas y el calor el entorno es precioso eso sí. Pero abstraerse de todos esos distractores ni el dalái lama. Qué burrada. Visto está. ChatGPT nos ha hecho de guía y mejor que un guía fisico porque nos hemos podido meter en una especie de cafetería mientras nos decía lo que veíamos y nos tomábamos un zumo helado de naranja con un cruasán por 5 eurillos. Sitio muy icónico y precioso pero no es la mejor época, en invierno debe ganar muchos puntos al quitarte el calor infernal e imagino que la mitad de los turistas. Aun así, quitando la mitad de los turistas, habría más gente que cuando fui al Taj Mahal. Aquí se podría echar una mañana entera fácil pero me ha resultado tan aversivo que aun teniendo entrada para los palacios laterales hemos ido avanzando en linea recta y lo habremos recorrido en un par de horas aun así. Por mi parte no lo recomendaría si la idea es visitarlo en verano.
Hemos salido por la puerta norte tras atravesar unos jardines llenos de chinas vestidas de época, precioso el vestido eso sí. De la Ciudad Prohibida nos hemos metido directos a un parque que hay enfrente que se llama Jingshan. El parque lo tienen ideal. Hay más gente que en el Bando de la Huerta de Murcia pero al haber sombra se puede estar. El parque tiene su avenida con bonsáis, farolillos, puestos de bebidas... Se va subiendo por templos hasta llegar arriba desde donde se ve la Ciudad Prohibida al completo tras una muralla de 150 personas haciéndose selfies y gritando “huoooo”.
Del parque hemos bajado de nuevo a la ciudad. Es impactante lo del tráfico, esto es sin duda el futuro. Es que hay mucho tráfico pero la ciudad es silenciosa, se escucha a la gente pero cero los coches. Qué increíble cómo el coche eléctrico aun manteniéndose la densidad de tráfico baja la sensación de agobio, no era tan consciente hasta verlo aquí. No me quiero imaginar esto cuando llegue a países el triple de caóticos como India, Pakistán, etc.
Nos hemos paseado por un hutong, Shichahai, que son una especie de callejones y nos hemos topado con un restaurante donde se bajaban unos guiris en taxi. Viendo que tenía buena pinta nos hemos metido a comer y de diez. Qué rica la comida. Viniendo de comer 6 días carne seca de caballo o camello esto nos ha sabido a gloria. Con la ayuda de ChatGPT, ya que la carta solo estaba en chino y sin fotos, nos hemos pedido medio pato pekinés, una especie de col encurtida con aceite de sésamo, unas verduritas con una especia también muy buena y unos noodles parecidos al jajangmyeon de Corea. Tremenda la comida. Con tres cervezas fresquísimas y solo 40 euros. De lujo.
Ya comidos y con nuestro paraguas hemos ido hacia otro parque, Beihai. Un parquecito nuevamente muy bien cuidado. Al detalle. Un lago enorme, con una estupa en una isla. Muchísima gente pero más llevadero. Muchas jóvenes vestidas de tradicional para hacerse su book de fotos... Muy bonito. El lago central está lleno de botes, como en el Retiro de Madrid pero a lo gigante, viendo que no era muy caro, por 20 euros nos hemos cogido una hora en un bote con motor eléctrico y ahí hemos estado dándole vueltas al lago por los templos de las orillas y hemos podido descansar del calor con el "fresco" del lago.
Del paseíto en barco hemos ido hasta lo que se llama la Torre del Tambor y la Torre del Reloj paseando por callejuelas y parques con un ambientazo chulísimo. Gente tocando tambores, pescando, tocando armónicas, puestos de comida, tiendecitas... La angustia que hemos pasado en la Ciudad Prohibida se ha compensado con el paseo tan bonito que tienen. Entre calles estrechas y parques el calor, aun siendo infernal, se llega a mitigar un poco.
Hemos llegado a la Torre del Tambor justo cuando estaban cerrando. Hemos mareado viendo a las tiktokers... Me produce entre fascinación y pena cómo un fenómeno como el de TikTok ha marcado un fenómeno cultural tan bestia que lo mismo lo ves en los críos en una comunión en España que en Pekín. Aquí además se profesionaliza con trípodes, luces y mil parafernalias. Chicas que literalmente van solas y te las ves en medio de la calle pegándose su baile megamotivadas para luego ir a comprobar que no ha sido suficientemente perfecto y repetir el mismo baile 6, 7 veces y las que hagan falta.
De la Torre del Tambor hemos ido a una calle comercial, Wangfujing. Centros comerciales tochísimos. Zonas fans del Mundial con dispensadores de cerveza self-service en medio de la calle. Tiendas a cada cual más pija... Ha empezado a caer la noche y ya hemos cogido el metro de vuelta a nuestra habitación. Por hoy está bien Pekín.
Mañana vamos para la Muralla China y a ver si pudiéramos dormir nuestras 8 horas y recuperarnos de la yurta de ayer. Por momentos me ha recordado a India, pero como si alguien hubiera cogido el caos y le hubiera puesto semáforos, coches eléctricos y Alipay.







