Este viaje tiene un componente añadido aparte del tema de viajar en solitario y es el asunto del idioma. En los últimos años digamos que me he movido en entornos “amables” en los que poder interactuar medianamente tanto a nivel oral como escrito ya sea en inglés, en francés o un medio italiano-medio español. En alemán no me saques del “guten morgen” (que ellos dicen “morgen” y se quedan tan anchos) y “danke schön” por lo que habrá que tirar del inglés continuamente, del dedo apuntador y la sonrisa.

Y es que me puedo encontrar obstáculos, si nos referimos al tema escrito, en forma de carteles, paneles informativos, direcciones o indicadores. Menos mal que en un momento dado se puede tirar de traductor en el móvil pero aun así ello ya supone dedicarle tiempo que uno puede no tener. Y si nos vamos al tema verbal, dado que el español y el alemán se parecen como un huevo a una castaña, como el otro interlocutor no maneje otro idioma va a poder resultar complicada la comunicación.
En este punto voy a relatar un sucedido o batallita de hace unos cuantos años y que no sé si he comentado en algún otro diario (si es así, mil perdones por repetirme porque empieza uno a adoptar maneras de abuelo cebolleta). Pues el caso es que íbamos mi mujer y yo tan pichis una noche de septiembre llegando a la zona del Speicherstadt en Hamburgo y veíamos mucho movimiento de Policía pero nada más. En un momento dado se acercan corriendo dos policías y nos empiezan a interpelar en alemán de lo cual no nos enteramos ni media. Viendo que no captábamos la información y que tampoco ellos hablaban inglés (y español menos) pues lo resumieron todo en una palabra:”bomben”. Vamos, que había un aviso de bomba, entendimos, y, claro, salimos los cuatro pitando de allí. Efectivamente, al día siguiente, vimos en las noticias que habían encontrado en esa zona una bomba de la 2ª Guerra Mundial y habían acordonado la zona para detonarla por lo que estaban echando a todo el mundo de allí. Para que se vea lo importante que es poder comunicarse en un momento dado…

Por otro lado, este viaje me va a llevar por parajes bañados por la extensa red fluvial de Alemania personificada en el río Rin. Concretamente, en Frankfurt está el río Meno, afluente del mismo, al igual que el río Neckar que pasa por Heidelberg. Y por Mainz, Wiesbaden y Koblenz discurre el propio Rin y el Mosela en esta última ciudad coblentina. Y este verano de 2026 está marcado por la sequía que está afectando al caudal del Gran Rin que es la vía fluvial más transitada de la Unión Europea. De sus 1.230 kilómetros de largo, un total de 883 kilómetros son navegables, desde Basilea a su desembocadura en Países Bajos. Y es la principal vía de transporte fluvial de mercancías entre Duisburgo, el mayor puerto interior de Alemania, y Rotterdam, entre los mayores puertos marítimos del mundo.

Según decían las noticias, el indicador del nivel de agua del Rin descendió hasta los 6 cm el pasado viernes 14 de agosto en el punto de control de Kaub (Alemania), en el tramo del río entre la región del Meno al sur y ciudades como Bonn o Colonia hacia el norte. Esta cifra rebasaba sustancialmente los récords mínimos de 2018, cuando el nivel había descendido hasta los 25 cm. En un estadio de normalidad, esos niveles suelen acercarse o superar los dos metros (200 cm).
Esta drástica bajada del nivel del agua en el Rin ha obligado a reducir la carga de los barcos de mercancías entre el 20% y el 30%. Ello ha implicado que las fábricas sufrieran retrasos para recibir materias primas y energía, afectando su normal funcionamiento y, por ende el aumento de costes. Y si esto lo llevamos a nuestro campo, el de los viajes, ha habido cancelaciones de cruceros fluviales obligando a los pasajeros a continuar los recorridos por autobuses, con todo lo que ello implica en cuanto a logística y experiencia del viaje.
Por tanto, no sé qué panorama me voy a encontrar cuando visite los diferentes lugares bañados por los ríos mencionados y lo detallaré cuando describa las etapas correspondientes.