La Marktplatz engloba edificios como el Ayuntamiento, la Iglesia del Espíritu Santo, la Fuente de Hércules y la casa Zumm Ritter. Además esta plaza se encuentra llena de tiendas de souvenirs donde venden todo tipo de recuerdos de Heidelberg, estando muchas de ellas apoyadas en los muros de la Heiliggeistkirche.
La casa Zumm Ritter, también conocida como la Casa del Caballero, fue edificada en 1592 y es el edificio residencial renacentista más antiguo que se conserva en la ciudad. Tiene una fachada espectacular siendo hoy en día uno de los hoteles más señeros de Heidelberg. En su frontón destaca la inscripción tallada "Persta invicta Venus" (Permanece invicta, Venus), un detalle clásico del Renacimiento alemán tardío.
La fuente de Hércules, que data del siglo XVII, se erigió como homenaje al carácter irreductible de los habitantes de Heidelberg que reconstruyeron la ciudad tras la destrucción de la misma durante la Guerra de Sucesión del Palatinado de 1689 a 1693.

La Heiliggeistkirche o Iglesia del Espíritu Santo fue edificada entre 1398 y 1515 en estilo gótico tardío. A lo largo de los siglos, la iglesia ha sido hogar tanto de católicos como de protestantes. En 1706 se colocó una división entre ambas confesiones para que ambas pudieran celebrar sus servicios religiosos allí y ésta permaneció hasta la década de 1930. Así, la nave central era protestante y el coro católico. La iglesia también conserva restos de las tumbas y epitafios de los electores del Palatinado, así como una colección de manuscritos. En el siglo XVI albergó la Bibliotheca Palatina, la colección de libros más importante de Occidente, usándose las galerías sobre las naves laterales como biblioteca.
Abre de lunes a sábado de 11:00 a 17:00 y los domingos de 12:00 a 17:00, siendo la entrada gratuita.
En una restauración contemporánea se encargaron nuevos diseños de vidrieras. Uno de ellos, conocido como el vitral de la física, incluye la fórmula de la relatividad de Einstein (E=mc²) y la fecha del lanzamiento de la bomba atómica en Hiroshima como una reflexión moderna sobre la ciencia y la ética. La verdad es que estuve mirando y remirando y no pude dar con dicho vitral pero estar, está.
De seguido aparece el siguiente punto de interés, la Kornmarkt, a donde volveré luego para coger el funicular que lleva al castillo.
Esta plaza destaca porque en una de las esquinas desde donde se tiene una buena panorámica de la misma con el castillo de fondo hay unas marcas blancas en el suelo. Las mismas indican el que fue el perímetro de una antigua ermita que había en este lugar y que pertenecía a un hospital del siglo XVI. En la plaza además destacan las fachadas de elegantes casas barrocas, así como la estatua erigida en 1718 en honor a la Virgen María por el Príncipe Elector católico Karl Philipp para intentar recatolizar la ciudad en una época marcada por las tensiones tras la Reforma protestante.

A continuación, continuando con el paseo, aparece la Karlsplatz.
Esta plaza debe su nombre al Gran Duque Karl Friedrich de Baden. En el centro hay una fuente que rinde homenaje al célebre humanista, cartógrafo y cosmógrafo Sebastian Münster, quien trabajó en el antiguo convento de la zona.
De Sebastian Münster, personaje polifacético cuya existencia sinceramente desconocía hasta la fecha, podemos decir lo siguiente:
. Su rostro aparecía en los antiguos billetes de 100 marcos alemanes, ante de la llegada del Euro.
. Su obra maestra, la Cosmographia (1544), tuvo cerca de 40 ediciones y se tradujo a seis idiomas.
. En sus obras no sólo cartografiaba la tierra real, sino que también reflejaba las supersticiones de su época con ilustraciones de monstruos marinos como ballenas con colmillos gigantes, vacas marinas, langostas gigantes devorando marineros o incluso un árbol cuyos frutos eran patos (¿árboles plumones?...).
. Para poder completar su obra y ante la dificultad de los viajes en aquella época solicitó por carta a eruditos, científicos y viajeros de todo el mundo que le mandaran descripciones, mapas y dibujos de los lugares donde vivían o conocían.
. A su mapa Tabula novarum insularum se le atribuye el ser el primer mapa impreso que mostró al continente americano de forma separada de Asia, delimitando con claridad el Nuevo Mundo para los europeos.

En este punto el cielo se ha puesto negroscuro, como el personaje de The Boys, y parece que va a caer el Diluvio Universal. Como esta parte de la visita está finalizada y tengo hora reservada para comer en los próximos minutos me encamino al restaurante elegido y así me guarezco también por lo que pueda venir. De camino paso por el bruckenaffe y como apenas hay gente ya aprovecho para disfrutarlo más tranquilamente.
A la hora de programar las comidas del viaje he dudado si reservar o ir a la aventura. Se supone que son días entre semana y ya no es temporada alta pero tampoco me la he querido jugar y por eso he reservado en todas las ciudades una semana antes y así optimizar el tiempo.
En el caso de Heidelberg me centré en restaurantes de comida alemana próximas a la zona del funicular para luego no perder tiempo a la hora de subir al castillo. Con más tiempo para la visita habría buscado en zonas más alejadas del entorno turístico pero en esta ocasión tenía que primar la proximidad. Manejé las siguientes opciones por este orden:
• Vetter's Alt Heidelberger Brauhaus – Steingasse, 9
• Schnookeloch Heidelberg -Haspelgasse, 8
• Wirtshaus am markt – Hauptstraße, 190
• Palmbrau – Hauptstraße, 185
La semana de antes me puse en contacto con el Vetter´s Alt y me contestaron que lo tenían todo reservado hasta las 15:00 por lo que me dirigí al siguiente y reservé a las 12:45 en el Schnookeloch.
Llego al restaurante y hay ya bastante gente por lo que me congratulo de haber reservado. Son sobre todo grupos de excursiones y quedan muy pocas mesas libres. De hecho, hacen levantarse a unos guías que ya estaban aposentados cerveza en mano para dejarme la mesa reservada. La elección ya la tengo hecha de casa. Hoy toca probar el schnitzel, el rey de la sartén, regado con una cerveza de la tierra.
El fino cerdo en pan rebozado
se baña en mantequilla bien caliente,
y en la sartén se muestra muy paciente
quedando al dente, tierno y dorado.
El clásico sabor bien logrado
deleita al hambriento y sonriente
que aguarda con el tenedor presente
para comer el plato deseado.
Con gran apetito y con esmero
se pone en el centro de la mesa
para disfrutar de su sabor
y comer el gran trozo entero,
viviendo una hermosa y rica fiesta
que llena la boca de calor.
El schnitzel es un filete fino de carne que se pasa por harina, huevo y pan rallado, y luego se fríe hasta quedar crujiente y dorado. Es un plato tradicional de la gastronomía de Austria y Alemania. El clásico original utiliza ternera, pero hoy en día también es muy común prepararlo con cerdo o pollo. Se suele servir caliente con una rodaja de limón y guarniciones como patatas fritas, ensalada de patatas o verduras.
Cuando he estado mirando las cartas de los restaurantes en casa me he percatado de varias cosas: todo está muy caro, los postres son prohibitivos y casi es más barata la cerveza que el agua. Como dicen por aquí “Man muss die Feste feiern, wie sie fallen” (una especie de Carpe Diem), uno no sabe si volverá en el futuro por estos lares por lo que voy a intentar aprovechar el momento pero sin dejarme la cartera en el intento.
Elijo para la ocasión un Schnitzel de cerdo a la Vienesa con ensalada de patatas acompañado de una cervecita Hacker-Pschorr Kellerbier de medio litro.

El Schnitzel no deja ser de ser un escalope de toda la vida y tampoco supone un descubrimiento culinario. La cerveza fría sin más para hacer más llevadero el empanado. Ni fú ni fá pero tampoco traía mayores expectativas. De postre me pido Kaiserschmarrn con salsa de manzana porque nunca lo he probado y tengo curiosidad.
El Kaiserschmarrn o Kaiserschmarren (‘Pedazos del emperador’) es una tortita ligeramente azucarada y desmenuzada que toma su nombre del emperador austriaco Francisco José I, quien solía tomarla durante el desayuno. Consiste en trozos de una especie de crêpes dulces y gruesas con uvas pasas, almendra molida y confitura o trozos de manzana. Antes de servir se espolvorea con azúcar glass y se suele comer acompañado de compotas de frutas, por ejemplo de ciruelas, fresas o manzanas.
Sinceramente, me esperaba otra cosa. Al final son trozos de masa dulce que se maridan con la compota de manzana. Pequeña decepción pero, bueno, me he quitado la espina.
La comida ha resultado tranquila. De fondo hay un “subenestrujenbajen” que te aisla de todo al no entender nada, por lo que uno práctica la introspección. Lo de comer solo ya no es una barrera y se lleva bien dentro que no estaría mal departir con más comensales llegado el caso y en otras circunstancias. Pongo a cargar el móvil por si acaso durante este rato y medito sobre lo ya acaecido y lo que está por venir. Al final uno acaba por interiorizar ciertos momentos y pasan a la normalidad, sin más dramas de lo necesario.
A la hora de la “dolorosa” me encuentro con un detalle curioso. La cuenta asciende a 34,70 euros entre el principal, la bebida y el postre. Pago en efectivo con un billete de 50 euros, me dan las vueltas hasta los 35 euros y los 0,30 céntimos se quedan a beneficio de inventario. Es decir, sin preguntar, retienen esos céntimos como propina porque sí. Como no tengo claro si esto es la costumbre o no no digo nada pero me parece un poco feo desde nuestra perspectiva latina, máxime cuando el servicio no ha sido como para premiarlo porque ha ido todo lento y he tenido que andar persiguiendo a alguien que hablara inglés para lo mínimo y sin hacerme demasiado caso.
La comida no ha sido tampoco saciante pero tampoco lo he pretendido porque aún queda mucha tela que cortar de la visita a Heidelberg. Por de pronto, toca la visita al castillo.
Para subir al castillo se puede hacer andando, que va a ser que no porque ya llevo buen trote con el Philosophenweg, o a través de un funicular que une el casco urbano con la entrada al castillo o, incluso, más arriba de la montaña.

Los tipos de billetes que se ofrecen del funicular son un poco raros por lo que desgloso un poco para que se vean las opciones y las que a cada uno le pueda venir mejor (opciones y precios de septiembre de 2026):
. Panorama Ticket, que incluye tanto el tramo hasta el castillo como los superiores a Molkenkur y Königstuhl, así como la entrada al propio castillo, la bodega y el museo alemán de farmacia. La ida son 11 euros y la ida y vuelta 17 euros. Los grupos de más de 20 personas sale a 10 y 16 euros, respectivamente y para las familias de dos adultos y un niño a 36 euros todo con 3 euros por cada niño adicional.
. Funicular superior que abarca los tramos de Molkenkur y Königstuhl. La ida son 7 euros y la ida y vuelta 10 euros. Los grupos de más de 20 personas sale a 6 y 9 euros, respectivamente y para las familias de dos adultos y un niño a 22 euros todo con 2 euros por cada niño adicional.
. Funicular inferior, que incluye el tramo hasta el castillo así como la entrada al propio castillo, la bodega y el museo alemán de farmacia. La ida y vuelta son 11 euros.
Más información del funcionamiento del funicular así como de los tramos que comprende, por no extenderme, en www.bergbahn-heidelberg.de/en.
El funicular se toma en la estación inferior de Kornmarkt, ubicada en la calle Zwingerstrasse, 20 y tiene una frecuencia de 10 minutos. Hacia allá me dirijo desde el restaurante, compro el billete del funicular inferior por 11 euros porque me doy por satisfecho con subir al castillo y visitar lo que ofrece, para luego bajar por la misma vía. El viaje no tiene nada de emocionante ni tiene buenas vistas y se llega bastante rápido. Luego es salir del edificio y seguir al rebaño que se dirige a la entrada al recinto del castillo.

Justo a la entrada están las taquillas para quienes han subido a pie, así como baños, tienda de recuerdos y un restaurante. Pese a la hora que es, hacia las 15:00 de la tarde, hay bastante gente por las inmediaciones. A estas alturas de día los nubarrones se han marchado y de vez en cuando sale el sol, lo que se nota en que la manga larga sobra totalmente.
Comienza la visita al castillo de Heidelberg pero ello será contado en la próxima y palaciega etapa.