Te preguntarás, estimado lector, a qué vienen esas prisas por estar por estos lares a estas horas del día y ahora procedo con su pertinente explicación.
En las dos veces anteriores que he estado en Frankfurt mi mujer, gran aficionada a la fotografía, quiso a toda costa recoger buenas instantáneas de los rascacielos del Mainhattan desde los puentes que cruzan el Meno. En la primera ocasión estuvimos en el Alte Brücke con noche cerrada y todo iluminado y la segunda por la mañana desde el Eiserner Steg. Como comentamos en su día que ya volveríamos en algún momento la idea sería coger el último atardecer y la hora azul para tener también esta iluminación. Como ello ya no va a ser posible sí quería en este viaje poder llegar y reflejar el momento, en su memoria.
Un factor añadido era buscar otro lugar también para cambiar la perspectiva e, investigando, la vista desde el puente Holbeinsteg parecía prometedora. A tal efecto, utilizo el puente Friedensbrücke para cruzar al otro lado del Meno con la idea de continuar por Schaumankai hasta el arranque del puente Holbeinsteg, al lado del Museo Städel.

El Friedensbrucke (anteriormente llamado Wilhelmsbrücke) fue destruido casi por completo durante los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial. Fue reconstruido y bautizado como Friedensbrücke (Puente de la Paz) entre los años 1950 y 1951 para simbolizar la concordia. Tiene una longitud total de 287 metros y un ancho de 29,50 metros. En su extremo sur se conserva una estatua de bronce de 1890 llamada El Trabajador del Puerto, que recuerda la intensa actividad comercial que antiguamente albergaba la zona del puerto fluvial de Westhafen.
Mientras cruzo observo que en la ribera hay habilitados espacios para pasear por lo que cambio el trole y desciendo a nivel del río. Por allí hay piraguas y barcos de recreo en el agua y bicicletas, gente haciendo deporte y personal variado en tierra. Aquí lo de ir solo es un pequeño hándicap porque tengo que estar pendiente de las bicicletas que pasan y que no me atropellen cuando me paro a admirar las vistas o echar unas fotos. No sé si es una impresión mía pero la gente tiende a ir por la izquierda como si estuviésemos en las islas británicas y no en el continente y así también me pareció los días siguientes. O no.... Percepciones subjetivas…
Por fin llego al Holbeinsteg.
El Holbeinsteg es un puente colgante peatonal y ciclista sobre el río Meno en Frankfurt, inaugurado en 1990. Debe su nombre a la cercana calle Holbeinstrasse, bautizada a su vez en honor a la histórica familia de pintores alemanes Holbein. Mide 210 metros de longitud total, con un vano central colgante de 142 metros que cruza el río sin apoyos intermedios en el cauce.
Accedo al puente y a ambos lados se despliega un espectáculo visual indescriptible.


Mientras contemplo el horizonte desde el puente llegan a mis oídos las notas de un reggaetón. Resulta que debajo, a pie de río, hay un grupo que ha comenzado una clase de zumba y a partir de ese momento toca latineo a gogó.
Me voy desplazando por el puente y poco a poco la noche va cayendo y la ciudad se va iluminando. Invariablemente hasta los propios lugareños se paran, sacan el móvil y echan unas fotos a las estampas que se van creando con los cambios de luz.

Podría quedarme más tiempo hasta que se haga completamente a oscuras pero la idea de hoy era simplemente contemplar el crepúsculo y la llegada de la noche. Con esto me sirve y tampoco quiero que lleguen añoranzas ya desde el primer momento del viaje porque a buen seguro que van a terminar apareciendo sin avisar, dando rienda suelta a la melancolía. Como escuché hace poco y que es una frase muy certera: “Cuando perdemos a alguien no sólo lloramos a la persona sino que también lloramos un futuro con ella”.
Alejando estos pensamientos me recojo al hotel y decido coger una ruta diferente para ubicar el restaurante donde he reservado a comer el último día y para, también, pasarme por un supermercado y empezar a hacer acopio de recuerdos alimentarios para traer a casa y familia. La zona está próxima a la Estación Central y se palpa en el ambiente cierta marginalidad aunque tampoco observo nada especialmente diferente a donde resido en Madrid que, todo hay que decirlo, tiene fama de conflictivo.
Llego a un supermercado REWE (Karlstrasse 4-6) y mientras cojo una cesta me parece que me saludan. Pues resulta que es la pareja con la que coincidí en el tren entre las terminales del aeropuerto. Entablamos una pequeña conversación (también están de turismo, se alojan en un hotel de las inmediaciones y se apañaron bien para llegar desde el aeropuerto) y nos deseamos unos buenos días en la visita a Alemania. Casualidades de la vida...
Hago una compra pequeña porque tampoco tienen mucha variedad y el cajero no me da el ticket de compra. La verdad es que no recuerdo de otras veces si hay que pedirlo porque no te lo den por defecto. Veremos... Salgo del supermercado e inicio el trayecto hasta el hotel. Si antes noté sensación ahora me encuentro con cosas tangibles: gente deambulando sin rumbo fijo bajo no sabemos qué efectos, miradas inquisitoriales o gritos sin sentido. La alarma interior se dispara, aprieto el paso, evito lo que veo con mala pinta y, por fin, llego al hotel. No voy a negar que ha habido momentos de desasosiego y acojone pero se ha salvado la situación.
En la habitación doy buena cuenta de un bocata que he traído de casa, acompañado de un postre que he cogido ahora en el supermercado y regado con una botella de apfelschorle también del mismo. Volveré sobre este particular cuando toque hablar del apfelwein, típico de esta zona.

Acaba el día y mañana está prevista la visita a la ciudad de Heidelberg. A ver si descanso razonablemente bien y mañana se da todo sin contratiempos. Buenas noches.
Conclusiones que nos deja el día:
. Con la experiencia de la ida y la vuelta he de decir que la comunicación entre terminales del aeropuerto de Frankfurt es relativamente sencilla. Solo hay que seguir, según el caso, dirección T1 a la ida y T3 a la vuelta.
. Por dar una idea de tiempos podría decir que hay como una hora de duración desde que bajas del avión en la T3 del aeropuerto de Frankfurt hasta llegar al la estación Central de Frankfurt, incluyendo lo que hay que andar, el Skyline y el S-Bahn. Luego hay imponderables como que tarden en salir las maletas o que pierdas el transporte de turno y que tengas que esperar.
. El Skyline de Frankfurt tiene muchas perspectivas y cada una con su peculiaridad. Dicen que el mejor punto es desde el puente Flößerbrücke pero está alejado del centro. Desde el que he utilizado, el puente Holbeinsteg , quizás no sea el mejor pero era diferente a los conocidos y además próximo al hotel.

. Sabiendo que hay zonas "peligrosas " en según qué sitios lo sensato es evitarlas aunque ello comporte dar algún rodeo. Como dicen por aquí: “Wer im Glashaus sitzt, sollte nicht mit Steinen werfen” (Un hombre en un invernadero no debería tirar piedras).