Wiesbaden es la ciudad capital del estado federado de Hesse, situada en el suroeste de Alemania, a orillas del río Rin. Se encuentra cerca de la desembocadura del Meno y frente a la ciudad de Maguncia, ubicada al otro lado del río, ya en Renania-Palatinado. Es la segunda ciudad más grande del estado de Hesse y de la región Rin-Meno, solo superada por Frankfurt. Tiene una población de unos 278.000 habitantes y es conocida por sus baños termales, de hecho, algunos la llaman “la Niza del norte”.
Por los restos arqueológicos encontrados, se sabe que la zona ya fue habitada desde el neolítico. Muchos siglos más tarde, en el año 77, la tribu germánica de los Mattiaker ocupó la zona y fueron los primeros en sacar provecho de las aguas termales, según la información registrada en el “Naturalis Historia” del autor romano Plinio el Viejo. Los romanos llamaron a este asentamiento "Aquae Mattiacorum". Más adelante en el tiempo cuando el Imperio Carolingio cayó, toda la región pasó a ser parte de los dominios del Condado de Nassau. Wiesbaden recibió el rango de Ciudad Imperial, y desde el siglo XIII hasta 1866 fue la capital del ducado independiente de Nassau. En 1907 se construyó la Kurhaus, un balneario que atrajo a toda la aristocracia alemana de la época, incluido el emperador Guillermo II, y por lo que Wiesbaden llegó a ostentar el título de “Kaiserstadt”, (ciudad del emperador). Durante la Segunda Guerra Mundial sufrió más de dos meses de bombardeo por parte del Ejército Aliado, que destruyó algo más de la mitad de la ciudad y se estima que murieron alrededor de 1.700 personas. Después de la guerra, se convirtió en la capital del nuevo estado de Hesse.

El itinerario previsto para la visita a la ciudad es el siguiente:
. Lutherkirche.
. Museo de Wiesbaden.
. Marktplatz y su contenido.
. Kuckucksuhr.
. Kurhaus.
. Kochbrunnen Platz y su contenido.
. Palast Hotel.
. Pressehaus.
. Römertor.
. Bäckerbrunnen.
. Wartburg
Los baños públicos que se pueden encontrar en el recorrido son los siguientes:
- Öffentliche Toilette – Schlossplatz – cerca de Marktplatz
- Öffentliches Klo - Adlerstraße, 15C- cerca de Kockbrunnen
He de decir que la visita a Wiesbaden ha condicionado la distribución de las jornadas de viaje y el estar aquí un jueves por la tarde no ha sido algo aleatorio. Planificando el viaje y con la idea de entrar a varios museos en la ciudad advertí que los jueves tienen horario ampliado hasta las 21:00 (cuando el cierre de puertas habitual a lo largo del resto de la semana es a las 17:00). Por ello adapté la doble visita a Mainz y Wiesbaden para el día de hoy, dejando el resto para los demás días.
Tras salir me dirijo al primer punto de interés de la visita a Wiesbaden, la Lutherkirche.
Esta iglesia fue construida en la primera década del siglo XX y se convirtió en el cuarto templo protestante de la ciudad. Se caracteriza por su planta ovalada con capacidad para más de 1.200 personas, cubierta por un alto tejado a cuatro aguas de veinte metros de altura que ocupa más de la mitad de la altura total del edificio, inspirado en la iglesia Valona-Holandesa de Hanau. Pero lo destacable es su decoración interior que la ha hecho merecedora de ser incluida en la Ruta Art Nouveau que ofrece la ciudad. El horario de visita es martes, miércoles y jueves de 15:00 a 17:00 y se ubica en Sartoriusstrasse, 16.

Hoy mi idea es sumergirme en el mundo del Jugendstil, que es la versión alemana del movimiento artístico Art Nouveau.
El Jugendstil se desarrolló entre finales del siglo XIX y principios del XX (1890-1910) y su nombre deriva de la revista muniquesa "Die Jugend" (La Juventud), fundada en 1896, que sirvió como principal plataforma para los jóvenes creadores del estilo. Este estilo busca formas orgánicas, fluidas y dinámicas inspiradas en el mundo vegetal y animal. A diferencia de otros países, combina la estética natural con un fuerte sentido funcional, uniendo arte, arquitectura y diseño de objetos cotidianos. Así, el Jugendstil evolucionó hacia líneas más geométricas y anticipó el diseño industrial moderno.
Como me pirro por este estilo artístico y en mis últimos viajes estoy intentando visitar lo que pueda haber del mismo en cada rincón al que llego, tengo intención de realizar esta tarde parte de esta ruta y he establecido la Lutherkirche como primera parada de este viaje sensorial.
Se supone que la Iglesia abre a las 15:00 y allí estoy como un clavo a esa hora pero está aún cerrada. Merodeo por las inmediaciones pero sigue sin aparecer nadie y veo que aquí no se aplica lo que tanto se alaba de los alemanes: la puntualidad (Wer zu spät kommt, den bestraft das Leben: quien llegue tarde será castigado de por vida o algo así). Una parroquiana que pasea por allí se para al verme esperando y me comenta en un inglés sencillo que lo llevo clarinete porque últimamente la Iglesia suele estar cerrada. Le agradezco la información y aguardo unos minutos más pero mi gozo en un pozo y para no hacer más el canelo me marcho. Empezamos bien…. Por de pronto ya me voy a perder la combinación de los mosaicos con la madera, los vitrales de mil colores y los dorados que ofrece esta Iglesia.
Continúo camino pasando por delante del exterior de la estación de tren, que más parece un palacio que una estación ferroviaria.

La Estación Central de Wiesbaden (Wiesbaden Hauptbahnhof), de estilo neobarroco, fue construida en arenisca roja e inaugurada en 1906. El propio Káiser Guillermo II intervino en la confección de los planos y exigió que la torre del reloj fuera mucho más alta de lo previsto. Tiene la particularidad de que es una estación en fondo de saco o terminal, por lo que los trenes entran y salen por el mismo lado. Esto no fue porque sí, sino una solución obligada por la topografía de Wiesbaden, situada en un valle rodeado de colinas.
Prosigo la ruta y llego a uno de los destinos estrella del viaje, el Museo de Wiesbaden.
El Museo de Wiesbaden, con una superficie de más de 700 metros cuadrados, dividido en dos partes, presenta una colección de arte que abarca nueve siglos, con obras de los grandes maestros, del siglo XIX y del modernismo clásico, así como arte contemporáneo, y una extensa colección de Historia Natural dividida en cuatro secciones sobre los temas del color, el movimiento, la forma y el tiempo. Un punto destacado es la colección Art Nouveau de Ferdinand Wolfgang Neess, expuesta de forma permanente desde 2019. Con más de 500 objetos, abarca todos los géneros del Art Nouveau, desde muebles hasta vidrio, cerámica, lámparas, plata, pinturas y esculturas. La ambientación en salas de época permite apreciar las piezas de alta calidad en su contexto histórico y sumergirse en el "Fin de Siècle".
El museo abre habitualmente de 10:00 a 17:00 pero los jueves alarga su horario hasta las 21:00. La entrada a las exposiciones permanentes cuesta 8 euros y el edificio se ubica en Friedrich-Ebert-Allee nº2. Más información en museum-wiesbaden.de/en/.
Como dato anecdótico, después de la 2ª Guerra Mundial, el edificio del museo se convirtió en el punto central de recogida de obras de arte para los estadounidenses, que devolvieron las obras a sus dueños legítimos tras el expolio nazi. Sobre esta tema existe una película sobre la labor de la “Sección de Monumentos, Arte y Archivos” del Ejército Estadounidense, los “Monuments Men”.
Accedo al museo, pago la entrada y me voy directo a la Planta 1, la dedicada al Art Nouveau. Estoy como un niño con zapatos nuevos y ciertamente emocionado ante lo que me espera. No en balde el venir aquí ha sido unos alicientes de visitar Wiesbaden, teniendo en cuenta que acercarme a la ciudad de Darmstadt, la indiscutible capital del Jugendstil en Alemania, lo vi complicado de encajar en este viaje.
Comienzo la visita con un absoluto arrobo ante lo que se me ofrece a la vista. Me paro en cada pieza y la neurona no da tanto como para poder asimilar la belleza de las piezas expuestas. En esas que aparece un grupo con una visita guiada en francés y pego la oreja desde el otro lado de la sala para escuchar un rato algo que no sea el “subenestrujenbajen”. La guía comenta que en el catálogo de obras del museo se encuentra el cuadro “Ofelia” del pintor Friedrich Heyser y que el mismo ha servido de inspiración para un videoclip de la archiconocida cantante Taylor Swift. De hecho, el asunto ha tomado tal relevancia, comentaba la guía, que a menudo se plantan en el museo grupos de chavalas enfervorecidas fans de la Swift para contemplar el cuadro y hacerse las fotos de rigor. ¡O tempora, o mores!, que exclamaría Cicerón.

Cuando se marcha el grupo me acerco al cuadro, al cual aún no había llegado, y me encuentro el lienzo junto con una pantalla con el videoclip del tema musical en cuestión: The fate of Ophelia.
Prosigo la visita por las salas Art Nouveau como en una nube. Hay de todo en la colección Nees: pinturas, esculturas, muebles, adornos, decoración, imágenes, proyecciones…..

Una parte del espacio dedicado al Jugendstil plasma lo que supuso la Exposición Universal de París de 1900 en la difusión del Art Nouveau por todo el mundo. Esta exposición fue el mayor escaparate internacional del diseño, el arte y la tecnología que se había organizado hasta la fecha. Celebrada en pleno apogeo de la Belle Époque francesa (1871–1914), proyectó la imagen de París como capital cultural mundial.
En un apartado se proyecta un documental de los hermanos Lumiere acerca de este evento. Me siento a reposar un rato para descansar y reposar la mente tras la contemplación de tanta maravilla y observo el documental que es el original francés con subtítulos en alemán, por lo que puedo seguir lo que en él se relata.
En el minuto 11:34 de este resumen que antecede sale una escena que me hace estallar en carcajadas ante la sorprendida mirada de una visitante que se encuentra por allí (¡y qué bien le sienta a uno reir de vez en cuando….!). En ella podrás ver si tienes esa oportunidad, estimado lector, un desfile de figuras ataviadas con trajes de a lo largo de la Historia y en un momento dado aparece un figurante vestido a lo galo que se planta delante de la cámara y se pone a hacer gestos. En este resumen que te pongo el Obelix de turno sale unos instantes con su momento de gloria pero en la proyección del museo este instante “Andy Warhol” dura más y el susodicho sigue plantado delante de la cámara, poniendo morritos e, incluso, acariciándose la panza como si se acabara de dar un festín a base de jabalíes.
Parece mentira como ciertas conductas del comportamiento humano permanecen aun habiendo transcurrido más de un siglo. Un hombre ante una cámara y se despiertan sus más bajos instintos en forma de hacer el ganso ya sea en un documental en los albores del siglo XX, ya sea poniéndose detrás de una entrevistadora en un reportaje en la vía pública en pleno siglo XXI, saludando y poniendo caritas. Al final, tampoco hemos cambiado tanto….
La visita continúa con más muestras de Art Nouveau.

Podría estarme horas describiendo las emociones que me está despertando esta visita con sus asimetrías, sus líneas curvas, sus “coup de fouet” tan característicos….
Bajo la curva fronda de metal,
crece la flor del sueño en la penumbra;
la línea sutil que el aire alumbra
vibra en el latido vegetal.
Es un fantasear de nácar y cristal,
donde la sombra y la luz se deslumbra;
un tallo sutil que el tiempo encumbra
en suntuoso abrazo ornamental.
El cisne alado de la reja curva
suspende el vuelo en la quietud absorta,
mientras el alma en el confín se turba.
La onda marina y la hoja muerta
hilan la forma que el deseo acorta,
pura y sinuosa como puerta abierta.
Pero el tiempo es finito y debo continuar con el resto de lo que ofrece el Museo de Wiesbaden.
Y ello será contado en la siguiente y animal etapa.