Continúo callejeando por Wiesbaden y llego a la altura de Burgstrasse 6-8 donde se encuentra el siguiente punto de interés, el Kuckucksuhr, el que dicen que es el reloj de cuco más grande de Europa.
La idea de este cuco surgió en 1946 cuando Fred Stern, sargento del Departamento de Policía de Nueva York, tuvo la siguiente idea. Le sugirió a su tío, Emil Kronenberger, un vendedor de souvenirs de Wiesbaden, que construyera un gigantesco reloj de cuco con el fin de atraer a los numerosos soldados estadounidenses destinados en la región y a los turistas como clientes. El reloj en cuestión mide más de 4,50 metros de alto y casi 2,70 metros de ancho y en la década de 1950, fue reconocido oficialmente por el Libro Guinness de los Récords como "El reloj de cuco más grande del mundo". En la actualidad hay relojes significativamente más grandes en la Selva Negra o las montañas Harz) por lo que el record ya se ha quedado obsoleto.

Como queda un rato largo para que suene y salgan unas figuras del interior del reloj decido no esperar y continuar camino dado que había leído que tampoco era una cosa del otro jueves. Pillaba de camino para la siguiente visita, se trata de una curiosidad y por eso me he pasado a verlo.
Relacionado con lo comentado anteriormente apuntar como elemento anecdótico que aquí en Wiesbaden el cantante Elvis Presley conoció a su futura mujer, Priscila, porque Elvis estaba destinado como soldado en la región haciendo el servicio militar y Priscila vivía y estudiaba en la ciudad.
Un poco más adelante aparece la figura del Kurhaus.
Se trata de un complejo de edificios que engloba balneario y casino que se construyeron en estilo neoclásico y se inauguraron en 1907 por el Kaiser Guillermo II. Sobre el pórtico de columnas está escrito "Aquis Mattiacis", que es como los romanos llamaron en su día a la actual Wiesbaden cuando aprendieron a apreciar sus aguas termales. Fue aquí donde se creo una obra clave de la Literatura, basada en la experiencia personal del propio autor. Se trata de “El Jugador” del escritor Fedor Dostoievsky, que tuvo que escribir en 1866 en sólo veintiséis días después de perder en la ruleta del casino el adelanto por la obra que le había entregado el editor.

Puesto que el acceso a los visitantes está permitido al gran vestíbulo coronado por una gran cúpula de cristal, decorado con frescos y rodeado de esculturas allá que me acerco y me interno en el mismo a través de las puertas giratorias de la entrada. Un gran espacio te recibe con mármoles, vidrieras polícromas, mosaicos y estatuas a la romana. Todo muy suntuoso y con un estilo muy particular que invita a arrojarse a la disipación y al azar. Al fondo hay como un evento inmobiliario y la gente pasa a recoger credenciales pero no se identifican por lo que no parece que haya mucho rigor a la hora de poder avanzar en introducirse en el edificio. Otro con más cara y con ganas de ver los lujosos salones que se encuentran por allí lo mismo habría hecho el intento de poder acceder pero no es mi caso, vuelvo sobre mis pasos y continúo el trayecto antes de que me abduzcan para jugar a la ruleta.
Llego a las inmediaciones de la Kochbrunnen Platz y me encuentro otra muestra arquitectónica del Jugendstil, el Palast Hotel y que forma parte del circuito Art Nouveau de la ciudad.

Este edificio fue construido a principios del siglo XX según los diseños de la moda imperante en la Belle Époque. Uno de sus huéspedes más célebres fue el tenor Enrico Caruso. Se dice que en octubre de 1908 salió al balcón a calentar su voz y congregó a una multitud en la plaza, provocando desmayos entre las damas presentes. Cobró 10.000 marcos de oro por su actuación en el teatro de la ciudad, equivalentes a unos 100.000 euros actuales. La Segunda Guerra Mundial hizo que el hotel se convirtiera en hospital. Más tarde, en los años 70, el hotel se reconvirtió en un edificio de viviendas con tiendas y un restaurante.
Una auténtica delicia el contemplar las líneas del edificio así como su multitud de detalles. La fachada curva convexa del mismo es otro aliciente para considerarlo una obra maestra del Modernismo Alemán.
El Palast Hotel da a la Kochbrunnen Platz y en primer término se topa uno con una figura de un señor verde en postura de caminar. Se trata del Ampelmännchen, el símbolo de los semáforos de la Alemania Oriental que indicaba cuándo cruzar y cuándo esperar en la acera. Esta estatua se instaló para celebrar el vigésimo quinto aniversario del Día de la Unidad de Alemania.
Cerca del Hulk andarín hay una glorieta con una fuente pequeña en el interior, la Kochbrunnenspringer. Tiene forma de volcán por cuyo cráter mana agua a unos 66 ºC. La diferencia de temperatura es tal que penachos de vapor circundan el extremo por donde brota el agua. Estamos a unos 20 ºC por lo que no me quiero imaginar la que se montará en la plaza en pleno invierno con todo lleno de vapor de agua por el contraste térmico.
Me acerco a la fuente y aparte de notarse el calor se aprecia un olor penetrante a química posiblemente debido a la propia mineralización de las aguas que salen a estas altas temperaturas. Una señora está sentada en el poyete de la fuente, se ha descalzado y mantiene los pies sumergidos dentro tan feliz. No sé el cómo aguanta porque pruebo a meter un dedo y lo retiro inmediatamente porque el agua está bien caliente aunque tampoco como para escaldar huevos. No hago más pruebas porque el olor sulfuroso me trae recuerdos de las Minas de Riotinto en Huelva cuando te decían que no se te ocurriera meter en el agua nada metálico para que no te llevaras una sorpresa luego.

Al lado se encuentra el Löwenmähne, una escultura de un león de siete cabezas que forma parte del escudo del estado de Hesse. Tras su contemplación me dirijo a un extremo de la plaza donde hay una estructura semicerrada en forma de templete, la fuente Kockbrunnen.
El Kochbrunnen ("fuente hirviente") es el manantial termal más famoso y caliente de Wiesbaden, con un caudal que brota a una temperatura de entre 66 °C y 68 °C desde una profundidad de 2.000 metros. El agua contiene una alta concentración de minerales y cloruro sódico, llegando a tener hasta 6 gramos de sal por litro. Si se deja expuesta al aire durante 24 horas, se vuelve de un tono turbio amarillento debido a la oxidación de sus minerales. En el siglo XIX y principios del XX, existía la figura de las Brunnenfrauen (mujeres del manantial), empleadas que extraían el agua caliente en jarras directamente del suelo para servirla a los visitantes que hacían curas de agua. Como último dato el agua caliente que brota de éste y de los otros veintiséis manantiales con los que cuenta Wiesbaden, que se estima en dos millones de litros diarios, también se aprovecha para calefacción urbana.

Me aproximo a la fuente, también sumerjo un dedo y de seguido lo tengo que retirar porque está a una temperatura escasamente soportable. Se supone que el agua es potable y que tiene efectos curativos cuando se toma en pequeñas dosis pero prefiero no hacer la prueba para no quedarme con regusto toda la tarde.
En este punto de la tarde opto por sentarme unos instantes en un banco de la plaza para descansar pero rápidamente cambio de idea porque el calor que emana de las fuentes, unido al ya existente, empieza a hacer fatigoso el ambiente. Continúo por tanto con el recorrido previsto, del cual va faltando cada vez menos cosas. Mirando el reloj voy muy bien de tiempo respecto a lo estimado, en parte debido a que las visitas museísticas han sido algo más cortas de lo esperado y ello ha permitido que tenga tiempo extra.
Muy cercano, en Langasse n.º 21, me topo con el edificio de la Pressehaus, de estilo….. Jugendstil, continuando así con la ruta Modernista por la ciudad.
El Pressehaus de Wiesbaden es un histórico palacio de la prensa construido entre 1905 y 1909 y que albergó el periódico local Wiesbadener Kurier cuando se fundó en octubre de 1945. La fachada principal en piedra arenisca roja y tonos beiges está coronada por una escultura de cobre llamada Das Wissen (El Conocimiento) o Aufklärung und Wissen (Ilustración y Saber) que sostiene un libro en alto, simbolizando así el valor de la Ilustración.

El edificio es sencillamente imponente y es un buen elemento del movimiento Jugendstil del que está imbuido una parte de esta ciudad. Tras su correspondiente momento contemplativo toca proseguir con la visita.
Y ello será plasmado en el relato de la siguiente y ferroviaria etapa.