En un lateral de la zona peatonal por la que estoy paseando se abre ya el exterior de la almendra central histórica de Wiesbaden y en el mismo está la Römertor.
La Römertor o Puerta Romana realmente no es romana porque se construyó en 1903 en una apertura del antiguo muro romano y se basó en modelos arquitectónicos de la época. Por debajo de la “puerta” pasa la Coulinstraße y para tener una mejor perspectiva de la misma hay unas escaleras al otro lado de la calle donde hay un mirador desde el que se tiene una buena visión de la puerta con la ciudad y su catedral al fondo, maleza mediante. A la derecha de la puerta hay una calle que baja hacia el casco histórico y que alberga varias estelas romanas que forman parte de la colección del Museo de Wiesbaden.

Llegados a este punto ya el itinerario que resta es de vuelta a la estación y, por tanto, lo que falta lo haré regresando para coger el tren de regreso. A lo tonto, si sumamos la mañana en Mainz y lo que llevo de tarde en Wiesbaden seguro que los 10 kilómetros caminados no me los quita nadie. Esta noche va a tocar descansar para darlo todo en los próximos dos días de viaje que aún restan por venir y, por supuesto, disfrutar.
Pese a ser jueves por la tarde hay mucho bullicio en la ciudad y las calles están llenas de transeúntes. Me está sorprendiendo Wiesbaden porque pensaba que sería una capital “de boquilla” y me estoy encontrando con toda la vitalidad de una gran ciudad europea, con sus pros y sus contras.
Llego al siguiente punto de interés, la backerbrunnen o fuente de los panaderos.

En una casita con madera vista y base de ladrillo rojo se halla esta fuente pequeña y de agua muy caliente. Su construcción data de 1906 y el agua que mana de su surtidor procede de un manantial subterráneo de aguas termales. Su nombre se debe a que desde el siglo XVIII los panaderos y carniceros de las zonas cercanas usaban este agua caliente, a 49º centígrados. En la pared hay un cartel que parece que recoge la composición del agua, que es potable y se le atribuyen virtudes saludables para el organismo. Sin embargo y dado que contiene pequeñas cantidades de arsénico, se recomienda ingerirla en dosis muy reducidas. En mi caso, ni pequeñas, ni grandes porque no me voy a meter arsénico en el cuerpo, con o sin compasión.
Continúo el paseo y llego al último punto de interés de la jornada en Wiesbaden, el Wartburg.
Este edificio, ubicado en Schwalbacher Straße nº 51, muestra en su fachada las formas curvas y elegantes del Art Nouveau, así como motivos decorativos característicos de ese estilo que se mezclan con elementos típicos de la arquitectura románica y barroca. El nombre del edificio se eligió para recordar el concurso de canto celebrado en el castillo de Wartburg en el siglo XIII y en la propia fachada se pueden ver precisamente escenas de la ópera de Wagner, Tannhäuser, sobre ese concurso. Desde su fundación, el edificio ha tenido diferentes utilidades, desde espacio para entrenamientos y exhibiciones deportivas a club de oficiales americanos tras la Segunda Guerra Mundial. Desde hace ya más de dos décadas, el histórico Wartburg es la Sede del Teatro Estatal de Wiesbaden.

La referencia a la ópera Tannhäuser me lleva a su vez a otra referencia, la de la parte final de la película Blade Runner, donde el discurso del replicante encarnado por Rutger Hauer se ha convertido en clásico y que aún hoy día pone los pelos como escarpias: “He visto cosas que vosotros no creeríais. Atacar naves en llamas más allá de Orión. He visto rayos-C brillar en la oscuridad cerca de la Puerta de Tannhäuser. Todos esos momentos se perderán en el tiempo, como lágrimas en la lluvia. Es hora de morir”.
La fachada del edificio es soberbia pero tiene mala perspectiva para su observación al estar en una calle con mucho tráfico y muy concurrida, amén de que tiene una valla delante que tampoco da margen para poder estar parado mucho tiempo por temor al paso de vehículos. Es un buen colofón al empacho de Jugendstil del día de hoy pero me doy por sumamente satisfecho por esta experiencia.
Miro el reloj y calibro qué hacer a continuación. Según la planificación que había realizado de la jornada llevo un adelanto de unos 45 minutos sobre el horario previsto pero tampoco es plan de marear la perdiz aquí porque me noto cansado, mañana me espera una jornada también intensa y, ciertamente, me apetece regresar al hotel para darme una buena ducha, experimentar los “placeres” del baño japonés y cenar.
Abro la web de Deutsche Bahn y busco los trenes de regreso a Frankfurt que me puedan venir bien. Hoy no tengo billete de vuelta ya comprado por lo que puedo jugar con las salidas. Veo que en 20 minutos sale un S-Bahn de la línea 1 que tarda 45 minutos y 25 minutos después un tren regional RB que tarda 35 minutos. Como no tengo que sacar billete y el google maps me señala un tiempo estimado de 15 minutos hasta la estación central de Wiesbaden meto el turbo para coger el S1 de las 19:05.

Llego con unos tres minutos de antelación y me subo al tren, que va medio vacío. Llevo observando desde ayer el sistema que llevan los trenes aquí en Alemania en el sentido de que tienen un sistema de cierre automático de puertas una vez que te subes al vagón. No es como aquí en España que mientras sale el tren las puertas permanecen abiertas. En Alemania están cerradas por defecto, se abren al acceder y pasado un tiempo prudencial se vuelven a cerrar. Supongo que a efectos de mantener la temperatura del interior del vagón. Allí estarán acostumbrados pero a mí me da mal rollo porque al estar cerradas da la impresión de que el tren va a salir inmediatamente o, por contra, que es un tren que no va a emprender su recorrido.
Ha llegado la hora de dejar Wiesbaden en el recuerdo y la distancia.
Wiesbaden se alza bella y elegante,
con aguas que destilan sanos manantiales,
donde reposan gratos los cristales
bajo un cielo sereno y brillante.
Su verde parque invita al caminante,
guardando de la historia los anales,
al son de los susurros invernales
que tornan la ciudad muy consonante.
Bajo el elegante palacio termal,
fluye la vida con calma profunda,
cual perla de un encanto sin igual.
Y el Rin cerca la cuida y la inunda
de paz y de un fulgor tradicional,
mientras la brisa suave la circunda.
Para variar, el tren sale con retraso y a lo largo del trayecto se va parando cada cierto tiempo. Resignación cristiana… Cuando estamos a la estación central de Frankfurt vuelve a pararse y ya acumulamos unos veinte minutos de retraso.

El remate es que estando parados pasa a nuestro lado el tren regional RB que salía de Wiesbaden a las 19:32 y nos rebasa. Es decir, me he pegado la carrera en Wiesbaden para nada y encima voy a llegar más tarde a Frankfurt que si hubiera cogido el tren posterior. Como estas cosas me cabrean sobremanera me agarro un rebote de tres pares y empiezo a maldecir el servicio ferroviario alemán al que hace sólo tres días idolatraba.
Por fin llegamos a la parada de Frankfurt Hbf del S-Bahn, cruzo la parte de los andenes y alcanzo el hotel, sobrándome ya todo. En la habitación doy buena cuenta de una ensalada de atún con un postre de avellana, regados por el apfelschorle de rigor. En la televisión cojo un canal de deportes en el que están retransmitiendo un partido de baloncesto de la liga alemana entre el Trier y el Ulm y echo el rato de la cena viendo el partido. No es un Alba Berlín-Bayern Munich pero menos da una piedra.

Tras el partido y echado en la cama poniéndome al día de la actualidad por internet encuentro en la televisión un canal relacionado con la discográfica Kontor, el cual proyecta vídeos musicales de música electrónica. En este momento hay un pequeño monográfico dedicado al proyecto Purple Disco Machine capitaneado por el Dj alemán Tino Piontek y los diferentes temas me sirven de fondo musical hasta que ya parece que me voy caer en los brazos de Morfeo. Mañana toca Coblenza. Buenas noches.
Conclusiones que nos deja el día:
. La parte del río Rin que he podido visitar en el día de hoy, la correspondiente a Mainz, no me ha dado la impresión de que reflejara un descenso acusado del caudal del río. Quizás los que vivan allí y tengan una referencia sí lo podrán apreciar pero parece que los estragos de la sequía no han sido tan relevantes (o que se ha recuperado desde agosto, cuando estuvo la cosa peor).
. Le sigo dando vueltas al tema del retraso en los trenes. Tanto ayer como hoy he cogido varios y ninguno ha sido puntual, tanto en su llegada al punto de inicio como a su destino final. Quizá tenía yo demasiado mitificado este aspecto. Aun quedan dos días para poder refutar o confirmar la realidad actual de sistema ferroviario germano.
. Hoy he tenido la oportunidad de empaparme de lo que significa un periodo artístico, a base de Jugendstil. Cuando un tema apasiona y además se cumplen las expectativas da uno la jornada por muy bien empleada y ha merecido la pena hacer estos miles de kilómetros para disfrutar la experiencia.
. En el día de hoy, en lo referente a viajar en solitario, ha habido una mezcla de sensaciones pero sobre todo de sentirse afortunado por poder hacer el viaje desde esta perspectiva. Sin nadie con el que poder compartir la experiencia de primera mano en ese momento, aunque lo esté haciendo ahora contigo, estimado lector, parece que las percepciones se muestran de otra manera como más sentidas. He valorado el estar en silencio en una sala de museo sin nadie alrededor, he ponderado el pasear por una plaza pública sólo atento a lo que mis sentidos advertían o he apreciado el sabor de un buen plato a la mesa rodeado de la conversación silenciosa, por incomprensible, de los que alrededor se encontraban. Al extraer ese pequeño jugo de cada momento se ha revalorizado la experiencia y ello lleva a que se aprecie la oportunidad de estar viviéndolo.