Viaje de Madrid a Barcelona.
Pese a la distancia que teníamos por delante, no madrugamos demasiado, pues tampoco nos convenía llegar a Barcelona demasiado pronto teniendo en cuenta que hasta las siete no podíamos subir al ferry. Almorzamos unos menús del día en el Hotel Norte, muy cerca de Zaragoza, en una vía de servicio de la autovía que va a Huesca. Si nos pilla de paso, solemos parar allí, pues se come bien con muchas opciones, tiene buen precio (15,50 euros) y, lo principal, atienden rápido. Sin embargo, en fin de semana no lo recomiendo tanto, pues el menú del día pasa ser un menú especial festivo bastante más caro. Por supuesto, no nos olvidamos de llenar el depósito de combustible antes de embarcar, pues sabíamos que en Italia el litro de gasóleo nos iba a costar bastante más.
Trayecto en ferry desde Barcelona a Civitavecchia.
Embarcamos sin novedad con destino a Roma-Civitavecchia. Para este destino, el barco es de la compañía Grimaldi. En la oficina del puerto, al entregar la documentación para hacer el check in, nos proporcionaron las cartas de embarque y las tarjetas llave del camarote interior que habíamos reservado, suficiente para que dos personas pasen una noche con cierta comodidad. En realidad, se pueden alojar un máximo de cuatro personas, pues hay cuatro camas, dos abajo y otras dos, arriba, plegadas sobre las de abajo; sin embargo, tanta gente en un espacio tan reducido particularmente me resultaría insufrible. Dispone de aseo con ducha, armario, mesa, mesita de noche con cajones, enchufes… Como he comentado, para un día está correcto, sin que me parezca necesario pagar más por un camarote exterior o uno tipo suite, más lujoso. Pero, lógicamente, eso va en gustos y necesidades. Por cierto que eché de menos el cuadro con paisaje al fondo que tenía el camarote del ferry que nos llevó de Barcelona a Génova el año pasado.



El barco parecía similar al del año pasado, aunque al final nos resultó más incómodo, pues la cubierta de paseo apenas contaba con sombras y permanecer al aire libre entre el viento y el sol no resultaba muy agradable. Contaba con una pequeña piscina abierta y un montón de tumbonas (todas a pleno sol) que no utilizamos. La comida en el bufet y el restaurante nos pareció repetitiva, de poca calidad y cara, incluso peor que la del barco de GNV. En fin, nada nuevo bajo el sol.


La travesía fue tranquila, con el mar en calma. Un par de horas antes de llegar al destino, te avisan para que dejes libres los camarotes.


De Civitavecchia a Santa María Capua Vetere.
Desembarcamos en Civitavecchia (un puerto sin ningún atractivo visual) a la hora prevista, las cinco y media de la tarde y nos dirigimos directamente a nuestro primer destino: Santa María Capua Vetere, donde esa noche teníamos reservada una noche de alojamiento.

Según Google Maps, era un recorrido de unos 265 kilómetros, casi todos por autopista; algo menos de tres horas en el coche. Y cumplimos la previsión, aunque nos encontramos con un buen atasco en las inmediaciones de Roma. Creo recordar que pagamos peaje dos veces. En total, fueron unos 30 euros. En esta zona, utilizamos la tarjeta sin problemas en las máquinas, lo que no sucedería los días sucesivos, en el entorno de Nápoles, donde tuvimos que pagar en efectivo. Así que siempre conviene llevar algo de dinero suelto. Pero eso ya lo contaré.

Cuando entramos en Santa María Capua Vetere tuvimos una sensación extraña porque las calles del pueblo -ya de noche cerrada, con poca iluminación y casi sin gente- nos resultaron un poco siniestras. Nuestro alojamiento, L’Arena B&B, estaba casi medio escondido en un callejón y nos lo encontramos cerrado. Tuve que llamar por teléfono a la amabilísima anfitriona, que no tardó ni dos minutos en abrirnos. La habitación estaba francamente bien: decoración moderna, aire acondicionado, dos botellitas de agua de cortesía, buen cuarto de baño y podíamos utilizar un comedor, con nevera y máquina de café. El coche lo pudimos dejar gratis en el callejón, pegado a la puerta de la casa. Precio: 85 euros con desayuno. Ignoro el motivo, pero aquí no nos cobraron tasas turísticas: o se le olvidó a la propietaria o estaban incluidas en el precio final pero sin especificar.
