Amanece un nuevo día y toca visitar Coblenza. La noche ha sido tranquila y no se puede pedir más. Con el fin de coger fuerzas bajo a desayunar y me aprovisiono a conciencia porque hoy el tiempo escasea y no me voy a poder parar para comer con mesa y mantel.

Salgo del hotel en dirección a mi querida hauptbanhof y voy cruzando los dedos con lo que me pueda deparar hoy la vivencia ferroviaria en la medida en que hay dos trasbordos de por medio hasta la estación de Koblenz donde tengo que bajarme. Como haya algún retraso a la hora de hacer las conexiones la cosa se puede poner mal.
El tren que me lleva a Mainz para hacer el primer trasbordo sale con retraso para variar pero llega con el tiempo suficiente como para cambiar de andén y coger el siguiente en dirección a Koblenz. Durante el viaje un amable revisor me pide el billete, fuese y no hubo nada. ¡Cuánto tiempo hacía que no coincidía con uno….!

Mientras espero en el andén me sonrío porque lo de hoy es una paradoja en sí misma y me explico.
Resulta que soy seguidor de una reality de viajes estadounidense llamado “The Amazing Race” (sin hacerle ascos a las versiones canadiense y australiana), que consiste en que un grupo de concursantes en parejas van viajando por el mundo consiguiendo pistas y haciendo pruebas para llegar los primeros y evitar quedar últimos para no ser eliminados, por lo general. Viendo este verano la última temporada, en una etapa concreta, los participantes deben cruzar una buena parte de Centroeuropa y para ello pueden coger un tren nocturno directo, con posibilidad de dormir durante el viaje, entre dos puntos o bien coger tres enlaces de trenes para llegar al destino final y no tienen posibilidad de descansar pero, por el contrario, llegarían una hora antes que si cogieran el tren directo. Recuerdo haber exclamado en ese momento “yo cogería el tren directo porque vete tú a saber qué puede pasar con las conexiones” e inmediatamente decirme a mí mismo “hace unos años te habrías ido de cabeza a la opción más rápida con trasbordos”. El paso de tiempo te hace cambiar de mentalidad pero no tanto porque heme aquí, apreciado lector, viajando con varios trasbordos pese a este cambio de ver las cosas. También hay que decir que trenes directos de ida no había disponibles, que conste.
El tren desde Mainz a Koblenz es de alta velocidad y, adivina, adivinanza, también va con retraso. Tengo veinte minutos de margen en Koblenz por lo que espero llegar a tiempo para el trasbordo. Y aquí me encuentro con una de las grandes sorpresas del viaje porque sinceramente no me lo esperaba y me hizo una tremenda ilusión: la vía férrea entre Maguncia y Coblenza está ubicada en una buena parte por la orilla del Rin con castillos y viñedos a ambos lados de las ventanillas del vagón. Es como hacer el crucerito del Rin pero desde un tren. Evidentemente, la perspectiva no es la misma ya que se va por un lateral a toda pastilla y la montaña va tapando zonas pero la impresión es muy similar. ¡Y cuántos recuerdos me trae….!

Sin quererlo ni beberlo me encuentro con espectáculo visual para amenizar el trayecto por lo que dejo el móvil tranquilo, me apoyo en la ventana y me dejo llevar por las vistas que van apareciendo.
Llegamos a la estación central de Coblenza con no demasiado retraso y afortunadamente no tengo ni que cambiarme de andén porque el siguiente que tengo que coger también pasa por aquí. En el letrero aparecen las estaciones de paso y una de ellas es Remagen. ¡Anda!, profiero, ¡donde el puente!

Y es que la ciudad de Remagen y su puente tienen su lugar en la Historia a finales de la Segunda Guerra Mundial. Y es que hay hasta una película sobre lo sucedido allí.
La captura del Puente de Remagen al oeste de Alemania fue uno de los hechos más insólitos ocurridos en el Frente Occidental durante las etapas finales de la Segunda Guerra Mundial en Europa. La razón fue un error cometido por una pequeña guarnición del Ejército Alemán al no volar el puente de la ciudad, lo cual propició que el 7 de Marzo de 1945 los norteamericanos se apoderasen de esta pasarela intacta sobre el Río Rin, un episodio que en Estados Unidos sería conocido como «el Milagro de Remagen». Los diez días en que el Puente Ludendorff estuvo bajo la posesión del Ejército Estadounidense fueron decisivos para la contienda porque se pudo trasladar de forma masiva a infinidad de tropas y toneladas de material militar al otro lado del Río Rin. A pesar del hundimiento posterior de la infraestructura en Remagen, el daño a las fuerzas del Ejército Alemán ya estaba hecho porque se privó al Tercer Reich de su última frontera natural en el Frente Occidental, precipitando decisivamente el final de la Segunda Guerra Mundial en Europa.
Es un buen aperitivo de lo que me espera dentro de un rato en Coblenza y en ello confío.
Llega el siguiente tren con destino a la estación de Koblenz-Lützel, también con retraso y esto empieza a ser lo habitual. Menos mal que son dos paradas y la duración del trayecto no llega a cinco minutos. El tren para y Koblenz-Lützel viene a ser lo que podríamos llamar un apeadero: un bloque de hormigón en el centro con dos vías a ambos lados en medio de la nada. El único que baja soy yo y me encuentro solo ante el peligro.
“Bueno, pues por algún sitio se saldrá a la civilización”, me digo a mí mismo. Efectivamente, en un extremo del “andén” parece que hay como la bajada a un sombrío túnel peatonal que recorro encogiendo el morro porque el hedor a orín echa para atrás. Da miedo siendo a plena luz del día, no quiero pensar en venir a coger un tren cuando haya caído la noche….
Al salir de túnel ya parece que estamos en una ciudad cualquiera por lo que, oficialmente podemos decir, estamos en Koblenz (Coblenza). Ha sido toda una aventura llegar aquí pero como dicen por estas tierras “Gut Ding will Weile haben” (Las cosas buenas toman tiempo).
La ciudad de Koblenz, Coblenza, se encuentra en el estado de Renania-Palatinado y es la tercera ciudad más grande de este länder. Se encuentra situada a unos 100 km de la capital, Mainz, a algo más de 600 km de Berlín y a 120 km de la frontera con Bélgica. Fue fundada en el 30 a.C. por el emperador romano Tiberio con el nombre de Castrum apud Confluentes (ya que en la ciudad confluyen el río Mosela y el río Rin) y con el paso de los siglos este nombre fue cambiando hasta el actual, Koblenz. Durante los siglos XII a XVIII perteneció a los arzobispos de Tréveris (Trier) y en el año 1690 la hicieron capital de su principado. En la Segunda Guerra Mundial sufrió muchísimos daños y tuvo que ser prácticamente reconstruida desde cero.

Los puntos de visita previstos para la jornada de hoy son los siguientes:
. VFF Wehrtechnische Studiensammlung Koblenz
. Vier Turme
. Liebfrauenkirche
. Florinsmarkt y su contenido
. Jesuitenplatz
. Willi-Hörter-Platz
. Görresplatz
. Kastorkirche
. Deutsches Eck
. Teleférico sobre el Rin
. Fortaleza de Ehrenbreitstein
. Preußisches Regierungsgebäude
. Fuente Erfinderbrunnen
. Fuente Weinbergsbrunnen
Para calmar necesidades fisiológicas tenemos los siguientes baños públicos:
. Öffentliche Toilletten am Plan- Am Plan 11 – al lado de Liebfrauenkirche.
. Öffentliche Toilette im Rathaus 2 - Willi-Hörter-Platz 2 - en la Jesuitenplatz en el Ayuntamiento.
. Public toilet - Josef-Görres-Platz 13 - en el primer nivel subterráneo del estacionamiento.
. Öffentliches WC (kostenpflichtig)- Esther-Bejarano-Str. 2 – al lado del Deutches Eck.
. Toilets - Konrad-Adenauer-Ufer 2 – por donde se coge el teleférico.
. Enfrente de la estación central de Coblenza.
Tiro de Google Maps y en unos quince minutos llego al primer punto de interés, el VFF Wehrtechnische Studiensammlung Koblenz o Museo de Tecnología militar de Coblenza.
El Wehrtechnische Studiensammlung Koblenz está reconocido como una de las mayores exposiciones técnicas de Alemania. El museo se centra principalmente en la tecnología militar y ofrece una visión completa de su evolución y desarrollo a lo largo de los últimos años. Las instalaciones incluyen una amplia gama de carros de combate, vehículos, motocicletas, aviones, helicópteros, cohetes, cañones antiaéreos, obuses o morteros. Además, el museo alberga una gran variedad de armamento ligero, uniformes, aparatos electrónicos como equipos de puntería y sistemas de navegación, motores a reacción o dispositivos de reconocimiento no tripulados. El edificio ocupa una superficie de 7.200 metros cuadrados y lo que ofrece en una gran nave en la planta baja y una estancia más pequeña en la planta superior. El museo se encuentra en Mayener Strasse, 85 con un horario de visita de 09:30 a 16:30 todos los días. La entrada cuesta 3 euros. Más información en www.vffwts.de/en/.
Cuando me puse a buscar cosas para visitar en Coblenza me di de bruces con este museo militar y, claro, no podía perder la oportunidad aunque estuviera totalmente a desmano del casco histórico por lo que aquí me planto a iniciar la visita.
Por las instalaciones pulula personal en mono de trabajo y uniformes militares de faena porque, al fin y al cabo, es un centro de estudio. A la entrada, en una garita, el encargado me solicita el DNI, el cual se guarda, y me indica que cuando acabe la visita me lo devuelve y que no expiden tickets sino que hay un torno donde hay que introducir los 3 euros de la entrada. Mucho control de seguridad pero no me ha hecho enseñar el bolso por si llevaba algo potencialmente peligroso. Menos mal porque si tengo que andar sacando la comida, la bebida, el palo selfie, la cámara, el chubasquero…..
Por fin accedo a la nave principal y me tengo que aguantar para salir corriendo y empezar el recorrido. Ya, de primeras, me voy topando con la primera parte expuesta: vehículos motorizados y carros de combate.

Y es que en esta parte del museo hay un buen surtido de los mismos, desde un Leichter Kampfwagen de la Primera Guerra Mundial hasta un Leopard de construcción relativamente reciente. Además, lo que diferencia a este museo de otros de temática militar es su ánimo técnico y didáctico porque hay desde vehículos cortados por la mitad para que se pueda ver el interior y admirar hasta el mínimo detalle hasta los efectos del impacto de diferentes tipos de proyectiles en el blindaje de los carros.
Continúo caminando extasiado por el amplio hangar y me dirijo a la sección de aeronáutica. Por lo que voy observando, aparte del personal de mantenimiento, apenas hay visitantes por lo que estoy a mis anchas.
Lo que pasó a continuación será relatado en la siguiente y agotadora etapa.