En la zona dedicada a la aviación hay helicópteros, cazas de combate, motores, carlingas diseccionadas o equipos y uniformes de paracaidismo. Casi todo lo que se ofrece proviene de equipación de la OTAN y el Pacto de Varsovia. A continuación está la parte naval con artillería, equipos de sónar, cargas de profundidad y hasta un submarino de bolsillo, que hace mis delicias. Por último, y para no aburrir al personal, una de mis partes favoritas, por diferente, la destinada a los zapadores e ingenieros con vehículos anfibios, material de demolición o puentes artificiales.

Doy por finiquitada la parte del hangar muy a muy pesar porque aquí podría estar uno la jornada entera y subo las escaleras hasta llegar a la siguiente zona expositiva. En el acceso unos operarios están reparando los pernios de la puerta de entrada y paso a las distintas salas que ofrecen todo tipo de material: armamento ligero como fusiles y ametralladoras, uniformes de camuflaje, artillería, sistemas de visión nocturna, protección de infantería desde cascos a sistemas Kevlar o un apartado destinado a las fuerzas de la OTAN. Prácticamente todo abarca el periodo años 60 del pasado siglo hasta la actualidad por lo que el que pudiera estar interesado en épocas pasadas como desde la Segunda Guerra Mundial hacia atrás se puede ver decepcionado. De hecho lo único que pude ver alusivo a la época nazi fue un uniforme de oficial de la Luftwaffe y, por supuesto, cruces gamadas ni por asomo. Éste sigue siendo tema tabú por estos lares.

Al entrar me he dado cuenta que el acceso a la planta superior está cerrado por lo que desgraciadamente me voy a quedar sin ver la parte relativa a las armas cortas como pistolas y revólveres así como la zona de francotiradores. Estará en mantenimiento….. Bueno, con lo ya visto me doy por satisfecho.
Toca por tanto abandonar las instalaciones y continuar con el recorrido de la jornada, que viene bien cargado. Al salir de la primera planta la puerta está cerrada, acciono el picaporte y aquello no se abre. Como he visto al personal de mantenimiento trabajando en la puerta al subir me supongo que estarán ajustando la puerta y les doy unos minutos revisitando alguna sala anexa. Regreso, vuelve a mover la manivela y sigue cerrado por lo que golpeo con los nudillos para ver si me abren. En estos momentos me encuentro solo en la planta y dando una nueva vuelta por la misma no encuentro ninguna otra manera de abandonarla. Regreso, vuelvo a intentar salir y no hay manera pero esta vez me hablan en alemán del otro lado pero, claro, no entiendo lo que me dicen. Digo unas palabras en inglés pero se ve tampoco me entienden no sé si por el idioma o porque no llega bien el sonido. Me parece entender algo de “elevator” pero allí no hay ningún ascensor que valga por lo que contesto que no veo ningún elevator, ni gladiator, ni terminator. Sí se nota que están trasteando en la puerta por lo que, de nuevo, aguardo acontecimientos.
Pasados unos minutos, de lo que parece la puerta de un almacén, sale un alemán de uniforme de más de dos metros medio riéndose y diciendo “katastrophe”, katastrophe”. Me explica en un medio inglés que los operarios estaban arreglando la cerradura de la puerta y ahora no la pueden abrir por lo que le han mandado para que me “rescate” porque tienen para largo. La pretendida puerta de almacén es en realidad la puerta de un montacargas, nos subimos y bajamos a la zona del hangar. Le doy las gracias y el hombre se aleja todavía con la sonrisa pilluela en el rostro. Le ha debido parecer muy graciosa la anécdota….
Abandono el museo más que contento con la visita realizada, aderezada por el incidente simpático de la puerta. Menos mal que este cuarto de hora de retraso no va a influir en la planificación de la jornada porque si no, maldita la gracia.
Para regresar a la zona del apeadero y cruzar el puente de Balduino, que me llevará al casco histórico de Coblenza se me presenta otro detalle que no acabo de entender: para cruzar la calle no se les ha ocurrido poner un paso de peatones sino que hay un subterráneo en zigzag. Me parece una soberana pérdida de tiempo pero me niego a intentar comprender el porqué de esta medida. La verdad es que estoy tentado de cruzar la calle sin más cuando no viniera ningún coche pero al final utilizo el paso subterráneo, camino y llego al Balduinbrücke.

El puente de Balduino (Balduinbrücke) en Coblenza es el puente más antiguo que se conserva en la ciudad, construido en el siglo XIV por orden del arzobispo Balduino de Luxemburgo, quien lo promovió para unir las dos orillas del río Mosela. A finales del siglo XIX incorporó pasarelas de hierro para peatones (1883) y vías para el tranvía (1895) y a finales de la Segunda Guerra Mundial fue dañado por los bombardeos aunque mantuvo su estructura original. Una anécdota histórica cuenta que el octavo arco del puente sufrió graves daños durante una fuerte corriente de hielo en 1831, cuando la artillería prusiana intentó romper el hielo a cañonazos. Hoy en día, ese arco se distingue claramente porque está reparado con un muro de arenisca roja y se le conoce como el arco del diablo.
Al fondo se distingue un accidente geográfico ya conocido. Doy una pista.
Efectivamente, bajo el puente discurre el río Mosela que hace su desembocadura en el Rin. El Mosela nace en Francia, pasa por Luxemburgo y hasta su final recorre un total de 560 kilómetros. Su nombre proviene del latín Mosella, un diminutivo de Mosa o "río de las moscas".
La vista es magnífica porque se conjuga tanto el encuentro de ambos ríos como la panorámica de los edificios históricos de Coblenza situados a la orilla del Mosela. Investigando el recorrido podría haber cruzado a la otra orilla por el puente anterior más a mano desde el museo, el Europabrücke, pero éste indudablemente tiene mejores vistas al ser el último antes de la desembocadura.
Continúo camino hasta llegar al siguiente punto de interés, las Vier Türme o Cuatro Torres de Coblenza.
En cada una de las esquinas que cruzan Am Plan con Marktstraße, Löhrstraße y Altengraben hay un ventanal o mirador ornamentado de dos pisos en forma de torre. Los orígenes de todas ellas se remontan a principios del siglo XVII y fueron sucesivamente destruidas y reconstruidas según los avatares bélicos que rodearon a esta ciudad. En la actualidad forman parte, junto otros lugares del Valle Superior del Medio Rin, del Patrimonio Mundial de la UNESCO.

Como datos curiosos se puede decir que uno de los edificios, conocido como Zum Heiligen Petrus, funcionó como farmacia de manera ininterrumpida desde 1730 hasta principios de los años 2000 y que en 1950 se abrió un paso peatonal en la esquina de la casa Zum Grünen Baum para que los transeúntes pudieran esquivar con seguridad los viejos tranvías de la ciudad al girar en esa esquina tan angosta.
El siguiente punto de vista es la Liebfrauenkirche (Iglesia de Nuestra Señora) en Florinspfaffengasse, 14.
La Iglesia fue construida en estilo gótico entre los siglos XII y XIII en el punto más alto de la ciudad. Sus torres barrocas en forma de cebolla, junto con las de la Kastorkirche y la Florinskirche, son las que sobresalen cuando se visita el casco histórico de Coblenza. En el interior destaca el coro gótico tardío, adornado con contrafuertes decorativos y ventanas de tracería intrincada que refleja la influencia de la arquitectura gótica de Frankfurt. La entrada es gratuita y está abierta de 8:30 a 17:00 todos los días.

Destacaría también los efectos que produce la entrada de la luz solar en el recinto a través de los vitrales polícromos de las ventanas. Se produce un juego de colores bastante agradable de ver.
Prosigo camino y llego a la Florinsmarkt donde hay varios puntos de interés para visitar pero me encuentro que toda la plaza está llena de andamios tapando las fachadas. Por tanto, me quedo sin admirar la esbelta figura de la Florinskirche, una iglesia del siglo XII dedicada a San Florián, mártir cristiano que es el patrón de los bomberos. Su campanario tiene una altura de setenta y nueve metros y es uno de los más altos de Alemania. Tampoco se puede acceder a su interior por lo que también me quedo sin ver sus techos pintados con frescos y el altar, que es una obra maestra del arte gótico, así como la reliquia de un pedazo de la cruz de Jesucristo.
También me quedo sin ver la fachada de la Kaufhaus, tapada por una lona. En la misma hay un reloj con una curiosidad: bajo su esfera está la cara del Augenroller (el que gira los ojos) y que cada cuarto de hora mueve los ojos de un lado a otro a la vez que saca la lengua. Esta figura recuerda al caballero bandido Johann Lutter von Kobern, que fue ejecutado en la plaza del mercado en 1536, porque se dice que, antes de ser decapitado, puso los ojos en blanco y sacó la lengua a los espectadores de la ejecución para burlarse de la justicia de Coblenza.
Sin embargo sí puedo admirar la Schöffenhaus, cuyo mirador tiene vistas al Mosela y, por tanto, se encuentra en la parte posterior de la plaza y no está afectada por el andamiaje. Esta casa, de color rojizo, es un edificio histórico de estilo gótico tardío, construido en 1530 como sede del tribunal de regidores de la ciudad. La fachada mencionada orientada al río Mosela luce un mirador voladizo de estilo gótico tardío ricamente decorado y adornado con dos escudos de armas tallados: uno perteneciente al arzobispo de Tréveris y otro al cuerpo de regidores, que muestra una rosa y una cruz.

Dejo la ribera del Mosela y me adentro de nuevo en el casco histórico de la ciudad para continuar con el recorrido previsto. Y ello se seguirá contando en la próxima y fluvial etapa.