JUEVES 18 DE FEBRERO DE 2010
Amanece nuestro último día en la ciudad. Qué cortito se nos ha hecho. Terminamos de arreglar las maletas y bajamos a por nuestro último desayuno.
Tras esto, bajamos las maletas y fuimos a recepción a hacer el check out y a dejar nuestro equipaje hasta las 14:30, hora a la que teníamos reservado un taxi para ir al aeropuerto.
Cuando llegamos, la chica nos dice que la habitación está pagada (eso ya lo sabíamos), pero que si hemos usado la caja fuerte, son 10,90$. A pesar de que sí que estaba indicado en la hoja que firmamos a la llegada (y que, por supuesto, no leímos), y de que pagar 1,09$ por día nos pareció un precio más que razonable, no entendíamos por qué si en la habitación estaba la caja fuerte con la llave puesta, uno tiende a pensar que es porque está incluido. De todas formas, al final la chica nos dijo que no nos preocupásemos y que haría como si no la hubiésemos usado.
Bajamos hasta la 5ª Avenida y fuimos en busca de los últimos souvenirs del viaje. Llegamos a la altura de la 42 y, con todo cumplido, nos acercamos a Times Square a comer algo.

Paramos en el Tads Steak (761 7th Avenue, esuina con la 50), una especie de mezcla entre un sitio de comida rápida y un restaurante y Asun se comió una hamburguesa, yo un steak + 2 bebidas = 35$.


Al salir, decidimos probar lo de llamar gratis desde todas las cabinas que hubiese hasta el hotel (lo habíamos intentado en un par, pero o no habían usado tarjeta, o nos pedía un pin), y a la tercera llegó la vencida. Yo llamé un par de veces a mi casa sin obtener respuesta, pero Asun tuvo más suerte y habló con su family.
Llegamos al hotel, y a los 5 minutos apareció nuestro transporte. 75$ que el conductor intentó convertir en 79$ sin éxito y para dentro.
En el caso de Continental, tú mismo te sacas la tarjeta de embarque a través de una pantalla táctil y eliges los asientos. Clavamos el peso máximo de las maletas, así que no tuvimos ningún problema para facturar el equipaje.
Nos quedaban un par de horas para embarcar, así que nos tomamos un café y fuimos a la puerta.
El vuelo de vuelta se hizo bastante más corto que el de ida (como suele ser habitual), y llegamos a Londres a las 06:30 de la mañana del día siguiente, para un par de horas más tarde coger el autobús de regreso a Bournemouth.