Cuando se habla de Bali se habla en playas, templos y arrozales, y siendo cierto todo lo anterior, para mi el punto fuerte de la isla son las cascadas. Descubrimos que había abundancia de ellas, algunas espectaculares y otras modestas, de fácil visita o escondidas. Da igual donde te alojes en la isla, seguro que tendrás alguna cascada cerca.
Y con esa premisa decidimos explorar tres cascadas del norte: la pequeña Jembong y las famosas Git Git y Sekumpul.
Nuestro conductor aquí será Kutuk, un pariente de Putu,al que habíaos pedido que nos buscar un chófer para esta zona. Nos recoge temprano y nos lleva por una carretera imposible por puro estrecha pero en buenas condiciones hasta la cascada Jembong, una verdadera gema escondida.
Es una cascada pequeña y poco conocida por los turistas, una suerte para nosotros. Tiene un fuerte caudal, que transcurre canalizado por la pendiente de la colina y en un punto intermedio, dos estupendas piscinas de estilo moderno abastecidas con el agua natural de la cascada.
Desde la taquilla hasta la catarata hay una pequeña subida con escaleras que no tiene ninguna dificultad. Llegamos los primeros y poco a poco, se llenó de familias de lugareños con niños. Pasamos un rato muy agradable allí de baño entre la cascada y la piscina, para cuando nos dimos cuenta, ya había pasado más de una hora.
Cambiamos de punto y nos dirigimos a Git Git. Otra vez la insufrible y estrecha carretera que Kutuk conoce bien, porque se ha criado cerca. En el aparcamiento de la cascada se ofrecen servicios de guía, pero aquí no son necesarios: el sendero, aunque es largo, no tiene dificultad ni pérdida, sólo hay que seguir el curso de las tiendas de souvenirs.
Git Git es toda una belleza. Muy alta con un caudal estrecho y fuerte cuya caída rompe dispersando mucha humedad alrededor. Hay muchas rocas grandes que no invitan al baño y está rodeada por un verdor en bruto. La foto perfecta la complementa un pequeño templo con puertas balinesas típicas en un lado, un poco antes de llegar al agua. Cigarras y pájaros hacen el ruido suficiente para advertir de que al otro lado del río hay pocos humanos.
El restaurante en el que íbamos a comer en la localidad de Buleleng estaba cerrado por ser festivo nacional, igual que otros que fuimos después. Improvisamos parada en el único que encontramos abierto, uno llamado 'Warun Dadidu'. Les digo ya que no vayan, es un horror.
El lugar es amplio y bien ventilado pero los aseos están muy sucios, con unas telarañas enormes negras por el humo y la grasa. Pedimos un plato de arroz con verduras y huevo, con un zumo. El arroz habría estado bueno si no fuera por el exceso de picante y el supuesto zumo, que resultó ser un refresco hecho de polvos, tampoco nos entusiasmó. Al menos, el café balinés era decente. Pagamos seis euros por los tres platos y continuamos la marcha hasta las cascadas de Sekumpul, el lugar que más nos gustó de todo Bali.
En el aparcamiento de las cascadas están las taquillas. Hay varios tipos de entrada y la extendida para ver las tres cascadas cuesta 15 euros por persona. También hay guías que se ofrecen sus servicios, ellos dicen que es gratuito, pero es de imaginar que no lo será. Nosotros queríamos estar solos por nuestra cuenta y así lo disfrutamos.
Aconsejo que no vengan por la tarde, sino a primera hora de la mañana para que no les oscurezca.
Con la entrada te dan dos botellas de agua, ¡a caminar!
Desde el aparcamiento, el camino a la cascada tiene una tramo casi plano que transcurre entre casas y otro de pura escalera, en bajada. El tramo plano no está señalizado y es fácil perderse, tienes que andar preguntando a los lugareños, que son muy amables y te indican. El tramo de escaleras bifurca abajo para llegar a las tres cascadas que componen el lugar. El recorrido total son menos de tres kilómetros y se hacen en 30-45 minutos según tu paso.
Al llegar al tramo de escaleras, comienza la fiesta. Son escalones de buen tamaño que parecen no acabar nunca, unos tallados en la pared, otros en estructuras metálicas, pero la parada para tomar aliento se compensa con una vista espectacular. Desde los pequeños miradores que hay de cuando en cuando, se contemplan al frente los tres grupos de cascadas del recinto, situadas una al lado de otra, hay que girar la cabeza de lado a lado porque que no se abarcan en una foto. Hay otras pequeñas escondidas a la vista junto a las anteriores, tapadas por la vegetación.
¡Qué maravilloso lugar es Sekumpul!. El agua cae con muchísima fuerza y medida que bajamos la humedad y la fina llovizna que cae de las cascadas nos empapan las ropas y los objetivos. Para acceder de una cascada a otra hay que atravesar un arroyo lleno de rocas agarrados a una cuerda, el agua apenas llega a la rodilla.
Hago un inciso para remarcar la importancia del calzado adecuado. Nosotros llevamos zapatilla de deporte para los tramos de andar y sandalia atada para zonas de agua. La comodidad compensó la molestia de la carga.
Digo esto porque vimos un grupo de dos parejas jóvenes con cinco niños, el mayor de unos seis años y el más pequeño un bebé de apenas meses en brazos. Se acompañaban de dos guías que les ayudaban con los niños. Los adultos iban en chanclas y el señor tuvo que pasar descalzo el arroyo con su bebé en los brazos. Sinceramente, me pareció arriesgado porque en las rocas hay limo y es fácil caerse.
Volviendo a la cascada, es difícil mirar arriba y acercarse porque el agua te empapa completamente. Vamos a la cascada principal que está cercana y observamos que hay mas justo al lado. Hay que caminar por el arroyo con el agua a la altura del tobillo y algunos turistas resbalan y se caen por el limo de las rocas. Nosotros vamos despacio como dos patitos, limpiando los objetivos constantemente con la camiseta o como podemos, un trabajo en vano porque en nuestro afán por acercarnos al torrente, vamos chorreando.
Es una sensación increíble estar en medio de varias cascadas, el ruido atronador del agua cayendo y la pura naturaleza alrededor. La mejor experiencia de nuestro viaje a Bali, sin duda alguna.
Continuamos hasta la cascada más alejada de las tres, como dije el camino tiene una bifurcación y es fácil llegar. Aquí hay un puente, un control de acceso y continuamos hacia dentro. También hay un tramo de arroyo que hay que cruzar agarrados a una cuerda, aquí el caudal es un poco más alto y ancho que el anterior. Estamos solos, no hay ni un alma.
No hay que andar mucho hasta la cascada. Es una pura belleza y tiene una sorpresa para quien la visita, a la izquierda y escondida por la vegetación, tiene otra gemela. Hacemos fotos disfrutando del momento y nos damos cuenta que el sol empieza a caer. Hay que hacer todo el viaje de vuelta y tememos quedarnos sin luz, es hora de marcharse.
En nuestro camino de regreso y tras pasar el arroyo, vemos que del lado contrario hay un desprendimiento de rocas. No fue muy grande, pero nos asustó. Aceleramos el paso por si el efecto dominó nos complica la salida.
Llegamos a las escaleras y ahora toca subir todo lo que bajamos. No les voy a mentir, las escaleras tienen su chiste, pican más que el plato del restaurante en el que almorzamos. Llegamos arriba con la lengua fuera y pasamos de estar empapados por el agua a estar empapados por sudor. Esto cuenta como día de piernas en el gym.
En una de las paradas de las escaleras vimos a las parejas con los niños descansando. Los guías parecían agotados de llevar a los niños mayorcitos en brazos. Espero que les hayan dado buena propina, porque se la han ganado.
Regresamos al aparcamiento y Kutuk se sorprende de vernos 'tan pronto'. Completamos el recorrido en unas dos horas y media, en parte porque aligeramos la vuelta, temiendo quedarnos sin luz al atardecer y asustados por el desprendimiento de rocas que vimos
Antes de regresar al hotel Kutuk nos para en la puerta de los templos Pura Desa Lan y Pura Dalem para hacer unas fotos, una sorpresa inesperada. ¡Son espectaculares!. Cuando llegamos pagamos lo pactado, 700.000 rupias y acordamos una ruta en dos días, porque mañana vamos a ver delfines.