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Colombia. El mayor peligro es que te quieras quedar. ✏️ Blogs de Colombia
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Colombia. El mayor peligro es que te quieras quedar.
Diario: Colombia. El mayor peligro es que te quieras quedar.  -  Localización:  Colombia  Colombia
Descripción: Un recorrido en moto por Colombia
Autor: Jaimeleonu   Fecha creación: 
 
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Etapas 1 a 3,  total 5
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Etapa: Lo que quizás no sepas de Colombia  -  Localización:  Colombia Colombia
Descripción: Una visión diferente de la que generalmente se tiene antes de viajar a Colombia
Fecha creación: 12/02/2017 19:49  
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Desde su nacimiento en el sur de Colombia, hasta su desembocadura en el mar Caribe, el río Magdalena recorre el país a lo largo de más de 1.500 km. Estamos en el pueblo de Villavieja, a 4 km del llamativo desierto de La Tatacoa, la mañana es soleada y muy calurosa. Desde la orilla del margen derecho del Magdalena, se aprecia perfectamente la corriente que llevan sus aguas, y que debido a las últimas tormentas presentan un color marrón. Gracias a la ayuda de cinco hombres, logramos subir la pesada 1200 GS en una pequeña lancha. Ahora para alcanzar la otra orilla, primero tendremos que remontarlo para rodear una gran isla, y luego, por otro ramal, buscar el lugar para poder desembarcar en el otro lado. En teoría no nos llevará más de 10 ó 15 minutos de navegación. Pero mí desconfianza no termina de desaparecer y por segunda vez pregunto al dueño de la lancha.

-Oiga, ¿está usted seguro que esto aguantará?. A ver si vamos a acabar en el fondo del Magdalena…

-No se preocupe, patrón. Ya he cruzado motos otras veces. No es la primera.

-¿Pero tan grandes y pesadas?

-Bueno, en verdad que tanto como ésta…nunca…Pero patrón, no hay problema, tranquilo. Usted sujete ahí, así, de pie, a la moto. Y usted señora, siéntese aquí atrás y no se mueva.

La embarcación está hecha con chapas metálicas soldadas unas con otras. Parece sólida, pero poco estable para llevar, de la única forma que su escasa anchura lo permite, una moto como ésta. En la lancha viajamos el dueño, que maneja el pequeño motor fuera borda, su mujer, que se ha encargado del desamarre, Conchi, la moto y yo, que voy de pie sujetándola, o quizás soy yo quien se sujeta a ella, quién sabe. La embarcación hace unas maniobras para encarar la corriente, da unos meneos, y me acuerdo de los dibujos del libro de física de cuando estaba en el colegio. En ellos se representaban diferentes ejemplos de cuerpos estables e inestables, y la estrecha relación entre la situación del centro de gravedad y su incidencia en la estabilidad de los objetos. Por la obligada posición que tenemos sobre la lancha, ellos sentados en los extremos, la moto y yo en el centro, y por la velocidad que alcanzamos para poder vencer las corrientes, no hay duda, a mi me sigue pareciendo que un pequeño error y... aquí acabó nuestro viaje. Pero ya es tarde para arrepentirse.






¿Pero cómo hemos llegado a esta situación?

¿Tan complicado es viajar por Colombia?

¿Es qué no hay puentes?


Lo que quizás no sepas de Colombia

Cuando contábamos a los amigos y familiares que en diciembre nos íbamos de viaje en una moto por este país, los comentarios que nos hicieron eran los habituales. “Cuidado que aquello es muy peligroso”, “a ver si os va a secuestrar la guerrilla”, “que no os metan droga en los equipajes”, “el otro día vi en la tv que drogan a los turistas y que luego les roban”, “pero si allí están en guerra desde hace muchos años ¿no?”... Como pasa siempre, estas recomendaciones nos las hacían quienes nunca habían estado en Colombia. Solamente las pocas personas que conocíamos, y que si habían viajado por allí de forma similar a la que teníamos previsto hacerlo, nos dijeron que los paisajes, y especialmente la gente, nos iban a encantar. Como el gobierno colombiano sabe perfectamente cuál es la imagen que en Europa tenemos de su país, hace tiempo que intenta cambiarla y entre otras cosas popularizan un eslogan turístico, “Colombia, el mayor peligro es que te quieras quedar”.

No hay duda que durante muchos años, los cárteles de la droga, la guerrilla y la inseguridad ciudadana no han contribuido mucho a que desde fuera se vea a eso de “querer quedarte” como tu mayor preocupación viajando por Colombia. Pero desde luego, y a toro pasado, Colombia no figura entre los países más inseguros por los que hemos viajado. Al contrario. En ningún momento tuvimos sensación de peligro, ni en grandes ciudades, pueblos, aldeas, carreteras o pistas abiertas a través de la selva. Bueno, esto no es del todo verdad, durante la travesía del Magdalena si que sentimos cierta incertidumbre sobre cómo acabaría nuestro viaje. Aunque sin duda en Colombia, y en todos los países, se deben tomar ciertas precauciones, y desde luego la suerte también juega un papel importante. Que no te encuentres con la persona equivocada, o en la situación, en el momento más inoportuno, es imprescindible para que regreses pensando en lo acertado de su eslogan.

Pensamos que con la reciente firma del tratado de paz, entre el gobierno y la guerrilla de las FARC, algo estaba cambiando, y por eso nos decidimos a hacer este viaje precisamente ahora, en diciembre de 2016. Aunque ese acuerdo se ve de distinta manera a uno u otro lado del Atlántico. Después de más de 50 años de guerra, todos los colombianos quieren la paz, pero no a cualquier precio, y de ahí el resultado negativo del referéndum. La mayoría piensa que eso de un perdón generalizado para todos los terroristas es ser demasiado benévolo. Y por si fuera poco, además del “perdón”, se les da una serie de beneficios de los que no disfrutan el resto de ciudadanos. Parece ser que el presidente Santos quería pasar a la historia como quien logró firmar el acuerdo, y hacerlo al precio que fuera, y que en 2018, cuando acabe su mandato, “el marrón” se lo dejara al próximo presidente.

Todas las mañanas, al despertarnos conectábamos la televisión y, dentro de uno de los noticieros de primera hora, había una sección que se titulaba “Mientras usted dormía”. En ella daban información, con todo lujo de detalles e imágenes, de lo sucesos que habían ocurrido en el país aquella noche. Todas esas noticias eran “muy entretenidas”. Unos sicarios pegan 5 tiros a no sé quien, encuentran a una pareja asesinada no sé dónde, una avalancha de lodo se lleva varias casas y aparecen 3 muertos, varios robos utilizando todos los medios inimaginables (unos ladrones, vestidos de policías, detienen un autocar, suben a el y “confiscan” a los viajeros todos sus celulares y el dinero), aparatosos y trágicos accidentes, generalmente provocados por camiones… Si ese programa lo hubiera visto desde aquí, habría sido imposible que viajáramos a Colombia con un mínimo de tranquilidad. Aunque en realidad no dejan de ser noticias que, en mayor o menor medida, ocurren en casi todo el mundo. No vimos a nadie portando armas, excepto a quienes tenían autorización para hacerlo, y a alguna mujer que, aunque no tuviera permiso de armas, sí parecía muy contenta con ella…. Tampoco a nadie traficando con drogas, o que nos las ofrecieran, aunque se anunciaban por todas partes, y por lo visto eran "súper baratas".





Viajar por Hispanoamérica tiene, para los españoles, el plus de poder comunicarte fácilmente. Y como en todos los lugares, además viajando en moto tienes la posibilidad de hacerlo con muy distintos tipos de personas. Una de las muchas cosas buenas que tienen los colombianos es que son muy buenos conversadores, que no “habladores” que es otra cosa muy diferente. A diferencia de otros países, ellos no tienen reparo en hablarte con sinceridad sobre sucesos y situaciones acerca de asuntos nacionales espinosos y delicados, y que quizás, de una manera u otra, han marcado sus vidas, me refiero a cárteles de la droga, sicarios, guerrilla, violencia…. Pero a su vez también se interesan por saber cómo es la imagen que tenemos de ellos y de su país, de preguntar cómo se ve el acuerdo de paz desde Europa…


Si teníamos especial interés en que la conversación continuara, o ganarnos su confianza y plantear alguna pregunta algo incómoda, solamente había que mentar un nombre, Nairo Quintana. Ciclista ganador del Giro y de la última Vuelta a España, y que es uno de los ídolos nacionales. A los colombianos les encantaba saber que yo había viajado a las etapas alpinas de los últimos 5 tours de Francia, y que además conocía a Nairo en persona. Y si Conchi añadía que en España se le aprecia también por su humildad y sencillez, la charla discurría mucho más amena y relajada.

Antes de empezar nuestro viaje ya teníamos a una persona, que no conocíamos con anterioridad, pero que por una causa concreta, amablemente se ofreció a dedicarnos parte de su tiempo para ir a recogernos al aeropuerto de Bogotá y llevarnos a nuestro hotel, invitarnos a su casa, acompañarnos a la hora de retirar la moto, dar su número de teléfono personal a la empresa de alquiler para cualquier problema o contratiempo que él nos pudiera resolver… El señor Oscar Enrique Arandia, su esposa Mirian y el resto de su familia lograron que, las primeras personas que conocimos en Bogotá, nos dieran una idea de cómo son los colombianos. Según nuestra propia experiencia en general son muy amables, educados, simpáticos, cercanos, siempre dispuestos a ayudarnos y además saben manejar el vocabulario español como en pocos lugares…





Cuando llegas a un lugar, siempre te saludan con un "buenos días ¿cómo está usted?. Si pides o preguntas cualquier cosa, lo primero que hacen es decirte "a la orden". Y cuando das las gracias, invariablemente su respuesta es "con gusto". Ni remotamente parecido a cómo nos comportamos por aquí. Todo el mundo se trata de usted, incluyendo cuando hablan a los niños, y además en la zona de Boyacá es normal que se dirijan a ti en lugar de con el habitual "usted", con un sorprendente "su mercé".


Y este trato lo tenían con nosotros tanto el sencillo campesino, sentado a nuestro lado en cualquier puesto de comidas en la carretera, como el recepcionista del hotel, la “mesera” (camarera) que nos atendía, la persona desconocida a la que preguntábamos cualquier cosa, policías, militares, o el hombre de negocios, que con aspecto impecable e imagen de pertenecer a la clase acomodada, bajaba de su 4x4, le llamaba la atención la moto que veía allí aparcada y nuestro aspecto, y acto seguido nos saludaba y se interesaba por nosotros y nuestro viaje.

Fuimos dejando amigos por todo el país. Desde gerentes de hoteles, como el Sr. Henao del hotel Aqua-Granada en Cali, que nos hizo un precio especial, nos dio una de las mejores habitaciones y además nos invitó a comer. Diego, también apasionado por el mundo de los viajes en moto, y propietario del maravilloso Akawanka Lodge en San Agustín, que junto con su mujer nos brindaron todo tipo de facilidades y atenciones durante nuestra estancia allí. Las chicas policías de Villavieja, que tan simpáticas fueron con nosotros y además nos ayudaron con el asunto de localizar una lancha para la travesía del río Magdalena. Y así otras muchas personas anónimas que, con sus acciones o conversación, hicieron que nos formáramos esta idea acerca de los colombianos.





Como otros países tropicales, climatológicamente hablando Colombia no tiene cuatro estaciones. Tiene época de lluvias y época seca, que era en la que nosotros estábamos. Aunque durante ésta, sí es verdad que las lluvias son más cortas, pero no por ello menos intensas. Pero aquí también tuvimos suerte, los momentos en que nos sorprendieron lluvias verdaderamente fuertes, esos días estábamos ya en nuestro destino. O ya lo habíamos abandonado, como ocurrió cuando partimos de Popayán. Ya en nuestra siguiente parada, San Agustín, nos enteramos que esa misma tarde había habido unas lluvias torrenciales en Popayán, con inundaciones por todo el pueblo, y con derrumbamientos de casas incluidos.

Otro aspecto básico en todo viaje es la alimentación, aquí nosotros nunca tenemos problemas, nos gusta probar de todo y comer en todo tipo de establecimientos. Colombia tiene muchos platos típicos, como la “bandeja paisa”, un plato con abundantes raciones, enormes más bien, de carne molida, chicharrón (torreznos a lo grande) huevo frito, frijoles, plátano maduro… vamos, para no quedarte con hambre. La yuca frita también está muy sabrosa. Y por supuesto que, en las zonas costeras, predominan los platos de pescado y mariscos a buen precio. Pero sobre todo destacan los jugos de todo tipo de frutas. Algunos hechos con frutas que no habíamos probado nunca, como el lulo, exquisito, y otros más conocidas, de mango, guanábana, maracuyá, papaya…Y por supuesto el café, con un sabor diferente y al que, al menos nosotros, tardamos unos días en acostumbrarnos. Y atento, por allí si te ofrecen un tinto, no te confundas, no es vino, es un café solo.







Los precios de la alimentación y el resto de los gastos del día, son sensiblemente más baratos que en España. Incluidos los hoteles de categoría alta, aunque en las grandes ciudades, los precios de estos no es que difieran mucho de que los que tenemos por aquí. La gasolina, otro gasto importante en los viajes, está a unos 0´70 euros el litro. Y en las carreteras principales hay puestos para el pago de peaje, aunque las motos disponen de un carril único, siempre en el lateral derecho, ya que están libres de ese pago.

En lo referente a los paisajes, ya los iremos viendo a medida que avance nuestro viaje. Sólo un apunte, seguramente habrás oído decir que Costa Rica o Brasil tienen unos paisajes increíbles. Nosotros hemos viajado por los dos y en ese aspecto, siempre bajo nuestro punto de vista, no es que Colombia los supere, es que sencillamente gana “por goleada”. No sólo son sus montañas, valles, cascadas, playas, pueblos coloniales...es que hasta tiene un desierto, La Tatacoa, pequeño sí, pero espectacular. Si un día, ojala no muy lejano, Colombia puede borrar la imagen que durante décadas nos ha llegado de ella, sin duda será uno de los destinos turísticos por excelencia. A los paisajes, historia, cultura y tradiciones añade también algo que no es fácil encontrar, la calidez humana de quienes la habitan.














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Ver Etapa: Lo que quizás no sepas de Colombia



Etapa: Conducir por Colombia  -  Localización:  Colombia Colombia
Descripción: Antes de moverte por las carreteras y ciudades de Colombia, es bueno conocer algunos detalles.
Fecha creación: 15/02/2017 19:52  
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Conducir por Colombia

Decidimos alquilar con www.elephantmoto.com porque son los únicos que en Bogotá tienen BMW equipadas con maletas y top case. Aunque por ahora sólo en los modelos 1200 GS, también tienen las 800 pero sin esa equipación. Por ello y por otras causas, a diferencia de otras ocasiones, este viaje decidimos hacerlo en una sola moto. Cuando los hemos hecho en dos, siempre ha sido con motos de media cilindrada, de 650 a 800 c.c. Son más ligeras, puedes llevar el mismo equipaje que en motos más grandes, por dónde te lleven las grandes, también te van a llevar éstas y por supuesto son más baratas de alquilar. Además para un viaje por países desconocidos, Conchi se siente más segura conduciendo una moto que sea más ligera. Yo también, y por mi había preferido llevar una 800, como en Tailandia, pero por el tema de las maletas, ésta era la única opción que nos interesaba.

Los trámites fueron vía mail y rápidamente, con buena disposición por ambas partes, alcanzamos un acuerdo en el precio. Cuando llegamos a recogerla, la moto estaba tal y como habíamos acordado, incluida la pequeña bolsa sobredepósito que había pedido. Por ahora todo correcto y muy profesional, ninguna queja. Quien no estaba era Mauricio Escobar, propietario de la empresa, y tanto él como nosotros los sentimos, ya que teníamos un especial interés en conocernos personalmente. Pero ya me había avisado que un asunto de última hora se lo impediría, y sería su compañero Felipe Rojas quien se encargaría de la entrega. Rápidamente resolvimos todo el papeleo, amablemente Felipe nos dio una serie de consejos referentes a la conducción en Colombia, y así nos hicimos cargo de la que durante los próximos 18 días sería nuestra compañera.




El modelo era el de 2016, con un aspecto impecable, unos 19.000 km en su marcador y equipada con una serie de sistemas que yo ni sabía que ahora tienen las 1200. Tengo que decir que de entrada algunas me perecieron una tontería, será que soy de “la vieja escuela”. El sistema electrónico de ajuste de suspensiones ya lo conocía, pero ni idea de que desde un botón puedes seleccionar diferentes modos de conducción según el terreno por el que vayas, o que, excepto con la primera velocidad, el resto de marchas puedes engranarlas sin necesidad de apretar la maneta del embrague. Aunque esto tampoco era nuevo para mí, hace muchos años, cuando en la Ossa Super Pioneer o en la Bultaco Frontera se rompía el cable del embrague, ya me las arreglaba para cambiar de marcha de ese modo…

Una cosa que también desconocía que tuviera esta moto, pero que sí me gustó mucho, lo de “la llave inteligente”, como en los coches. Aunque en alguno casos, en estos no llega a ser tan práctico como en una moto. Lo de subirte a ella, o bajarte, y no tener que andar preocupado de la llave, sí que me pareció cómodo y seguro. Debía tener más cosas, pero si no las recuerdo será porque no llegué a utilizarlas.


En Colombia es obligatorio que, en la parte trasera de los cascos de quienes viajen en esa moto, figure la matrícula de la misma. Y Felipe ya nos tenía preparados unos adhesivos con la matrícula de la GS para poner en nuestros cascos. También es obligatorio que entre las 6 p.m y las 6 a.m (horas sin luz natural) quienes viajen en moto lleven puesto un chaleco reflectante.


Una vez con todo en orden, incluida la instalación de mi viejo, pero resistente, GPS, nos despedimos de Felipe y a correr...Esto último es un decir, Bogotá nos esperaba, como dicen allí, con sus "trancones" (atascos) de última hora de la tarde. Basta ya de moto y vamos a ver por dónde vamos a tener que movernos con ella.


Bogotá tiene más de 8 millones de habitantes y unas infraestructuras que serían válidas para la circulación de hace 20 años, pero que hoy en día son insuficientes. Hay en proyecto construir el metro, pero es sólo eso, un proyecto. No hay grandes rascacielos, y muchos de sus edificios son de una o dos plantas, con lo que la ciudad se extiende sobre una gran superficie. De sur a norte tiene casi 40 km de longitud, y de anchura unos 16. Circular por Bogotá es un martirio y una buena prueba para los nervios. No es el caos circulatorio que encuentras en El Cairo, pero aquí la circulación es lenta, muy lenta...lentísima. Y además, con las maletas puestas, la anchura que presentaba la GS era exagerada para este tráfico, lo de andar "serpenteando" entra las largas hileras de coches, no me pareció buena idea. Como es normal, las pequeñas motos se colaban por todas partes, y mientras, nosotros allí parados como si fuéramos en "carro". El día que volvimos a entregar la moto, tardamos más de 2 horas desde que entramos a Bogotá, hasta que llegamos al punto de entrega, y eso que ni mucho menos estaba en la otra punta de la ciudad.

Y al no tener una carretera que haga de circunvalación (sólo una especie de autopista central, pero que la ciudad ha engullido y ya es sólo una avenida más) todo el tráfico pasa por el centro, incluidos los grandes camiones. Al menos estos hacen una buena labor a la ciudad, ya que algunos aprovechan su parte posterior como transporte público.


Para intentar reducir en alguna medida los "trancones" hace tiempo que impusieron, tanto en Bogotá como en otras ciudades, una ley llamada "pico y placa". El "pico" se refiere a las horas pico, las puntas, y la placa, claro está, a la matrícula del vehículo. De este modo según sea el día, par o impar, en ciertas zonas de la ciudad sólo pueden circular los vehículos cuyas matrículas terminen en número par o impar, afecta tanto particulares, como autobuses e incluso a las motos de 2 tiempos. La norma tiene más condicionantes, pero como las motos de 4 tiempos están libres de cumplir el "pico y placa", tampoco me entretuve en informarme mucho más acerca de ella.




Al igual que ocurre en muchas zonas de Sudamérica, en Colombia también hay un elevado número de motos. En las ciudades por su mayor agilidad y en las zonas rurales por ser más económicas que un coche. Aunque al cruzarse dos motos en la carretera, no hay la costumbre de saludarse, si es verdad que en la capital hay cierta conciencia motera. Andrés, uno de los hijos de nuestro amigo el señor Oscar E. Arandia, que es gran aficionado a las motos, nos contó una de las actividades que llevan a cabo los distintos grupos de moteros de Bogotá. A veces hacen unas especies de "quedadas" y allí se distribuyen por diferentes zonas de la ciudad para ir a "pintar huecos". Sí, nosotros también le preguntamos lo mismo que tú te estás preguntando ahora. "Pintar huecos" es hacer, con un spray de pintura fluorescente, un círculo alrededor de los sitios peligrosos que te puedes encontrar cuando vas en moto, tales como grandes baches, alcantarillas sin tapa (doy fe de que existen varias), zanjas...etc.



De los años duros de aquellas terribles guerras entre los cárteles de la droga, y como consecuencia de la gran cantidad de asesinatos que se cometieron disparando desde una moto, ha quedado una norma que afecta al tráfico y que con ella intentan también disminuir el elevado número de atracos. En determinadas zonas de algunas ciudades sigue vigente la prohibición, que entonces fue cuando entró en vigor, que se refiere a que en el asiento posterior de las motos no puede viajar un "parrillero". Aquí el pasajero o acompañante es llamado “parrillero”. Por lo que, o yo estoy equivocado, o la norma no afecta a las mujeres. Por lo tanto, y según mi interpretación, si que puedes llevar a una “parrillera”, independientemente de si ella lleva un arma o no...


Referente al urbanismo sí que hubo una cosa que me gustó mucho, no sólo en Bogotá, si no también en todas las ciudades y pueblos. Las calles no están dedicadas a personas, lugares...su nombre es un número. Unas se llaman "calles", las que van de este a oeste, y otras "carreras", las que van de sur a norte. Así es muy fácil orientarse, al GPS le echas de vez en cuando un vistazo sólo para asegurarte de que vas bien, y siempre sabes cuantas calles faltan para tu destino. Lo malo es que a veces se complica con otras llamadas diagonales, transversales...y que también puede haber calles con el mismo número pero seguido de una letra, calle 72, calle 72 a, 72 b...aunque en este caso siempre están juntas. También el nombre de los parques o centros comerciales generalmente corresponde al número de la calle donde están. Por ejemplo, una dirección que fuera "Calle 72#21 100", correspondería a la calle 72, cruce con carrera 21 y el número del edificio sería el 100. Con un plano delante, o si te fijas en las placas (aunque para ello hay que tener "el ojo de halcón") moverte es facilísimo. Al principio puede parecer algo confuso, pero una vez te acostumbras, luego te parece una método muy sencillo y práctico.


Hay gente que cuando conducen fuera de Europa, y más si es la primera vez, uno de sus problemas suele ser que las carreteras, y el tráfico, no son siempre como los de por aquí. Pero lo único que se puede hacer, es simplemente adaptarse a lo que te encuentras. Colombia no es una excepción. Hay carreteras mejores y peores, generalmente ni siquiera en la principales vías vas a encontrar arcén, señalización, un asfalto impecable o un trazado cómodo. Incluso, según la ruta que quieras hacer, encontrarás que para llegar a determinadas poblaciones o utilizas una carretera ·”destapada”, lo que en otros lugares de Sudamérica se conoce como ripio, trocha... y que en España llamamos pista, camino...o tendrás que dar un rodeo considerable.

También hay algunas autopistas, pero suelen ser más numerosas en la zona norte, donde el terreno facilita más su construcción. Pero en general, y teniendo en cuenta la orografía, el clima y las de otros países por los que hemos viajado, a nosotros nos parecieron que están en un estado aceptable. Al fin y al cabo no son tan diferentes de las que por las que viajábamos en España hace 40 años (sí, ya lo sé, tú quizás ni habías nacido). ¡A veces nos parece que aquí siempre hemos tenido autopistas, autovías, circunvalaciones... !. De la mitad del país hacia el sur, las rutas tienen tantas curvas cómo en el norte de Tailandia, y en algunos momentos ya llega a cansar tanto frena, acelera, frena...Aunque todo queda compensado por los espectaculares lugares por donde discurren. Y por descontado, que aunque no eran muy numerosos, ni largos, pero también encontramos algunos tramos en obras.







Solamente las vimos un grave inconveniente y al tiempo un peligro, la inmensa cantidad de grandes camiones, generalmente con exceso de años y de kilómetros, que circulan por ellas. Para nosotros Brasil era el número uno en esto de camiones en la carretera, pero Colombia le ha arrebatado el puesto. También en las zonas rurales es habitual encontrar a los típicos y coloridos autobuses llamados "chivas", decorados con todo tipo de dibujos y frases. Como por aquí las carreteras son más estrechas, cuando encontrábamos alguna "chiva", a veces adelantarla era algo más complicado. Y , como ocurre en otros muchos países, más te vale ir muy atento mientras conduces y no despistarte, ya que puedes encontrarte con todo tipo de situaciones, como un repostaje en plena carretera, o vehículos transportando cualquier cosa.









Con el trazado que tienen la mayoría de las rutas, es normal que la relación entre los conductores de los camiones y los de las motos a veces presente ciertas tiranteces, y no sea siempre muy amistosa...


Próxima etapa. Nuestro recorrido (I)
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Ver Etapa: Conducir por Colombia



Etapa: Nuestro recorrido ( I )  -  Localización:  Colombia Colombia
Descripción: Primeros días circulando por la extraordinaria Colombia.
Fecha creación: 19/02/2017 19:53  
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Nuestro recorrido



Al encontrar poca información referente a recorridos en moto por Colombia, excepto los tours organizados, primero busqué los lugares más interesantes para conocer, y vi que eran muchos. Después empecé a descartar los más remotos, ya que Colombia tiene una extensión el doble que la de España. Una vez tenía más o menos definida la ruta, comencé a diseñar las etapas diarias y, como en otras ocasiones, o añadía días o quitaba kilómetros, pero no queríamos ni viajar con prisas ni llegar a algunos lugares, detenernos, hacer unas fotos y continuar. Al final nos salió un recorrido de algo más de 2.000 km. Parecen pocos para 18 días en moto ¿verdad?. Los 5 últimos veranos subo a los Alpes para ver alguna etapa del Tour de Francia, y el primer y último día siempre hago alrededor de 1.400 km en una jornada, pero son en Europa, por autopista y pasando por lugares que ya conozco de otros viajes. Pero aquí estamos hablando de viajar, no de ir de un sitio a otro. Y además, hacerlo por Colombia, donde en las zonas de montaña (prácticamente todo nuestro recorrido era por ellas) hacer 100 km, a ritmo normal e incluyendo alguna parada, vienen a ser casi 3 horas.

Un ejemplo. Una de nuestras etapas unía Popayán con San Agustín, son unos 140 km casi todos por "destapado". Buscando información sobre ese recorrido encontré datos tan dispares, y algunos tan poco tranquilizadores, que iban desde quienes, debido a ser zona de influencia de las Farc, directamente lo descartaban o bien aconsejaban que nunca se hiciera en solitario. Hasta quienes comentaban ir por otra ruta alternativa, ésta por asfalto, para lo que hay que dar un rodeo, doblando así la distancia. También había información de quienes aportaban el tiempo estimado y que, dependiendo del estado de la pista, podía oscilar entre las 5 y las 8 horas. De todos modos estos también recalcaban salir temprano para evitar que por cualquier motivo se hiciera de noche mientras estabas todavía en la pista. Y que en caso de lluvias, ni se ocurriera intentarlo a menos que fuera en 4x4. Desde Elephantmoto, la empresa de alquiler, también coincidian en estas últimas advertencias.

Si además queríamos que el viaje incluyera conocer con tranquilidad ciertos lugares, y la vida diaria de este país, teníamos que disponer de días "casi libres" de moto. Una vez tenía la ruta definitiva, ¡¡ sorpresa !! afortunadamente nos sobraban días. Pero estamos en diciembre, en Colombia, cuando en España (al menos en nuestra zona) hace frío, ¿cómo nos vamos a marchar sin visitar Cartagena y ya puestos, disfrutar de unos días en una playa del Caribe...?. Pero eso sería una vez entregada la moto, y ese ya era otro viaje distinto.


Bogotá

Nuestro nuevo amigo Oscar Enrique nos llevó al hotel y esperó, por si teníamos algún problema, a que realizáramos nuestro registro. E inmediatamente apareció el primer problema...Después de presentarnos, saludarnos y preguntar por nuestro vuelo, la persona que atendía la recepción me dijo:

-Sr. Jaime, por favor, ¿me regala su pasaporte?

"Vamos a ver ¿qué dice este hombre?", pensé. No es extraño que en algunos lugares te pidan algún pequeño regalo como recuerdo, vale. También hace años en Zambia nos robaron, entre otras cosas, el pasaporte de Conchi y el año pasado, en la frontera de Mozambique, nos pidieron dinero a cambio de su devolución una vez estaban sellados. Situaciones que entran dentro de la dinámica más o menos normal de un viaje, ¿pero qué me pidan cómo regalo mí pasaporte...?.

Al percatarse que hacía como si no le hubiera oído, volvió a insistir.

-Es que me es necesario.

-Sí, claro, y a mí también ¿quiere qué me quede sin el?.

Oscar Enrique intervino y me aclaró lo que quería decir el conserje, era que le "prestara" mi pasaporte para realizar el check-in. Habrá que acostumbrarse a estos giros del idioma. Una cosa importante, en toda Colombia los extranjeros que hayan entrado como turistas, están exentos de pagar el IVA en todos los hoteles. Generalmente así lo hacen, pero alguna veces hay que recordárselo.

De no ser estrictamente necesario, nunca retiramos las motos antes de que hayan pasado 12-24 horas de nuestra llegada, con los cambios horarios siempre es mejor descansar un poco antes de empezar el viaje con la moto. Por lo que teníamos un día libre para visitar Bogotá. Siempre he respetado mucho eso de que cada uno viaja cómo quiere o cómo puede, y cada uno en su viaje tiene unas preferencias u otras. Hay viajeros a quienes no les interesa en absoluto conocer las grandes ciudades. Pero en nuestro caso, que conocer el día a día de un país es una de las razones por las que viajamos, visitar alguna gran ciudad nos es imprescindible. La capital de Colombia no es que sea muy hermosa, ni debido a su extensión que su visita sea cómoda, pero una vez allí merece la pena conocer los lugares más emblemáticos. Y el ´primero es el "Museo del oro". Un edificio de 3 plantas lleno de salas con exposiciones de verdaderas obras de arte realizadas en oro y que datan de la época precolombina. Nos gustó mucho y dedicamos parte de la mañana a conocerlas.




También muy cerca del museo queda el epicentro de la ciudad con los edificios gubernamentales, el palacio presidencial, la catedral..etc. Toda esta zona es conocida como el barrio de La Candelaria. Y ya que estás aquí, tienes la oportunidad de visitar el museo del famoso artista colombiano Fernando Botero, quien donó al Banco de la República un buen número de sus obras. En el supuesto caso de que no sepas de quién hablo, en cuanto veas las fotografías de abajo vas a reconocer su estilo inconfundible.





Bogotá es la tercera capital del mundo que se encuentra situada a más altura, sólo superada por La Paz y Quito. Aquí estamos a 2.600 m, pero tener una visión de ella desde más altura es muy fácil. Solamente hay que ascender al cercano cerro de Monserrate. Lo normal para ello es usar el teleférico o el funicular, también hay un sendero, pero no es muy aconsejable. Y desde allí arriba se tienen unas espectaculares vistas de Bogotá, ya que Monserrate está a más de 3.100 m de altitud. Así nos hacemos una idea de la gran extensión que llega a tener la capital, pero incluso desde aquí es imposible abarcarla en su totalidad.



Casualmente esa noche del 7 de diciembre comenzaba oficialmente la navidad en Colombia, y se la llama "la noche de las velitas". Todo el mundo se echa a la calle para asistir a conciertos de todo tipo de música y a cenar en los parques. Esa noche la alegría inunda no sólo la capital, también todas las poblaciones del país. Precisamente a poca distancia de nuestro hotel estaba el "Parque de la 93", en el que había un gran ambiente y por todas partes se veían familias y grupos de amigos disfrutando la noche de las velitas. Por supuesto que nos unimos a esa celebración. Llevábamos poco más de 24 horas en este país y ya teníamos la certeza de que nos iba a gustar mucho.



Bogotá - Villa de Leyva

Bajo al parqueadero (estacionamiento) del hotel, para llevar la moto a la entrada y cargar el equipaje. Arranco, meto primera y voy hacia la salida. Hasta aquí todo normal. Delante tengo una barrera como las de los peajes, un empleado se dirige hacia ella para levantarla. Aprieto el embrague y levemente el freno, la moto sigue avanzando, y veo que voy contra la barrera. Aprieto con más fuerza el freno, la moto da 2 ó 3 trompicones, se cala y casi me caigo. Si fuera colombiano habría pensado "¿pero qué vaina es esto...?", al ser español pensé algo más vulgar. Sin sacar la velocidad vuelvo a arrancarla y, aunque tengo el embrague apretado, la moto sale hacia adelante, por suerte la barrera ya está subida. Frente a la puerta principal, consigo detenerla, pero con los mismos problemas que hace un momento. El empleado, que ha visto mis extrañas maniobras y lo cerca que he estado de caerme, se aproxima y me dice:

-¡Que moto más linda, y grande!. Ah, sí tiene placa de Colombia. ¿Va muy lejos?.

Le explico que es alquilada y le comento brevemente nuestro recorrido.

-¡Que chévere!, viajar así. Una pregunta patrón, y no se me moleste por ella, ¿y ya sabrá usted manejar esta moto?.

Ni me extraña su pregunta, ni me molesto por ella. Después de haber visto la de problemas que he tenido en tan pocos metros, es lógico que piense que quizás estoy un poco verde en esto de manejar una moto....

La maneta del embrague está sin presión, como si se hubiera roto el cable, sólo que no tiene, en esta moto el embrague es hidráulico. La aprieto y suelto varias veces, y parece que recupera su tacto normal. Cuando tenemos todo preparado vuelvo a comprobarla y aunque no tanto como antes, la maneta ha vuelto a perder presión. "Bueno, venga, vámonos que se hace tarde". Por suerte es primera hora de la mañana y día festivo, las calles están vacías y, aunque el embrague no termina de ir del todo bien, me las arreglo para no chocar contra ningún coche en los semáforos que encontramos en rojo.

Vamos hacia el norte por una autopista. La señal de la velocidad permitida indica 80, pienso "que precavidos estos colombianos..." . Poco a poco tengo que ir reduciendo mi velocidad. Me doy cuenta que el resto de vehículos no van mucho allá de los 80-90 km/h. El trazado lleno de curvas y el denso tráfico, no invitan a tener muchas alegrías con el acelerador. Y en todo viaje por un país desconocido, durante los primeros 100 km me gusta fijarme en la forma de conducir de los locales, y lo mejor es adaptar la mía a la de ellos. No tenemos prisa, sólo nos separan 180 km de Villa de Leyva, por lo que hacemos una parada junto a un gran lago que hay en la parte derecha de la ruta. Vemos más motos aparcadas y charlamos un poco con sus dueños. Son un grupo de Bogotá y están haciendo lo mismo que aquí un festivo, salir a dar una vuelta en moto. Nos dan algunas recomendaciones sobre las carreteras que nos vamos a encontrar y seguimos hacia nuestra siguiente parada, Tunja, en la región de Boyacá.



Dejamos la autopista y cruzamos la ciudad. Aparte de que es la ciudad de Nairo Quintana, no sabemos mucho más de Tunja, pero como no vemos nada especial, vamos en busca de la carretera que lleva a Villa de Leyva. Ahora sí, el paisaje, el trazado y el poco tráfico que encontramos durante estos últimos 40 km nos encantan. Nuestro interés por subir hasta Villa de Leyva se debe a que es uno de los pueblos coloniales mejor conservados y bonitos. Sus calles están todas empedradas, lo que yendo en moto no es muy cómodo, y sus edificios son bonitos y muy bien conservados. Nos alojamos en un precioso hotel situado junto a la gran plaza principal, que además es la imagen más emblemática y conocida del pueblo. El hotel está muy bien, es bueno, bonito y está decorado con gusto, pedir que incluso fuera barato ya habría sido el no va más. Nos cambiamos de ropa, caminamos unos pasos y estamos ya en la plaz


-Parece que empieza a llover ¿no?

-Nada, serán cuatro gotas...

-Por si acaso mejor volvemos al hotel a por los chubasqueros...

Las siguientes 3 horas las pasamos leyendo, bebiendo "canelazos" y mirando de vez en cuando por las ventanas del hotel como descargaba una gran tormenta. Las montañas que rodean al pueblo están peladas, sin bosques, por lo que toda el agua cae en torrente desde ellas hacia Villa de Leyva. Se forman unas grandes inundaciones. Incluso a la mañana siguiente, sin haber llovido en toda la noche, el agua de las montañas sigue corriendo por las calles. Si hubiéramos llegado solamente una hora más tarde, esa tormenta nos habría pillado en la carretera, y después de haber visto su intensidad, seguramente habríamos tenido un gran problema. De momento, de ésta nos hemos librado.


Aunque queda poco tiempo para que anochezca, por fin podemos salir y conocer el pueblo, ¡y vamos si ha valido la pena el viaje hasta Villa de Leyva!. y más ahora que ha recuperado su animación. El primero de los muchos compatriotas que anduvieron por esta tierra fue Gonzalo Jiménez de Quesada, en 1532, y el pueblo se fundó en 1572. Las enormes dimensiones de su plaza, una de las más grandes de Sudamérica, se deben a que en ella se formaba a los regimientos militares. Hay varios palacios y conventos realmente bien conservados.




Han preparando la plaza para acoger un concierto que se celebra esta noche, nos acercamos a verlo y disfrutamos mucho con el grupo que actúa. Se llaman Velo de Oza, y hacen música "carranga" pero adaptada al rock. La "carranga" es un estilo musical propio de esta región, Boyacá. Sus letras cuentan historias reales de la vida rural de la zona. Una canción trata acerca de "la china" (la novia) que se fue a la capital y nunca regresó, otra de lo orgullosos que están los boyacense de vestir "la ruana" (una especie de poncho típico de esta región), o de la cucharita de madera que le regalaron a alguien y que un día, junto con su celular y la cartilla militar, le robaron en Bogotá...Y así muchos temas tratados con el orgullo de pertenecer a esta tierra, con buen humor y con un ritmo tremendo.



Villa de Leyva-Honda

Al arrancar la moto no me acuerdo del problema del embrague y vuelvo a tener los mismos problemas que ayer. De nuevo bombeo el circuito y listo. Pero tendré que mirar qué es lo que pasa y solucionarlo, no es cuestión de empezar todos los días de esta forma. Debemos regresar al sur, pero lo hacemos por una carretera distinta a la de ayer, aunque también atraviesa paisajes muy espectaculares, incluso todavía más. Subimos y bajamos grandes montañas, por suerte, de momento, el día está soleado, aunque a esta altura (entre 2500 y 3500 m) la temperatura es más bien fresca. Por delante tenemos la etapa más larga, casi 400 km, no podemos demorarnos mucho por el camino o llegaremos de noche. Pero es imprescindible hacer algunas paradas, por ejemplo en Ráquira, un colorido pueblo. O en Zipaquirá para ver su catedral de sal.




Otras paradas no estaban en nuestros planes. Primero encontramos varios tramos en obras, luego el habitual gran atasco en la periferia de Bogotá y de remate aparece la lluvia. Al menos no es tan intensa como ayer y nos permite seguir conduciendo. Y de pronto una gran sorpresa, la carretera deja paso a una estupenda autopista. De este modo podemos subir nuestra velocidad de crucero, y dejar atrás a los camiones sin problemas. Pero la alegría no dura mucho. La doble vía se acaba y volvemos a la carretera estrecha y su denso tráfico, las curvas, las grandes pendientes...no hay más remedio que estar atento y hacer adelantamientos muy rápidos, o vamos a llegar a "las tantas". Aunque no hay mal que por bien no venga, a veces tener que ir tan lento, permite disfrutar más del paisaje.


Por primera vez, de las varias que lo haremos a lo largo del viaje, cruzamos el famoso río Magdalena, y ya casi estamos en Honda. Se encuentra situada a menor altura que por la que hemos viajado durante el día, por ello, a pesar de ser ya de noche, hace bastante calor. Preguntamos por un hotel decente, y después de algunas confusiones, damos con el. Es un antiguo convento reformado para este fin. Su interior es espectacular, con claustro, patios, piscina...pero sólo les queda libre la suite. Después de casi 10 horas de moto, "el grupo" decide por unanimidad que no hay ganas de ponerse a buscar otro...Ya habrá días que no quede más remedio que dormir en sitios menos lujosos.



Honda - Santa Rosa de Cabal

Otra mañana más que no tengo tiempo, o ganas, de comprobar la avería del embrague, pero hoy no me he olvidado de bombearlo antes de salir. Nuestro recorrido nos lleva por algunos de los más bonitos paisajes que uno puede imaginar. Montañas tras montañas, todo con un verdor espectacular. En una de ellas alcanzamos los 4.000 m de altitud y hace verdadero frío. Nos encontramos en medio de una densa niebla que lo envuelve todo, a veces abre un poco y hasta aparecen tímidos rayos de sol, dando todo ello una imagen de irreal al paisaje que tenemos delante. Lo que sigue siendo muy real son los interminables camiones. Por este trazado sus viejos motores resoplan una y otra vez y se mueven todavía más lentamente. Pero no dudamos que estamos viajando por unos de los mejores escenarios que hemos visto en nuestros viajes. La carretera cruza por medio de los pueblos que vamos encontrando. En todos vemos gran actividad, gente yendo y viniendo, hay color, hay alegría, hay vida. Y eso siempre gusta. Junto al desvío que lleva al famoso Nevado del Ruíz, hacemos una breve parada. En el café nos informan que, debido a que están reparando unos recientes desprendimientos, la vía hacia el Nevado está temporalmente cerrada. Por lo que continuamos hacia el valle.







Tras un descenso de 30 km llegamos a Manizales, la rodeamos por una congestionada, retorcida y peligrosa circunvalación. No me gusta un pleo y estoy deseando volver a la carretera 40. Un poco más adelante tomamos un desvío y a primera hora de la tarde estamos en nuestro destino de hoy, las termas de Santa Rosa de Cabal. Su fama hace que sea un lugar muy frecuentado por los colombianos, y el último tramo es una sucesión de alojamientos. Nos han dicho que el que más merece la pena es el que se encuentra más allá de donde termina el asfalto, como por otra parte viene a ser lo habitual, por lo que decidimos seguir y ver si es verdad. Tras unos 3 km por una pista de montaña llegamos a un edificio enclavado en el interior del bosque, tiene unas magníficas instalaciones, incluyendo unas piscinas de aguas termales. La decisión es rápida , nos quedamos aquí. A primera vista el entorno parece espectacular, pero cuando le recorremos con más detenimiento, todavía nos sorprende más. Hemos ido a parar en un gran lugar.







Santa Rosa - Salento

Los dos pueblos están separados por tan sólo 50 km, por lo que decidimos dar un rodeo por otra vía secundaria que nos han recomendado. Los kilómetros de más han merecido la pena, no tenemos prisa, ya que a Salento y a su entorno vamos a dedicar todo el día de mañana. El pueblo es muy bonito, con todas sus casas pintadas de vivos colores. El único pequeño inconveniente es que es domingo y por ello todas sus calles están repletas de visitantes. Afortunadamente a la mañana siguiente el pueblo amanece desierto.

Domingo por la tarde




Misma calle el lunes por la mañana



A medida que avanza el día sus calles se animan, pero a diferencia de ayer, hoy es la gente local quien pasea por este bonito pueblo. El nuestro, Alba de Tormes, tiene poco más de 5.000 habitantes y prácticamente todos nos conocemos. Quizás por eso nos gustan tanto los ambientes como el que vivimos en Salento, que es más o menos del mismo tamaño que Alba de Tormes. Sus gentes se paran a hablar, se saludan unos con otros, se interesan acerca de cómo les va...con nosotros hacen lo mismo. Nos preguntan de dónde somos, qué nos parece su pueblo, nos presentan a gente, nos indican lugares que nos gustará visitar y conocer...En su plaza hay unos puestos de comida al aire libre. Son baratos, limpios, con mucha variedad y todo muy sabroso. Además se desviven para que nos sintamos a gusto.


Estamos en lo que se conoce como el "eje cafetero" y es una oportunidad única para visitar alguna de las haciendas que se dedican a su cultivo y que al mismo tiempo, y como una fuente más de ingresos, ofrecen visitas guiadas por ellas. Por todo el pueblo hay un buen número de Jeeps, parece que todos los que en su día retiraron en USA han venido a parar aquí, y por poco dinero te llevan a la hacienda que quieras. Elegimos visitar una que nos han recomendado en el hotel, es la que todos conocen como "la de Don Eusebio". No está lejos. La visita dura aproximadamente 1 hora y es muy completa. Nos dan todo tipo de detalles acerca del proceso del café, de su diferentes tipos, nos enseñan las plantaciones, el porqué de unas plantas u otras junto a los cafetales, cómo es el proceso de selección, el tueste y por supuesto nos dan a probar un "tinto". Una de las cosas que nos incitan a viajar, es para aprender cosas nuevas, de lo contrario nos parece que, en parte, estamos perdiendo el tiempo y el dinero...al menos es así como los entendemos.








Por el camino el conductor del Jeep nos pregunta si tenemos algún problema en que se detenga a recoger a un campesino que va andando y lleva nuestra misma dirección. Por supuesto que le invitamos a compartir el coche. Además, el hombre parece que va bien armado...como para negarnos.


Y vamos con uno de los lugares que más nos impactó no sólo de Salento, también de todo el viaje. A pocos kilómetros al norte se encuentra el valle de la Cocora. Antes del viaje había visto algunas fotos, pero nunca pude imaginar que fuera a ser tan espectacular. Es uno de los lugares más hermosos que hemos visto en nuestros viajes. Montañas, valles, praderas, riachuelos... todo con un manto verde salpicado por la imagen de cientos de estilizadas palmeras de cera. Hay muchos senderos, de mayor o menor longitud, de más o menos dificultad, pero cualquiera de ellos te llevará por lugares que es difícil olvidar y que puedas encontrar en otros lugares del mundo. Es un escenario tan fotográfico que no es de extrañar que sirva de fondo para muchas producciones cinematográficas. De verdad, confía en mí, si viajas por Colombia, no dejes de visitar el valle de la Cocora. Además, si estuviera en otro país, no brillaría con tanta fuerza, ya que estaría lleno de turistas....Por ser una de esas maravillas naturales, que por mucho que intente describirla siempre me quedaré corto, mejor que hablen las imágenes.








Y en Salento por fin pude mirar qué ocurría con el embrague. Y que por intuir que no era nada grave, lo había ido posponiendo. Quité la tapa del depósito del líquido del embrague y estaba muy bajo. Como por las noches dejaba la moto descansando sobre la "pata cabra" entraba aire al circuito y, por ello, a la mañana siguiente estaba sin presión hasta que lo bombeaba varias veces. Por el día, al no estar la moto en esa posición o si lo estaba era poco tiempo, el sistema funcionaba perfectamente. Miré por Internet, vi que tipo de aceite específico necesitaba y también vi que en Cali había un servicio de motos BMW. Aunque en último caso sabía que esa misma aceite la encontraría fácilmente en cualquier taller de camiones o bien de maquinaria agrícola. De momento la solución era tan simple, barata y efectiva como por las noches dejar la moto descansando sobre el caballete central. De momento, caso resuelto. Desayunamos con la imagen de Salento al fondo y, no sin cierta pena, nos preparamos para partir y decir "hasta la vista" a otro maravilloso lugar de Colombia.



Salento - Cali

Poco después de Salento encontramos la ciudad de Armenia. La carretera tiene un desvío y suponemos que es para rodearla. Pero algo hago mal y después de unos kilómetros me doy cuenta que no vamos en la dirección correcta. Como la ruta me parecía tan sencilla, esta mañana no había conectado el GPS. Hay que parar, enchufar el aparato y efectivamente, en algún cruce me he liado y he tomado otra carretera que no debía. No es ningún problema, desandamos 4 km y resuelto. Estamos en una nueva región, la del Valle del Cauca y a medida que avanzamos va subiendo la temperatura, es el primer día que pasamos calor sobre la moto. El río Cauca tiene casi 1.000 km de longitud, es el segundo más grande de Colombia, y no desemboca en el mar, ya que lo hace en el Magdalena. Llevamos unos 200 km y 70 antes de Cali se abre una gran llanura. Las montañas desaparecen y su lugar es ocupado por campos de cultivo. Cada poco vemos unas señales en las que indica, "Atención al tren cañero" o "Peligro, salida del tren cañero". ¿Qué será esto?. ¿Un tren en plena carretera?. No me extrañaría, cosas más raras hemos visto. No sin cierta intriga seguimos avanzando, hasta que nos encontramos con el primer "tren cañero" y se despeja la duda. Todos los campos que vemos están dedicados al cultivo de caña de azúcar y es época de recolección. Por la carretera encontramos camiones y tractores arrastrando 2, 3 y hasta 4 largos remolques cargados de la caña de azúcar que llevan hasta los almacenes cercanos.

En todos los lugares por los que hemos pasado nos han advertido de que, a la hora de conducir, Cali (o como se llama en realidad, Santiago de Cali) es especial. A los problemas normales de una gran ciudad, tiene más de 2 millones de habitantes, se une que sus conductores son muy agresivos. A diferencia del resto del país todo el mundo tiene prisa, nadie cede un centímetro de su espacio, y los caleños, tan amables y educados fuera de un coche, se trasforman a la hora de conducir. Al final nos parece que no es para tanto, solamente un poco más de lo que se ve en otras grandes ciudades. La noche anterior buscando en Internet un hotel céntrico y con garaje dejé seleccionado un par de ellos. El primero era el Aqua Granada y una vez aparcamos a su puerta, ya no fue necesario ver el otro. La amabilidad y las atenciones con que nos recibió su gerente, el Sr. Henao, fueron más que suficientes.





El mismo se encargó de darnos algunos consejos acerca de nuestra visita por la ciudad y las zonas que debíamos evitar, en especial cuando se hiciera de noche. Al atardecer, todo el centro de Cali, al igual que el de todas las poblaciones colombianas, se iluminó con miles y miles de luces de Navidad. Estoy seguro que en cualquier pueblo mediano de Colombia hay más adornos navideños que en cualquier ciudad española. Y la gente la vive sin el ansia por consumir a la que nos hemos acostumbrado. Los colombianos son muy religiosos y celebran la Navidad con la esencia y el verdadero significado de estas fechas. Nueve días antes del 25 comienza la novena de la Navidad, especialmente en los núcleos rurales. Durante esos 9 días, entre las 8 y las 9 de la noche la gente se reúne, primero en las iglesias y después en las plazas. No sólo para rezar, también cantan villancicos (por supuesto con mucho más ritmo que los españoles) y otras canciones. Aparte de esto las iglesias siempre están abiertas, y continuamente hay gente en ellas.






El centro de la ciudad presenta una gran animación. hay bailes, conciertos, abren los puestos callejeros de comida y todo está lleno de alegría. Parece mentira que hace unos años Cali fuera, junto con Medellín, la ciudad más peligrosa de Colombia y que también figurara, en ese lamentable ranking, entre las primeras del mundo. Estuvimos toda la tarde y parte de la noche disfrutando de su ambiente y nos pareció una ciudad agradable y muy divertida. Las calles estaban repletas de gente, pero no vimos ningún mal gesto, ni peleas, riñas, ni nada parecido. Aunque imaginamos, por lo que nos habían advertido, que en ciertas zonas no es así. Todo nos iba bien, no había porqué tentar la suerte...



Cali es una ciudad que vive intensamente la música, por algo es conocida como la capital mundial de la salsa y de la pachanga, y uno de sus grupos más emblemáticos es Niche. Su fundador, Jairo Varela, tiene dedicada una plazoleta cerca del centro. En su memoria, hace justamente un año, inauguraron una escultura que rápidamente ha pasado a convertirse en un icono de Cali. Se trata de una trompeta gigante (8 m de altura), aparte de su tamaño, aparentemente no tiene nada más de especial, pero lo bueno es que si te metes debajo puedes escuchar música y canciones de Niche. que cambian según en la campana en la que te encuentres.



Por la mañana visitamos el típico barrio de San Antonio y subimos hasta la capilla que hay en lo alto y que tiene el mismo nombre. Desde arriba se tiene una bonita panorámica de Cali. Con la moto ya lista para nuestra partida, pasamos por el servicio BMW, donde amablemente rellenan el líquido del embrague. Con paciencia, pero sin dejarnos avasallar, lidiamos con los conductores caleños, atrás dejamos Cali y ponemos rumbo a Popayán, de la que nos separan sólo 150 km.



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  Últimos comentarios al diario  Colombia. El mayor peligro es que te quieras quedar.
Total comentarios 5  Visualizar todos los comentarios

Marimerpa  marimerpa  13/02/2017 09:15   
No es el primer relato que leo sobre cómo ha cambiado Colombia, que es una destino turístico en alza, lejos ya de todos los peligros de hace unos años. Gracias por compartir esta experiencia, el diario está quedando muy bien.

Bdn37  bdn37  14/02/2017 15:16
Me está encantando todo lo que cuentas ! te dejo las estrellitas

Jaimeleonu  jaimeleonu  14/02/2017 19:49   
Gracias por vuestros mensajes. Si que es verdad que, al menos según nuestra experiencia, sorprendéntemente Colombia ha sido uno de los países más tranquilos y por el que con mayor seguridad hemos viajado, y llevamos entre 65-70 de los 5 continentes.

En un par de días pongo la siguiente entrega

Saludos y gracias por las "estrellitas"

Kai1  Kai1  16/02/2017 12:42   
Te he dejado las estrellitas. Estoy ansiosa por que sigas contando ya que me voy en setiembre

Jaimeleonu  jaimeleonu  18/02/2017 20:12   
Hola

Gracias Kai 1, en breve pondré la 3º etapa que ya será en la carretera. Y si es tu primera vez en Colombia, te va a encantar, seguro.

saludos

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Sanderveg
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Ene 17, 2017
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Fecha: Mie Jun 23, 2021 12:38 pm    Título: Re: Viajar a Colombia

Alli en colombia tienen toque de queda en este momento?
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Mar 20, 2012
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Fecha: Mie Jun 23, 2021 01:26 pm    Título: Re: Viajar a Colombia

Para Colombia y coronavirus, info aquí:
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Jun 01, 2013
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Fecha: Dom Jul 04, 2021 04:33 pm    Título: Re: Viajar a Colombia

Hola
Tenia pensado viajar a Colombia en plan alquilar una moto y recorrer lo que pueda en un mes. Por el tipo de viaje quizá no estén alli las condiciones adecuadas dado el covid. Aunque no haya restricciones estrictas si que en cada alcaldía tienen las suyas. Alguna recomendación o estado en que se encuentra Colombia actualmente?
GRacias
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Willy Fog
Willy Fog
Ago 23, 2011
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Fecha: Lun Jul 12, 2021 06:56 pm    Título: Re: Viajar a Colombia

eso sí que suena a aventura... Mr. Green

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Mar 20, 2012
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Fecha: Lun Jul 12, 2021 07:11 pm    Título: Re: Viajar a Colombia

Traslado los últimos mensajes a:
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Saludos
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