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Los Dos Corazones de Brasil -Diarios de Viajes de Brasil- Lobo_austral
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Diario: Los Dos Corazones de Brasil  -  Localización:  Brasil  Brasil
Descripción: Un recorrido por las capitales administrativa y financiera de Brasil.
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Índice del Diario: Los Dos Corazones de Brasil


Etapas 1 a 3,  total 4
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Etapa: Primer Día en Brasilia  -  Localización:  Brasil Brasil
Fecha creación: 10/03/2019 05:01  
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El Comienzo

En el enorme Brasil, el quinto país más grande del mundo, hay selva tropical, desierto, sabana, bosques costeros e interiores, y zonas frías, además de, por supuesto, hermosas playas. Y más interesante aun es la gran diversidad cultural y étnica que presenta. ¡Brasil es como un pequeño continente! ¿Y qué mejor manera de conocer lo mejor posible todo ese mundo visitando algún lugar donde se congregue gente de todos sus rincones? Esa fue una de las motivaciones que encontré para elegir como destinos a Brasilia y San Pablo, sus capitales administrativa y económica respectivamente. ¿La otra motivación? El fascinante paisaje urbano que ofrece cada una.

Partí un frío viernes muy de mañana rumbo a Brasilia. Cuatro largas y apretujadas horas transcurrieron hasta mi primera parada. Sí, primera parada. No hay vuelos directos a Brasilia desde Santiago así que debí hacer conexión en San Pablo.

Fue así como a eso de las 9 y media de la mañana estaba en Guarulhos, el principal aeropuerto de San Pablo y de Brasil, presentando mis documentos y mi bolso, trámites de rutina. Luego del control aduanero salí al hall del aeropuerto, para nuevamente volver pasar por un control, esta vez el de vuelos domésticos (nacionales). Debo decir que Guarulhos es un aeropuerto con una infraestructura antigua, algo dejada y tal vez un poco precaria para su volumen de pasajeros, por lo que a ratos luce descuidado y desordenado, pero se ve que se está trabajando en mejorarlo. Ese relativo desorden sumado a que ya tenía que echar a andar mi maquinita cerebral de portugués para hacer consultas típicas de un sujeto perdido en un aeropuerto enorme (suele pasar, ¿no?) me hizo sentir algo nervioso en algún momento. Y es que te pillas brasileños que hablan un portugués maravilloso y otros a los que no se les entiende nada, aun teniendo nociones del idioma. Para ingresar a las varias terminales nacionales que tiene Guarulhos, existe solo una entrada y se atocha. Por momentos, la fila parecía más un montón de gente apilada que otra cosa. Ojo con estos problemas a la hora de planificar vuelos con conexión en Guarulhos.

Finalmente logré llegar a mi puerta de embarque y esperé mi vuelo en el estrecho espacio de la terminal que me tocó. Siendo sincero, a veces parecía que estaba en un terminal de buses interurbanos más que en un aeropuerto. Guarulhos es un aeropuerto que te hace sentir un poco extraño, ¿quizás inseguro? Quizás fue solo una cosa mía.

1 hora y 20 minutos de vuelo sobre extensas campiñas, de esas que aparecen en las teleseries, y ya estaba en Brasilia. ¡La sonrisa no me la borraba nadie! El aeropuerto brasiliense (gentilicio de Brasilia) no tenía nada que ver con Guarulhos: es un moderno y hermoso terminal que recibe algunos vuelos del extranjero.


Llegada y Primera Tarde en Brasilia

Bajé raudo con mi mochila a la espalda y salí a esperar el autobús. Transcurridos varios minutos, opté por tomar un taxi. En el volante estaba Luiz, un simpático y conversador conductor. En general los brasileños son de esas personas a quienes les metes de a poco algún tema y enganchan y al final terminas hablando de cualquier cosa con ellos, lo que, ojo, no pasa en todos lados (lo aprendí en otros viajes). Son gente muy abierta, simpática y amable.

A medida que vas entrando en Brasilia te vas dando cuenta de lo extremadamente planificada que es, lo que puede parecer obvio para quienes conocemos la historia de esta ciudad, pero estar allí y presenciarlo es otra cosa. Todos los edificios residenciales son iguales, todas las manzanas son idénticas, los nombres de las calles están designados con número y a veces con una letra, las calles son anchas, para cambiar de una arteria principal a otra existen nudos viales (no se cruzan), muchas calles están tapadas de árboles, en fin. ¡Brasilia es una ciudad fascinante!

Brasilia fue construida a mediados de los años cincuenta con el objetivo de quitarle algo de poder a Río de Janeiro, la capital histórica del país, disminuir las rivalidades que el estatus que ostentaba Río provocaba en otras ciudades grandes (como San Pablo) y promover la colonización del interior del país. El trazado de sus calles y manzanas fue propuesto por Lucio Costa mientras que el diseño de los edificios más importantes de la ciudad fue labor del célebre y aclamado arquitecto Oscar Niemeyer.

Cerca de 30 minutos tardé en llegar al Hostel 7. Este sitio es, por lejos, el mejor hospedaje en el que me he quedado en todos los viajes que he hecho. Es impecable en todo sentido. Cuando abrí la puerta y me presenté en la recepción, la primera pregunta de la niña recepcionista fue ¿vienes por algún congreso? Y es que, a pesar de ser Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO, Brasilia está lejos de ser un destino turístico habitual de Brasil, tanto para los extranjeros como para los propios brasileños. Por ser la capital del país y sede de muchas empresas, quienes la visitan suelen ser personas que vienen a convenciones o cursos (conocí a muchísimos) y, por supuesto, viajeros de negocios.

Después de una reconfortante ducha, por fin pude salir a recorrer la ciudad. Eran casi las 3 PM. Dada la hora, decidí ir a un lugar que no me tomara mucho tiempo en caminarlo. Así, tomé un autobús, que son impecables y se pueden pagar con efectivo, y me dirigí a la parte oeste del Eje Monumental, la principal arteria de Brasilia. En esta avenida se concentran los edificios más importantes de la ciudad y, cómo no, del país. Tiene 6 pistas por lado y un enorme bandejón, tal vez de unos 100 m de ancho. Estas características le han valido el récord de ser considerada la vía urbana más ancha del mundo.

El primer atractivo con el que me topé fue la Torre de la Televisión, una altísima estructura hecha de acero, que yo la definiría como una versión sencilla de la Torre Eiffel. Tiene un ascensor que te lleva hasta la cima, desde donde se puede observar todo el Plano Piloto de la ciudad. El Plano Piloto es el nombre que se le da al área fundacional de la ciudad, aquel que fue proyectado por Costa y Niemeyer. La vista más notable es la que da hacia el lado este del Eje Monumental, con el Congreso de la República de fondo y los edificios ministeriales, todos iguales, apilados uno al lado del otro, a ambos lados de la avenida. La simetría de la panorámica es notable. Nuevamente se me venía el Sim City a la mente. ¡Qué ciudad fantástica!

Cuando bajé, lo primero que hice fue comprar una botella heladísima de agua a una simpática señora aguardando por sedientos transeúntes. Y es que Brasilia se sitúa en una región llamada el Cerrado (no significa lo mismo que en español), una especie de sabana, árida y muy cálida, situada a 1000 metros sobre el nivel del mar y a 1000 kilómetros del Atlántico, cuya flora principal son arbustos. La sensación térmica es la de un calor seco, muy similar a la de Santiago en verano. Me quedé un buen rato conversando con la señora, quien, cómo no, lo primero que me preguntó fue a qué convención asistía.

Seguí mi camino por el Eje Monumental hacia el oeste. No es fácil caminar, ya que, a pesar de que el bandejón es amplio, no tiene una senda peatonal definida. Hay que buscar huellas o sencillamente caminar por cualquier parte. Brasilia fue construida en la época de gloria del automóvil, cuando éste era la sensación y todos querían y debían tener uno. A ratos resulta una verdadera osadía caminar de un lugar a otro o cruzar una de las bastante anchas avenidas de la ciudad. A medida que caminaba comencé a divisar el Estadio Mané Garrincha, que fue sede de algunos partidos en el Mundial de 2014. Frente a éste se halla el Planetario, sencillo edificio cuya mayor atracción es la pequeña sonda espacial brasileña situada afuera. Sí, Brasil tiene su propia agencia espacial y, de hecho, fue uno de los países que contribuyó a la construcción de la Estación Espacial Internacional.

Proseguí mi camino hacia el oeste. En Brasilia pareciera que todo está lejos. Las manzanas son muy grandes. Quizás sean las grandes distancias y espacios libres los que hacen que, a ratos, la ciudad parezca desierta. De hecho, en un momento yo era el único sujeto caminando por allí, Después de una caminata de 15 minutos alcancé la Plaza del Buriti. Es una plaza dura, frente a la cual están por el norte el Palacio de Buriti, sede del gobierno del Distrito Federal, y por el sur del Tribunal de Justicia del Distrito Federal. En esta plaza confirmé un poco mi percepción inicial acerca de la ciudad. Y es que, si bien los enormes espacios vacíos que tiene forman parte de la concepción misma de la ciudad, no están trabajados ni se les saca provecho alguno. La explanada del Eje Monumental tiene solo pasto seco en su mayor parte y la plaza que visité la noté algo dejada ¿será mucho pedir al menos pasto vivo y uno que otro jardín en la enorme explanada del eje? ¿o al menos que retiren la maleza que crece entremedio de las losas de la Plaza del Buriti?

Caminando unos pocos minutos hacia el oeste llegué al Memorial Juscelino Kubitschek ¡Es magnífico! Sin dudas es uno de los museos más fantásticos que he visitado. El museo está dedicado a quien fuera el presidente que impulsó y lideró el proyecto de construcción de Brasilia. En primer lugar, destaco la belleza del edificio. Es sobrio, de baja altura y tiene una serie de piscinas frente a su fachada, una tras otra en forma de escalones, que la separan de la zona de los transeúntes. Al costado hay una especie de obelisco en cuya cima se erige una estatua de Kubitschek. Al museo se ingresa a través de un pasillo que va descendiendo entremedio de las piscinas, dando la sensación de que te vas sumergiendo en el agua. ¡En el interior te recibe el mismísimo Kubitschek! Era la primera vez en mi vida que veía un holograma. Me pareció notable. El museo exhibe una completa colección de fotografías de la construcción de Brasilia, relatando la historia de esta magnífica ciudad. También, cómo no, se expone parte de la vida de Kubitschek. En un solemne salón del segundo piso, se halla el ataúd de este célebre personaje que quedó para siempre en la historia de Brasil. No cabe duda de que este lugar es un imperdible de Brasilia.

Frente al Memorial de Kubitschek se encuentra el Memorial de los Pueblos Indígenas. Es una especie de cilindro cuya fachada se encuentra pintada con motivos indígenas. Estaba cerrado.

Decidí volver rumbo al este. Como en la ida me había ido por la pista norte, la vuelta la hice por la pista sur. En un momento pasé por fuera del Parque Sara Kubitschek, el más grande de la ciudad. Eran casi las 6 PM así que pasé de largo. Volví a la Torre de la Televisión, a cuyos pies hay una pequeña y fotogénica plazoleta que luce una escultura con la palabra "Brasilia", similar a otros lugares del mundo, además de una bella fuente de agua. De allí pude contemplar la hermosa zona financiera de la ciudad bajo el atardecer. La estructurada Brasilia tiene concentrados todos los edificios corporativos en torno a la intersección de las tres avenidas más importantes de la ciudad, que son el Eje Monumental y las Asas Norte y Sur (las asas en realidad son solo una avenida).


Noche Brasiliense

Volví al hostel en autobús y apenas llegué me apresté a pegarme una ducha para sacarme el sudor que el incisivo sol brasiliense me había provocado, descubrí que había llegado un compañero de habitación. Era Raphael, un carioca que estaba de paso por la ciudad, ya que su objetivo final era visitar un parque nacional cercano. Después de una entretenida conversación decidimos salir, animados por la recepcionista Sara, a ver alguno de los espectáculos culturales nocturnos que ofrece la ciudad. Brasilia tiene un buen panorama cultural, con conciertos de artistas brasileños al aire libre, exposiciones de arte y otros eventos, todos gratuitos. Esperamos a que cayera la noche y con ello el calor y partimos a la Plaza de los Tres Poderes, donde se suponía que habría unas tocatas musicales. El evento no prendió mucho así que, algo decepcionados, decidimos volver al hostel a compartir algunas cervezas. Cuando esperábamos el uber, coincidimos en el mismo lugar con otro frustrado turista. Era Leonardo, un psicólogo goianense, que estaba en la ciudad por una convención, quien, durante un breve intercambio de palabras, reveló, para sorpresa nuestra, que también se hospedaba en el Hostel 7. Bueno, en cierto modo no debía ser tanta sorpresa ya que en Brasilia hay poquísimos hostales, quizás contados con los dedos de las manos. La decepción pasó a risa y finalmente nos animamos a pasar el bajón del show fallido con unas cervezas yendo al barrio bohemio de la ciudad que, en realidad, no son más que tres cuadras con sencillos bares donde, mayormente, se reúnen jóvenes universitarios de la ciudad. De hecho, se ubica a pasos de la Universidad de Brasilia, la más importante de la ciudad. A pesar de su tosquedad, se puede pasar un muy buen rato si la intención es conversar y reírse un rato. Depende de cada uno.

Después de una muy entretenida conversación en portugués en medio de cervezas y brindis, con Leonardo decidimos volver temprano al hostel, mientras que Rapha optó por quedarse. La verdad es que, si quieres interactuar de verdad con brasileños, vas a necesitar más que un par de frases rutinarias en portugués sacadas de un manual de turista. De igual manera, el español te va a ser útil solo para tomar un taxi, comprar algo o, en definitiva, armar alguna frase breve y básica. A pesar de la similitud escrita entre ambos idiomas, la fonética no es tan semejante y utilizan un vocabulario diferente para referirse a no pocas cosas. Con nociones del idioma y relajo, la conversación te fluye de manera muy natural. Ahí te das cuenta de que las trabas lingüísticas que a veces se nos presentan, especialmente con el inglés, tienen mucho de psicológico. Bueno, quizás las cervezas también ayudaron a soltar la lengua ¿no?

En todo el día no había comido casi nada, así que cuando regresé al hostel lo primero que hice fue comprar algo para comer. Afortunadamente, había un bendito local abierto, justo al costado del hostel. Manduqué un caldo de mandioca, me fui a la cama y pegué las pestañas al instante. Estaba cansadísimo y al día siguiente iría a conocer todo lo que me faltaba de la ciudad, que, por cierto, era el sector más importante.
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Ver Etapa: Primer Día en Brasilia




Etapa: Segundo y Último Día en Brasilia  -  Localización:  Brasil Brasil
Fecha creación: 10/03/2019 05:05  
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Primeras Trazas del Centro

El calor brasiliense se había hecho presente durante toda la noche. Era ese típico calor seco mediterráneo, que me hacía recordar a Santiago en verano ¡El problema es que aun pleno invierno! Dormí mal y desperté muy temprano. Una buena ducha y un jugoso desayuno, rico en frutas y jugo natural, fueron suficientes para refrescar el cuerpo y sobre todo para desterrar de mi cabeza la jaqueca que me aquejaba. Me sorprendió ver sandía en el desayuno. En Chile esta fruta se da típicamente en verano. Dada la gran variedad de climas que tiene Brasil, durante tu estadía podrás ver, degustar u oir de una cantidad de tipos de frutas que no te puedes imaginar. Además, podrás degustar frutas de verano en invierno y viceversa.

Como Raphael estaba de pasada por la ciudad y no tenía nada que hacer ese día, decidimos ir juntos a conocer el centro. Tomamos un autobús que nos dejó en el punto neurálgico de la ciudad, donde se juntan las Asas y el Eje Monumental. Esta vez, eso sí, a diferencia del día de ayer, la ruta sería hacia el poniente.

Debajo de la intersección está el Rodoviario, lugar del que salen buses a varios sectores del área metropolitana de la ciudad. En Brasilia la gente hace la diferencia entre el Plano Piloto, que corresponde al área fundacional, construida en 1960, y el resto de los barrios que germinaron en torno a la capital con el paso de los años, muchos de ellos muy pobres.

Para iniciar nuestro recorrido había que cruzar el Eje Monumental hacia el sur, lo cual fue toda una odisea. Como relaté más arriba, Brasilia fue concebida durante la época del apogeo del automóvil, cuando todos debían tener uno y en caso contrario lo debías comprar uno, pues la industria brasileña fabricaba montones y las calles de Brasilia estaban pensadas para que lo condujeras cómoda y orgullosamente. ¡Cómo ha cambiado todo! De todas formas, juzgar a los genios Costa y Niemeyer sería un error. Eran otros tiempos.

Una vez que logramos cruzar la calle, llegamos a una enorme plaza dura con una hermosa fuente en el centro. Desde allí se tienen fantásticas vistas al sector financiero de la ciudad. A un lado de la explanada se erige el edificio de la Biblioteca Nacional y al frente se alza el majestuoso edificio del Museo Nacional de Brasil. Es una enorme e imponente semiesfera blanca para cuyo acceso se debe ascender por una rampla curva. ¡Pareciera que estuvieras subiéndote a una nave espacial! ¡Es una obra magnífica, surrealista! En su interior se exhibe muestras de arte de diversos autores de Brasil. La temática de la exhibición varía periódicamente. Ese día, la exposición trataba de la historia política del país retratada en pinturas, lienzos, esculturas y versos de destacados artistas brasileños. Dado que yo no soy un gran conocedor de la historia brasileña, Raphael fue de gran ayuda, explicándome varios de los acontecimientos ocurridos en el país de los cuales trataban algunas obras. El interior del museo es sobrecogedor y para qué mencionar la calidad de la exposición. Me quedó claro que tristemente la historia de nuestro gran vecino sudamericano ha estado marcada por la inestabilidad política, social y económica, que lo ha llevado a vivir períodos de gloria seguidos de profundas crisis. Decir que los brasileños viven constantemente en una montaña rusa puede ser un excelente resumen de toda su historia. Cuesta creer que un país tan grande, con tanta población y tan rico en recursos naturales y cultura esté como esté, ¿Y si tal vez esas peculiaridades sean las causas de sus problemas? ¿Quién sabe?

Con Raphael continuamos rumbo al poniente. Luego de circundar el Museo Nacional, comencé a divisar lentamente la magnífica Catedral de Brasilia. ¡Es una obra magnífica, uno de los íconos de la ciudad y uno de los más notables logros del gran Óscar Niemeyer! Es un templo de diseño cónico, en el cual hermosos vitrales toman el lugar de las características paredes sólidas y frías de las iglesias tradicionales. Los elementos que soportan la estructura fueron concebidos arquitectónicamente de tal forma que simulan la posición de las manos durante la oración ¡Notable! El interior es esplendoroso. Como todo lo que hay en esta ciudad, pareciera que al ingresar a un lugar estuvieras viajando al futuro ¡siendo que todo fue construido hace más de 50 años! ¡Es todo tan surrealista! Del interior del templo, me gustaron mucho las esculturas de ángeles colgando del cielo de la estructura. Este sitio es un imperdible de Brasilia.

Salimos de la Catedral. Había que continuar. Esta vez decidimos marchar por el medio del Eje Monumental, aquel enorme, árido y vacío bandejón central, que en esta parte de la ciudad recibe el nombre de Explanada de los Ministerios. Como su nombre lo indica, a ambos costados de la explanada se erigen los edificios de casi todos los ministerios del país, uno al lado del otro, de diseño idéntico. Si te paras al medio de la explanada mirando hacia el fondo del Eje Monumental y sacas una foto, casi que va a parecer que hubieses capturado solo una mitad del lugar y la otra la hubieras replicado con algún programa. La simetría es notable.


El Centro de Brasilia y … ¡de Brasil!

De todos los edificios ministeriales, solo uno rompe el esquema. Y ése no es otro que el edificio del Ministerio de Relaciones Exteriores, conocido como Palacio de Itamaraty. Se puede acceder. Llegamos a la hora de almuerzo del personal, por lo que estaba momentáneamente cerrado, así que tuvimos que esperar un buen rato.

Para aprovechar el tiempo de espera, decidimos ir a visitar primero el Congreso de la República, situado al final de la Explanada de los Ministerios, casi como telón de fondo. Sin duda es un ícono de la ciudad, un edificio que rompe cualquier esquema de lo que uno concibe como la sede del poder legislativo de un país. La entrada es guiada. La primera etapa del circuito consiste en la exposición de un video donde te relatan la historia del edificio. Luego comienza la parte interesante y por la que todo el mundo acude al edificio, que es el recorrido del edificio. Abundan las obras de arte en los salones comunes. A medida que avanzas, el guía te va relatando pequeñas anécdotas acontecidas en el lugar, muchas de ellas bastante graciosas y que tienen que ver un poco con la historia ajetreada y algo caótica del país. Pasas por las cámaras de diputados y senadores y el circuito finaliza en un lugar donde se exhiben los retratos de todos los parlamentarios que forman parte del congreso. "Allí está Romario, el futbolista" me comentaba silenciosamente Raphael, apuntando la fotografía del mítico futbolista, quien ahora es diputado por el estado de Río de Janeiro. Yo miraba con cara de asombro, aunque en el fondo me preguntaba a mí mismo "¿qué diablos hace ese tipo allí?". Pero luego medite y pensé que, si en el congreso de mi país hay un alcohólico más conocido por serle infiel a su mujer que por su desempeño como legislador o un tipo que asegura haber sido abducido por extraterrestres, pues entonces Romario puede perfectamente estar en el lugar que ocupa. La visita es guiada y dura 1 hora. ¡Es un imperdible!

Caía el hambre, pero el tiempo era oro. Había que esperar la apertura del Itamaraty. Matamos el tiempo conversando de varios temas. Con él aprendí, por ejemplo, que existen cientos de estilos musicales en Brasil, algunos realmente exquisitos, y tremendos talentos artísticos que nadie conoce afuera, así como ellos tampoco conocen a leyendas musicales del mundo hispano como Camilo Sesto, Juan Gabriel o Soda Stereo. Quizás tampoco hayan oído de Neruda o Darío. Ellos escuchan, observan y leen a sus artistas. La barrera idiomática es fuerte. También hablamos de historia y política. Al igual que muchos brasileños, está completamente desilusionado de la política. En Brasil la gente te dice que el país está a la deriva y que nadie sabe qué va a pasar, pero sorprende verlos tan sueltos y despavoridos al hablar. La expresión de sus rostros revela una sensación de conformismo y resignación. "¡Aquí vamos de nuevo!", deben pensar. "Es increíble que estos edificios tan hermosos estén llenos de ratas" comenta Raphael.

Finalmente, después de una larga pero entretenida espera, llegó el momento de ingresar al Itamaraty. ¡Qué maravilla de lugar! ¡Su fachada, su diseño, su interior, su concepción arquitectónica! Y es que tiene desde jardines interiores hasta las más fascinantes esculturas, finas alfombras, elegantes muebles y una terraza bellísima con vistas al corazón de la ciudad. La visita es guiada y dura aproximadamente una hora. No hay que hacer reserva previa. Si no vienes a este lugar tu viaje a Brasilia no valió la pena.

Detrás del Congreso está la Plaza de los Tres Poderes, una extensa plaza dura. Está acotada por el Panteón de la Patria, el Tribunal Federal de Justicia (sede del poder judicial), el Congreso de la República (sede del poder legislativo) y el Palacio del Planalto (sede del poder ejecutivo). Este último es bellísimo y se puede visitar en ciertos días.

Frente al Palacio del Planalto, siempre en la Plaza de los Tres Poderes, se encuentra el Monumento a los Candangos, célebre escultura que representa a dos hombres tomados del hombro, los llamados candangos, quienes fueron los obreros que construyeron la ciudad de Brasilia. Los candangos provenían principalmente del empobrecido nordeste del país. El grueso de la población brasiliense es descendiente de estos notables hombres. La imagen de los Candangos con el Palacio del Planalto al fondo es una de las postales más icónicas y conocidas de Brasilia. Al costado del monumento se encuentra el alto Pabellón Nacional con la bandera de Brasil flameando orgullosamente en el tope.


La Tarde y la Despedida

Eran cerca de las cuatro de la tarde y decidimos partir a comer. Así como su polo nocturno es pequeño y acotado, Brasilia tampoco cuenta con un polo gastronómico bien definido. Fue por medio del conductor de un uber que conseguimos llegar a un restaurante tipo buffet, donde comí, pescado, cerdo, pollo y algunas ensaladas. Tenía mucha hambre. La comida a gusto más un vaso de jugo de naranja me costó alrededor de 10 dólares.

Luego del banquete, decidimos volver al hostel caminando. Me encantó la tranquilidad de Brasilia. Y es que, a pesar de sus más de 4 millones de habitantes, de ser la capital del país y de, por qué no decirlo, de estar en Brasil, un país nunca bien ponderado en materia de seguridad, Brasilia es una ciudad muy apacible y segura. Da gusto darse un buen paseo por sus frondosas y bien cuidadas avenidas, ¡hay mucho árbol! Al llegar al hostel, Raphael se fue a dormir y yo me pegué una ducha. Preferí aprovechar la tarde para descansar y disfrutar del atardecer. Mientras leía cómoda y solitariamente en un sillón del patio, divisé a un joven de larga cabellera que caminaba hacia mí para sentarse en el sillón. Le hablo y con dos palabras reconocí que ¡era chileno! Un chileno en una ciudad tan remota y poco visitada como Brasilia ¡vaya coincidencia! Y esta vez fui yo quien cayó en la típica pregunta brasiliense. "¿Vienes a una convención?". "Sí", me respondió. Practicaba deporte callejero y venía a compartir experiencias. Se veía tranquilo. De hecho, lo invitamos a salir en la noche junto con Raphael y un canadiense-polaco que se nos había sumado esa misma tarde a nuestra pieza. Desistió.

Con el pasar de la tarde el patio se fue convirtiendo en un interesante punto de encuentro. Unas frescas cervezas fueron excelentes para conversar un largo rato con un par de brasileños que estaban de pasada por la ciudad y que habían llegado esa misma tarde al hostel. Sí, venían por convenciones ¡Los brasileños son gente muy sencilla, abierta y simpática! Te hablan de todo sin ningún problema. Ya cerca de las 9 de la noche, decidimos salir con Raphael y un muchacho polaco-canadiense que había llegado a nuestra habitación hacía algunas horas. “Dejaré mi cerveza aquí”, le comenté a Rapha. “No, llévala, no hay problema” me contestó. Y es que en Brasil está absolutamente permitido beber en la calle. De hecho, algunos vendedores ambulantes venden cerveza en sus carritos en pleno centro de las ciudades. Increíble.

Fuimos al mismo sector donde habíamos asistido la noche anterior, pero esta vez optamos por un lugar algo más decente. Luego de unas linguiças (son similares a las longanicillas de campo chilenas), un par de cervezas y una entretenida conversación, decidí regresar temprano al hostel. Había llegado la hora de despedirme del notable Raphael, quien, junto con el otro muchacho, siguieron en busca de más diversión. Me fui temprano a la cama. Al día siguiente tenía una cita muy temprano a la que no podía faltar: San Pablo me esperaba.
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Ver Etapa: Segundo y Último Día en Brasilia




Etapa: La Inmensidad de San Pablo  -  Localización:  Brasil Brasil
Fecha creación: 10/03/2019 05:09  
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La Llegada a San Pablo

Eran las 7 AM de un domingo y yo en pie ¿quién lo diría? Ya estaba en el aeropuerto de Brasilia, presto para volar a San Pablo.

El avión salió a la hora y luego de 90 minutos de vuelo por encima de las campiñas de Minas Gerais, arribé a San Pablo, específicamente al aeropuerto de Congonhas. A pesar de atender solo vuelos domésticos, Congonhas es uno de los más demandados del país. La ventaja de llegar a Congonhas es que se sitúa en medio de la ciudad. Así, transportarse hasta el centro resulta muy sencillo. Hay un autobús de la locomoción colectiva de la ciudad que se aborda en la entrada del aeropuerto y te deja en la estación de metro São Judas. Desde allí, puedes llegar a los lugares más importantes de la ciudad. La red de metro de San Pablo es bastante extensa.
Luego de 30 minutos de viaje en metro, llegué a mi hostel. Estaba ubicado en el barrio de Boa Vista, a dos cuadras de la célebre Avenida Paulista y a cuatro de la estación Consolação, en la cual me bajé.

Luego de la ya clásica ducha post-viaje, comencé a planificar mi viaje. No suelo meditar acerca de mi ruta diaria en la mañana del mismo día. De hecho, era la primera vez que lo hacía ¿La razón? Había cometido un error al comprar los pasajes. Al haber adquirido boletos Santiago – Brasilia y Brasilia – Santiago (ambos con conexión en San Pablo), los viajes debían iniciarse en los puntos de origen/destino. Tarde vine a enterarme de que no podía abordar solo el segundo vuelo de mi viaje de regreso (el vuelo de conexión en San Pablo con dirección a Santiago), el cual partía a las 9 PM ¿La solución? Tuve que volver a Brasilia a las 3 PM, esperar poco más de una hora, abordar el vuelo que me correspondía desde Brasilia a San Pablo y finalmente subirme, en San Pablo, al vuelo con rumbo a Santiago de las 9 PM ¡Perdía 6 horas del día lunes volando de un lugar a otro! Tiempo en el que tenía pensado haber visitado un montón de lugares, pero que desperdicié por un craso error de planificación. En fin. Hay que tener mucho ojo con este tipo de cosas a la hora de planificar un viaje.


¿Ir o no Ir?

Antes de enterarme del problema de los pasajes, había planificado visitar los museos más célebres de la ciudad y el Parque Ibirapuera el domingo y recorrer el centro de la ciudad el lunes, de modo de palpar la vida urbana paulistana en su máxima expresión. Finalmente, tuve que modificar mi itinerario, optando por visitar el centro ese mismo domingo y el parque Ibirapuera el lunes. Los museos quedarían para otra ocasión. Una lástima.

"No vayas por ningún motivo al centro un domingo", "los domingos en el centro no, no y no", "es muy peligroso”. Estas eran palabras provenientes de la boca de muchos brasileños, incluido Raphael, al haberme oído hablar acerca de la idea de visitar el centro de Sampa (como le dicen cariñosamente los brasileños) el domingo. La verdad, la palabra peligro daba vueltas en mi cabeza. No estaban hablando de Buenos Aires, Lima o Montevideo: se trataba de San Pablo. Daba para pensar. Sampa tiene una pésima fama en cuanto a seguridad. Me encontraba en una paradoja.

Salí meditativo del hostel. Solo tenía una cosa clara en mi mente: iría a visitar el Museo del Fútbol, situado a unos 15 minutos a pie de mi hospedaje. El museo está ubicado dentro del mítico Pacaembú, el estadio más antiguo de la ciudad. La caminata rumbo al museo está llena de subidas y bajadas repentinas, sin duda un camino muy sinuoso. Y es que San Pablo está emplazada sobre varias lomas, una al lado de la otra, lo que le da a la ciudad un toque muy especial. La continuidad urbana de la ciudad se consigue cruzando las lomas por encima, pasando entremedio de ellas, o bien, mediante viaductos. Muchos valles que se forman entre lomas han sido utilizados para la construcción de autopistas.

El Museo del Futbol es, digamos, ¡fantástico! ¡Si eres un amante del fútbol no puedes venir a San Pablo sin visitarlo! No, no se exhiben las copas de Brasil, como si se hace en el museo que está en el Centenario de Montevideo, por ejemplo. Pero te presentan con lujo de detalles toda la historia futbolística del país, desde el primer gran futbolista que tuvieron hasta los tiempos actuales, sus glorias y sus más dolorosos fracasos. Es un museo tremendamente interactivo. ¡Hay una sala donde te simulan estar en medio de alguna torcida alentando a todo pulmón! Hay salones donde se exhiben fotografías del año que quieras, pantallas donde te relatan con apoyo audiovisual el desempeño de la selección brasileña en cada mundial al que asistió, un sector donde puedes ver y oír los relatos de los goles más hermosos convertidos por algún brasileño, ya sea por algún club o por la selección, una sección donde te cuentan la historia de los trucos o piruetas más célebres del fútbol, ¡hasta tienen una zona donde puedes patear un penal y te miden la velocidad del tiro!. ¡Genial! Y para concluir la visita ¡qué mejor que entrar al mítico Pacaembú! Una visita a este museo es imprescindible.


¡Pues Vamos!

Aun indeciso hacia dónde dirigirme, decidí regresar a la Avenida Paulista por la misma ruta que había hecho minutos antes. En la Paulista, después de unos minutos, finalmente decidí ir al centro. Pero lo haría a pie. Así, podría ir conociendo con mayor detalle la ciudad y palpando el ambiente. El centro estaba lejos, pero nunca tanto.

Inicié mi travesía en la intersección de Paulista con Consolação. Ésta es una de las esquinas más concurridas de la ciudad puesto que confluye el tránsito de diferentes partes de San Pablo. Se ve mucho peatón y automóvil. Me adentré por Consolación rumbo al centro. A medida que avanzaba, la avenida se tornaba más y más verde mientras que las pálidas casas y edificios del inicio daban paso a una arquitectura con más personalidad.

Luego de unos 20 minutos de caminata llegué a la Plaza Roosevelt, una explanada dura muy apetecida por jóvenes que practican piruetas en patineta. En la plaza misma se erige la Parroquia de la Consolación, un grandioso y hermoso templo que data del siglo XIX. Es desde este punto que, a mi juicio, comienza el centro de la ciudad.

Continué avanzando rumbo al centro. Ahora, la arquitectura dominante eran largos edificios de varios pisos muy bonitos. Esto sumado a la limpieza, pulcritud y orden de las calles le dan un aspecto notable a la ciudad ¡De verdad luce magnífica!

Caminé una cuadra por Consolación y viré hacia el poniente, a la bellísima Avenida San Luis. Es una especie de alameda cubierta de frondosos árboles. Urbanísticamente resalta la continuidad arquitectónica de los magníficos edificios, todos de no más de 20 pisos y alargados. Deben tener alrededor de 50 años.

La corta avenida San Luis va a dar a la Plaza de la República. Ésta un ícono de San Pablo y le da nombre al barrio donde se ubica. Lo que se conoce como el centro de San Pablo es un conjunto de varios barrios, cada uno con una identidad propia. La plaza está teñida de verde, por las plantas y frondosos árboles que la pueblan. En el medio, recóndita entre la abundante flora, hay una hermosa pilote. Frente al costado sur-poniente de la plaza se erige el hermoso edificio de la Oficina Estatal de Educación. Es de un grande y antiguo edificio de diseño magnífico. Sin embargo, el que, a mi gusto, se roba las miradas de la mayoría de los turistas es el célebre Edificio Italia ¡Se robó la mía también! Es alto, esbelto, de sección ondulada, sin duda de una concepción arquitectónica notable ¡y tiene más de 50 años! Es una joya del modernismo brasileño, corriente arquitectónica que fuese tan aclamada en su tiempo. De hecho, San Pablo es un museo al aire libre, un templo, una meca del modernismo brasileño ¡está plagada de este tipo de obras! El Edificio Italia posee un mirador en su azotea.

Unos pocos metros hacia el oriente, se emplaza otro célebre edificio de la ciudad ¡El famoso Copán! ¡Dos joyas arquitectónicas en menos de 100 metros! Es una de las obras más reconocidas del genio Óscar Niemeyer. Es de sección alargada y ondulada. Fue aclamado en su tiempo debido a lo complejo que resultaba poder materializar, construir, llevar a la realidad tan sofisticada concepción arquitectónica. Sin duda es un orgullo de la ingeniería y arquitectura brasileña.

No cabe duda de que San Pablo es una ciudad ideal, un lugar imperdible, para quienes aman la arquitectura y el buen urbanismo. Esta ciudad posee una gran variedad de estilos arquitectónicos conviviendo armónicamente, siendo las obras modernistas las que, sin lugar a duda, dominan el paisaje urbano. Además, la ciudad luce impecable. El Brasil pujante y vanguardista de antaño está fielmente reflejado en esta ciudad. En cierto modo, considerando su historia, su concepción arquitectónica y urbanística, y su tamaño, San Pablo se asemeja mucho a Nueva York. Sí, es una especie de Nueva York, pero a la latina, una versión "the latinamerican way" de la Gran Manzana, con todos los defectos que ello implica.

Proseguí por la calle Ipiranga rumbo al nororiente, hasta la calle San Juan. Al virar al oriente por ésta, el panorama cambió bruscamente. No, no es el paisaje urbano, sino más bien el paisaje humano. La calle lucía algo sucia y vacía, salvo por un par de tipos de no muy buen aspecto consumiendo algún tipo de sustancia ilícita. Pasé de largo. La calle finaliza es corta y finaliza unos pocos metros más adelante. Al término de la calle, viré al sur por Ramos de Azevedo y en la esquina siguiente me encontré con la fachada del majestuoso Teatro Municipal. ¡Es magnífico! ¡Pura elegancia! Es uno de los símbolos urbanos más conocidos de San Pablo. Son de destacar las esculturas que cuelgan desde su terraza. Sin dudas es una de las obras más hermosas de la ciudad.

Rodeé el teatro y tomé la calle que va hacia el oriente. A pocos pasos del teatro se cruza el célebre Viaducto del Té. ¡Un puente tan antiguo, de tan fino diseño en medio de una selva de cemento! Como su nombre lo dice, fue construido hace más de cien años para cruzar por encima de lo que antiguamente eran plantaciones de té ¡Cuesta imaginar que en este lugar repleto de edificios hubiesen existido campos y campos! ¿Recuerdan cuando dije que San Pablo estaba sobre colinas y valles? El valle donde antaño hubo campos de té ahora es ocupado por la Autopista 23 de Mayo, la cual se puede apreciar mirando desde el viaducto hacia el sur. ¡La postal urbana de San Pablo desde ese lugar es fantástica! Por el otro lado, si miras desde el viaducto hacia el norte te encontrarás con el Valle de Anhangabaú, una enorme explanada dura, angosta pero alargada, acotada por otras notables joyas de la arquitectura moderna brasileña de mediados del siglo XX, de las cuales destaca el Mirante do Vale, el edificio más alto de la ciudad. ¡Otra postal urbana notable de la ciudad! La autopista 23 de Mayo pasa por debajo de la plaza.

El cruce del Viaducto abre paso al centro propiamente tal de la ciudad, vale decir, el área fundacional. A pesar de lo asombrado y encantado que estaba del lugar, nunca me pude sentir completamente cómodo durante el paseo. ¡Si supieran el ambiente enrarecido que se vive allí! Comenzaba a entender por qué me habían advertido no visitar el centro un domingo. Y es que desde el teatro comienzas a ver drogadictos, vagos y ¡una enorme cantidad de indigentes! ¡juró que jamás en mi vida vi tanta gente viviendo en las calles! ¡Y más encima en pleno centro de una de las ciudades más grandes e importantes del mundo! ¿Se imaginan a Wall Street de Nueva York, los Campos Elíseos de París o el cruce Shibuya de Tokio oliendo a heces y orina? ¿y sin más gente que indigentes (muchísimos) y uno que otro tipo con mala cara con el que es preferible no entrar en contacto visual ante cualquier eventualidad? Cada cierto tiempo me cercioraba de que nadie me siguiera y cuando iba a tomar una foto miraba dos o tres veces a mi alrededor antes de sacar mi celular. La ruta planificada no necesariamente la cumplí a plenitud por tener que evitar lugares que, a mi juicio, no se veían seguros.

Apenas crucé el Viaducto del Té me encontré con la coqueta Plaza del Patriarca. Justo al frente de ella se halla el sobrio pero elegante edificio del Ayuntamiento de San Pablo y en su costado nororiente se erige un magnífico palacio que, según mi impresión, es un hermoso hotel. Luego me adentré por la red de calles peatonales del centro, que es donde se encuentran los edificios más importantes de la ciudad. Sin duda alguna, los paseos Álvares Penteado y XV de Noviembre son los que se roban las miradas. ¡Qué hermosas calles! Todos los estilos arquitectónicos de la ciudad se reúnen allí, en unos cuantos metros. Es una oda a la historia paulistana ¡y los callejones que se cuelan por ellas! ¡cuánta belleza urbana! Si tan solo el ambiente de la zona fuese distinto sería perfecto. Pero no. Ese fantasma que me había capturado apenas había ingresado al centro histórico me seguía a todas partes. De todas formas, cabe mencionar que, sobre todo en la zona fundacional, hay buena presencia policial.

Fue por uno de los callejones perpendiculares a XV de Noviembre que fui a dar a la calle Buena Vista, otra magnífica muestra de la belleza urbana de San Pablo. "¡No me canso de admirar esta ciudad!", pensaba. Caminando unos metros hacia el sur se cruza por un viaducto que permite capturar hermosas imágenes del centro de la ciudad. Al costado se emplaza el Largo del Patio del Colegio, uno de los lugares más antiguos de San Pablo. Es una bellísima plaza rodeada de arquitectura muy heterogénea. Al costado oriente se halla el edificio que le da el nombre al lugar, un lindo monasterio que data de la época colonial. Los tres costados restantes de la plaza quedan cercados por notables obras arquitectónicas cincuentenarias y por lo que parecen verdaderos palacetes que deben datar de principios del siglo XX. Estos últimos son los dos edificios de la Secretaría de Justicia, el Centro de Estudios Jurídicos y el Tribunal de Justicia ¡para aplaudirlos! La plaza es coronada por una magnífica escultura en homenaje a la Compañía de Jesús, situada casi en su centro.

Decidí caminar rumbo al norte por la calle Buena Vista. Todavía me quedaba algo pendiente. Luego de unas tres cuadras llegué a la Plaza de San Bento, lugar que es dominado por el monasterio del mismo nombre, otro legado portugués de la ciudad. Por la calle que limita por el norte a la plaza, llamada Líbero Badaró, me dirigí hacia el sur. A 200 m de la Plaza de San Bento se halla una de las más fantásticas postales de San Pablo ¡El Altino Arantes estaba allí, enfrente mío! Y a sus pies el hermoso paseo San Juan adornado con árboles y, cómo no, dotado de regios edificios de principios del siglo XX. ¡Todo un coctel urbano para devorar! El Altino Arantes es uno de los edificios más hermosos y simbólicos de la ciudad y su diseño se parece mucho al del Empire State Building. No estaba tan equivocado al comparar a San Pablo con Nueva York. La gigante brasileña pareciera tener de ídola a la Gran Manzana. Le hace constantes guiños a la Gran Manzana y el Altino Arantes es solo uno de varios.

Mirando hacia el lado opuesto del Altino Arantes, se tiene el Valle de Anhangabaú a ras de piso. Caminé hacia éste y me paré en el medio. Es allí donde se puede contemplar la magnitud y belleza de este notable rincón urbano de la ciudad. Luego de subir por unos callejones situados en su extremo norponiente, fui a dar a la Parroquia Nuestra Señora de la Concepción, de singular belleza. Volví a cruzar el valle, pero esta vez por el Viaducto de Santa Efigenia. Es muy similar a su vecino del sur, el Viaducto del Té, y también ofrece vistas magníficas del valle.

Retomé la calle Líbero Badaró hacia el sur. Quería rematar mi recorrido en el corazón de la ciudad. Finalmente, luego de 10 minutos de caminata llegué a la Plaza de Sé. Esta plaza es el centro geográfico de San Pablo, el punto cero, el lugar en torno al cual la ciudad se forjó. Es de trazado irregular y está cubierta de frondosos árboles. Al sur se alza imponente la hermosa Catedral de Sé, la principal de la ciudad. En este lugar tuve mucho cuidado, ya que se concentra toda la multitud que habita el centro de la ciudad los domingos y no ofrece un ambiente agradable.

Caminando por el costado poniente de la Catedral fui a dar al Viaducto Doña Paulina, que es vehicular y de diseño contemporáneo. Cruzarlo me transporta nuevamente al San Pablo amigable y relajado, dejando atrás el ambiente enrarecido de Sé. El cruce del viaducto da paso a la calle Doña María Paula y ésta, luego de un giro, al Viaducto 9 de Julio, que cruza a la avenida del mismo nombre. Desde allí se tiene una notable panorámica urbana de la ciudad, con la bandera brasileña en primer plano. Justo después de cruzar el Viaducto 9 de Julio está el Bar Estadão, una de las fuentes de soda más célebres de San Pablo ¡Qué mejor que un delicioso sandwich de pernil de cerdo para cargar energías! ¡Qué lugar más pintoresco! El lugar es muy frecuentado por los paulistanos. Es un ícono gastronómico de la ciudad, tanto así que yo lo conocí por televisión meses antes de viajar a San Pablo. Con el jugo natural de coco que me había bebido minutos antes, el hambre no era voraz ¡es tremendamente calórico! Un par de sorbos y no solo me aplacó la sed, sino que también el hambre. Definitivamente no era tan refrescante como imaginaba.

A unos pasos del Estadão estaba la Plaza de la República. Sí. Mi circuito por el centro se había convertido, casi sin quererlo, en una especie de círculo, aunque tremendamente irregular con todas las vueltas laberínticas que había dado en Sé. Allí tomé el metro y me bajé en la estación Paraíso.


Cae la Tarde en la Paulista

Es en la estación Paraíso donde, como resultado de la confluencia de dos avenidas, nace la Avenida Paulista. Hay un refrán muy gracioso en Brasil que dice que la Avenida Paulista es como un matrimonio: “comienza en el Paraíso y termina en la Consolación”. Esta arteria es sin lugar a duda uno de los íconos de San Pablo y también uno de sus puntos neurálgicos. Gente de todos los rincones de la ciudad se congrega aquí. Urbanísticamente hablando, aquí la ama y señora del paisaje es la arquitectura contemporánea, que se manifiesta en forma de bellas torres, una al lado de la otra, a cada costado de la calle. ¡Esta calle es sencillamente fantástica! ¡Y para remate los domingos la cierran! Caminar a lo largo de sus casi tres kilómetros de longitud en medio de gente haciendo deporte, de parejas, amigos, familias, contemplar arte callejero, espectáculos, etc. ¡Es una experiencia tremenda! Mi único pecado fue no haber visitado el Museo de Arte Moderno de San Pablo (MASP), que es uno de los más importantes del mundo en su especialidad. Suerte tuve que mi hostel queda justo al final de la Paulista, por lo cual mi paseo finalizó simplemente con un corto viraje hacia el norte.


Ese día dejé los pies en la calle caminando. Eran las 7 PM de un caluroso día de invierno (Brasil, cómo no). Al llegar al hostel me di una buena ducha y me relajé en mi habitación. Ya no me quedaban más prendas, así que tuve que utilizar las que había vestido en Brasilia. Fue así como el concepto “ciudades calurosas en invierno” entró en mi cabeza. Moraleja ¡debo llevar más mudas cuando viaje a lugares como éste! Salí un rato a caminar por el barrio, a falta de locales de comida abiertos a esa hora opté por un delicioso helado (en Brasil se les llama “sorbetes”) y luego de devorármelo me fui a la cama a dormir.
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  Últimos comentarios al diario  Los Dos Corazones de Brasil
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Marimerpa  marimerpa  14/03/2019 14:54   
Un diario muy interesante, gracias por compartirlo.

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Fecha: Sab Mar 16, 2019 09:19 pm    Título: Re: Viajar a Brasil

Este mes de Enero mi marido y yo fuimos a Rio. Yo estaba muy asustada por el tema de la seguridad. Al final todo mucho mejor de lo que pensaba. El metro no me pareció mas peligroso que el de cualquier otra ciudad. Uber funciona bien, aun que uno de los conductores quiso cobrarnos casi el doble de lo que marcaba la aplicación nos negamos y nos fuimos. Para ver La zona de las escaleras de Selarón decidimos hacerlo con un free tour y fue un gran acierto nos sentimos muy seguros y las explicaciones del chico fueron muy interesantes. Yo te diría que con precauciones de las zonas en las que te...  Leer más ...
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Fecha: Vie Mar 22, 2019 03:13 pm    Título: Re: Viajar a Brasil

Hola chicos , el sábado voy a Brasil , a Río de Janeiro , alguien sabe como llego del aeropuerto a copacabana de forma económica ? . Me han dicho que hay buses que te llevan , te llevan al hotel ? Voy con un bebé . Gracias
fissher
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Jul 20, 2007
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Fecha: Vie Mar 22, 2019 03:43 pm    Título: Re: Viajar a Brasil

Yo también tengo miedito jaja ojalá no sea tanto como dicen. Recuerdas con qué free tour lo hicisteis?
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Ene 23, 2014
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Fecha: Vie Mar 22, 2019 03:48 pm    Título: Re: Viajar a Brasil

fissher Escribio:
Hola chicos , el sábado voy a Brasil , a Río de Janeiro , alguien sabe como llego del aeropuerto a copacabana de forma económica ? . Me han dicho que hay buses que te llevan , te llevan al hotel ? Voy con un bebé . Gracias

Taxi!

Enjoy!
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Abr 24, 2008
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Fecha: Sab Mar 23, 2019 08:24 am    Título: Re: Viajar a Brasil

El free tour lo hicimos con rfwtour. su logo es un tucan y llevan camisetas amarillas. Muy bueno .
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