Después de la boda más bizarra e inimaginada (tornado, granizo, corte de energía eléctrica, pero mucha fiesta!), donde la naturaleza intentó rescatarnos de las garras del matrimonio, jaja, partimos desde Ezeiza (BS.AS) rumbo a la Cuidad de México. La idea era recorrer DF en 4 días, luego volar a La Habana por otros 4 Días y volver al DF para seguir camino rumbo a Cancún, desde donde teníamos ticket de vuelta. Cabe aclarar que, al ser dos arquitectos recién recibidos, el foco de nuestro viaje, además de todo lo que incluye una Honney Moon,

claro está, fueron los grandes ejemplo de arquitectura de todos los tiempos citos en este espectacular punto de la tierra, como es México.
Llegamos un día martes cerca del mediodía. Desde del aire, el DF asusta.... es enorme! una mancha urbana que nunca terminás de abarcar con tus ojos... Ya en el aeropuerto, tomamos un taxi de una agencia oficial (esto es muy importante), que si bien puede cobrar un poco más caro, es más seguro y tienes donde reclamar en caso de inconvenientes.
Nos dirigimos hacia la "zona Rosa", donde teníamos reserva desde la Argentina al menos para la primera noche, para no pasearnos con las mochilas por toda la ciudad en busca de hospedaje. Nos alojamos en Hotel Fiesta Americana (es pec ta cu larrrrr!!!), aunque solo por esa noche, ya que como dice el título de este diario, el viaje fue muuuuy económico (gasolero). De todas formas, el que tenga oportunidad de alojarse en este hotel, es súper recomendable por sus servicios y atención, pero sobre todo por la buena onda de la gente (5 estrellas, en la Zona Rosa, DF)
Una vez ubicados, decidimos aprovechar la tarde y conocer el zócalo. Desde la zona rosa, se puede ir a pié, y de paso se recorre el Paseo de la Reforma. Se trata de un boulevard muy ancho, con una ser de monumentos y rotondas, con un cantero que divide los carriles muy original y además, equipado con bancos públicos todos diferentes. es bien interesante de recorrer.
En el zócalo, nos encontramos con que se estaba desarrollando La Feria del Libro, así que no pudimos apreciarlo en todas sus dimensiones, pero la Catedral de México, ubicada enfrente, como así también las ruinas del Tempo Mayor azteca son impresionantes. Se siente en el cuerpo cómo la cultura europea se impuso, literalmente, a la americana, aplastándo sus creencias y sus espacios simbólicos.
Este lugar respira historia.
Ya oscurecía, y el hambre golpeaba nuestros estómagos, así que decidimos volver al hotel. En el zócalo hay una boca de entrada al metro, que, si bien es un poco caótico, es súper eficiente y fácil de comprender en sus recorridos. Lo tomamos y salimos directamente en la zona rosa. Esta zona, se caraceriza por la presencia de hoteles, restaurantes, pubs, etc. Es muy linda y segura, sobre todo para recién llegados. Los mexicanos son super amigables, parlanchines y divertidos. Uno se siente muy cómodo disfrutando de sus charlas, comidas y tragos!
Después de cenar en un barcito cercano al hotel, tomar una cervezota (el jarro era como de un litro!) nos fuimos a descansar... Mañana sería un día para aprovechar al máximo.
Nos despertamos temprano para aprovechar el día y, luego de desayunar, armamos nuestras mochilas y nos mudamos a un Hostelling International cercano al hotel, en la Zona Rosa, para abaratar costos ya que sólo lo usaríamos para descansar y asearnos, y la verdad que estaba muy bonito.
Por la mañana y siesta recorrimos el Museo de Antropología, obra del Arq. Ramírez Vásquez, de un tamaño gigantesco y provisto de piezas arqueológicas muy variadas. Tiene dos plantas, que conforman una especie de claustro. En el patio central hay un estanque con peces y demás animales acuáticos y lo principal, un “paraguas” de hormigón armado desde donde corre una lluvia permanente hacia el piso. Es un espacio súper fresco y rodeado de cultura.
De allí tomamos un bus urbano hasta la Basílica de Guadalupe. El complejo religioso cuenta con un gran atrio donde se encuentran la Basílica, la Iglesia de los Capuchinos y un campanario y reloj solar bien interesantes. Todo está elevado sobre un morro, desde el cual se aprecia el área central de la ciudad, con sus rascacielos y su smog tan característicos.
Volvimos al hostel, súper cansados, comimos allí mismo (tienen un barcito donde preparan unos tacos riquísimos), y a dormir!
Al día siguiente, y tras un desayuno menos ostentoso que en el Fiesta Americana, partimos en metro (al que ya le conocíamos todos sus recorridos) hacia la TAPO (terminal de Autobuses) donde tomamos un bus con destino a Teotihuacán, un centro religioso perteneciente a la riquísima cultura teotihuacana, anterior a la azteca. Al haber estudiado mucho este centro en la facultad, decidimos no tomar guía, porque la lectura del mismo es increíble, tal cual nos lo imaginábamos, aunque real, majestuoso, imponente. Se trata de un centro organizado a través de una calle central “La Calzada de los Muertos”, que remata en la Pirámide de la Luna, pasando por la enorme Pirámide del Sol y por otros monolitos menores.

Allí subimos, bajamos, recorrimos… nos metimos en cada recinto que se nos cruzaba por el camino. Si bien el centro ha sido muy intervenido a lo largo de la historia, las dimensiones, la escala de las pirámides, de la calle... hace que a uno se pe ponga la piel de gallina! Encontramos además El Palacio, donde se encuentran pinturas antiquísimas, pero sin duda lo más impresionante para mí fue la pirámide de Quetzal Coatl (la serpiente emplumada, divinidad por excelencia que luego se traslada a la cultura azteca y maya). Tomamos unos mates de merienda mientras contemplábamos tamaño paisaje y retornamos a la ciudad.
Antes de volver al hostel, hicimos una parada en la Plaza de las Tres Culturas, donde se hayan ruinas aztecas, una Iglesia Colonial y un Edificio moderno, los tres conviviendo en perfecta armonía. La recorrimos rapidito porque el barrio no parecía muy amigable. De camino al hostel encontramos un supermercado y nos aseguramos una rica y económica cena.
Al día siguiente, y por cuestiones de reservas previas, nuevamente nos mudamos de hospedaje. Esta vez un poco más alejado, el Hostel Casa Vieja sirvió de testigo de nuestro último día en la ciudad. Luego partiríamos a Cuba por cuatro días (historia motivo de otro diario) y retornaríamos para seguir viajando por México hasta la Riviera Maya.
El día estaba lluvioso, pero era el último, así que le sacamos provecho. Tempranito nos fuimos en metro hacia el barrio de Coyoacán, donde visitamos la Casa donde vivió León Trosky primero, y luego, muy cerca de allí, visitamos el museo “Casa Azul”, donde vivieron Frida Kalho y Diego Rivera. Como la entrada a este último nos servía también para conocer otro exclusivo de Diego Rivera, después de recorrer la Casa Azul, partimos en Bus para la zona del Estadio Azteca, donde se encontraba el museo de Diego.
Casa Azul: hermosa vivienda plagada de vivencias de esta pareja de artistas tan particular, donde se relata especialmente la vida y obra de Frida, incluyendo los corset utilizados por ella luego del accidente que marcó su vida y su arte.
[b]Estadio Azteca: impresionante. Te quedás duro, mudo. De todas formas no es muy recomendable descuidarse en esa zona, ya que los alrededores parecen un poco inseguros.
Museo de Diego Rivera:[/b] al parecer el pintor era un amante incondicional de las culturas precolombinas, y de alguna manera se fue armando de una colección exclusiva de piezas arqueológicas que un día, de la mano del arquitecto socialista O´Gormann, decide exponer en un museo propio.
Como dejó de llover, y aunque el sol estaba cayendo, le rogamos a nuestro agotado cuerpo un último esfuerzo y nos dirigimos en bus hacia la Ciudad Universitaria, donde, en comparación a la de Córdoba, Argentina, quedás sin palabras. La Biblioteca, la Facultad de Arquitectura, el Estadio Olímpico… joyas modernas empapadas con murales que cuentan las historia de México… increíble e imperdible.
Llegamos al hotel irreconocibles de cansancio, pero con el corazón contento. Cenamos y no me acuerdo más nada… jajaja.