Por fin, el gran día. ¡El día que íbamos a visitar Chichén Itzá! Debo decir las expectativas eran muy altas por culpa de mi marido. Está enamorado de la pirámide, se podría pasar horas mirándola. Veremos si a mí me sucede lo mismo…
Nos levantamos tan temprano, tan temprano, que ni siquiera estaba abierto el servicio de desayuno. Nos recogieron a las 6:30h con la furgoneta de Tours La Riviera Maya. Lo bueno que tiene el Grand Palladium es que, como es de los hoteles que se encuentran más al sur, te recogen de los últimos y te devuelven de los primeros. A los compañeros de excursión que estaban en los hoteles cercanos a Playa del Carmen los habían recogido una hora, así que no me quejo.
Tours la Riviera Maya es una agencia excepcional. Nos tenían preparado un desayuno completo (dulce, salado y zumo) en cuanto subimos a la furgoneta, aguas a voluntad…el viaje hasta Chichén Itzá dura unas 3 horas que se pasaron rápido gracias a las explicaciones sobre la cultura maya de Andrés, nuestro guía.
Cuando llegamos eran las 8:30h porque a medio camino retrasamos el reloj una hora. Resulta que (no tenía ni idea) Cancún está en una zona horaria distinta a la del resto de México desde 2015 por motivos turísticos. En definitiva, el madrugón mereció totalmente la pena porque cuando llegamos apenas habían abierto el recinto arqueológico y pudimos disfrutar de todo sin aglomeraciones.
La “piramnide”, como la bautizó el terremoto, es sencillamente espectacular. Cuando la ves por primera vez te quedas sin palabras. Me alucina cómo, sin medios modernos, pudieron construirla. Y cuando te cuentan el “secretito” de las palmas y el Quetzal ya te quedas de pasta de boniato. Nuestra hija lo disfrutó mucho más de lo que pensábamos, porque esperábamos un desastre parecido al de Tulum. Nada que ver.

Cuando terminamos la visita tuvimos unos 30 minutos libres que aprovechamos para comprar souvenirs en los chiringuitos de los alrededores de la pirámide. Aconsejan (y es recomendable) regatear con los vendedores, están encantados. Algunos nos confesaron que con los españoles les gusta hacer negocios mientras que los “gringos” les inflan el precio.
La siguiente parada en nuestra excursión era Hacienda Maya, donde pudimos visitar Cenote Saamal y comer. El Cenote es precioso, una maravilla. Para mí fue el más bonito de todos y si tenéis ocasión, id a verlo. La pequeñaja, cómo no, en su salsa en el agua. Buceó con los peces que había allí y estuvo jugando un ratito.

En cuanto a la comida, estuvimos muy a gusto. Nos sentamos todo el grupo en la mesa y, como en esta ocasión éramos todos españoles no paramos de charlar. Eso sí, la hacienda era un decorado de teatro: entre los banderines y la música de Luis Miguel ¡parecía de mentira! Había bastante variedad en el bufé y la pequeñaja se animó a probar los tacos dorados de pollo. Estaba todo muy rico.

Después de comer tocaba volver a subir a la furgoneta y poner rumbo a Valladolid. Por lo que nos comentó nuestro guía Andrés, los turistas solo pueden permanecer durante 30 minutos en la ciudad, por lo que como mucho, te da tiempo a visitar la Catedral de San Servasio y dar una vuelta por alguna de las tiendas, poco más. Es una pena, porque de camino al centro tenía muy buena pinta y hubiera sido interesante experimentar un poco del México más auténtico.
Y como nuestra excursión era larga y muy variada, después de tomarnos un helado en Valladolid, subimos a nuestra furgo y nos dirigimos a Cenote Xcanhaltún. Por el camino, el cielo se había ido nublando y tenía muy mala pinta, pero al final casi nos salió bien que cayera una tormenta. Y es que este cenote es semicubierto, es decir, tiene un agujero en el centro. Así que mientras nos bañábamos (o dejábamos que los pececitos se comieran las pieles de los pies, como hizo nuestro terremoto) empezó a caer un tormentón y el agua se colaba por el agujero, dando la sensación de que eras el dios de la lluvia. Quedaron unas fotos espectaculares.
De camino, la propia agencia también nos ofreció un paquete de galletas saladas a modo de merienda. Finalmente, eran las 19h cuando llegábamos a nuestro hotel, cansados pero encantados con el día que habíamos vivido.
Debo hacer especial mención a Tours la Riviera Maya: si podéis, contratad todas vuestras excursiones con ellos. Son muy eficientes, puntuales, serios y nos cuidaron muchísimo. Andrés y Axel (el conductor) estuvieron pendientes de la peque, respondían a las preguntas que hacía…además del detalle del desayuno y la merienda, que no esperábamos. Las explicaciones de camino a Chichén Itzá y en el recinto estuvieron muy bien, fueron amenas y lo suficientemente detalladas para todos, de modo que lo disfrutamos muchísimo.