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MARRAKECH ✏️ Blogs de Marruecos

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MARRAKECH
Diario: MARRAKECH  -  Localización:  Marruecos  Marruecos
Descripción: ESTOS son los datos que de hilos y páginas www que recogimos
Autor: Atita   Fecha creación: 
 
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Índice del Diario: MARRAKECH
01: MARRAKECH



Etapa: MARRAKECH  -  Localización:  Marruecos Marruecos
Fecha creación: 10/03/2010 21:50  
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Marrakech2 (nombre original en bereber tamurt n Akkuc, Tierra de Dios; en árabe, مراكش Marrākuš, pronunciado coloquialmente Mrrākeš; en castellano antiguo: Marruecos, escrito en grafía francesa Marraquech) es una de las más importantes ciudades de Marruecos, cuenta con 1.545.541 habitantes y está al sur del país, al pie del Atlas, a 466 msnm de altura. Cuenta con numerosos monumentos patrimonio de la Humanidad, lo que la convierten en el principal atractivo turístico del país.
Es, junto a Meknes, Fez y Rabat, una de las cuatro ciudades imperiales de Marruecos.3 Fue fundada en 1062 por los almorávides y fue la capital del Imperio islámico. La ciudad posee el mercado tradicional (suq) más grande del país y una de las plazas más concurridas de África y del mundo, Djemaa el Fna.4 En la plaza se citan acróbatas, cuenta-cuentos, vendedores de agua, bailarines y músicos. Por la noche, la plaza se llena de puestos de comida, convirtiéndose en un gran restaurante al aire libre.
Toponimia
Coloquialmente esta ciudad es apodada Medina Al-Ham'rá es decir, en árabe, «La Ciudad Roja» por el color de sus edificaciones y las tonalidades predominantes en el entorno. También se la denomina extraoficialmente «Perla del Sur» y «Puerta del Sur». En cuanto al nombre Marrakesh o Marrākiš tiene una posible etimología Tamazight (Bereber) a partir de las palabras mur (n) akuch cuyo significado es Tierra de Dios. (La radical "mur" es aún usada en los lenguajes bereberes solo en la forma de género femenino o "tamurt"). Notar que la palabra "mur/mawr" puede estar asociada con los moros y con Mauritania, pero esta posible segunda sutil etimología se considera improbable actualmente.
Ha dado el nombre al país, Marruecos, que es una deformación del nombre de la ciudad.[cita requerida]
[Historia
Marrakech fue fundada en el siglo XI, en 1062, por la estirpe berebere de los almorávides a manos de Youssef Ibn Tachfin. La ciudad nació como avanzadilla, primero militar y luego comercial, para garantizar a la tribu la supremacía sobre una región de fundamental importancia estratégica, puesto que por la zona pasaban las rutas de caravanas hacia el África negra a través del Sahara. Desde su base de Marrakech, los almorávides consiguieron, hasta el siglo XI, ampliar su dominio sobre todo Marruecos. Desembarcaron en España, derrotaron a los cristianos y conquistaron así gran parte de la península Ibérica. Marrakech se convirtió en una gran capital amurallada con exuberantes jardines y magníficos palacios y mezquitas, de los cuales hoy por desgracia no queda nada, a excepción de la pequeña Koubba Ba’adiyn. El reino perduró hasta 1147, cuando los almohades –una federación rival de tribus bereberes provenientes de las montañas del Atlas- conquistaron la ciudad después de un largo asedio y la arrasaron, para después reconstruirla. La arquitectura almohade produjo grandes obras, como la Mezquita Kutubia y la mezquita Kasbah, la monumental Bab Agnau y los jardines de la Minara. Mientras, la ciudad se convertía en un faro de la cultura islámica, atrayendo célebres pensadores y literarios de todo el mundo árabe. Pero después de un siglo de dominio, también la luz almohade se apagó. Las tropas almohades fueron derrotadas en varias ocasiones en España y a su regreso a Marrakech, en 1248, el ejército cayó en una emboscada que le tendió una tribu del desierto, capitaneada por Banu-Merin, que prosiguió su marcha victoriosa hasta Fez, donde fundó una nueva dinastía, la de los benimerines. El último sultán almohade fue definitivamente derrotado en 1276, cuando los benimerines extendieron su dominio por todo el sur de Marruecos.
Marrakech volvió a ser capital tres siglos más tarde, cuando la tribu de los saudíes, proveniente del sur, destituyó a los benimerines y, en 1549, trasladó de nuevo la corte a la ciudad. Le siguió un período de gran crecimiento y esplendor, que hizo de Marrakech una de las ciudades más pobladas del mundo árabe, llena de espléndidos palacios, entre los que destaca el de Badi. Pero esta dinastía tampoco duró mucho en el poder y a principios del siglo XVII el país se sumió en una guerra civil, que no terminó hasta 1668, cuando un príncipe árabe, Moulay Rachid, subió al trono, de quien sus descendientes gobiernan el país todavía hoy. Marrakech perdió el título de capital y el sucesor de Rachid, Moulay Ismail, la trasladó a Meknés, expoliando el palacio Badi de todas sus riquezas. Cuando el monarca murió, el país se vio sumido en la anarquía durante más de un siglo, hasta salir de ella como un reino cada vez más débil.
Mientras, Marrakech inició sus primeros contactos y relaciones comerciales con Europa, en primer lugar con Gran Bretaña, que se multiplicaron a lo largo del siglo XIX. En aquella época fue cada vez mayor el interés de las grandes potencias europeas por adueñarse del norte de África. Así, el control de Marruecos se dividió entre Francia y España. El gobierno de los sultanes era cada vez más débil y finalmente aceptó la imposición oficial del gobierno colonial francés, formalizado con el Tratado de Fez de 1912. Pero enseguida estallaron motines y revueltas, sobre todo en Marrakech y en el sur. Para conseguir mantener el control, la administración francesa hizo un pacto con Thami el Glaoui, uno de los señores de la guerra que estaba al frente de las tribus de las montañas del Atlas, y en 1912 lo nombró señor de Marrakech, dándole carta blanca sobre la ciudad y el Marruecos Meridional. Thami el Glaoui se instaló en un palacio de la ciudad y desde allí gobernó con mano de hierro durante más de 40 años, hasta 1955. Déspota cruel, extravagante y amante de los excesos, era también un hombre perspicaz y brillante, que organizaba suntuosos banquetes para sus huéspedes y los cubría de generosos regalos. En los años treinta, la administración francesa construyó la ville nouvelle fuera de las murallas de la Medina, una verdadera ciudad con amplias avenidas arboladas, edificios modernos de estilo morisco, escuelas y hospitales, mientras la Medina se fue degradando poco a poco.
En los años treinta también se desarrolló el movimiento nacionalista que encontró su expresión política en el Partido de la Independencia. Después de la Segunda Guerra Mundial, el seguimiento del partido aumentó e incluso el sultán, Mohammed V, empezó a presionar por la independencia. Así, en 1953, los franceses lo exiliaron y lo sustituyeron por un gobierno fantoche, lo cual no sirvió más que para encender la chispa de la revolución, que en un primer momento intentaron apagar con el apoyo de Thami el Glaoui. Pero los franceses ya estaban haciendo frente a la sangrienta revuelta de Argelia y pronto suavizaron sus posiciones; en 1955 dejaron regresar al sultán. Mientras, a principios de 1956, Thami el Glaoui murió y Marrakech se liberó de su tirano. En marzo de 1956 Marruecos obtuvo la independencia.
Marrakech es hoy la ciudad internacional de Marruecos, con una comunidad de expat (extranjeros que viven permanentemente aquí) vasta y en continuo crecimiento. Los pioneros fueron los millonarios de los años veinte y treinta, seguidos por artistas e intelectuales de los años sesenta entre extravagancias y fiestas psicodélicas. Nació en aquellos años el mito del Marrakech exótico y bohémienne que arrastró a la generación sucesiva de extranjeros, que desembarcó en la ciudad a partir de los años ochenta. Algunos de ellos decidieron trasladarse a vivir a la Medina, recuperando antiguos edificios en plena decadencia. La población marroquí, en cambio, por lo menos la que se lo puede permitir, vive en el sueño de una casa "moderna" en la ville nouvelle. El fenómeno de los europeos en la Medina en un primer momento era algo esporádico, pero a mediados de los noventa estalló el boom, con la contribución determinante de un programa de la televisión francesa que explicaba cómo en Marrakech, con el dinero de un pisito en París, se podía comprar un "riad", un verdadero palacete, y vivir a lo grande. Y así fue como en pocos años en la ciudad nació el "pueblo del riad", una comunidad heterogénea que tiene en común las ganas de inventar un nuevo estilo de vida. Hoy tener casa en Marrakech es un sueño cada vez más practicado y caro. Los precios han subido, aunque siguen siendo inferiores a los de las grandes ciudades europeas y americanas. Y empiezan a aparecer las primeras contradirecciones, y aunque la Medina ha sidoLugares de interés
Como otras ciudades imperiales marroquíes, Marrakech está dividida fundamentalmente en dos partes: el centro con la gran Medina o ciudad vieja, rodeada de espectaculares bastiones de tierra roja, y, fuera de las murallas, la ville nouvelle o ciudad nueva, construida por los franceses en los años del dominio colonial y en continua expansión. La ciudad vieja y la nueva son entidades administrativas separadas, gobernadas en parte por reglas distintas: en la Medina el alcohol está prohibido y los edificios no pueden superar los tres pisos de altura. En cambio, sirve para toda Marrakech la regla según la cual el exterior de los edificios tiene que ser rojo-ocre, el color natural de la tierra local, usada tradicionalmente como material de construcción. De ahí su sobrenombre de "ciudad roja". La Medina de Marrakech está llena de antiguos palacios y mezquitas, que como es costumbre en Marruecos, no están abierta a los no musulmanes. Su lugar más emblemático es la gran plaza de Jamaa el Fna. Al oeste de los bastiones de la Medina se extiende la ville nouvelle, con los barrios de Guéliz e Hivernage; la arteria principal es la Avenue Mohammed V, una amplia avenida arbolada que desemboca junto a una de las puertas de la ciudad vieja. En dirección este, finalmente, se encuentra el barrio residencial de la Palmeraie, una zona semidesértica llena de palmeras que en los últimos años se ha llenado de edificios.
Zonas y barrios
• Medina: Es la ciudad vieja, protegida por un cordón de bastiones hechos de tierra roja que encierran un laberinto de callejuelas y palacios, mercados y mezquitas, cúpulas y miranetes. La Medina de Marrakech ha sido declarada como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en el año 1985, siendo actualmente uno de los lugares de visita obligada. Su corazón es la gran plaza Jamaa el Fna, al norte de la cual se abre el laberinto de los Suks (mercados tradicionales, a menudo descubiertos). Siguiendo hacia el norte se encuentran la mezquita y madrasa Ben Youssef y el Museo de Marrakech. Al sur de la plaza, en cambio, a lo largo de los siglos se han instalado los gobernantes de la ciudad. Hoy la zona está dominada por el Palacio Real, erigido sobre las ruinas de los precedentes palacios almohades, que ocupa una vastísima área rodeada de murallas (la llamada kasbah, que significa ciudadela fortificada) y no está abierto al público. Pero se puede visitar el palacio de la Bahía y de Dar Si Said, construidos en el siglo XIX por dos visires de los sultanes y las imponentes ruinas del gran palacio Badi.
• Guéliz: Es el núcleo principal de la ciudad nueva, construido por los franceses en los años treinta. El barrio es menos característico que la Medina, pero también animado. Aquí es donde se concentran los grandes hoteles internacionales y los restaurantes, las tiendas y los no muy numerosos locales nocturnos de la ciudad.
• Hivernage: Al sur de Guéliz y un poco al oeste de la Medina se encuentra este pequeño barrio residencial que alberga villas particulares y hoteles internacionales de cinco estrellas, así como el nuevo Teatro de la Ópera y el Palacio de Congresos.
• Palmeraie: Este vasto oasis de tierra pelada y palmeras se extiende al noreste de la Medina (más de 100.000 plantas se han regado durante siglos gracias a la ingeniosa red de tuberías subterráneas de barro seco que data del siglo XII). Es la última frontera de los millonarios de Marrakech, marroquíes y extranjeros, que se han construido residencias de lujo, con jardines exuberantes y a menudo circundadas de altos muros para proteger la privacidad de los residentes y sus huéspedes. Algunas son hoteles de lujo, como el Hotel Jnane Tamsna, una distinguida infraestructura en estilo ecléctico que hospeda a las estrellas de Hollywood que pasan por la ciudad, o Les Deux Tour, proyectado por el arquitecto más famoso de la ciudad, Charles Boccarà. Es una especie de Beverly Hills a la marroquí, donde se rige la norma del total respeto por las palmeras de modo que ninguna construcción puede dañar o interferir en el crecimiento de las palmeras.
• Mellah: Es el antiguo barrio judío de la ciudad, que da a la muralla exterior del palacio Badi, en la zona sur de la Medina. En él hay una sinagoga y un gran cementerio, además de un mercado cubierto. Algunas de las casas del barrio tienen balcones que dan a la calle, una peculiaridad de los judíos de Marrakech. Su nombre, Meliah, un apelativo común a todos los barrios judíos de las ciudades marroquíes, significa "lugar de la sal", lo cual se remonta a la época del monopolio que los mercaderes judíos tenían del comercio de la sal que se extraía de las montañas del Atlas y que se utilizaba para conservar los alimentos. La comunidad judía de Marrakech tiene un origen muy antiguo. A principios del siglo XX contaba con unos 40.000 miembros, pero después de la Segunda Guerra Mundial, durante la cual el rey Mohammed V rechazó aplicar las leyes antisemitas promulgadas por el gobierno francés colaboracionista de Vichy, la mayoría emigró a Francia, Estados Unidos o Israel o se trasladó a Casablanca. Actualmente quedan sólo algunos centenares de personas.
Plazas, calles y suks


Plaza Jamaa el Fna.
• Plaza Jamaa el Fna: Esta gran plaza de forma irregular (hoy pavimentada, pero hasta hace poco de tierra batida roja) es el corazón de la Medina, desde donde salen en todas direcciones una densa red de callejuelas. Tranquila y somnolienta por la mañana, al pasar las horas se va llenando de vendedores ambulantes de todo tipo y mujeres que pintan las manos y pies con henna; también hacen su aparición los vendedores de agua, los vendedores de quincalla o de dentaduras y pociones afrodisíacas. Pero el momento culminante es al anochecer, cuando se convierte en un enorme escenario al aire libre, donde una multitud de espectadores de todas las edades pasea y rodea a los malabaristas, músicos, faquires, encantadores de serpientes y juglares. Y en el centro de la plaza se instalan decenas de tenderetes-restaurante que sirven pinchos y otros platos tradicionales cocinados en el acto. Es un espectáculo de sonidos, olores y colores del que se puede disfrutar sentado en uno de los muchos cafés que hay en la plaza, pero lo mejor es mezclarse con la gente e ir de corro en corro, dejándose llevar por las sensaciones del momento.
• Avenue Mouassine: Es la calle más refinada de la Medina. Detrás de las paredes desnudas de ladrillos o arcilla roja se esconden un número creciente de tiendas de moda y galerías, como Dar Cherifa y el Ministerio del Gusto, así como refinados riads.
• Avenue Mohammed V: Esta amplia avenida arbolada es la arteria más importante de Guéliz, el barrio principal de la ciudad nueva, en la que se encuentran los edificios modernos de oficinas, bancos, tiendas, restaurantes y cafés con terrazas. Su punto más destacado, alrededor del cruce con la calle de la Liberté, es el Mercado Central, allí donde la gente del lugar compra comida, flores y productos de menaje para la casa. El tramo más céntrico de la avenida entra a la Medina a través del Bab Nkob y termina a los pies del minarete de la Koutoubia.
• Los suks: El barrio de los suks (mercados o zocos) se halla junto a la parte norte de la plaza Djemaa el Fna. Las dos calles principales son Rue Semarine y Rue Mouassine; la primera es una sucesión ininterrumpida de pequeños bazares, mientras que la segunda es más tranquila y cuenta con un número creciente de lugares de calidad. Cada sección del suk lleva el nombre del principal tipo de mercancías que ofrece (vestidos, especias, pieles, babuchas, alfombras, lana, madera, vajillas, etc.) o de los talleres de los artesanos (tintoreros, carpinteros, herreros, etc.). El suk de las alfombras ocupa el área del viejo mercado de los esclavos, el criée berbère. Al nordeste de los suks está el barrio de los curtidores, que se extiende a lo largo de la calle Bab Debbagh, llamada así debido a que desemboca en la puerta que lleva ese mismo nombre
declarada por la Unesco Patrimonio de la Humanidad no existen todavía normativas rígidas para conservar el patrimonio histórico y arquitectónico.



Puntos de interés
Hay ciertas visitas que no podéis perdernos:


Plaza de Jamaa el Fna
La Plaza de Jamaa el Fna es el lugar más importante de la ciudad, siendo el centro de la vida pública de los habitantes de Marrakech. La Plaza de Jamaa el Fna ( en árabe: جامع الفناء yâmiʻ al-fanâʼ ) es la principal plaza y el más famoso lugar de la ciudad marroquí de Marrakech. Se levanta a escasos metros de la Mezquita Kutubia, por lo que queda dominada por su alminar. Rodeando la plaza hay también varias mezquitas, más modestas, que acompañan a la Kutubia.


Plaza Jamaa el Fna, vista general.
Hay varias hipótesis sobre el nombre de la plaza; según algunos[significa "asamblea de la aniquilación", ya que era el lugar donde se ajusticiaba a los que delinquían; también se sugiere[que "asamblea" o "reunión" es una referencia macabra al hecho de que se exhibían las cabezas cortadas de los ajusticiados rodeando la plaza, como si estuvieran celebrando una reunión. Otras teorías señalan que, puesto que la palabra yâmiʻ también tiene el significado de mezquita (aljama o mezquita mayor), podría significar "lugar de la mezquita destruida", en referencia a la mezquita almorávide que debió de alzarse allí.


Plaza Jamaa el Fna, vista parcial.
La plaza es de grandes dimensiones y está rodeada por todos los lados, menos por uno, por la medina repleta de zocos clasificados por su actividad principal. En los bordes de la plaza se han establecido un buen número de cafés, como el café Francia, y restaurantes de todas las categorías, que abren sus terrazas hacia el espectáculo que se forma en esta monumental escena.
Todo en Marrakech gira en torno a Jamaa el Fna. Miles de personas se dan cita en este espacio público llenándolo de color, cultura y negocio. Contadores de cuentos, maestros exponiendo sus enseñanzas, encantadores de serpientes, danzantes, dentistas, vendedores de zumos de fruta, acróbatas, escritores de cartas, aguadores... un infinito número de actividades y personas que se juntan y van abarrotando la plaza y sus callejeas adyacentes según va llegando la noche.
Los puestos de comida especializados, cada cual en su hacer, inundan con la noche una parte de la plaza, que queda iluminada por cientos de lucecitas e inundada de humo con multitud de olores.
En el año 2001 la Unesco nombró a Jamaa el Fna Patrimonio Oral de la Humanidad. Dijo el compositor y escritor norteamericano Paul Bowles que “sin la plaza Jemâa el Fna, Marrakech sería una ciudad como las demás”. Pero no lo es, no es una ciudad como las demás. La plaza, además de ser el centro geográfico, social, cultural, económico y emocional de la ciudad, es un lugar absolutamente único en el mundo. Su atmósfera vibrante y heterogénea, la idiosincrasia de sus espectáculos y su miscelánea cultural, étnica y social dejan una huella imborrable en cada uno de sus visitantes.

La plaza Jemaa el Fna, que data del siglo XI, es la principal plaza de Marrakech y el lugar más famoso de la Ciudad Ocre. Se encuentra a pocos metros del minarete de la Koutoubia, construida por los almohades en el siglo XII y que sirvió de modelo a la Giralda de Sevilla, y cada año acoge a más de un millón de turistas, además de los incontables y permanentes asistentes marraquechís.
Existen varias hipótesis sobre el nombre de la plaza. La palabra “djemaa” significa “mezquita” en árabe, pero se refiere también a cualquier lugar de asamblea y congregación. Sin embargo, el término “fna” resulta un tanto más misterioso, pues remite a la idea de la nada y la muerte. En este sentido, las dos principales teorías filológicas apuntan a dos posibles traducciones: la primera se referiría a una mezquita almorávide ahora desaparecida y significaría “lugar de la mezquita destruida”; la otra, bastante más macabra, se traduciría por “asamblea de los muertos”, en referencia a las ejecuciones capitales y las cabezas cortadas que se exhibían allí.
Jemaa el Fna es una de las plazas públicas más grandes y animadas del mundo, además de ser, como apunta el escritor Juan Goytisolo en su artículo Las mil y una noches de Xemáa el fna, “el único lugar del planeta en el que todos los días del año músicos, cuentistas, bailarines, juglares y bardos actúan ante un gentío numeroso y que sin cesar se renueva”.
Las distracciones en la plaza son innumerables y curiosas e incluyen, entre muchos otros, encantadores de serpientes, tatuadoras de henna, contadores de historias, adivinos, escribanos, bailarines travestidos, acróbatas, marabouts o maestros espirituales exponiendo sus enseñanzas, dentistas ambulantes, aguadores, domadores de monos de Berbería, músicos de todo tipo, atracciones de feria, magos y comerciantes de pócimas tradicionales.
Además del constante y variopinto entretenimiento, la plaza está repleta de puestos de comida que proliferan al caer la tarde y está rodeada de numerosos cafés y restaurantes. Junto a la plaza se abre el zoco más grande de todo Marruecos, organizado según los nombres de los diversos oficios y artesanías o productos que se ofrecen: especias, joyería, hierro forjado, cosméticos, alfombras, etc.
Jemaa el Fna ha sufrido innumerables agresiones a lo largo de su historia y su tamaño original ha sido reducido gradual y considerablemente. Los primeros esfuerzos por conservar la plaza datan ya de 1922, en el que un dahir o decreto real establecía que la plaza era un lugar a proteger de las codicias urbanísticas. Pero la plaza siguió padeciendo agresiones de cemento, hasta que, gracias al intenso esfuerzo del escritor Juan Goytisolo por conservar su herencia cultural, amenazada por la especulación inmobiliaria o, según su propio término, las fuerzas “industrigantes”, fue considerada en el año 2001 por la UNESCO como primer Patrimonio Oral e Inmaterial de la Humanidad.
Curiosidades [
• Alfred Hitchcock rodó en Jamaa el Fna escenas de la película El hombre que sabía demasiado.
• Esther Freud describió la plaza en los años 70 del siglo XX en su novela Hideous Kinky



El zoco
El zoco de Marrakech es el lugar donde los marroquíes hacen sus compras y donde los tenderos intentan hacer negocio con los turistas.
Hoy, como desde hace cientos de años, el zoco de Marrakech sigue siendo un importante centro comercial y artesanal

Los zocos, llamados bazares en oriente y simplemente mercados o mercadillos en occidente, son una constante en las ciudades árabes; desde tiempos remotos fueron el lugar de encuentro de las caravanas que viajaban por el desierto para comerciar, concluir negocios, encontrarse con otras tribus, beber té con amigos o incluso arreglar bodas.
El zoco de Marrakech es el mercado más grande de todo el Maghreb y se puede acceder a él directamente desde la Plaza Djemaa el Fna. Inmediatamente se percibe el bullicio y la animación en las callejuelas laberínticas, algunas cubiertas por lamas de madera para protegerse del sol, donde comerciantes y artesanos intentan cada día hacer su negocio con locales y turistas.


Un poco de historia

El metal trabajado en cientos de objetos diferentes
La palabra zoco, souk en árabe, designa 'un gran desorden' y podriamos pensar que el término es más que acertado para definir esta zona tan efervescente y ruidosa donde nada parece seguir ninguna regla. Sin embargo, los zocos fueron desde siempre mercados muy ordenados que respondían a una organización social y geográfica de diferentes corporaciones de artesanos, vigente aún hoy después de más de ocho siglos de existencia.

Fueron primero los tejedores y los curtidores de cueros quienes se instalaron y poco a poco se fueron agregando otras actividades, cada una estableciéndose en una zona bien delimitada para desarrollar su actividad.
Cada corporación tenía sus reglas y jerarquías profesionales bien precisas; en general, existía una escala jerárquica en la cual el aprendiz estaba en el nivel más bajo durante un cierto tiempo (a veces años) para aprender el oficio. Cuando era capaz de realizar una pieza por sí mismo era juzgado por sus maestros o maalems y si era aprobado podía instalarse y comerciar como los demás artesanos. Los maalems eran, entonces, los que transmitían los secretos de la profesión, y eran liderados por el amine, elegido de entre ellos para resolver conflictos entre artesanos o entre maestros y aprendices.

Las incomparables olivas de Marrakech, verdes, negras, rosa...
La ubicación de cada actividad dependía del valor de la mercancía y de la incomodidad que significara para los vecinos. Así, el zoco de los curtidores de cueros (con sus técnicas ancestrales de tratamiento de las pieles), el taller de los alfareros y el mercado de camellos fueron ubicados al exterior de la medina.
Los alimentos, por ser productos económicos y perecederos, ocupaban las zonas de la periferia: se podían encontrar olivas, huevos, aves, carnes rojas, dátiles... También los ligados a las actividades rurales, como los que confeccionaban riendas y sillas de montar para los caballos. Próximo estaba el zoco de los carpinteros, cuyos talleres invadían prácticamente la calle.

La zona central del gran zoco se reservaba a los artículos más costosos y delicados: las telas de seda, las especias y joyas de oro, así como los productos para el cuidado personal y el arte del tatuaje con henna (un arbusto espinoso que produce una tintura utilizada para tatuar o teñir el cabello).

Cerámicas y de todo un poco...
El zoco hoy
En la actualidad, pese a la degradación causada por la invasión de la cultura occidental y los productos made in china, el zoco congrega alrededor de 2600 artesanos y 40 corporaciones que aún mantienen vivo el arte tradicional marroquí, confiriendo un encanto especial al mercado más grande del norte africano.

La variedad de artículos que se puede encontrar abarca casi todo lo imaginable: vestimentas, joyas, tapices, babuchas, objetos de tierra cocida, madera, metálicos o de cuero, especias, frutos secos, carnes y otros alimentos, hierbas medicinales... la lista sería interminable.
Negociar antes de comprar, además de ser toda una tradición comercial árabe, en este caso resulta además indispensable ya que los precios suelen ser bastante elevados; si el comerciante ve real interés en el producto convidará al cliente con un té de menta y apreciará hacer un buen negocio, pero se sentirá ofendido si sólo se busca regatear por diversión.
El zoco es un placer para disfrutar con todos los sentidos y la mente abierta. Sólo hay que dejarse llevar por las callejuelas y dejar que ese pequeño gran mundo de olores, sabores y sonidos nos invadan y sumerjan en una forma de vida que es, seguramente, muy diferente a la que estamos acostumbrados.
Un letrero en varios idiomas indica que las ventas de tapices se realizan "aux encheres", es decir, por subasta



Mezquita Koutoubia
La Mezquita Koutoubia es la mezquita más importante de Marrakech y fue una de las más importantes del mundo cuando se construyó. Su minarete de 70 metros de altura es visible aún
a varios kilómetros de la ciudad y forma parte
de la postal de Marrakech
La Mezquita de Koutoubia o Kutubia es uno de los sitios más visitados de Marrakech y el edificio más representativo del arte almohade en la ciudad. Como en la mayoría de las mezquitas, la entrada está prohibida a los no musulmanes; no obstante nada impide que cada año miles de turistas fotografíen su bello minarete o que descansen en los jardines que la rodean.
Ubicada en una posición ideal, la Koutoubia está muy próxima a la concurrida plaza Djemaa el Fna y los bulliciosos zocos. Por otro lado, la Avenida Mohammed V parte justo frente a la mezquita y lleva directamente a Gueliz, la Ciudad Nueva.

Construida en el siglo XII durante el reinado del sultán Abd Al-Mumin, perteneciente a la dinastía almohade, pronto se instalaron a su alrededor numerosos mercaderes de manuscritos, por lo cual la mezquita tomó el nombre de Kutubia, que significa mezquita de los libreros (kutub: libro en árabe).

La mezquita original data, en realidad, de los tiempos de la dinastía berber de los almorávides, allá por el año 1120, pero fueron los almohades quienes realizaron cambios significativos en el estilo que le imprimieron el aspecto que perduró hasta nuestros días.
Los almohades quisieron una mezquita que destacara por su sobriedad y sus líneas sencillas. Respondiendo a la forma tradicional, la planta de la Koutoubia tiene forma de "T", extendiéndose sobre un rectángulo de 60 metros de largo por 90 metros de ancho. El minarete cuadrangular es un elemento característico en la arquitectura musulmana occidental y fue agregado más tarde, alrededor del año 1196.


De medidas bien proporcionadas, 12,8 metros de lado y una altura total de 77 metros, el minarete tiene una decoración diferente en cada cara, combinando adornos florales y epigráficos con entrelazados en relieve, que intercalan pinturas, bandas de azulejos y arcadas. Aunque bastante afectado por el paso del tiempo, el minarete aún es dueño de una sobria belleza.
En el interior, seis salas superpuestas son conectadas por una rampa que permite acceder al balcón, tarea realizada por el muecín (persona seleccionada en la mezquita para convocar a la población para la oración gritando desde lo alto) cinco veces cada día (adhan) y todos los viernes.

En lo alto, el minarete remata con cuatro bolas doradas, superpuestas y de tamaño decreciente, la más grande de 2 metros de diámetro. Las leyendas cuentan que originalmente estas bolas eran tres, representando los mundos terrestre, celestial y espiritual. La cuarta habría sido una donación de una de las esposas del sultán Yaqub el-Mansur, quien habría fundido sus joyas de oro para realizarla como penitencia por haber roto el ayuno del Ramadán comiendo tres uvas...

Por su arquitectura y sobriedad en la decoración, la Kutubia ha sido tomada como modelo para la construcción de la torre Hassan en Rabat y la Giralda de Sevilla.

Dirección: Medina de Marrakech

Medersa ben Youssef
La Medersa ben Youssef es la mayor y más importante madraza de todo Marruecos, en ella llegaron a estudiar hasta 900 estudiantes. Medersa y Mezquita Ali Ben Youssef Situada junto a la mezquita más antigua de Marrakech, la medersa llegó a ser la escuela coránica más grande de Marruecos y la más afamada de todo el Magreb

La mezquita Ben Youssef es la más antigua de Marrakech y en torno a ella se organizó la medina. Fue construida en el siglo XII en honor a Sidi Ben Youssef Ali, un teólogo sabio proclamado con el tiempo uno de los Siete Santos patronos de la ciudad por su ejemplo de fe inquebrantable pese a estar muy enfermo de lepra.
La mezquita sufrió numerosas restauraciones con el curso del tiempo, por lo cual nada queda de la construcción original. Su minarete de piedra de 40 metros de altura domina en este sector de la medina.

Situada junto a la mezquita, la medersa Ben Youssef es uno de los monumentos más prestigiosos de Marrakech y una verdadera joya de la arquitectura árabo-andalusí. Edificada en la segunda mitad del siglo XVI sobre una antigua escuela creada en el siglo XIV, será hasta mediados del siglo XX centro de difusión del saber y luego patrimonio cultural abierto al público.

Sobre el dintel de la puerta de entrada puede leerse una inscripción que dice: "He sido edificada para las ciencias y la oración por el Príncipe de los Creyentes, descendiente de los profetas, Abdellah, el más glorioso de los Califas. Ora por él, tú que cruzas mi puerta, a fin de que sus esperanzas más altas sean concedidas." Esta frase y la inscripción del año de finalización - 1565 - permiten atribuir la construcción de la medersa al sultán saadí Abdellah El Ghalib.

El imponente patio de la medersa con la fuente central

Diversas obras tendientes a realzar la imagen de la ciudad, entonces capital del imperio, tales como embellecimiento de calles y parques, reorganización completa de algunos barrios, provisión de agua a fuentes, mezquitas y jardines, fueron el marco en el cual el sultán quiso también dotar a Marrakech de un edificio dedicado a la teología y a la difusión de las ciencias. El nombre escogido fue un homenaje a Ali Ben Youssef, hijo y sucesor del fundador de Marrakech, Youssef Ibn Tachfin. La medersa, que alcanza los 1680 metros cuadrados, es uno de los más bellos edificios de la época saadí: de planta casi cuadrada, muros robustos y espacios armoniosos, los materiales utilizados -mosaicos, mármol, yeso y madera tallada sabiamente combinados- aportan su nota de belleza sobria y refinada a la vez.
La entrada se encuentra junto al muro este de la mezquita, cubierta por una gran cúpula adornada de estalactitas esculpidas en yeso. Una imponente puerta de cedro da paso a un largo vestíbulo que remata en el fondo con un espacio cuadrangular, coronado por una alta cúpula con cielorraso de madera, cubierta por fuera de tejas esmaltadas en verde.

A la derecha se extiende un gran patio con piso de mármol blanco, cuya fuente central aporta la cuota de serenidad necesaria a un espacio creado para el estudio y la meditación. Al otro lado del patio se encuentra la sala de oración, con sus columnas de mármol de Carrara y una cúpula similar a la del vestíbulo, aunque más grande.
A un lado y otro del patio, en la planta baja y el primer piso, se distribuyen las 132 habitaciones que fueran ocupadas por los estudiantes. La popularidad de la escuela fue tal que en sus mejores tiempos llegó a albergar 900 alumnos!

Dirección: Plaza Ben Youssef - Medina de Marrakech

Horarios de visita: Abierto todos los días de 9 a 18 hs.
Precio de la entrada: 10 Dirhams (1 Euro = 5,03 dirhams.)


Tumbas Saadíes
Las Tumbas Saadíes son uno de los lugares más visitados de Marrakech. Es un pequeño cementerio donde está enterrada la Dinastía Saadí. Las tumbas saadíes


Rodeados por un apacible jardín, los ricamente adornados mausoleos saadíes guardan los restos de importantes sultanes marroquíesTumbas Saadíes: Las tumbas sagradas de los sultanes se encuentran junto al muro meridional de la mezquita Kasbah, junto al Palacio Real, en la zona de la Medina. Durante siglos han representado un secreto bien guardado, que los occidentales desconocían totalmente. En los años veinte algunos oficiales franceses se dieron cuenta de que había algunos tejados verdes que sobresalían de los barrios más pobres. Indagaron entre la gente del lugar, obteniendo siempre evasivas, pero uno de ellos perseveró en su investigación hasta descubrir una callejuela escondida que llevaba a una minúscula puerta en arco. Una vez pasado su umbral, entró en un jardín y vio las tumbas que hasta entonces se habían mantenido escondidas a los infieles. Hoy las tumbas saadíes son uno de los lugares más visitado de la ciudad, pero para acceder a ellas se tiene que hacer todavía el mismo recorrido tortuoso. Muchas tumbas están decoradas con mosaicos variopintos. Las más monumentales son las de los pabellones construidos durante el reinado de Ahmed el Mansour, en la segunda mitad del siglo XVI. A poca distancia de las tumbas está Bab Agnau, la puerta que marca el acceso a la Kasbah (área fortificada en el interior de la Medina, en la cual se encuentra el Palacio Real). Es una de las puertas más bonitas de la ciudad, realizada en el siglo XII en piedra y no en ladrillos de tierra como el resto. Al otro lado de la calle se encuentra la puerta Er Rob, invadida por coloridas tiendas de lozas.

Asesinatos y traiciones salpicaron la agitada historia de la dinastía saadí. Sin embargo, el bello jardín que guarda esta necrópolis real, disimulado detras de altos muros, es un verdadero remanso.

Situado junto a la mezquita de la Kasbah, fue redescubierto en 1917 por el servicio de Bellas Artes y Monumentos Históricos, cuyos intensos trabajos de restauración permiten apreciar hoy la magnificencia de este cementerio real, único testimonio del refinamiento y el poder de la dinastía saadí, que reinó en Marrakech entre 1524 y 1659, la llamada "Edad de Oro".

La Mezquita de la Kasbah, único acceso durante siglos a la necrópolis real
Cuando el sultán alauita Moulay Ismail (1672-1727) llegó al poder decidió borrar toda huella de la magnificencia saadí ordenando la destrucción de todas sus edificaciones. De ello da cuenta, por ejemplo, el Palacio Badi. Sin embargo, por temor a cometer sacrilegio, no quiso destruir los mausoleos y ordenó cerrar el jardín-cementerio con una gran muralla. El lugar era accesible por una única puerta desde la mezquita, la cual a su vez sólo admitía el ingreso a musulmanes, y entonces permaneció así oculto hasta 1917.

Aunque el lugar ya era utilizado como cementerio desde el siglo XIV, su esplendor se remonta al siglo XVI, cuando tras la muerte de Mohamed Cheikh en 1557, su hijo Ahmed El Mansour, conocido como "El dorado", mandó construir un mausoleo sobre su tumba. El mausoleo, de forma cuadrangular, fue llamado posteriormente "qubba de Lalla Masaouda", el nombre de su madre, quien fue también inhumada allí. Más tarde, la tumba fue embellecida y ampliada con una pequeña capilla, una gran sala y dos logias.

El segundo mausoleo es el más impactante por el cuidado y la belleza de la decoración.
De las tres salas que componen este mausoleo, sin duda las más atractiva es la llamada Sala de las doce columnas. Ocupando una posición central, consiste en una gran sala cuadrada que guarda la tumba de Ahmed El Mansour y sus dos sucesores -hijo y nieto-. Está coronada por una gran cúpula central que apoya en doce columnas de mármol de Carrara, rodeada por galerías cubiertas por cúpulas más pequeñas. Destacan los cielorrasos, finamente tallados en madera de cedro dorado.
Las paredes fueron cubiertas con azulejos esmaltados hasta dos metros del suelo y para el remate se utilizaron frisos con frases coránicas. Por encima de los frisos los muros están totalmente cubiertos de estucos imitando el dibujo del nido de abeja. En el piso abundan las lápidas de mármol adornadas con inscripciones y arabescos, algunas con frases poéticas que recuerdan las virtudes del difunto.

Una segunda sala alberga el mihrab (pequeño nicho que en las mezquitas indica el lugar adonde deben mirar los fieles para orar, es decir, en dirección a la Meca). Cuatro columnas de mármol blanco dividen el mihrab en tres naves y una gran claraboya provee de iluminación. Esta sala, que servía de mezquita, sólo guarda las tumbas alauitas, en particular la del sultán Moulay Yazid, muerto en 1792.

La tercera sala, llamada Sala de los Tres Nichos, está también profusamente adornada con mosaicos y estucos y guarda las tumbas de los príncipes saadies que murieron siendo pequeños y las mujeres y concubinas de los príncipes.

Dirección: Calle de la Kasbah - Medina de Marrakech
Precio de la entrada: 10 Dirhams (1 Euro = 5,03 dirhams.)



Jardines de Menara
Los Jardines de Menara han acompañado a la ciudad desde tiempos históricos y es uno de los lugares más visitados de la ciudad. Jardín de la Menara El Pabellón de la Menara, con sus olivares y el imponente Atlas de fondo, es uno de los sitios más visitados y fotografiados de Marrakech

El Jardín de la Menara es un vasto parque situado junto a la zona de Hivernage, al sudoeste de Marrakech y prácticamente a los pies del imponente Atlas. Desde la medina, saliendo por la puerta Bab el Jedid y tomando la Avenida de la Menara, en menos de una hora caminando se llega directamente al parque. Claro que también se puede ir en taxi, o más agradable, en calesa.

Este apacible jardín es especial para pasearse al atardecer luego de un día agitado en la ciudad, y su encanto principal se encuentra en la zona central, en torno a un enorme estanque artificial, junto al que se encuentra una armoniosa construcción, el Pabellón de la Menara.

El gran estanque, de 200 por 150 metros, fue creado en tiempos de los almohades, allá por el siglo XII, quienes diseñaron todo un sistema de canalizaciones subterráneas para traer el agua de deshielo del Atlas y así poder regar los olivares y los huertos circundantes. El sistema es utilizado aún hoy, luego de casi 9 siglos, aunque cada tanto es necesario vaciar el estanque para efectuar mantenimientos. El estanque está poblado por infinidad de carpas esperando ser alimentadas por los turistas.

El elegante pabellón o minzah (que significa hermosa vista), uno de los monumentos más fotografiados de Marrakech, no es tan antiguo; aunque se cree que fueron los saadíes quienes construyeron un primer pabellón en el siglo XVI, el actual, de techo piramidal cubierto de tejas verdes, data de 1870.

El encanto de los Jardines de la Menara varía según las estaciones; en invierno y primavera, las cumbres nevadas del Atlas parecen aún más cercanas, mientras que de octubre a enero se puede observar la recolección de las olivas verdes, rosas y negras. En verano, cuando la ciudad es un verdadero horno, la Menara ofrece un espacio de frescura y tranquilidad para descansar o disfrutar de un pic-nic.

Las leyendas cuentan que estos jardines eran utilizados por los sultanes para sus citas amorosas. Se cuenta también que uno de ellos, luego de haber pasado la noche con su ocasional conquista, al salir el sol la arrojaba al estanque...

Dirección: Avenida de la Menara

Horarios de visita: Abierto todos los días de 8.30 a 18 hs. Entrada gratuita



Jardines Majorelle
Los Jardines Majorelle, aunque menos conocidos, son una visita mucho más bonita y colorida que la de Menara. Villa y Jardin Majorelle

Esta casa plena de color con su pequeño y extravagante jardín fue concebida por un enamorado de Marruecos:
el artista francés Jacques Majorelle
Nacido en Nancy, Francia, en 1886, Jacques era hijo del famoso ebanista Louis Majorelle. El pequeño Jacques acompañaba siempre a su padre al taller y estuvo desde siempre influenciado por la corriente de la célebre Escuela de Nancy. Siendo joven se inscribió en la Escuela de Bellas Artes de Nancy para aprender arquitectura y decoración, actividad que abandonó para ir a París y dedicarse a la pintura.

Amante del descubrimiento de nuevas culturas, luego de uno de sus viajes comenzó su pasión por Africa, sus costumbres y colores.
En 1917 decidió instalarse definitivamente en Marrakech mientras realizaba exposiciones de sus pinturas sobre Africa, absolutamente subyugado por la luz, los colores, los lugares... Quería testimoniar con sus pinturas la autenticidad de los habitantes de la ciudad, su vida cotidiana, los mercados, los zocos, describir esa actividad incesante que lo encantaba. A partir de 1921 comenzó sus excursiones al Atlas, siendo sus incontables pinturas de las kasbahs las más reputadas.
Paulatinamente se convirtió en uno de los personajes más destacados de la ciudad, mientras que en Paris lo llamaban el "pintor de Marrakech".

Sintiendo cada vez más a la ciudad como su lugar, en 1923 decidió construir una casa imponente en estilo morisco, la villa, diseñando él mismo los motivos de los zelliges, esos azulejos típicamente marroquíes que cubren las paredes, y utilizando pinturas en colores vivos: verde, rojo y un azul que luego sería conocido como azul majorelle. Los mismos colores fueron utilizados en el interior, cuya decoración hace evidente referencia al arte tradicional marroquí. Delante de la villa se extendía un gran estanque.

Alrededor de la casa, el artista concibió un jardín como un inmenso oasis de verdor, pleno de especies exóticas que crecían en las cuatro hectáreas zurcadas por senderos y salpicadas por once fuentes extravagantes. El jardín se enriqueció con especies provenientes de los cinco continentes: 1800 variedades de cactus, flores tropicales, bananeros, bambúes, plantas acuáticas, hongos gigantes y 400 variedades de palmeras.

En 1931, opuesto a la villa morisca, Jacques confió al arquitecto Paul Sinoir la construcción de un taller de estilo moderno donde retirarse para trabajar. Decidido a crear un arte decorativo nuevo inspirándose en la tradición, realizado a partir de productos regionales y con mano de obra local, su taller prosperó rápidamente produciendo marroquinería fina, objetos artísticos de cuero, muebles de madera pintada... Allí produjo también los articulos que decoraban su propia casa y que presentó en la Exposición de Artes Decorativas en 1925, así como los creados para decorar el famoso Hotel la Mamounia de Marrakech, donde pintó también los cielorrasos del comedor.

En 1955, la villa familiar, rodeada de una hectárea de su parque, fue separada del resto de la propiedad y el jardín exótico de tres hectáreas que rodeaba el taller fue abierto al público. Con el tiempo, ese vasto espacio fue fraccionado y algunas partes fueron vendidas.
Jacques Majorelle falleció en Paris en 1962, adonde fue repatriado luego de una fractura de fémur. El jardín siguió abierto al público y sufrió un gran deterioro.

Dos admiradores de la obra de Majorelle, el diseñador de modas Yves Saint Laurent y Pierre Bergé, decidieron comprar la villa y los jardines en 1980, salvándolos así de las especulaciones inmobiliarias que atacan constantemente el patrimonio de los jardines de Marrakech. Ambos se ocuparon de su restauración y decideron mantener abierto al público el acceso a una parte de los jardines, mientras que en el antiguo taller fue organizado un pequeño museo de arte islámico, donde exponen objetos de sus colecciones personales: cerámicas, vasijas, armas y joyas, así como textiles, alfombras, objetos de madera tallada y otros tesoros provenientes del Maghreb, Asia y Africa. Un espacio fue reservado también a las obras del creador del maravilloso espacio, Jacques Majorelle.

Dirección: Avenida Yacoub el Mansur - Gueliz - Marrakech

Sitio oficial del Jardin Majorelle | Horarios de visita y precio de la entrada
Ouvert tous les jours de l'année

Du 1er Octobre Au 30 Avril
8h à 17h30

Du 1 Mai au 30 Septembre
8h à 18h

Mois de Ramadan
9h à 17h

Tarifs d'entrée
au jardin Majorelle au musée d'art Islamique
Public : 30dh (3€) Public : 15 dh (1.5€)
La Medina de Marrakech Rodeada por una extensa muralla, la medina es el centro histórico y turístico de Marrakech, donde se concentran sus principales atractivos
Las murallas al atardecer con las cumbres del Atlas al fondo
Con la palabra medina se designa en los paises de influencia árabe a la parte más antigua de una ciudad, aunque hasta la aparición de los barrios modernos en la periferia la medina constituía la ciudad en sí misma.
La medina de Marrakech fue en sus orígenes campamento militar y mercado. En el siglo XII fue necesaria la construcción de una Kasbah (fortificación amurallada) para defenderse de ataques externos. El trazado de la muralla fue modificado y ampliado varias veces por las sucesivas dinastías gobernantes hasta el definitivo que vemos actualmente.
La medina de Marrakech es la más extensa de todo Marruecos, con sus 600 hectáreas, y la muralla que la rodea mide 19 kilómetros de longitud, entre 8 y 10 metros de altura y un espesor que varía entre 1,60 y 2 metros. Por ser la piedra muy escasa en la región, se utilizó una especie de arcilla rojiza que el sol hace variar en tonalidades según el momento del día y que le dio a Marrakech su apodo de Ciudad Roja.

En sus orígenes la medina amurallada, respondiendo a su función defensiva, no contaba con la cantidad de puertas (bab) que vemos hoy y que la conectan a la Ciudad Nueva. Entre las más antiguas se encuentran dos bellos ejemplos de arquitectura almohade que resistieron el paso de los siglos: Bab er Robb y Bab Agnaou; ésta última forma parte de los restos de la antigua Kasbah. Otras puertas que destacan por su monumentalidad son Bab Doukala, Bab Aghmat y Bab Aylen. Algunas llevan nombres de tribus, otras tienen nombres que evocan actividades artesanales. En total son 22 las puertas que comunican a la medina con Gueliz e Hivernage.

Qué ver en la medina
Dentro de la medina se encuentran la mayor parte de las atracciones turísticas de Marrakech:
- La céntrica Plaza Djemaa el Fna, considerada Patrimonio Oral de la Humanidad, puede tomarse como punto de partida para todos los recorridos.
- El gran zoco de Marrakech, que sigue siendo, como desde hace cientos de años, un gran centro comercial, y el zoco de curtidores de cuero, con sus técnicas ancestrales de tratamiento de las pieles.
- Los museos de la ciudad: el Museo de Marrakech, el Museo Dar Si Said y la pequeña Casa Tiskiwin, todos dedicados al arte tradicional marroquí.
- Edificios remarcables, como el Palacio Real, residencia oficial del rey de Marruecos cuando visita la ciudad (no está abierto al público), el deslumbrante Palacio de la Bahia y la Medersa Ben Youssef con su mezquita, que fuera la escuela coránica más importante del Maghreb.
- La emblemática mezquita Kutubia, con su minarete de 70 metros, que destaca entre los más de 300 minaretes de mezquitas de la medina.
- Las refinadas tumbas saadíes, con sus mausoleos exquisitamente decorados.
Otras atracciones incluyen las ruinas del Palacio Badi y la qubba almorávide, una preciosa fuente con varios siglos de antigüedad.

Las laberínticas calles de la medina a menudo esconden tras los muros desnudos confortables residencias en torno a cuidados jardines: son los típicos riads, normalmente convertidos en hoteles, que ofrecen una opción más "tradicional" para hospedarse que los lujosos hoteles de las afueras. Y hablando de lujo, el Hotel La Mamounia, considerado entre los más distinguidos hoteles del mundo, también se encuentra en la medina de Marrakech, aunque actualmente está cerrado por trabajos de restauración y se espera que abrirá sus puertas a fines del 2008.

Hotel La Mamounia

Frecuentado desde siempre por importantes personalidades de todos los ámbitos, la Mamounia es uno de los hoteles más lujosos del mundo.
Situado junto a los muros de la medina y rodeado de un precioso jardín, fue desde sus comienzos sinónimo de lujo, distinción y glamour, y entre sus huéspedes siempre se encontraron celebridades del espectáculo, importantes políticos, artistas plásticos y escritores.


La historia de un sueño hecho realidad
La feliz historia de La Mamounia comenzó con sus jardines, que cuentan ya más de dos siglos de existencia. El entonces sultán Sidi Mohammed Ben Abdallah tenía por costumbre casar a sus hijos llegados a la mayoría de edad y regalarles una propiedad. Así, los nombres de sus cuatro hijos, Abdessalam, Moussa, Mamoun y Hassan fueron cada uno a su tiempo los nombres de los jardines, los arsats, que el rey les obsequiara. Aunque esos espacios existen aún hoy, sólo el Arsat al-Mamoun se volvió famoso.
Las leyendas cuentan que Mamoun organizaba fastuosas fiestas en estos jardines; de aquellos tiempos se conservan un pequeño pabellón cuadrado, un riad adosado a los muros de la medina (hoy totalmente restaurado) y el diseño simple del parque, entonces poblado de olivares. Mamoun se marchó de Marrakech para ocupar el puesto de califa en Fes, donde falleció en 1786, pero su jardín siguió siendo igualmente uno de los más bellos de la ciudad.

En 1922, con la llegada de los franceses a Marrakech, se decidió la construcción de un hotel, cuyo diseño estuvo a cargo de los arquitectos Henri Prost y Antoine Marchisio. Ambos rápidamente comprendieron que no podían construir en un espacio tan prestigioso como el arsat al-Mamoun sin devolver al lugar su historia y ambientes del pasado. Por otro lado, el hotel estaba orientado a una clientela esencialmente europea, deseosa de un espacio de relax y alimentada por la literatura orientalista y los sueños exóticos... era entonces un imperativo mantener el ambiente tradicional marroquí en el lugar.

Primero fueron artistas como Delacroix o Matisse quienes manifestaron su interés por Marrakech y su devoción por la Mamounia; alrededor de 1929 llegaron las estrellas del music-hall: Edith Piaf, Maurice Chevalier, entre otros...
Los cineastas también sucumbieron al hechizo de Marrakech y así llegaron realizadores franceses y norteamericanos: en 1930 se filmó Morocco, con Marlene Dietrich y Gary Cooper; en 1956, Alfred Hitchcock hizo de Marrakech y la Mamounia el escenario donde filmó El hombre que sabía demasiado, con Doris Day y James Stewart. Charles Chaplin visitó la ciudad en 1955 y fue cálidamente recibido en el hotel.

Pero no sólo artistas y personajes del espectáculo fueron atraidos por La Mamounia. En 1935, sir Winston Churchill visitó la ciudad y se enamoró de sus aromas y colores, tanto que regresaba a menudo para descansar, escribir y dar rienda suelta a su pasión por la pintura. "Es el lugar más encantador del mundo", le dijo a Franklin Roosevelt, invitándolo a venir. Y como él, muchas otras figuras del mundo político: Charles de Gaulle, los Reagan, Nelson Mandela...

El desfile constante de estrellas y personalidades haría la lista interminable pero vale mencionar entre todas ellas a los Rolling Stones, Jane Fonda, Michael Cain, Omar Sharif, Sharon Stone, Sylvester Stallone, Charlton Heston, Tom Cruise y Nicole Kidman. Todos ellos figuran en el Libro de Oro del hotel, donde dejaron sus impresiones y comentarios.

El hotel
La Mamounia sufrió con el correr del tiempo numerosas refacciones y ampliaciones para dotarlo de todas las comodidades conforme avanzaba la tecnología, pero no obstante mantuvo siempre el ambiente romántico, a la vez elegante y exótico, de su decoración, una sabia mezcla de los estilos morisco y art-decó. La magia es mayor, sin lugar a dudas, si se piensa en las 15 hectáreas de jardines que lo rodean, pese a encontrarse en plena medina de Marrakech, donde todo parece apretujado.
La última renovación está en curso desde 2006 y se prevé su reapertura a fines del año 2008. Hasta el momento de cierre, el hotel contaba con 171 habitaciones de lujo, 57 suites (muchas de ellas con decorados temáticos únicos) y 3 villas (pequeñas casas privadas). Las habitaciones con balcón tienen vistas, sea de los jardines, sea de la medina y la espectacular mezquita Koutoubia.

Entre las suites temáticas especiales, los huéspedes más exigentes nunca pudieron resistirse a la Suite Winston Churchill, dedicada al gran estadista, con predominio de muebles de estilo inglés y algunos objetos de su pertenencia, haciendo del espacio un pequeño "museo" en su honor.
Para los nostálgicos que recuerdan el legendario tren Londres-Estambul se preparó la Suite Orient Express, recreando uno de sus compartimientos de lujo.
La Suite Palmeraie, de estilo Luis XV e Imperio, es la más grande del hotel, mientras que la Suite Menzeh ofrece una vista espectacular de la mezquita Koutoubia, sobre todo cuando se ilumina durante la noche. La preciosa Suite Nupcial, donde predominan los tonos pastel, tiene magníficas vistas de los jardines, la piscina y las cumbres del Atlas a lo lejos. Sin dudas, escenario de muchas inolvidables lunas de miel...

En cuanto a gastronomía, La Mamounia ofrece platos de todo el mundo en sus cinco restaurantes (espectacular el restaurante Le Marocain), así como salones muy especiales para la sobremesa, como el Piano Bar Churchill. Un lujoso casino estilo europeo con restaurante y bar, lujosas salas de conferencia, espacios para gimnasia, spa, práctica de deportes (golf, tenis, squash, petanque, billar) y tiendas con artículos refinados contribuyen a crear el ambiente de relax y ensueño que los turistas exigentes buscan.

La Mamounia reabrirá sus puertas en 2008, seguramente más espectacular que nunca. Un lugar que ha cautivado a tantas personalidades no puede ser menos que inolvidable; por qué no darse el gusto, aunque sea sólo una vez en la vida, de vivir como todos ellos la emocionante experiencia?

La Cúpula Almorávide Esta bella cúpula con su fuente de ablución es el único vestigio de la dinastía almorávide, fundadora de Marrakech
La Cúpula Almorávide o Qubba Barudiyne es un monumento de gran valor para la ciudad de Marrakech, no sólo por su antigüedad sino porque constituye además una muestra de las técnicas avanzadas empleadas en la época para aprovisionar de agua a la ciudad.

La qubba data del siglo XI y fue construida por el segundo rey almorávide, Ali Ben Yussef. Su madre era cristiana y por ese motivo había pasado parte de su vida en Andalucía, por lo cual no sorprende que haya introducido el arte y la cultura andaluza en Marruecos. Aunque al parecer impulsó ampliamente la construcción en la ciudad, no quedó nada de sus obras arquitectónicas, arrasadas por los almohades que invadieron a mediados del siglo XII; sólo la cúpula, que fue hallada y restaurada varios siglos después.

Calificada por los historiadores musulmanes como "extraordinaria", la cúpula permaneció sepultada bajo tierra y desperdicios hasta que fue puesta a la luz en 1952. Su planta rectangular mide 7,3 por 5,5 metros y presenta dos niveles con arcadas de diferentes estilos, lo que da una altura total de unos 10 metros incluyendo la cúpula.


Precisamente en el domo radica el mayor atractivo de este monumento: por fuera está elegantemente decorado con nervaduras, formadas por arcos entrelazados y galones que rodean una estrella de siete puntas; el interior del domo, la parte más espectacular, es de madera de cedro tallada que resistió increiblemente el paso de los siglos. Está finamente decorado con motivos vegetales (piñas, hojas de palma y acanto) e inscripciones caligráficas, notables además por ser las escrituras en cursiva más antiguas de toda Africa del Norte.

La cúpula formaba parte de las dependencias de una mezquita hoy inexistente, y su fuente era utilizada para la ablución de los creyentes. El complejo contaba además con otras tres fuentes, las primeras de Marrakech, para el aprovisionamiento de agua potable de la ciudad, que era traida por medio de canalizaciones subterráneas, las khettaras, desde las montañas del Atlas. Los diferentes niveles de canalización que pueden observarse en el lugar evidencian que el sistema estuvo en uso durante mucho tiempo y testimonian los conocimientos técnicos de los almorávides.

Dirección: Plaza Ben Youssef - Medina de Marrakech

Horarios de visita: Abierto todos los días de 9 a 18,30 hs.
Precio de la entrada: 10 Dirhams (1 Euro = 5,03 dirhams.).
Dirección: Avenue Bab Jdid - Medina de Marrakech

Palacio El Badi El palacio más fastuoso jamás imaginado fue totalmente desmantelado y hoy sólo quedan sus muros desnudos gastados por el tiempo sobre los que anidan las cigüeñas.

Cinco meses después de su resonante victoria sobre las tropas portuguesas en la batalla de los Tres Reyes el 4 de agosto de 1578, el sultán saadí Ahmed al-Mansur Ed-Dahbi (El Dorado) emprendió la construcción de un palacio monumental dedicado a las grandes recepciones y audiencias reales.

Las obras comenzaron ese mismo año, en 1578, prolongándose hasta 1594, y ciertos trabajos fueron acabados recién en 1603.
El impresionante conjunto palaciego constaba de 360 habitaciones dispuestas en grandes pabellones en torno a un patio central: El Pabellón de Cristal, el Pabellón de Audiencias, el Pabellón Verde y el Pabellón del Heliotropo. En el enorme patio de 135 por 110 metros se había instalado un estanque de 90 por 20 metros con una hermosa fuente. Otros estanques marcaban las esquinas del patio.
La grandiosidad del palacio destacaba aún más por la abundancia y riqueza de la decoración: el lujo reinaba por doquier y abundaban los materiales preciosos como el ónix, el jaspe y el oro, este último proveniente de Sudán, al que Al-Mansur había conquistado recientemente. Las columnas eran de mármol de Carrara, que aparentemente el sultán habría canjeado a comerciantes italianos por su peso equivalente en azúcar de caña. Tal vez hubo en ello un mensaje visual: el gran sultán transformando el azúcar en blanco mármol... Los artesanos llegaban de todas partes para embellecer los cielorrasos de estucos y maderas finamente talladas.
Esta profusión en la ornamentación dio al palacio el apodo de El Badi, « el incomparable ».

Cómo un palacio tan imponente acabó siendo sólo un gran conjunto de piedras?

Se dice que en el curso de una de las grandes ceremonias de la corte el destino del majestuoso palacio fue predicho. Uno de los invitados tenía reputación de visionario, y el sultán lo interrogó burlonamente: -¿Qué piensas de este palacio?- A lo que el visionario respondió: -Cuando sea demolido, será un gran montón de piedras! Este presagio habría asustado mucho al sultán, quien ordenó encarcelar de por vida al infeliz vidente.

Más allá de las anécdotas, en la historia de Marruecos diferentes dinastías se sucedieron y cada una estableció la capital del imperio en la ciudad de su preferencia. Marrakech fue la ciudad elegida por los saadíes, pero cuando la dinastía alauita llegó al poder, el sultán Moulay Ismail decidió borrar de Marrakech todo vestigio de la dinastía precedente (sólo las tumbas saadíes se salvaron por su temor al sacrilegio) y así fue como mandó desmantelar el palacio para construir la ciudad imperial de Meknes, establecida como nueva capital del imperio en 1675.

Las crónicas relatan que El Badi, cuya construcción demandó alrededor de 25 años, fue despojado de todas sus riquezas en menos de una década, y se dice que no hubo una sola ciudad en Marruecos que no recibiera parte de sus ruinas...

Las excavaciones arqueológicas comenzadas en 1953 apenas pudieron dar prueba de la grandiosidad del Incomparable con la determinación del plano del conjunto palaciego. Del Pabellón de Cristal no queda prácticamente nada y el Pabellón de Audiencias subsistió hasta nuestros días bajo la forma de altas murallas erosionadas. Sólo se encontraron algunos fragmentos de mármol de las columnas, restos de las fuentes, azulejos y estucos. Se sabe de la fastuosidad del palacio esencialmente por las crónicas históricas y relatos de embajadores e invitados reales, quienes llegaron a conocerlo en sus tiempos de esplendor y dan cuenta de la elegancia y refinamiento de los saadíes.

Hoy, la vasta explanada poblada de naranjos y los muros desgastados por el tiempo coronados de nidos de cigüeñas no faltan de un cierto aire poético y romántico. Subiendo a la terraza se puede apreciar una bella vista de la ciudad.
Cada año, durante los fines de semana del mes de julio, el Badi revive con el festival de música y danza tradicional, y en septiembre se muestran filmes durante el Festival de Cine de Marrakech. En el complejo tiene su sede un pequeño museo donde se exponen restos del palacio y un minbar móvil (púlpito para sermones) proveniente de la mezquita Koutoubia. Palacio Badi: Se edificó con gran lujo en la segunda mitad del siglo XVI durante el reinado del sultán Ahmed el Mansour. Las paredes y los techos estaban recubiertos de oro proveniente de Tombuctú, mítica ciudad de más allá del desierto conquistada por el sultán. Había paredes de mármol y piedras importadas de la India y grandes patios embellecidos con estanques y fuentes caudalosas. Además, el ambiente olía a flores y esencias exóticas. No obstante, sólo cien años más tarde ya estaba en ruinas, pues el nuevo señor de Marruecos, Moulay Ismail, despojó completamente el palacio y se llevó sus tesoros a su nueva capital, Meknés. Hoy, la grandeza del pasado se debe imaginar caminando entre imponentes ruinas. El patio principal es un inmenso espacio vacío delimitado por imponentes bastiones perforados, sobre los cuales han hecho sus nidos las cigüeñas. El gran estanque central está seco, pero diseminados por el entorno hay restos de mosaicos y columnas esculpidas. El lugar revive durante los grandes eventos, como los conciertos y espectáculos del Festival del Arte Popular y las proyecciones en una gran pantalla durante
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  Últimos comentarios al diario  MARRAKECH
Total comentarios 6  Visualizar todos los comentarios

HAYATI  HAYATI  16/03/2010 12:12
Enhorabuena por tu excelente trabajo y gracias por compartirlo.

Australs  australs  16/03/2010 19:44
Muy detallado; excelente trabajo.

Atita  atita  16/03/2010 19:52   
gracias¡
solo esta hecho con la idea de suplir la falta de información historica o cultural de los sitios que ibamos a ver.las guias nos parecian incompletas y nos pusimos a recopilar de varios sitios, incluido lo que aportaban personas de este foro.
y una vez hecho el trabajo pues compartirlo.¡
Anecdotas muchas la mas expextacular es nuestra participacion en la grabacion de un anuncio de la master card¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡.estabamos comiendo en el restaurante enfrente de la kotubia, cuando llego todo el follón..
Y una cosa mas , la ultima noche cenamos en el restaurante la alhambra de la Plaza, pagamos en euro y no tuvimos que cambiar para que no nos quedase nada.
saludos¡

Universo18  universo18  16/03/2010 23:30   
atita mis estrellas por tu resumen. Sera muy util a otros viajeros. Saludos

Roundtheplanet  Roundtheplanet  06/05/2010 19:38
Miles de Gracias!!! Fue de gran ayuda para nuestro viaje!!!

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Pais Tema: Consejos para Marruecos
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jotaatar
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Indiana Jones
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Jun 08, 2011
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Fecha: Mar May 18, 2021 07:50 pm    Título: Re: Consejos para Marruecos

Los Pcr para Marruecos pueden estar en español sin ningún problema.

Los españoles no tienen prohibida la entrada a Marruecos, lo que están es cerradas las fronteras que no es lo mismo. En principio el día 10 de junio abrirán las fronteras aéreas y ni no hay problema, podréis volar. Si no abren, cancelarán vuestro vuelo.
sianais
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Mar 19, 2007
Mensajes: 21

Fecha: Mar May 18, 2021 08:06 pm    Título: Re: Consejos para Marruecos

Ya pero porque nos venden el vuelo si no se puede hacer escala? La compañía no responde...
Jordi_y_Laura
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Abr 08, 2018
Mensajes: 15

Fecha: Jue Jun 10, 2021 02:47 pm    Título: Re: Consejos para Marruecos

Hola!!! Somos pareja de Barcelona. Nuestra idea es viajar a Marruecos este mes de agosto, y recorrernos el pais entre el 1 y el 22 de agosto. Vamos por nuestra cuenta, sin agencias. Aún no hemos decidido itinerario, recorrido, ni cuántas noches pasar en cada ciudad. La idea es entrar por el norte, aterrizar en TÁNGER, y ver: TÁNGER - TETUÁN - ASILAH - CHEFCHAOUEN (la ciudad azul) - FEZ - MEKNES - RABAT - CASABLANCA - ESSAOUIRA - MARRAKECH.... y coger un avión desde Marrakech vuelta a casa. Vamos a sacrificar el desierto, ya que hace poco pasamos unos días en el desierto Wadi Rum de...  Leer más ...
spainsun
Spainsun
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Sep 01, 2000
Mensajes: 84429

Fecha: Jue Jun 10, 2021 02:56 pm    Título: Re: Consejos para Marruecos

Yo del principio de tu itinerario:
TÁNGER - TETUÁN - ASILAH - CHEFCHAOUEN

Me parece más optimo (en km):

TÁNGER - ASILAH - TETUÁN - CHEFCHAOUEN

Y si te saltas Tetuán (que no es que no merezca la pena, pero es el mas flojo de los 4 destinos) podrias hacer:
TÁNGER - ASILAH - CHEFCHAOUEN
jotaatar
Jotaatar
Indiana Jones
Indiana Jones
Jun 08, 2011
Mensajes: 1381

Fecha: Vie Jun 11, 2021 03:00 pm    Título: Re: Consejos para Marruecos

Personalmente y es una opinión. Tetuán me merece mucho más la pena que la turistada de chefchauen

Donde más días estaría, sería Rabat que es una maravilla

De todos modos, os vais a morir de calor. 40° ahora en Marrakech

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