A pesar de que el tiempo no acompañaba mucho (muy fresco), fuimos a bañarnos al mar. En ese momento comprendimos porqué no decían "playa":

En esa zona, la "playa" consiste en una acera con escaleras de acceso directo al mar. La profundidad es de unos 2 metros, más o menos, pero la sensación de artificial no la quita nadie. Parece ser que Ana de Austria se enamoró de esta zona y fue ella quién pidió que se construyeran paseos a lo largo del mar, de ahí que en vez de arena, haya acera.
Como la experiencia no nos gustó excesivamente, decidimos coger la excursión en ferry a la isla de Krk (18€ con visita guiada por Vrbnik, más degustación de licores, queso y jamón). En unos 45 minutos desembarcamos en Vrbnik.

Visitamos la iglesia, sus calles y entre éstas, la calle más estrecha del mundo (y tan estrecha). Continuamos por el cementerio donde pudimos ver una lápida escrita en glagolítico. Tras la visita, fuimos a la degustación de queso y jamón (nada que ver con el jamón español) y emprendimos la vuelta por la lluvia y el mar revuelto, por lo que no pudimos realizar la última visita, la playa de Baska.
Ante esta situación, nos abrigamos un poquito y nos fuimos de visita a Senj, una ciudad pequeñita, bonita y con algunas secuelas de la guerra aún visibles.

Aún así, cabe destacar el castillo de los Frankopan así como todo el centro de la ciudad.
De vuelta, dedicimos para en Novi Vinodolski, y fue todo un acierto. Estaban en fiestas, la gente en la calle, conciertos, etc. ¿Lo malo? Que los parquímetros duraban hasta la 1 de la noche. Aún así, nos mezclamos con la gente y lo pasamos muy bien.