Las agujetas me recorrían las piernas al día siguiente, pero había que ponerse en marcha (como siempre, más tarde de lo previsto).
Decidimos ir a Versalles. Para ello nos dirigimos al metro ( podéis comprar directamente en la taquilla del metro el billete para Versalles). Podéis comprar ida y vuelta, no os hacen descuento pero así os evitáis pasar por la taquilla a la vuelta. El precio de cada billete son 3,05 , total dos personas 12,20 €). Tenéis que coger una línea de metro que os conecte con el RER C. Cuando lleguéis al RER C, coged el tren en dirección Versalles/Rive Gauche. Nuestra parada era la última, así que no había ninguna duda. Sólo hay que estar atentos al coger el tren (ya que el RER C se bifurca y no todos los trenes que van en nuestra dirección terminan en Versalles/Rive Gauche.)
El tren tarda una media hora y cuando llegas a Versalles no hay ningún problema para llegar al Palacio. Hay carteles y además sólo tienes que seguir al 90% de los que se bajan del tren, ellos también van al palacio, jeje.
Cuando llegamos al palacio ya eran las 11:30 de la mañana. Había una larga cola para comprar la entrada (nosotros no la necesitábamos con la Paris Museum Pass), pero si que tendríamos que sufrir la cola de los arcos de seguridad. Había carteles sobre acceso prioritario, pero no se veía por donde estaba.
Decidimos, muy acertadamente, visitar primero los jardines, comer en ellos y luego visitar el Palacio.
Los jardines son inmensos, necesitas horas para verlos con calma. Además en ellos hay otros dos palacios con sus correspondientes jardines (el gran y el petit trianon).
Para entrar en los jardines no tuvimos que pagar, ya que no estaban las fuentes funcionando.
El paseo es estupendo, os lo recomiendo. Nosotros pasamos por casi todas las zonas. Visitamos los dos palacetes, de ellos no os perdáis el huerto de Maria Antonieta (en el petit trianon).
Llevaros la comida para comer en los jardines. Aunque también hay restaurantes y puestos para comer.
Cuando volvimos al Palacio ya no había cola para el arco de seguridad y entramos directamente.
La audioguía está incluida en el precio de la entrada, así que no os olvidéis de coger una (aunque no lo escuchéis todo siempre hay alguna sala o algún cuadro del que querréis saber más, las pistas no son largas y os van a recordar un poquito la historia de Francia).
La visita del palacio me recordó a la de otros grandes palacios como el de Schombrum en Viena.
Todo precioso y para mí lo más curioso las camas y lo más bonito la sala de los espejos.
Cuando terminéis de visitar la primera planta no olvidaros de que se puede continuar la visita en los apartamentos del Delfín, en la planta baja (un poco más de lo mismo).
Cuando terminamos de visitar el palacio decidimos visitar la fuente del dragón, que nos había quedado por ver (pero estaba cerrado el acceso por un espectáculo de fuegos artificiales que organizan en Septiembre). Cerca de esta fuente hay una salida de todo el complejo, salimos por allí y, sin pretenderlo, hicimos una pequeña visita al pueblo, siempre en dirección a la estación de trenes. El pueblo me pareció bastante bonito, coqueto y limpio.
Nos montamos en el tren de vuelta pasadas ya las seis de la tarde. Y como el día anterior, decidimos aprovechar otra vez las visitas nocturnas de los museos parisinos. En esta ocasión el museo abierto el jueves es el Orsay. Y felizmente el RER C tiene una parada justo en la puerta del museo.
Merece la pena visitarlo, tanto el recinto (una antigua estación de ferrocarril) como la colección. Nosotros entraríamos sobre las siete y a las nueve terminamos de visitar todas las salas, aunque deteniéndonos sólo en lo que nos llamaba la atención.
Esta vez decidimos volver en metro al hotel, no está allí mismo hay que andar un par de calles. Podéis aprovechar vuestro billete a Versalles, jeje (como no usamos el metro a la vuelta valía todavía).
Compramos algo para llevar al hotel y a la cama ( aunque el día no había sido para nada estresante el cansancio acumulado se notaba.)
Decidimos ir a Versalles. Para ello nos dirigimos al metro ( podéis comprar directamente en la taquilla del metro el billete para Versalles). Podéis comprar ida y vuelta, no os hacen descuento pero así os evitáis pasar por la taquilla a la vuelta. El precio de cada billete son 3,05 , total dos personas 12,20 €). Tenéis que coger una línea de metro que os conecte con el RER C. Cuando lleguéis al RER C, coged el tren en dirección Versalles/Rive Gauche. Nuestra parada era la última, así que no había ninguna duda. Sólo hay que estar atentos al coger el tren (ya que el RER C se bifurca y no todos los trenes que van en nuestra dirección terminan en Versalles/Rive Gauche.)
El tren tarda una media hora y cuando llegas a Versalles no hay ningún problema para llegar al Palacio. Hay carteles y además sólo tienes que seguir al 90% de los que se bajan del tren, ellos también van al palacio, jeje.
Cuando llegamos al palacio ya eran las 11:30 de la mañana. Había una larga cola para comprar la entrada (nosotros no la necesitábamos con la Paris Museum Pass), pero si que tendríamos que sufrir la cola de los arcos de seguridad. Había carteles sobre acceso prioritario, pero no se veía por donde estaba.


Decidimos, muy acertadamente, visitar primero los jardines, comer en ellos y luego visitar el Palacio.
Los jardines son inmensos, necesitas horas para verlos con calma. Además en ellos hay otros dos palacios con sus correspondientes jardines (el gran y el petit trianon).
Para entrar en los jardines no tuvimos que pagar, ya que no estaban las fuentes funcionando.
El paseo es estupendo, os lo recomiendo. Nosotros pasamos por casi todas las zonas. Visitamos los dos palacetes, de ellos no os perdáis el huerto de Maria Antonieta (en el petit trianon).
Llevaros la comida para comer en los jardines. Aunque también hay restaurantes y puestos para comer.


Cuando volvimos al Palacio ya no había cola para el arco de seguridad y entramos directamente.
La audioguía está incluida en el precio de la entrada, así que no os olvidéis de coger una (aunque no lo escuchéis todo siempre hay alguna sala o algún cuadro del que querréis saber más, las pistas no son largas y os van a recordar un poquito la historia de Francia).

La visita del palacio me recordó a la de otros grandes palacios como el de Schombrum en Viena.
Todo precioso y para mí lo más curioso las camas y lo más bonito la sala de los espejos.

Cuando terminéis de visitar la primera planta no olvidaros de que se puede continuar la visita en los apartamentos del Delfín, en la planta baja (un poco más de lo mismo).
Cuando terminamos de visitar el palacio decidimos visitar la fuente del dragón, que nos había quedado por ver (pero estaba cerrado el acceso por un espectáculo de fuegos artificiales que organizan en Septiembre). Cerca de esta fuente hay una salida de todo el complejo, salimos por allí y, sin pretenderlo, hicimos una pequeña visita al pueblo, siempre en dirección a la estación de trenes. El pueblo me pareció bastante bonito, coqueto y limpio.
Nos montamos en el tren de vuelta pasadas ya las seis de la tarde. Y como el día anterior, decidimos aprovechar otra vez las visitas nocturnas de los museos parisinos. En esta ocasión el museo abierto el jueves es el Orsay. Y felizmente el RER C tiene una parada justo en la puerta del museo.
Merece la pena visitarlo, tanto el recinto (una antigua estación de ferrocarril) como la colección. Nosotros entraríamos sobre las siete y a las nueve terminamos de visitar todas las salas, aunque deteniéndonos sólo en lo que nos llamaba la atención.
Esta vez decidimos volver en metro al hotel, no está allí mismo hay que andar un par de calles. Podéis aprovechar vuestro billete a Versalles, jeje (como no usamos el metro a la vuelta valía todavía).
Compramos algo para llevar al hotel y a la cama ( aunque el día no había sido para nada estresante el cansancio acumulado se notaba.)