La herencia urbanística de Léopold II: del Cinquantenaire a Tervuren
Es conocida la preocupación urbanística de Léopold II. Quiere que Bruselas pueda competir con París y para ello necesita grandes avenidas y bulevares que puedan compararse a los Champs Elysées parisinos. Para ello hace abrir importantes y elegantes arterias en la ciudad. Una de ellas será la avenida de Tervuren que -como ya dije- parte del eje del Parc du Cinquantenaire para unir este punto con el pueblo de Tervuren. Él mismo supervisa las obras de la avenida de Tervuren para comprobar que están respetando las normas por él dictadas: grandes y ostentosos palacetes separados de la calle por jardincillos rematados con una verja de hierro forjado, y destinados a familias con un altísimo poder económico.
Sorprende la capacidad económica de la alta burguesía bruselense a finales del XIX y principios del XX. Porque estas viviendas lujosísimas no sólo se encontraban en la avenida de Tervuren. En 1847 Léopold II había mandado trazar la Avenue Louise que uniría el centro de Bruselas con el Bois de la Cambre y en donde se había establecido la alta burguesía bruselense. Pero hay muchas más zonas en Bruselas en las que la envergadura de las viviendas sorprende: l’avenue Molière, los estanques de Ixelles, l’avenue Franklin Roosvelt, algunas zonas de Uccle, y éstas no son todas.
Poco queda del esplendor decimonónico de l’Avenue Louise, ocupada ahora en su mayoría por modernos edificios de oficinas. Sin embargo, afortunadamente, muchos de los palacetes de la avenida de Tervuren, en el tramo que va desde el inicio del parque hasta la plaza de Montgomery, se conservan intactos. Algunos sucumbieron, cómo no, en los años 60 a la especulación y son hoy edificios impersonales que rompen la armonía de la calle.
Si paseamos atentamente por la avenida de Tervuren podemos ver que desde el nº 64 hasta el 48 se suceden palacetes de diversos estilos. El nº 60, de piedra blanca tallada, de estilo clasicista francés y balcón rematado con hierrro forjado, conserva la antigua entrada de carruajes, al igual que el nº 52.
Poco queda del esplendor decimonónico de l’Avenue Louise, ocupada ahora en su mayoría por modernos edificios de oficinas. Sin embargo, afortunadamente, muchos de los palacetes de la avenida de Tervuren, en el tramo que va desde el inicio del parque hasta la plaza de Montgomery, se conservan intactos. Algunos sucumbieron, cómo no, en los años 60 a la especulación y son hoy edificios impersonales que rompen la armonía de la calle.
Si paseamos atentamente por la avenida de Tervuren podemos ver que desde el nº 64 hasta el 48 se suceden palacetes de diversos estilos. El nº 60, de piedra blanca tallada, de estilo clasicista francés y balcón rematado con hierrro forjado, conserva la antigua entrada de carruajes, al igual que el nº 52.
Es en este tramo de l’avenue Tervuren, después de la rue des Ménapiens y hasta el nº 64, en donde se sitúan los edificios más imponentes. Desgraciadamente, el tramo está interrumpido por el nº 66 que fue sustituido por un edificio años 60 y que rompe la relativa uniformidad de las fachadas. Digo “relativa” puesto que, aunque todas respetan más o menos la misma altura y disponen del preceptivo jardín delantero (en algunos casos el césped ya dio paso al cemento pudiendo servir así de aparcamiento) todas las fachadas, como ocurre siempre en Bruselas, son diferentes. Por ejemplo, los números 68/70 están ocupados por un edificio aparentemente menos importante, pero más original.
Se trata de un edificio de azulejo blanco y líneas rectas, decorado con grecas verticales hechas de diminutos mosaicos que representan la rosa Tudor. La misma decoración se reproduce en las vidrieras que decoran las ventanas y en las vidrieras de la puerta de entrada a la que se añadieron motivos florales y un forjado de forma rectilínea que parece corresponder a la estética Art Déco.
Continuando hacia la Place Montgomery se suceden los “hôtels particuliers”, la mayoría de estilo clasicista, más o menos elegantes, algo más modestos a medida que nos acercamos a la plaza. El nº 102 lleva la fecha de construcción en la fachada: 1912. De la acera de enfrente, en los números impares, me gusta el tramo de l’ avenue Tervuren que bordea la plaza Jean de Mérode. Son los edificios que van de los números 15 al 37, pero los edificios originales de los números 21, 23 y 25 desgraciadamente ya no existen. Desde aquí hasta el nº 37 - cuya entrada de carruajes deja adivinar el jardín posterior- forman un conjunto de elegantes “maisons de maître” de estilo clasicista francés, de piedra blanca tallada, tejado de pizarra y balcones con hierro forjado que me sitúan en un país muy diferente al mío.
Continuando hacia la Place Montgomery se suceden los “hôtels particuliers”, la mayoría de estilo clasicista, más o menos elegantes, algo más modestos a medida que nos acercamos a la plaza. El nº 102 lleva la fecha de construcción en la fachada: 1912. De la acera de enfrente, en los números impares, me gusta el tramo de l’ avenue Tervuren que bordea la plaza Jean de Mérode. Son los edificios que van de los números 15 al 37, pero los edificios originales de los números 21, 23 y 25 desgraciadamente ya no existen. Desde aquí hasta el nº 37 - cuya entrada de carruajes deja adivinar el jardín posterior- forman un conjunto de elegantes “maisons de maître” de estilo clasicista francés, de piedra blanca tallada, tejado de pizarra y balcones con hierro forjado que me sitúan en un país muy diferente al mío.
Más edificios de esta acera fueron sustituidos también por edificios modernos como el nº 73 y alguno más, pero afortunadamente son la minoría. El nº 93, un edificio de ladrillo rojo y decorado sobre puerta y ventanas con azulejos que reproducen motivos Art Nouveau, parece relativamente modesto. Sin embargo, tuve oportunidad de ver el interior, destinado ahora a oficinas, y quedé sorprendida con la elegancia del “bel étage”, con sus tres piezas en “enfilade”, altísimos techos decorados con molduras, sus tres chimeneas, su jardín posterior -de pequeñas dimensiones y al que se accede únicamente desde la antigua cocina- y su mirador delantero (o su loggia según la terminología italianizante que utilizan los belgas) con una vista espectacular sobre toda l’avenue Tervuren y el arco del Cinquanteaire. Al parecer -según me dijeron los actuales inquilinos-, la casa volverá a tener nuevamente un único ocupante: acababa de ser adquirida por un abogado que piensa instalar en el “bel étage” su despacho y destinar a vivienda el resto del edificio.
En el nº 135, cerca ya de Montgomery, está el restaurante “Le jardin de Nicolas” formando parte de un conjunto de edificios de ladrillo rojo -bastante menos pretenciosos-, algunos de ellos de estilo flamenco, otros más eclécticos, con diferentes adornos en la fachada, según el gusto de su primer propietario, supongo.
Después de Montgomery son mayoría los edificios modernos, aunque la majestuosidad del paseo central con sus árboles ya centenarios se mantiene.
Después de Montgomery son mayoría los edificios modernos, aunque la majestuosidad del paseo central con sus árboles ya centenarios se mantiene.
En el camino hacia Tervuren, por la avenida del mismo nombre, antes de llegar al parque de Woluwé, sorprende ver a mano derecha una de las joyas de la arquitectura de la ciudad, el primer edificio Art Déco de Bruselas: la maison Stoclet, o más bien habría que decir el palacio. Construido entre 1905 y 1911 por Josef Hoffmann y otros artistas de la Secesión vienesa, como Klimt, quien diseñó los frisos -realizados con mosaicos, piedras semipreciosas y oro- para el comedor, decorado todo él con costosos mármoles, mobiliario de maderas exóticas y los famosísimos frisos. El encargo fue hecho por M. Stoclet, hijo de banqueros belgas acaudalados e ingeniero civil de formación, que hizo venir al grupo vienés hasta Bruselas para construir aquí su residencia. Se dice que Victor Horta, el más conocido de los grandes arquitectos Art Nouveau belgas, al ver la obra exclamó admirado “L’Art Nouveau est fini” .
Pasado Montgomery, el paseo hasta el parque de Woluwé y los estanques Mellaerts merece la pena, creo que es uno de los parques más bonitos de Bruselas. Porque otra de las características de Bruselas son sus parques y sus zonas verdes: enormes, cuidados y frondosos. Este tramo de la avenida de Tervuren y el entorno del parque de Woluwé es una exclusiva zona residencial con muchos edificios destinados a embajadas de diferentes países.
Desde la plaza que se encuentra en el vértice del parque del Cinquantenaire (se llama Porte de Tervuren) sale un tranvía hacia el pueblo de Tervuren. En el verano, los domingos, ese tranvía vuelve a ser el tranvía de madera que unía -hace ya más de un siglo- este punto con el Palacio, ahora convertido en el Museo de Africa y el parque de Tervuren, de amplios espacios, estanques, paseos y arbolado que se llena de colores rojizos, amarillos y ocres cuando llega el otoño. Merece la pena el viaje en el tranvía de época y pasear después por el parque, siempre lleno de gente los fines de semana. Si el tiempo lo permite se pueden hacer montones de paseos por el parque y si no siempre se puede visitar el Museo de África en el magnífico palacio que el rey Leopoldo II mandó construir después de la exposición universal de 1897, palacio que acabó siendo el Museo real de África central y que alberga una de las colecciones más importantes de arte y cultura africanos. Los archivos del explorador Stanley se conservan ahí.