SEGUNDO DIA EN BÉLGICA: GANTE Y ATOMIUM (30/12/2010)
Empezamos el día asomándonos a la ventana del apartamento para ver qué tiempo nos va a acompañar durante nuestra visita a Gante. Parece que vamos a tener suerte ya que el cielo está despejado.
Desayunamos en la propia habitación ya que el desayuno va incluido en el precio (leche, zumo de naranja, café, té, gofres, magdalenas, pan para tostadas...vamos completito).
Con las fuerzas renovadas nos encaminamos a la estación Gare Central de Bruselas, donde lo primero que hacemos es sacar nuestra Rail Pass. El precio es de 74 euros, y permite hacer 10 viajes entre dos estaciones de Bélgica. La Rail Pass es una tarjeta en la que hay 10 líneas para rellenar y en cada una de ellas hay que poner el nombre del viajero, la fecha del trayecto y estación de salida y llegada.
Con nuestra Rail Pass rellenada, cogemos el tren IC que nos lleva a Gante (dirección Ostende). Durante el viaje vemos todos los campos nevados que hacen que el paisaje sea espectacular.
Desayunamos en la propia habitación ya que el desayuno va incluido en el precio (leche, zumo de naranja, café, té, gofres, magdalenas, pan para tostadas...vamos completito).
Con las fuerzas renovadas nos encaminamos a la estación Gare Central de Bruselas, donde lo primero que hacemos es sacar nuestra Rail Pass. El precio es de 74 euros, y permite hacer 10 viajes entre dos estaciones de Bélgica. La Rail Pass es una tarjeta en la que hay 10 líneas para rellenar y en cada una de ellas hay que poner el nombre del viajero, la fecha del trayecto y estación de salida y llegada.
Con nuestra Rail Pass rellenada, cogemos el tren IC que nos lleva a Gante (dirección Ostende). Durante el viaje vemos todos los campos nevados que hacen que el paisaje sea espectacular.
Llegamos a Gante (parada Gante St Pieters) y a la salida de la estación nos hacemos un pequeño lío sobre que bus o tranvía nos lleva al centro. Preguntamos a un autóctono y nos dice que el tranvía 21 ó 22 nos deja en el centro. Así que nos dirigimos a la parada correspondiente y cogemos el tranvía 21 (2 euros por persona).
Nos acercamos caminando hasta la Plaza de San Bavón (Sint-Baafsplein). En esta plaza se encuentra el Belfort, el Teatro Nacional Flamenco (Vlaamse Schouwburg) y la Catedral de San Bavón (Sint-Baafskathedraal). En el centro de la plaza hay puestecitos navideños (al estilo bruselense) donde quitar un poco el gusanillo del estómago.
Tras las fotos de rigor en la plaza, entramos en la Catedral de San Bavón.La catedral es la sede de la diócesis de Gante. Recibe su nombre de San Bavón, santo que vivió entre 589 y 654. En su interior se puede ver un púlpito estilo rococó, un cuadro de Rubens y lo más importante “La Adoración del Cordero Místico” de los Hermanos Van Eyck. La entrada a la catedral es gratuita, y cuesta 4 euros entrar a ver el cuadro de Rubens y “La Adoración del Cordero Místico”.
Una vez salimos de la catedral, nos encaminamos hacia el Belfort (Campanario). La torre Belfort es el símbolo de la autonomía de la ciudad, y aún se conservan en su interior los derechos municipales adquiridos en 1180. Es un edificio impregnado de historia.
En otros tiempos, cuando acechaban enemigos, la Campana Roeland avisaba a los ciudadanos. También cuando llegaban a la ciudad visitantes ilustres, cuando se realizaban las ejecuciones capitales y como no, al comienzo de las fiestas gantesas, como sigue haciendo actualmente. La entrada cuesta 5 euros, y aunque la exposición interior no es que sea la bomba, una vez arriba las vistas son espectaculares.
En otros tiempos, cuando acechaban enemigos, la Campana Roeland avisaba a los ciudadanos. También cuando llegaban a la ciudad visitantes ilustres, cuando se realizaban las ejecuciones capitales y como no, al comienzo de las fiestas gantesas, como sigue haciendo actualmente. La entrada cuesta 5 euros, y aunque la exposición interior no es que sea la bomba, una vez arriba las vistas son espectaculares.
Cuando bajamos y llegamos de nuevo a tierra firme, los gemelos los tenemos como si hubiésemos corrida una maratón, pero eso no hace que bajemos el ritmo y proseguimos con nuestra ruta.
Volviendo hacia atrás visitamos una placita más pequeña, Achtersikkel, donde pueden verse dos torres y un pozo de agua, donde según he leído en el foro los alumnos del Conservatorio de Música de Gante, amenizan la jornada con conciertos (claro que con el frío que hacía pocas ganas tendrían de tocar en la calle)
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Volviendo hacia atrás visitamos una placita más pequeña, Achtersikkel, donde pueden verse dos torres y un pozo de agua, donde según he leído en el foro los alumnos del Conservatorio de Música de Gante, amenizan la jornada con conciertos (claro que con el frío que hacía pocas ganas tendrían de tocar en la calle)
Volvemos a la Plaza de San Bavón y nos dirigimos al Stadhuis (Ayuntamiento). Este edificio data del s. XVI y está compuesto por una parte más antigua de estilo gótico flamígero, y otra de estilo renacentista más sobrio, ya que se construyó 50 años más tarde. A este conjunto se le suma una conserjería barroca. Esta diferencia de estilo también se da en su interior. Cada sala lleva un nombre relacionado con la historia de la ciudad y en una de ellas se firmó la Pacificación de Gante, 1576: la paz religiosa entre católicos y protestantes. Es un edificio muy bonito, sobre todo la fachada de la calle Hoogpoort (de estilo gótico) que contrasta con la fachada del Botermarkt (de estilo renacentista).
Desde aquí nos dirigimos a la tercera torre característica de la ciudad: La Iglesia de San Nicolás (St-Niklaaskerk), que por fuera es espectacular, aunque las obras que había en la zona no dejaban disfrutar de todo su esplendor (ni sacar una foto en condiciones).
Callejeando por detrás de la Iglesia de San Nicolás, llegamos a una de las zonas para mi más bonitas de Gante: Graslei y Korenlei, separadas por el río Lys. El sol que teníamos ese día hacía que el pasear por esas calles se hiciese muy agradable. Es una delicia ver los edificios reflejados en el río.
Desde aquí divisamos otro de los puntos más emblemáticos de Gante: el Puente de San Miguel (sint-Michielsbrug).
Desde el puente y colocándonos en el centro del mismo, tenemos una vista de las tres torres de la ciudad (Belfort, Iglesia de San Nicolás y Catedral de San Bavón) único punto donde pueden verse las tres torres.
Hacia abajo del puente nos dirigimos ahora a la iglesia de San Miguel. En su construcción estaba planeado que su torre se alzara sobre el resto, siendo el "monumento a la victoria". Pero tal monumento que debería haber medido 134 metros se quedó en tan solo 24m (casi lo mismo). En 1828, la torre inacabada recibió una terminación plana.
Atravesamos el Graslei para llegar hasta el Castillo de los Condes de Flandes (Gravensteen). Es el único castillo medieval en Flandes con un sistema de defensa casi intacto. El castillo es bastante pequeñín y sorprende un poco por estar situado en el centro de la ciudad. La entrada cuesta 8 euros y pueden visitarse las diferentes salas, las murallas, la torre del homenaje y la residencia condal.
Como se acerca la hora de comer, volvemos hacia la zona del Graslei y Korenlei y nos decidimos por entrar en un Quick (cadena de hamburgueserías) donde pedimos dos menús de los más contundentes (14.50 euros). A la salida nos tomamos un gofre con chocolate en un puestecillo callejero.
Pensando que hacer, si seguir paseando por Gante o volvernos a Bruselas, decidimos ir a visitar el Atomium, así que cogemos de nuevo el tranvía 21 que nos lleva a la estación de St. Pieters. Cogemos el tren y nos bajamos en la estación Gare du Midi, desde donde cogemos la línea de metro 6 en dirección Roi Baudouin/Konig Boudewijn y nos bajamos en la parada Heysel (donde el estadio de triste recuerdo).
Pensando que hacer, si seguir paseando por Gante o volvernos a Bruselas, decidimos ir a visitar el Atomium, así que cogemos de nuevo el tranvía 21 que nos lleva a la estación de St. Pieters. Cogemos el tren y nos bajamos en la estación Gare du Midi, desde donde cogemos la línea de metro 6 en dirección Roi Baudouin/Konig Boudewijn y nos bajamos en la parada Heysel (donde el estadio de triste recuerdo).
Al llegar a la estación, nos encontramos con toda la zona nevada, un contraste enorme con la zona centro de Bruselas. Atravesamos las vías nevadas y llegamos al Atomium . El Atomium es una estructura de 103 metros de altura construida para la Exposición General de primera categoría de Bruselas de 1958. Representa un cristal de hierro ampliado 165 mil millones de veces. Está formado por nueve esferas de acero de 18 metros de diámetro. La estructura, diseñada por el arquitecto André Waterkeyn, fue planeada para permanecer seis meses; sin embargo rápidamente se convirtió en una atracción turística.
La primera impresión es espectacular, es enorme. No lo esperaba así de grande y por fuera es muy bonito. Llegamos todavía con luz diurna, lo cual nos iba a hacer disfrutar de él tanto de día como de noche, pues a la salida de la visita ya sería de noche.
La primera impresión es espectacular, es enorme. No lo esperaba así de grande y por fuera es muy bonito. Llegamos todavía con luz diurna, lo cual nos iba a hacer disfrutar de él tanto de día como de noche, pues a la salida de la visita ya sería de noche.
Sacamos las entradas para su visita (11 euros por persona) y nos adentramos en el hall principal, donde la cola que hay para subir en el ascensor es alucinante. (Si llego a saber lo que voy a ver, doy media vuelta). Esperamos pacientemente nuestro turno para subir en el ascensor más rápido de la época (según nos comenta la muchachina que subía y bajaba sin parar) y llegamos a la esfera más alta del Atomium. Las vistas son increíbles así que damos una vuelta de 360º por la esfera y vuelta a hacer cola para bajar en el ascensor “supersónico” (el de mi edificio va más rápido)
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Estábamos un poco cansados, así que no visitamos nada más del Atomium. Salimos y vemos el edificio iluminado, y si de día es bonito, de noche lo es mucho más.
Personalmente, la visita interior al Atomium no merece la pena (pero para gustos colores). Sí que por fuera es bonito y si se ve de día y de noche se tiene un buen contraste del mismo.
Volvemos a coger el metro (línea 6) en dirección Simonis (Elisabeth) y nos bajamos en Madou. Desde aquí volvemos a dirigirnos, como la noche anterior, a la zona de la Bourse y St. Catherine para visitar los puestecillos de Plaisirs d´Hiver (a este ritmo nos van a hacer socios). Repetimos en la creperie del primer día y nos pedimos una crepe 3 formages (la 3 quesos de toda la vida) y otra crep tartiflette (especialidad de la zona). Las dos crepes nos cuestan 11 euros. Encontramos una mesita donde apoyarnos y pedimos en un puestecito de al lado dos vinos calientes (2 euros cada uno).
Como soy un poco antojadizo y todo lo dulce me encanta, ponemos rumbo a la Rue de L´Etuve para comprar 2 gofres esta vez en otra gofrería que habíamos visto: The waffle Company (precio de dos gofres 6,50 euros). La verdad que si los del día anterior estaban muy buenos, éstos no le iban a la zaga
Volvemos a coger el metro (línea 6) en dirección Simonis (Elisabeth) y nos bajamos en Madou. Desde aquí volvemos a dirigirnos, como la noche anterior, a la zona de la Bourse y St. Catherine para visitar los puestecillos de Plaisirs d´Hiver (a este ritmo nos van a hacer socios). Repetimos en la creperie del primer día y nos pedimos una crepe 3 formages (la 3 quesos de toda la vida) y otra crep tartiflette (especialidad de la zona). Las dos crepes nos cuestan 11 euros. Encontramos una mesita donde apoyarnos y pedimos en un puestecito de al lado dos vinos calientes (2 euros cada uno).
Como soy un poco antojadizo y todo lo dulce me encanta, ponemos rumbo a la Rue de L´Etuve para comprar 2 gofres esta vez en otra gofrería que habíamos visto: The waffle Company (precio de dos gofres 6,50 euros). La verdad que si los del día anterior estaban muy buenos, éstos no le iban a la zaga
Antes de ir a descansar, decidimos tomarnos una cervecita y el sitio elegido es el Delirium Tremens. La cervecería se encuentra en una calle sin salida (es todo el callejón del Delirium) que nace en la Rue des Bouchars. Entramos y el sitio es enorme con multitud de salas y todas ellas hasta arriba, no entraba un alfiler.
Así que salimos a la calle y nos dirigimos a nuestra segunda opción: A la Mort Subite. Está justo enfrente de las Galerías St. Hubert y aquí el ambiente es más tranquilito. Nos sentamos en una mesita y pedimos dos cervezas: una Mort Subite Peach y otra Mort Subite Gueze (8,40 euros).
Vencidos por el cansancio, ponemos rumbo al apartamento para descansar, pues el día siguiente vamos a visitar Brujas y a vivir la Nochevieja bruselense.




























