7 a.m. y sigue lloviendo. Contemplamos el cielo en busca de algún pequeño claro pero ante nosotros solo se extiende un opaco muro de grises nubes. Temporada de lluvias, es lo que hay!
Tras el completo desayuno buffet en el pequeño comedor salimos dispuestos a enfrentarnos a las inclemencias del tiempo. Los del hotel nos prestan sendos paraguas, mejores que los plegables que llevamos nosotros. Visto el panorama acuático que nos rodea, dejamos nuestras botas montañeras y nos calzamos unas chancletas más acorde con la sana costumbre local. Al poco de salir a la calle ya vamos haciendo CHOF CHOF!
No hay una gran distancia andando desde el hotel hasta la Ciudad Imperial, así que pese a la lluvia, mapa en mano, vamos siguiendo el curso del río Perfume. Lo cruzamos por el primer puente con el que nos encontramos. Las vistas son estupendas: el ancho y el caudal del río, las barcas tradicionales que lo surcan a la espera de turistas... lástima que la lluvia y ese gris perpetuo que lo invade todo deslucen la bucólica estampa; sin embargo, motos y bicis siguen su camino ajenas a las inclemencias. Pero eso forma parte de Hue también, al fin y al cabo.
Sopla viento lateral por la derecha y llegamos al otro lado del puente mitad mojados o mitad secos (depende de cómo se mire). Al momento se nos ofrecen conductores de ciclorickshaws pero los rechazamos amablemente. Nos dicen que es muy barato y nos hacen el recorrido completo. Les respondemos que estamos pobres y solo podemos aceptarlo si nos pasean "for free". Se rien y dicen que es barato pero no gratis
Uno de los del ciclo (que supongo no termina de creerse que estamos en plan de ahorro total) nos va siguiendo. Supongo que imagina que tarde o temprano nos cansaremos de mojarnos. Le dejamos hacer.
Entramos por una de las calles que da al río. Al momento vemos una especie de campo de "fútbol" en el que un grupo de chicos está jugando un partido. A cada lado 2 bicicletas marcan las supuestas porterías. Entre las hierbas, descalzos y patinando sobre la tierra encharcada los 10 chicos nos hacen ver que no se necesita mucho para divertirse un rato pese a la lluvia. Los observamos desde la distancia vigilando que los coches que pasan no nos alcancen con el agua que ya sobresale por las aceras. Uno marca un gol y lo celebra tirándose en plancha. Se desliza velozmente sobre el chocolate de tierra y agua que lo rodea. Aplaudimos para participar también de la fiesta. A los pocos minutos termina el partido. Cruzan la calle y en el campo que hay frente al Museo de la Guerra los vemos tirarse sobre el agua que lo sigue cubriendo todo. Chapotean en los charcos de agua limpia para desprenderse de todo el barro que envuelve su cuerpo y sus ropas. Desde luego aquí, quien no se ducha es porque no quiere. Flanquean los límites del terreno diferentes tipos de tanques y vehículos militares abandonados por los americanos tras la guerra.
Me siento un poco como Gene Kelly en "Cantando bajo la lluvia" y chapoteo yo también bailando con el paraguas (lo de mojarse ya no importa, jajja). El del ciclorickshaw, que continúa siguiéndonos, se ríe un poco (supongo que debe creer que estamos algo "idos")
Continuamos por la misma calle y en escasos minutos alcanzamos los muros tras los que se esconde la Ciudad Imperial. Hue fue la capital del país entre 1802 y 1945 y su patrimonio arquitectónico fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1993. Antigua capital de los reyes Nguyen, la ciudadela fue la fortificación más grande construida por la monarquía vietnamita, protegida por una muralla de más de 10.000 metros con 10 puertas flanqueando el acceso a este mundo restringido para la mayoría y accesible para muy pocos. Su extensión y estilo eran similares a la Ciudad Prohibida de Beijing.
Tras la abdicación del último soberano en 1945 la Ciudadela subrió el devastador impacto del paso del tiempo y la guerra, especialmente cruel con la ciudad ya que fue bombardeada por la aviación survietnamita y la artillería americana, arrasando la Ciudadela por completo.
Seguimos paralelos a la muralla hasta que alcanzamos la puerta de entrada. Precio: 5 dólares. Nuestro plan de ahorro nos obliga a negociar: Jose, creyendo que solo hay un edificio para ver y con la que está cayendo vota por no entrar; le enseño el plano y le digo que, aunque reconstruido, el interior esconde pequeños tesoros y... ya que hemos llegado hasta aquí... sería una pena no verlos. Si no hay que cenar, pues no se cena! Además puede ser divertido y aunque no tengamos fotos (porque hemos dejado a la cámara de Karin en la caja fuerte del hotel para que no se constipe) estoy convencida de que siempre lo recordaremos.
Tras unos minutos de debate y exposición de argumentos, decidimos entrar
Y ahora... ATENCIÓN: Jose paga las 2 entradas con un billete (que como todos los DONGS) tiene muchos ceros. Como vamos avisados de "la poca aptitud" de los vietnamitas para las cuentas, jejeje, revisa bien las vueltas.
RESULTADO: Un billete que tenía que ser de 100.000 Dongs, se ha convertido en uno de 10.000. Total, qué más da un cero más o un cero menos, no?
El acceso al recinto es realmente majestuoso, espectacular pese a la lluvia torrencial que no cesa de acompañarnos en nuestro tour. Como siempre que voy a lugares de semejante trascendencia histórica, trato de imaginar el boato, la pompa, toda la fastuosidad de los solemnes ceremoniales que allí tuvieron lugar.
Tras la puerta una pasarlea cruza el estanque en el que un grupo de turistas se distrae dando de comer a la multitud de peces que lo habitan. Un ligero cosquielleo me acompaña mientras seguimos avanzando hacia el Salón del Trono, el primero de los monumentos que vamos a visitar. Le seguirán la Sala de los Mandarines, el Teatro, las diferentes residencias y lo poco que queda de la Ciudad Púrpura Prohibida, a la que sólo podía acceder el Emperador.
Seguimos chapoteando entre edificio y edificio, recorriendo con cuidado el terreno resbaladizo que los circunda y aprovechando los momentos de abrigo bajo las galerías que están siendo reconstruidas, entre alguna que otra gotera caprichosa. En cierta forma me parece estar andando entre decorados hechos de cartón-piedra. A pesar de ello, no dejan de seducirme las reminiscencias de un pasado que ya no volverá.
La visita nos lleva unas cuantas horas. cada vez llueve más pero ya no importa. Hay unas pagodas no muy lejos de allí pero no se si merece la pena acercarse.
De regreso al hotel paramos en todas las agencias que encontramos preguntando precios de transporte hasta Ha Long y tours hacia Sapa. Ir a Ha Long en bus desde allí es imposible (dicen), nadie me ofrece una slución satisfactoria. Hay que ir a Hanoi. Lo tienen montado de esa forma y no hay otra posibilidad. Con la información materializada en folletos nos vamos a comer mientras decidimos qué hacer. Otra opción es llegar hasta Ninh Binh en tren y una vez allí buscarnos la vida, pero a estas alturas no estamos por la labor y más si recordamos al amigo de los calcetines
Por la tarde vamos a contratar el bus. Regateamos bastante con el de la agencia y nos aseguramos del tipo de autobús de que se trata y del tipo de asiento. La planta baja de literas está toda ocupada, así que elegimos la superior, tercera fila para ir lo más hacia adelante posbile.
Descartamos contratar la excursión a las tumbas reales porque la situación climatológica es realmente adversa. Ya que nos han dado una supersuite, disfrutaremos de habitación, de conexión a internet gratis y de superpantalla plana con DVD. En recepción hay cantidad de películas en diferentes idiomas para elegir. Así que nos aprovisionamos de unas cuantas y noche de cine!
A la mañana siguiente la situación no es que haya mejorado pero parece que llueve menos. No podemos tener la habitación más horas porque está reservada, así que apuramos hasta lo permitido. A las 12 horas bajamos con las maletas y las dejamos en recepción. Ahora no llueve, vamos a ver si podemos visitar alguna pagoda. Los paraguas con nosotros, por supuesto.
Aún no hemos recorrido ni 2 metros que comienza a llover. Cada vez lo hace con más fuerza. Vemos una especie de bar-restaurante con posters del Che, una guitarra flamenca y nos refugiamos en él. Tomaremos unas cervecitas mientras esperamos que la lluvia amaine. Al decirles que somos españoles suena al momento un fandango por los altavoces del local. Les lanzamos miradas cómplices. Cuando termina el fandango sigue una buena selección de música española. El "DJ" desde el ordenador ha abierto la carpeta MADE IN SPAIN. De maravilla: todo el local para nosotros, cerveza barata y clásicos españoles. Le comento que si quiere le hago una lista de más cantantes para ampliar la colección.
A la primera cerveza le sigue otra. En la calle, la lluvia no cesa. Delante del bar están construyendo un edificio. Los trabajadores van con la única protección de un chubasquero; ni casco, ni arnés. El diluvio tampoco les impide seguir con sus tareas y saltan de andamio en andamio con presteza.

Casi es la hora de comer, así que pedimos la carta al son de Maná. desde donde estamos sentados vemos la cocina; la familia entera está allí comiendo. Afuera, el diluvio continúa. No importa que cante las letras de las canciones; más agua, ya no puede caer.


Cuánto me equivoco!
Esperamos en el hall mientras consulto páginas de internet en el ordenador disponible para los clientes; nos van sacando tazas de te y galletitas, gentileza de la casa. Jose sentado ante los ventanales que dan a la calle se relaja viendo como el agua sigue cayendo incansable.
Los de la agencia vienen a buscarnos en furgoneta justo en el momento en que para de llover. Qué bien! Así no se mojarán nuestras bolsas. La alegría dura poco pues al momento el cielo descarga otra tromba sobre nuestras cabezas. Yo así no salgo de la furgoooooo! Por suerte la agencia tiene toldo y al bajar no nos mojamos mucho. En la oficina ya hay unos cuantos esperando, la mayoría locales y una pareja occidental.
Se supone que el autobús no tardará mucho, así que esperamos de pie. Ya es la hora y el bus no llega. Cuando ya llevamos 15 minutos de retraso le pregunto a una de las chicas. Me responde que ha habido un problema con el bus y lo están tratando de resolver. Hay que esperar unos 45 minutos más. Bueno, pues a esperar!
Por la calle la gente ya va con el agua hasta las rodillasaceras y está a punto de entrar en la oficina. En la agencia de al lado que es más bajita ya le tienen dentro. Veo que el panorama se está poniendo negro y temo que si el autobús se retrasa mucho nos quedemos bloqueados sin poder salir. Decidimos ponernos las chancletas y quitarnos las botas ya que al salir a la calle el agua las cubrirá por completo. Así lo hacemos y nos subimos los pantalones todo lo que podemos, jejeje.
Un poco antes de lo anunciado llega el autobús como una arca salvadora. Me pongo en la cola mientras Jose vigila las mochilas. El agua sigue cayendo vorazmente. El estilo del bus es similar al del otro día aunque con algunas diferencias.
Sitúo las cosas de Jose en su litera (le ha tocado pasillo central) y yo y mis piernas mojadas nos subimos a la lateral derecha. Lo bueno llega cuando Jose intenta poner las suyas en el pequeño orificio creado para tal cometido. Ni su flexibilidad, ni su altura se adaptan al modelo vietnamita. Está un rato con las piernas colgando, otro con las piernas dobladas, otro con las piernas semiestiradas aprovechando que el de delante es tan elástico que puede hasta subirse el respaldo. Mientras todo este movimiento de piernas tiene lugar, los locales se tronchan con la serie que han puesto por la tele a un volumen ensordecedor. Debe de ser buenísimas porque se descoj... PIP PIPPPPPP

He pillado posición dentro del encogimiento y permanezco impasible como si me hubieran embalsamado. Veo mucho ir y venir del responsable del autobús hacia la litera que hay bajo la mía. Primero no le doy importancia; luego, ya me comienza a preocupar y sigo atentamente sus andares desde mi postura recostada. Tanto me entrego al espionaje que mi sentido olfativo detecta algo. NOOOOOO! NO PUEDE SER, POR FAVORRRRRR!
Llamo a Jose que va ya por la sexagésima postura y le pregunto si es posible que tenga bajo mi litera a algún viajero mareado... La respuesta es afirmativa: chica vietnamita evacuando estómago de la misma nacionalidad. Bueno, parece que esto se convertirá en un clásico de nuestros desplazamientos por Vietnam
Paramos a las 2 horas para cenar y la chica aún sigue igual. Con lo pequeñita que es y lo que guarda en su interior, ay señor! Pobre, la verdad es que su cara es un poema y aún quedan como 12 horas más de viaje. Si continúa así se deshidratará!
Salto por encima de la litera de Jose y bajamos del bus. Como nosotros no tenemos problemas de mareos nos zampamos unos buenos platos de tallarines con verduras. Estiramos un poco las piernas y de nuevo al autobús. Siguen con la serie cachonda, pero ahora con menos volumen. Me tomo la pastillita de los dulces sueños y a dormir. Espero que me ayude para que no se me haga muy pesado el trayecto. Vuevlo a la "momia position". GOOD NIGHT, SLEEP TIGHT!
EPÍLOGO: Dos días después de salir nosotros de Hue nos enteramos por otros turistas que las autoridades desaconsejan firmemente dirigirse hacia allí y que se está desalojando a los habitantes de la ciudad a causa de las inundaciones. Así como también que se están repartiendo pastillas contra la malaria y otras enfermedades entre la población.