10 y 11 de mayo de 2008, sábado y domingo
Volamos con Swiss. Duración del vuelo Madrid-Zurich, 1 hora y 50 minutos, allí cambiaremos de avión, con el tiempo justo. En el billete pone comida ligera ¡y tan ligera!. A los 5 minutos de despegar nos sirven un desayuno (el 2º del día porque en Barajas ya hemos desayunado)
En Zurich nos hacen pasar un nuevo control de policía y nos quitan el agua que habíamos comprado en Barajas. También volamos con Swiss. Duración del vuelo Zurich-Shanghai, 11 horas y 20 minutos. Allá vamos. Nos sirven primero un aperitivo, a las 15:00 horas la comida, a las 20:00 horas un bocadillo y a las 23:00 horas OTRO DESAYUNO (el 3º del día).
Llegamos a Shanghai las 00:40 del domingo 11 de mayo que, cambiando a la hora local resultan ser las 6:40 horas de la mañana. Hace 18 horas y 40 minutos que nos hemos levantado pero en Shanghai está empezando el día y nosotros YA HEMOS DESAYUNADO. Entre pitos y flautas (inmigración, equipajes, …) no salimos del aeropuerto de Shanghai hasta las 7:30 horas.
Nos está esperando Isabel, nombre español de la muchacha china que nos ha ayudado a preparar la primera parte del viaje. En chino se llama Zhang Li Ying. No tenía que venir ella pero como la agencia no disponía de guía que hablase español pues no ha tenido más remedio que acudir. Nos monta en un taxi y nos lleva al hotel. Antes de subir en el taxi le digo que si nos puede llevar en el tren Maglev, ese que va a 431 kilómetros por hora pero, o no consigo que me entienda, o se hace muy bien la tonta porque se supone que habla español.
Por el camino nos hace una oferta de cambio de actividades: como hoy no tenemos nada preparado (por si estábamos muy cansados) propone hacer hoy lo que tenemos previsto para mañana y mañana ir de excursión a Hangzhou por el módico precio de 150,00 euros.
Nos parece un poco caro pero le decimos que sí. Después nos dice que la agencia ha reservado, por error, hotel para una sola persona, pero que no nos preocupemos que ya está arreglado y no tenemos que pagar más. (creo que parte de los 150,00 euros son para eso).
Llegamos al hotel y claro, nos dan solo un desayuno para cada día. Le digo que le diga al recepcionista que al menos nos den los dos para el mismo día, porque total el otro día nos vamos temprano a Hangzhou y desayunamos fuera. Dicen que no puede ser. Como las conversaciones tienen que ser con intérprete, pues nos aguantamos. El hotel está muy bien, se llama Yun's Paradise y está al lado del parque Yuyuan (solo cruzar la calle).
Quedamos con Isabel en que mientras nos duchamos va a comprar los billetes de tren para la excursión. Cuando vuelve nos dice que el tren a Hangzhou sale demasiado tarde así que ha reservado plaza en una excursión en autobús. Se van confirmando mis sospechas de que los 150,00 euros son un timo.
Además ha aparecido con ella un muchacho chino, que dice que es de la agencia pero que no sabe español ¿pues para qué viene?, nos preguntamos. Deducimos que será porque conoce la ciudad ya que Isabel es de Beijing y no la conoce.
Nos llama la atención es el caos circulatorio que hay. Se mezcla todo: peatones, coches, autobuses, bicicletas,… Giran a la derecha, a la izquierda, siguen recto, todo a la vez; da igual si el semáforo está verde o rojo. Como te pares a esperar en el paso de peatones te miran como si fueses tonto. Cuando avance más el viaje nos iremos dando cuenta de que hasta por las autopistas circulan las bicicletas sin luz y ¡en sentido contrario!
Nos llevan al Parque Yuyuan y me doy cuenta de que el chino que nos acompaña no tiene mucho que contarnos de la visita así que nos volvemos a preguntar para qué ha venido.
En Zurich nos hacen pasar un nuevo control de policía y nos quitan el agua que habíamos comprado en Barajas. También volamos con Swiss. Duración del vuelo Zurich-Shanghai, 11 horas y 20 minutos. Allá vamos. Nos sirven primero un aperitivo, a las 15:00 horas la comida, a las 20:00 horas un bocadillo y a las 23:00 horas OTRO DESAYUNO (el 3º del día).
Llegamos a Shanghai las 00:40 del domingo 11 de mayo que, cambiando a la hora local resultan ser las 6:40 horas de la mañana. Hace 18 horas y 40 minutos que nos hemos levantado pero en Shanghai está empezando el día y nosotros YA HEMOS DESAYUNADO. Entre pitos y flautas (inmigración, equipajes, …) no salimos del aeropuerto de Shanghai hasta las 7:30 horas.
Nos está esperando Isabel, nombre español de la muchacha china que nos ha ayudado a preparar la primera parte del viaje. En chino se llama Zhang Li Ying. No tenía que venir ella pero como la agencia no disponía de guía que hablase español pues no ha tenido más remedio que acudir. Nos monta en un taxi y nos lleva al hotel. Antes de subir en el taxi le digo que si nos puede llevar en el tren Maglev, ese que va a 431 kilómetros por hora pero, o no consigo que me entienda, o se hace muy bien la tonta porque se supone que habla español.
Por el camino nos hace una oferta de cambio de actividades: como hoy no tenemos nada preparado (por si estábamos muy cansados) propone hacer hoy lo que tenemos previsto para mañana y mañana ir de excursión a Hangzhou por el módico precio de 150,00 euros.
Nos parece un poco caro pero le decimos que sí. Después nos dice que la agencia ha reservado, por error, hotel para una sola persona, pero que no nos preocupemos que ya está arreglado y no tenemos que pagar más. (creo que parte de los 150,00 euros son para eso).
Llegamos al hotel y claro, nos dan solo un desayuno para cada día. Le digo que le diga al recepcionista que al menos nos den los dos para el mismo día, porque total el otro día nos vamos temprano a Hangzhou y desayunamos fuera. Dicen que no puede ser. Como las conversaciones tienen que ser con intérprete, pues nos aguantamos. El hotel está muy bien, se llama Yun's Paradise y está al lado del parque Yuyuan (solo cruzar la calle).
Quedamos con Isabel en que mientras nos duchamos va a comprar los billetes de tren para la excursión. Cuando vuelve nos dice que el tren a Hangzhou sale demasiado tarde así que ha reservado plaza en una excursión en autobús. Se van confirmando mis sospechas de que los 150,00 euros son un timo.
Además ha aparecido con ella un muchacho chino, que dice que es de la agencia pero que no sabe español ¿pues para qué viene?, nos preguntamos. Deducimos que será porque conoce la ciudad ya que Isabel es de Beijing y no la conoce.
Nos llama la atención es el caos circulatorio que hay. Se mezcla todo: peatones, coches, autobuses, bicicletas,… Giran a la derecha, a la izquierda, siguen recto, todo a la vez; da igual si el semáforo está verde o rojo. Como te pares a esperar en el paso de peatones te miran como si fueses tonto. Cuando avance más el viaje nos iremos dando cuenta de que hasta por las autopistas circulan las bicicletas sin luz y ¡en sentido contrario!
Nos llevan al Parque Yuyuan y me doy cuenta de que el chino que nos acompaña no tiene mucho que contarnos de la visita así que nos volvemos a preguntar para qué ha venido.

Al terminar cogemos un taxi y nos llevan a la zona del Bund y la famosa calle Nanjing. Todo nos llama la atención porque es el primer día. Después ya no nos fijaremos tanto.

A las 12:00 horas nos dicen que es hora de comer y que toca pizza. Les decimos que tururú, que para comer pizza nos hubiéramos ido a Italia que está más cerca de casa así que ya pueden ir buscando otro menú. Después de que el chino, (que ahora ya sabemos que se llama Liu Zì Gang) llame a la agencia para pedir permiso nos ofrecen probar el Caldero mongol. Como es una de las comidas que yo llevaba anotada en mi guía gastronómica, aceptamos.
Nos gusta mucho el caldero mongol. De manera resumida se trata de un perol que te ponen en el centro de la mesa (que tiene un quemador que encienden claro). El perol está dividido en dos compartimentos con agua y especias que llevan a punto de ebullición. Si quieres, uno de ellos contiene picante y el otro no. Nosotros lo hicimos así, uno con picante. Ponen un montón de platos con carne y verduras que tienes que ir echando al agua (a la que pica o a la que no); hay salsas de mil clases y en cuanto la carne o verdura esté hervida, con los palillos que tienes como cubierto la sacas del perol y te la comes. No hay plato, en su lugar tienes un cuenco pequeño para emergencias (por si acaso no consigues que la comida llegue a la boca desde el perol usando los palillos). Cuando estamos hartos les pregunto a nuestros acompañantes que si en China hay costumbre de comer postre: dulces, fruta, lo que sea. Me dicen que sí y les digo que pidan algo. Sorpresa: nos traen rollitos de primavera y tomatitos chinos, de esos enanos. No les vamos a hacer un feo así que, de postre nos zampamos dos rollitos de primavera y media docena de tomatitos (que son los que conseguimos coger con los palillos antes de abandonar por aburrimiento). Os pongo una foto para que lo veáis:
Nos gusta mucho el caldero mongol. De manera resumida se trata de un perol que te ponen en el centro de la mesa (que tiene un quemador que encienden claro). El perol está dividido en dos compartimentos con agua y especias que llevan a punto de ebullición. Si quieres, uno de ellos contiene picante y el otro no. Nosotros lo hicimos así, uno con picante. Ponen un montón de platos con carne y verduras que tienes que ir echando al agua (a la que pica o a la que no); hay salsas de mil clases y en cuanto la carne o verdura esté hervida, con los palillos que tienes como cubierto la sacas del perol y te la comes. No hay plato, en su lugar tienes un cuenco pequeño para emergencias (por si acaso no consigues que la comida llegue a la boca desde el perol usando los palillos). Cuando estamos hartos les pregunto a nuestros acompañantes que si en China hay costumbre de comer postre: dulces, fruta, lo que sea. Me dicen que sí y les digo que pidan algo. Sorpresa: nos traen rollitos de primavera y tomatitos chinos, de esos enanos. No les vamos a hacer un feo así que, de postre nos zampamos dos rollitos de primavera y media docena de tomatitos (que son los que conseguimos coger con los palillos antes de abandonar por aburrimiento). Os pongo una foto para que lo veáis:

Después de ver la Plaza del Pueblo, donde está el museo de Shanghai nos llevan a la Torre Perla Oriental.

Subimos a la torre y vamos bajando por las terrazas, las rodeamos por dentro y por fuera y hacemos un montón de fotos. La vista desde arriba es impresionante porque la torre es bastante más alta que la Torre Eiffel.

Al bajar del último ascensor te dejan en el sótano, donde tienen las tiendas de recuerdos y la entrada un museo de la historia de la ciudad. Está montado con fotos y maquetas. También hay coches antiguos (éstos de verdad). Nos gusta bastante.

Como estamos en la otra orilla del rio tenemos que coger un taxi para volver. Cuando Isabel nos dice que a qué hora queremos cenar le decimos que no queremos cenar, que le cambio la cena de hoy por los dos desayunos que nos faltan. Acepta encantada claro, porque lo cierto es que debería darnos la cena y los desayunos. En fin, solo estamos empezando, así que no vamos a cabrearnos por un desayuno más o menos, al fin y al cabo hoy he desayunado 3 veces.
Puesto que no vamos a cenar con ellos, decidimos decirles que nos crucen el rio con el taxi y que se marchen, que ya volveremos solos al hotel dando un paseo (son las 17:30 horas). Nos cuesta un poco que lo entiendan pero al final lo conseguimos.
Volvemos a la calle Nanjing y vemos por primera vez lo que será la constante del viaje: Los vendedores te avasallan Lady?, Hello?, Merçi?, ellos van probando todo lo que saben. En cuanto abres la boca y captan de dónde eres empiezan: amico, mila, mila, bonito. Quieles CUSTO, DOLCE GABANNA, … toda la retahíla. La verdad es que los vendedores de Shanghai son monjiles comparados con los mercados de Beijing. Eso sí que es la bomba.
Aquí anochece más pronto (a las 20:00 más o menos), supongo que porque van con la hora solar real, al día siguiente descubriríamos que a las 5:30 de la mañana ya ha salido el sol.
Puesto que no vamos a cenar con ellos, decidimos decirles que nos crucen el rio con el taxi y que se marchen, que ya volveremos solos al hotel dando un paseo (son las 17:30 horas). Nos cuesta un poco que lo entiendan pero al final lo conseguimos.
Volvemos a la calle Nanjing y vemos por primera vez lo que será la constante del viaje: Los vendedores te avasallan Lady?, Hello?, Merçi?, ellos van probando todo lo que saben. En cuanto abres la boca y captan de dónde eres empiezan: amico, mila, mila, bonito. Quieles CUSTO, DOLCE GABANNA, … toda la retahíla. La verdad es que los vendedores de Shanghai son monjiles comparados con los mercados de Beijing. Eso sí que es la bomba.
Aquí anochece más pronto (a las 20:00 más o menos), supongo que porque van con la hora solar real, al día siguiente descubriríamos que a las 5:30 de la mañana ya ha salido el sol.

Así que en cuanto empieza a oscurecer, de la calle Nanjing pasamos al Bund por un paso subterráneo para cruzar la avenida y estamos un rato haciendo fotos y viendo el paisaje urbano del otro lado del rio. Es bastante impresionante.

Bueno, pues como empieza a hacer rasca, decidimos volver al hotel, que calculamos que está a una media hora andando.
En el camino vemos, en una calle, unos cuantos carritos con unos grandes pasteles que venden a trozos. Yo los había visto en internet así que decidimos probarlos. Le preguntamos a un vendedor el precio y nos dice que 35 yuanes el kilo. Le decimos que un kilo es mucho, que solo queremos un trozo así que lo corta, lo pesa con una romana y nos lo enseña: ½ kilo. Dice que le tenemos que pagar sólo 31 yuanes ¡qué cara! ¡Si un kilo vale 35, ½ no puede valer 31! Le decimos que se lo quede, que nos vamos. Nos coge del brazo y nos pide 30 yuanes. Definitivamente nos vamos sin comprarlo. Y es que todavía no hemos aprendido a regatear. Si esto nos pasa dentro de 6 días le sacamos el pastel por 3 yuanes.
El cansancio empieza a hacer mella porque hay que recordar que llevamos sin dormir en una cama desde las 6:00 de la mañana del sábado y son las 20:00 del domingo, la friolera de 32 horas sin acostarnos, así que decidimos cerrar los ojos hasta mañana.
En el camino vemos, en una calle, unos cuantos carritos con unos grandes pasteles que venden a trozos. Yo los había visto en internet así que decidimos probarlos. Le preguntamos a un vendedor el precio y nos dice que 35 yuanes el kilo. Le decimos que un kilo es mucho, que solo queremos un trozo así que lo corta, lo pesa con una romana y nos lo enseña: ½ kilo. Dice que le tenemos que pagar sólo 31 yuanes ¡qué cara! ¡Si un kilo vale 35, ½ no puede valer 31! Le decimos que se lo quede, que nos vamos. Nos coge del brazo y nos pide 30 yuanes. Definitivamente nos vamos sin comprarlo. Y es que todavía no hemos aprendido a regatear. Si esto nos pasa dentro de 6 días le sacamos el pastel por 3 yuanes.
El cansancio empieza a hacer mella porque hay que recordar que llevamos sin dormir en una cama desde las 6:00 de la mañana del sábado y son las 20:00 del domingo, la friolera de 32 horas sin acostarnos, así que decidimos cerrar los ojos hasta mañana.