Desgraciadamente amaneció lloviendo y mi mujer se puso de morros (aunque sabíamos que iba a llover) porque no iba a sacar buenas fotos y encima lloviendo no íbamos a tener el ambiente y el ajetreo de un día soleado. Fuimos a ver la casa museo, al pagar nos preguntaron de donde éramos y nos dieron dos folios con las explicaciones en español, de lo que iba a decir el guía., En esta casa te puedes llegar hacer una buena idea de su forma de vida y costumbres.

Al salir del museo fuimos en busca de los puentes cubiertos de madera, como los que salen en los puentes de Madison, íbamos con un plano nada claro la verdad… así que nos costó encontrarlos, hicimos la foto de rigor y un video cruzándolo. Nos metimos por los caminos viendo granjas y algún carro de amish, como llovía no había mucho movimiento.






Después fuimos a Kitchen Kettle Village www.kitchenkettle.com/ , una especie de barrio temático, por llamarlo de alguna manera, donde hay productos amish, con tiendas y restaurantes, pero es todo prefabricado. Una recomendación de la oficina de turismo de Lancaster. Allí comimos, probamos unos pepinillos exquisitos, pero seguro que hay sitios mejores para comer. Después de comer, acabamos de ver el lugar y salimos a pasear por el pueblo, (bajo la lluvia) y para nuestra sorpresa descubrimos que el pueblo era muy frecuentado por Amish. Tenían sus propias tiendas a las que solo ellos podían acceder. Justo enfrente está el banco donde veíamos amish ir a sacar dinero, al lado estaba la oficina de correos y un súpermercado, así que aparcamos enfrente y nos sentimos por unos momentos paparazzi en busca de una buena foto para el recuerdo, pasada una media hora con gran satisfacción pusimos rumbo a Washington.






Esta es la diferencia de los carruajes de antes y los de ahora.

El hotel estaba a unos 6 Km. del centro. Al llegar empezó la odisea en Washington, he de decir que simplemente por nuestra falta de experiencia y por un cúmulo de circunstancias o errores nuestros, Washington fue lo peor del viaje.
El motel6, estaba situado en un barrio poco seguro, en el parking había carteles que decían “No nos hacemos responsables de los robos “, cosa que nos llenó de incertidumbre. Al hacer el check-in, el de la recepción, estaba aislado con cristales como el de los bancos y para colmo nos decía que no encontraba nuestra reserva. Al final la encontró y subimos a la habitación, al asomarnos por la ventana vimos una furgoneta blanca que estaba aparcada con música alta de la que entraba y salía gente y daba la sensación de trapicheos. Paseantes un poco estrambóticos… no nos ayudó a tranquilizarnos. Esa noche compramos la cena pronto y nos subimos a la habitación, por primera vez no estábamos a gusto.