Nápoles y Pompeya (Napoli e Pompei)
Nos levantamos bastante temprano para bajar hasta Nápoles y Pompeya.
Comenzamos buscando dentro de Roma el Grande Raccordo Anulare, que es el gran anillo desde dónde parten las carreteras que te conducen desde Roma hasta el resto de las ciudades de Italia (y viceversa).
Una vez en él, nos dirigimos hacia la Autostrada A24 y al poco de circular por esta, nos desviamos por la E35-E45-A1 FIRENZE NAPOLI E45, conocida como la Autostrada del Sole, que ya nos llevará, en poco más de dos horas, hasta nuestro destino final en Nápoles.
Unos 20 minutos antes de llegar a la ciudad de Nápoles, aproximadamente a la altura de Caserta, vemos que en las montañas que hay a nuestra izquierda hay numerosos incendios diseminados por toda la cordillera. Hay una humareda enorme y varios helicópteros que tratan de sofocar los fuegos. Una tristeza la verdad.
Entramos a Nápoles bajando por el norte de la ciudad. Sin bajarnos del coche, por motivos obvios, recorrimos los barrios de Secondigliano, Scampia y Capodichino y salimos de allí bajando por Capodimonte hasta el centro de la ciudad. Quería ver de primera mano los barrios que hacían referencia a la mafia y dónde se había rodado “Gomorra” y efectivamente, eran exactamente iguales que en la película, sino peores. Fue curioso.
Paseamos por el centro y cuando nos cansamos abandonamos la ciudad por su avenida marítima atravesando la Via Partenope, Via Nazario Sauro, Via Amiragglio Ferdinando Acton, Via Cristoforo Colombo, Via Nuova Marina, Via Amerigo Vespucci y Via Alessandro Volta en dónde a la altura de un concesionario Smart en Via Benedetto Brin había un hombre sentado en una silla plástica a la orilla de la carretera vendiendo tapacubos usados. Supongo que serán tapacubos que se encuentra por la zona y que se le han caído a los coches que pasan por aquí a diario. Es normal porque la carretera, los alrededores y los paisajes urbanos son más propios de cualquier suburbio de Pakistán que de una ciudad europea. El vendedor tiene los tapacubos expuestos colgando de clavos en una pared junto a la carretera.
Continúo por Via Reggia di Portici y ya por allí había unas colas espectaculares. La carretera no está delimitada por carriles y hay zonas en las que los vehículos hacen 3 y hasta 4 filas paralelas, por lo que pude ver varias veces con detalle, el color de los ojos de otros automovilistas que estaban tan pegados a mí como lo estaba mi mujer. Motos con 3 personas como pasajeros y sin cascos y coches cayéndose a pedazos circulaban por las vías del tranvía sin ningún respeto por la normativa vial. Una vez que me tocó estar el primero en la fila ante un semáforo en rojo, muchos automovilistas que estaban detrás me tocaban el claxon y me insultaban mientras pasaban por mi derecha y por mi izquierda pasándose la luz roja por el "Arco de Trajano". Me quedé flipado. Ahí entendí el significado del famoso “caos circulatorio” de Nápoles.
Continúo la ruta por Ponte dei Granili, Via Ponte dei Francesi y Corso San Giovanni. En la localidad de Portici , parando a un lado del Corso Giuseppe Garibaldi, pregunto a un señor mayor la manera de salir de allí rápidamente para dirigirme a Pompeya. El señor en una mezcla de italiano y español me dice algo así como: “Español, si alguien de por aquí te dice que llevas la rueda pinchada, no pares, no te bajes, continúa hacia delante. ¿Capisci?”. Asentí con la cabeza que sí lo entendía, le dí las gracias y me dijo dónde estaba la salida para la autopista. Salgo de la ciudad por Torre del Greco y me incorporo a la Autostrada A3-E45 que se dirige hacia Salerno-Reggio Calabria. Salida de Nápoles hacia Pompeya.
La verdad es que Nápoles no me dejó buen sabor de boca, no es una ciudad a la que volvería de visita.
Hiper-sucia, gris, caótica, ruinosa, convertida en un gran cubo de basura y de desechos y con un aspecto bastante decadente. Hay mucha gente que le encuentra un encanto especial, pero yo sinceramente no se lo encontré y no creo que vuelva por allí de visita expresamente. Quizás de pasada para ver la ciudad subterránea que me quedaron ganas....
Salgo en Pompei y automáticamente la carretera me lleva hasta la Via Plinio que es la entrada de Pompeya.
La entrada del recinto arqueológico de Pompeya está a 50 metros a la izquierda. Mientras aflojo la marcha debido a la cola formada por un semáforo, aprovecho a mirar a mi alrededor intentando descubrir un parking y de repente, una chica de muy buen aspecto y con pinta de guía se mete delante del coche con una carpeta llena de papeles y educadamente me pregunta: ¿Do you speak english, parla italiano, habla español, sprechen sie deutsch? Me quedé descolocado y le contesté que era español.
Enseguida en un español bastante bueno y educado me pide que me aparte un poco para que los demás coches puedan seguir su marcha y me pregunta que si iba a visitar las excavaciones de Pompeya. Le contesto que sí y a continuación me indica que por la zona no hay aparcamientos gratuitos y los que hay son bastante caros y que si lo deseo puedo dejar el coche de manera totalmente gratuita en el aparcamiento privado y vigilado del Ristorante Pizzeria Lucullus, que se encuentra justo a mi derecha.
Lo único que piden a cambio es que realices el almuerzo en ese restaurante que además, dice, tiene muy buenos precios. Otra opción es aparcar en el parking del restaurante sin compromiso de ningún tipo por 15 euros durante todo el día. La verdad es que como era la hora de almorzar y no queríamos estar dando vueltas para buscar un aparcamiento y posteriormente buscar otro lugar para comer, decidimos aceptar la oferta y entrar. Lo cierto es que fue la mejor elección que pudimos hacer, el restaurante era fabuloso, se notaba que era familiar, con unos camareros y unos dueños super amables, la comida buenísima, todo muy limpio y además, el ¡¡precio era como en España!! Comimos tres entrantes que era pan con tomate, aceite, rúcula, sal y ajo, dos risottos a la pescatora servidos abundantemente y muy buenos, un plato de spaghetti a la bolognesa, una cestita con panes variados, 2 cocacolas, 2 nesteas y 3 tiramisús por unos 40 euros.
Mientras almorzábamos no paraba de entrar gente, supongo que captados de la misma forma que entré yo. Al terminar, la chica que estaba fuera me dijo que no me preocupara por el coche que estaría vigilado hasta mi regreso a la hora de cierre del recinto arqueológico. La entrada a las excavaciones, como ya dije, estaba a 50 metros de la entrada del restaurante. Más cerca imposible. Además de esto, a indicación de la chica, un señor del restaurante que hacía funciones de vigilancia del aparcamiento del mismo, nos acompañó amablemente hasta la misma entrada del recinto arqueológico, nos indicó por dónde había que pagar, cuánto costaba y se volvió deseándonos buena visita sin esperar ningún tipo de propina ni nada similar.
Pompeya tiene tres entradas para acceder a las excavaciones arqueológicas. Una es Viale delle Ginestre (Piazza Esedra) que es por dónde entramos nosotros, otra es Porta Marina Superiore y la otra es por Piazza Anfiteatro.
Comenzamos la visita a la antigua ciudad de Pompeya. Los precios de las entradas en la taquilla son los siguientes:
Las excavaciones arqueológicas de Pompeya
Completo 11,00 €
La reducción de 5,50 € (*)
Las excavaciones arqueológicas en Herculano
Intacto: € 11,00
Reducida: 5,50 € (*)
Con el acceso a los lugares 5
cumulatico billete (Pompeya, Herculano y Oplontis, Stabia, Antiquarium de Boscoreale - validez 3 días)
Intacto: € 20,00
Reducida: 10,00 € (*)
cumulatico billete (Oplontis, Stabia y Antiquarium de Boscoreale)
Intacto: 5,50 €
Reducida: 2,75 € (*)
Libre: para los ciudadanos de la UE menores de 18 años o mayor de 65 años
(*) Reducida: para los ciudadanos de la UE con edades comprendidas entre los 18 y 25 años de edad y para los maestros de las escuelas de la Unión Europea, responsable por un período indefinido.
Los billetes gratuitos y la reducción sólo se podrán conceder, previa presentación de un documento de identidad válido.
En definitiva, que pagamos mi mujer y yo nada más. Mi hija, previa muestra de su DNI, entró gratis al ser europea menor de 18 años. En la misma entrada hay un montón de guías que te asaltan para ver si quieres contratarlos. Yo entré por mi cuenta y lo único que hice fue adquirir una guía en español y un plano de la antigua ciudad. Con eso fue más que suficiente para movernos como pez en el agua por aquella misteriosa ciudad.
La verdad es que aquello es una maravilla. Piensas que cómo es posible que existiese todo aquello cuando por ejemplo, en América, aún estarían en la Edad de Piedra durante más de 1400 años después de que esa próspera ciudad fuera destruida por la ira del Vesubio, siendo enterrada por una capa de aproximadamente siete metros de cenizas y lapilli que sumergió a la ciudad y a la mayoría de sus habitantes, que murieron intentando escapar por la vía que conducía a Estabias y Nocera o por sofocación en los subterráneos de sus viviendas.
Pompeya fue olvidada hasta que entre el 1594 y el 1600 se perforó la colina de "Civita" para construir un canal que llevara las aguas del Sarno a Torre Annunziata y se descubrieron las ruinas de edificios e inscripciones. Pero fue sólo en el 1748, bajo el reino de Carlos de Borbón, cuando empezaron las primeras exploraciones. Sin embargo, a partir del año 1800 las excavaciones progresaron rápidamente, sacando del olvido, entre el 1806 y el 1832, la mayoría de los edificios públicos del Foro y algunas de las más importantes casas privadas como la de Pansa, la del Poeta trágico, y la de Fauno. Tres quintos de la superficie de la ciudad que se extiende sobre 66 hectáreas con un perímetro de muros de 3220 metros, ha sido sacada del olvido, ofreciendo una visión emocionante no sólo de los edificios, sino también de las decoraciones originales y del ajuar de las viviendas. Sobre la base del plan de vialidad, los arqueólogos han subdividido toda la parte poblada en 9 regiones y cada región en "insulae", dando un número de orden regresivo a las habitaciones de ingreso en cada manzana.
Aproximadamente unas 6 horas después, abandonamos la antigua ciudad y nos dirigimos a coger nuestro coche para volver a Roma. Ahí estaba, con varias personas vigilándolo desde la entrada del restaurante. Lo recogemos y un señor “ordena” parar el tráfico fuera para permitir nuestra salida. Nos indica amablemente cuál es la salida a la Autostrada que nos llevará de vuelta a Roma y que casualmente se encuentra a 25 metros del restaurante. La estaba viendo desde el coche. El hombre, nos despide con una sonrisa y no acepta la propina.
De regreso a Roma se hizo de noche y paramos a cenar a la altura de Capua en una enorme estación de servicios de 2 plantas con restaurante a la carta, restaurante buffet, tiendas, duchas y un montón más de servicios necesarios para los conductores. La llegada a Roma fue bastante tarde, así que nos fuimos al hotel a ducharnos y a dormir.
Dos días después, estábamos en Fiumicino subiendo a un Lufthansa que nos llevaría de regreso a Tenerife.
No obstante, y por si acaso sea verdad lo que dicen, arrojé una moneda en la Fontana de Trevi para asegurarme un regreso a la Ciudad Eterna. Y será más pronto que tarde....















