Madrugamos bastante porque queríamos estar antes que abrieran en el Palacio Schonbrunn (8.30h). Desayunamos y nos fuimos a coger el metro a la estación Karlsplatz, de ahí directos a Schonbrunn. Llegamos a las 8.15 y claro está estaba cerrado. Esperamos a las 8.30 y compramos las entradas, cogimos la que daba acceso a casi todo por 16.90€ (Palacio, Jardines del Príncipe, Rotonda y Laberinto). Si además queréis entrar a la casa de las Palmeras y al zoo son 36€.
Os recomiendo que vayais temprano, antes de que lleguen los autobuses de las excursiones organizadas, así podréis ver las salas de palacio tranquilamente.
Nosotros comenzamos por el Palacio la visita, cogimos un audioguía, que es gratis, y a pasear por aquellas inmensas habitaciones, que casi no había gente.
Como dije antes, allí todo lo relacionado con Sissí lo tienen bien explotado. Yo la verdad es que no soy fan de la emperatriz, ni siquiera he visto las películas, pero al pasear por allí te das cuenta de la vida que tuvo esta chica.
Dentro no se pueden hacer fotos, nosotros a la salida compramos un librito que tiene fotos del interior y explicación de la historia y las habitaciones. No era muy caro.
Luego nos dedicamos a pasear por los jardines (estos son de acceso gratuito), subir hasta la rotonda, donde las vistas son espectaculares, y perdernos en el laberinto como si fueramos niños. Muy divertido.

De nuevo cogimos el metro y volvimos a Karslplazt. Hoy sí estaban montado los puestos del mercado, así que nos dimos una vuelta por ellos y cogimos algo para comer en la habitación del hotel, a donde nos fuimos a descansar.
Tras el descanso, nos fuimos al Palacio Belvedere, hoy convertido en Museo (12€). Ya teníamos ganas de ver la colección de obras de Klimt, y sobre todo "El Beso" mi cuadro favorito. Sin palabras me quedé al tenerlo delante.....
Aquí ya las piernas no dieron más de sí, y sentados en los jardines del palacio vimos como el sol caía.

Cenamos y nos fuimos al hotel, teníamos que hacer las maletas para a la mañana siguiente emprender rumbo a Budapest.
Tengo que decir que Viena me sorprendió gratamente, me enamoró. Y a mi marido, que en un principio quería ir a Berlín en vez de a Viena, le fascinó aún más.
Creo que dos días no son suficientes para estar en esta ciudad, pero nosotros aprovechamos bastante bien el tiempo.
