
Kanslarinn Hostel (Hella)- Parking Landmanalaugar 100 km
Parking Landmanalaugar-Sigöldugljúfur 28 km
Sigöldugljúfur - Haifoss 39 km
Haifoss- Kanslarinn Hostel (Hella) 83 km
TOTAL 250 Km
PARTE 1, CAMINO DE LANDMANNALAUGAR Y TREKKING
Hoy tenemos el desayuno incluido, y qué mejor que unos huevos revueltos con bacon y café solo para llegar con las pilas bien cargadas a las Tierras Altas, de momento las previsiones no son malas, nubes y claros, poco viento y no dan lluvias para hoy, así que perfecto.
Nos ponemos en camino, ayer por la noche, viendo que el pronóstico apuntaba bien, reservé el parking que es obligatorio de junio a septiembre, (PARKA 1500 ISK), de hecho, tuve que enseñar el QR, al entrar en la reserva de Fjallabak,y al llegar al parking.
Como el 99% de la gente que llega a Landmannalaugar en coche, escogimos llegar por la ruta más fácil, sin vadear ríos, intentando evitar riesgos innecesarios que no somos precisamente expertos en conducción 4x4.
Salimos de Hella retrocediendo por donde nos iba mandando el GPS hasta coger la carretera 26, carretera bien asfaltada durante bastantes kilómetros atravesando campiñas y granjas hasta que encontramos el desvío para coger la F208 durante 50 kilómetros hasta llegar al parking, a partir de este momento la ruta se vuelve muuuy escénica.


A nosotros el recorrido hasta llegar a Landmannalaugar nos recordó bastante a paisajes del altiplano andino, los lagos, los colores ocres, etc…

Había un ranger junto al cartel de entrada de la reserva de Fjallabak, en el que con una sonrisa de oreja a oreja, nos preguntó si teniamos aparcamiento reservado y nos dice que tiene buenas noticias, que a partir de aquí el camino es bastante mejor, pues se agradece la verdad.
Finalmente llegamos al parking donde otra ranger nos vuelve a solicitar que le enseñemos el QR de la reserva del aparcamiento y nos dice que el río que hay que atravesar para llegar al parking nº 2 es fácilmente pasable, le agradecemos la información, pero preferimos aparcar aquí y evitar sufrimientos innecesarios.
El día pinta muy bien, con nubes y el sol asomando de vez en cuando entre ellas, poco viento, y temperatura ideal para andar. Nos vamos a mirar un cartel indicativo de las posibles rutas a realizar, se nos acercó otra simpática ranger y nos preguntó qué íbamos a hacer y el tiempo del que disponíamos, la dijimos que no teníamos claro si ir al Brennisteinsalda, al Blahnúkúr o a ambos, dependiendo del tiempo y de las ganas.
Y ella nos recomendó ir al Brennisteinsalda porque según nos dijo, era más variado y bonito que Blahnúkúr y que si teníamos ganas una vez coronado el primero podríamos empalmar el camino que sube a al volcán grisáceo.
Como somos muy obedientes directamente cogimos el camino de subida a nuestro objetivo del día, Brennisteinsalda, la montaña de azufre. Empezamos el camino subiendo un poco y después atravesamos el campo de lava Laugahraun, desde el principio las vistas son de quitar el hipo, es inevitable parar cada dos pasos.



Teníamos la sensación de ir caminando atravesando un lienzo, de esos sitios que nos sacaron más de un wow.

Empezamos a tener a la vista el objetivo del día, ya alcanzamos a distinguir los colores frutos de los minerales que componen el volcán, el azul, el rojo, amarillo, verde, gris, negro…..los colores de las tierras altas.

Salimos del campo de lava y nos vamos acercando a sus laderas, las fumarolas, pozas de lodo hirviendo y campos de azufre, dominan ahora el paisaje, un auténtico disfrute para los sentidos.



Vienen tramos de subida más exigentes, pero asequibles, igualmente pararás muchas veces para fotografiar y coger aliento.

Se nos aparece ahora el Bláhnúkur, la montaña de ceniza.

Seguimos, ganamos altura, las vistas siguen siendo de postal.


Y pasito a pasito, finalmente llegamos a la cima del Brennisteinsalda que con sus 891 metros domina el terreno y las vistas siguen siendo brutales. Alcanzamos a ver el campo de lava de Laugahraun, el parking y el camping de Landmannalaugar.

Nos quedamos un buen rato en la cima, apenas hay viento y hay que aprovecharlo, así que debatimos que hacer, volver al camping por la otra vertiente, haciendo la ruta circular, volver por donde hemos venido o deshacer parte del camino recorrido y enlazar con el camino que sube al Bláhnúkur.
Y esta última opción es la elegida, tenemos ganas, tenemos tiempo y tenemos buen clima, así que vamos allá.
Bajamos, cogemos el camino que está perfectamente señalizado con estacas de colores, cruzamos un pequeño riachuelo y empezamos la subida que está muy bien zeteada, coges tu ritmo y a avanzar y “afotar”.

Vamos cogiendo altura progresivamente, nos empezamos a cruzar con gente que ha iniciado la subida desde el camping por el lado contrario al nuestro, y se agradece cuando las nubes se interponen entre el sol y nosotros.


Vemos ahora desde otra perspectiva los colores del volcán en el que estuvimos hace unas horas con gente en la cima.

Y lentos pero seguros coronamos la segunda cima del día 940 metros, allí hay un disco de orientación, donde distinguir los glaciares, valles y montañas que circundan todo el paisaje con una panorámica de 360º.


Arriba coincidimos con un madrileño y una sevillana bien majetes, que estaban acabando su viaje por Islandia y no dejaban de maravillarse con las vistas, constantemente nos repetían que era lo mejor de todo el viaje.
Un buen rato y un montón de fotos después, empezamos ahora ya el descenso hasta el camping, la bajada es más empinada por donde nosotros bajamos ahora. Y agradecemos (en realidad se agradecen todo el camino) los bastones de senderismo.

detrás

Delante
Rápidamente llegamos al camping (tardamos cuatro horas y cuarto para completar casi diez kilómetros y 650 metros de desnivel positivo), donde nos comimos nuestro jamón ibérico en una de las mesas del camping, estábamos pletóricos, nos había encantado la ruta y además con muy buen tiempo y buenas vistas, así que desde allí nos fuimos a la poza termal, llevábamos bañador, toalla y escarpines en las mochilas. Allí mismo sobre la pasarela, con prisa y sin pudor nos cambiamos y nos relajamos en las calientes aguas, una experiencia muy “zen”. Estaríamos unos quince minutos dentro del agua y lo cierto es que salimos como nuevos, todavía teníamos bastantes kilómetros por delante y otros objetivos antes de llegar al hotel.

