JUEVES 18
Nos despertamos sobre las 5 y media de la mañana. Tocaba Washigton y el bus salia a las 6:40h. Así que nos duchamos, nos vestimos, desayunamos en la habitación (suerte que el día anterior en Columbus Circle habíamos comprado víveres para así ahorrar tiempo y horas de sueño) y hacia la parada del bus de Megabus (9 av.entre la 31 y 33).
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Megabus es una empresa de buses Low Cost que si pillas los billetes con mucho tiempo de antelación los puedes encontrar a 1$. Sobra decir que los compramos a 3 meses vistas y que ida/vuelta nos salió en total por 16$ los dos. Una ganga.
Www.megabus.com
Aunque no subimos de los primeros ni mucho menos, pudimos encontrar asiento en la parte delantera del piso superior. Una suerte porque así tienes unas vistas excelentes.
El trayecto no se nos hizo muy largo (entre 4 y cinco horas) pero lo que sí que sí fue muy pesado de aguantar fuere el potente aire acondicionado con el que nos deleitó el conductor. Para vernos. Íbamos todos tapados hasta las cejas. Menudo frío. Eso sí tuvimos suerte porqué durante el recorrido cayó una tormenta de campeonato y al llegar ya era agua pasada. Claro que el calor fue también difícil de soportar.
Www.megabus.com
Aunque no subimos de los primeros ni mucho menos, pudimos encontrar asiento en la parte delantera del piso superior. Una suerte porque así tienes unas vistas excelentes.
El trayecto no se nos hizo muy largo (entre 4 y cinco horas) pero lo que sí que sí fue muy pesado de aguantar fuere el potente aire acondicionado con el que nos deleitó el conductor. Para vernos. Íbamos todos tapados hasta las cejas. Menudo frío. Eso sí tuvimos suerte porqué durante el recorrido cayó una tormenta de campeonato y al llegar ya era agua pasada. Claro que el calor fue también difícil de soportar.
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Por cierto que el bus cuenta con wiffi gratuito, así que nos pusimos al día de las noticias y de paso miramos el radar de lluvias y la predicción que nos confirmó que al llegar las lluvias ya sería cosa pasada.
El bus te deja en K St. Con North Capitol St.
Bajamos y tomamos dirección a Union Station. Por el camino nos pillamos comida en una furgoneta y así podíamos empezar las rutas con la barriga llena.
Entramos en Union Station, dimos una vuelta y luego de Camino al Capitolio tras pasar frente al Columbus Memorial. Ya de lejos ves la impresionante figura del Capitolio.
El bus te deja en K St. Con North Capitol St.
Bajamos y tomamos dirección a Union Station. Por el camino nos pillamos comida en una furgoneta y así podíamos empezar las rutas con la barriga llena.
Entramos en Union Station, dimos una vuelta y luego de Camino al Capitolio tras pasar frente al Columbus Memorial. Ya de lejos ves la impresionante figura del Capitolio.
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Luego pasamos por diferentes edificios destacados entre ellos el US Supreme Court y la Library Congress, que sólo vimos desde fuera. Luego destino Capitolio.
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El Capitolio nos recordó al de La Habana, claro que el cubano es una réplica de este.
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Este grandísimo edificio está vigilado por decenas de policias y militares que no están para bromas. Buscamos la ampara de la sombra de los árboles cercanos para tirar unas fotos y luego dimos la vuelta al edificio para ver la fachada principal con la fuente. Desde aquí se tiene una visión privilegiada de The Mall con su Washigton Monument y el Lincon Memorial al fondo de tan larga avenida.
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También, a la ampara del Capitolio, encontramos el típico americano religioso que protesta, ves a saber tu porqué. Lo curioso del caso es que este lo hace con una estatua a tamaño real de Jesucristo. La verdad es que da un poco de yuyu.
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Pasamos un rato frente la fachada principal y luego buscamos refugiarnos bajo la sombra de un árbol de tan caluroso día.
Sacamos el mapa para ver qué podemos hacer. Se nos presentan 2 opciones. Seguir rectos por The Mall y así visitar Obelisco, Lincond Memorial y los memorials referentes a las guerras, o bien seguir por Pennsylvania Av. Cruzando edificios oficiales como el FBI y el Ronald Reagan Building hasta Freedom Plaza y de allí a la White House. La decisión es difícil pero una parada de Pedicabs nos ayuda a resolver la cusestión. Así es que pedimos preció a la conductora-ciclista y por 15€ nos ahorra el tramos del Capitolio hasta Freedom Plaza. Gran acierto porque a parte de ahorrarnos la pateada, también nos salvamos del sol debido al toldo que cubre a la máquina.
Sacamos el mapa para ver qué podemos hacer. Se nos presentan 2 opciones. Seguir rectos por The Mall y así visitar Obelisco, Lincond Memorial y los memorials referentes a las guerras, o bien seguir por Pennsylvania Av. Cruzando edificios oficiales como el FBI y el Ronald Reagan Building hasta Freedom Plaza y de allí a la White House. La decisión es difícil pero una parada de Pedicabs nos ayuda a resolver la cusestión. Así es que pedimos preció a la conductora-ciclista y por 15€ nos ahorra el tramos del Capitolio hasta Freedom Plaza. Gran acierto porque a parte de ahorrarnos la pateada, también nos salvamos del sol debido al toldo que cubre a la máquina.
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Descansado y menos acalorados, nos despedimos de la conductora y pasamos a visitar la fachada del Treasor Buiding, para luego subir por 15th st. Y llegar a Pennsilvania Av. Y encontrarnos con la casa presidencial más famosa del mundo, la White House.
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Nos sorprende un poco encontrarla allí mismo. Más que nada porqué por las imágenes de la tele tendíamos a pensar que estaba un poco alejada del centro de Washigton, pero no, su fachada principal da a un parque y a su lado, aparte de edificios del gobierno, también hay casas particulares.
En el parque nos cruzamos con una mujer que lleva 20 años acampada manifestándose contra las nucleares. Menudos berridos da con el megáfono.
En el parque nos cruzamos con una mujer que lleva 20 años acampada manifestándose contra las nucleares. Menudos berridos da con el megáfono.
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Otra vez buscamos un poco de sombra e inmortalizamos nuestra estancia en tan destacado edificio.
Luego miramos de nuevo el mapa. Descartamos visitar la parte trasera y luego Obelisco. Creemos que es un recorrido demasiado largo y preferimos entrar en el metro para visitar Arligton Cementery. Así que buscamos de loca de metro de Farragut West para dirigirnos al cementerio militar.
Por cierto, pagar el metro es un tanto diferente a cómo estamos acostumbrados. Al entrar en la estación veréis un panel en el que se indica cúanto vale el trayecto desde la estació de origen hasta la que te bajas. Es decir que pagas por trayecto (cada trayecto tiene un precio distinto). Así que compramos el billete en una máquina y cruzamos la barrera en busca de la linea azul que nos llevará directamente al cementerio.
El metro es ciertamente curioso. Tiene una cúpula que puede recordar un tanto a un refugio antiaéreo, pero a nosotros nos gustó. A parte que está muy bien indicado y que la temperatura es mucho más llevadera que la del metro de NY.
Luego miramos de nuevo el mapa. Descartamos visitar la parte trasera y luego Obelisco. Creemos que es un recorrido demasiado largo y preferimos entrar en el metro para visitar Arligton Cementery. Así que buscamos de loca de metro de Farragut West para dirigirnos al cementerio militar.
Por cierto, pagar el metro es un tanto diferente a cómo estamos acostumbrados. Al entrar en la estación veréis un panel en el que se indica cúanto vale el trayecto desde la estació de origen hasta la que te bajas. Es decir que pagas por trayecto (cada trayecto tiene un precio distinto). Así que compramos el billete en una máquina y cruzamos la barrera en busca de la linea azul que nos llevará directamente al cementerio.
El metro es ciertamente curioso. Tiene una cúpula que puede recordar un tanto a un refugio antiaéreo, pero a nosotros nos gustó. A parte que está muy bien indicado y que la temperatura es mucho más llevadera que la del metro de NY.
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Una vez en el reciento funerario entramos a la casa de información para hacernos con un mapa de la zona. Pasamos de subirnos en el tren-turístico y seguimos a pie. La idea es visitar un poco el cementerio y acercarnos a la tumba de John F. Kennedy, subir a la cima de la colina para llegar a la casa del general Lee y si hay tiempo acercarnos hasta la tumba del soldado desconocido. Ya de entrada descartamos ir hasta el monumento a la bandera de Iwo Jima porque queda un pelín lejos y por lo dura que empieza a ser la jornada.
El cementerio es tal y como lo hemos visto en diferentes documentales y películas. Para increible la infinidad de tumbas blancas que hay por todas las colinas. Eso te da una imagen grotesca de cuan cantidad de jóvenes han perdido la vida en las diferentes guerras en las que ha participado los Estados Unidos de América.
El cementerio es tal y como lo hemos visto en diferentes documentales y películas. Para increible la infinidad de tumbas blancas que hay por todas las colinas. Eso te da una imagen grotesca de cuan cantidad de jóvenes han perdido la vida en las diferentes guerras en las que ha participado los Estados Unidos de América.
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Seguimos los carteles para llegar a la tumba recordatorio del presidente J.F.K. Está enterrado al lada de su mujer Jacqueline Kennedy y una antorcha ilumina la tumba del presidente caído día y noche.
Luego vamos camino de la casa de Lee pasando por delante del memorial al hermano de JFK.
El cementerio no es, ni mucho menos, una zona llana, así que tenemos que ganar un desnivel para acceder a la cima. Desde aquí se ve a lo lejos el Pentágono y Washigton y un mar inmenso de tumbas blancas.
Luego vamos camino de la casa de Lee pasando por delante del memorial al hermano de JFK.
El cementerio no es, ni mucho menos, una zona llana, así que tenemos que ganar un desnivel para acceder a la cima. Desde aquí se ve a lo lejos el Pentágono y Washigton y un mar inmenso de tumbas blancas.
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Nos vemos con fuerzas para ir a la tumba del soldado desconocido, así que retomamos la marcha para llegar a la cima de otra colina donde esta este enorme mausoleo blanco que recuerda aquellos soldados caídos y que no han sido identificados. En la parte de fuera (el interior viene a ser como un colieseo) hay un soldado haciendo guardia con sus mejor ropa de gala. Tiene que ser muy duro montar guardia bajo el tórrido sol de la capital estadounidense.
Nos sentamos un ratito en las escaleras para descansar y luego seguimos decidimos que podemos dar por finalizada la estancia en el cementerio. Empezamos a buscar la salida cuando a lo lejos oímos una corneta honorando a un soldado fallecido y que era enterrado por una zona cercana.
Nos sentamos un ratito en las escaleras para descansar y luego seguimos decidimos que podemos dar por finalizada la estancia en el cementerio. Empezamos a buscar la salida cuando a lo lejos oímos una corneta honorando a un soldado fallecido y que era enterrado por una zona cercana.
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Seguimos la ruta de salida y entonces nos topamos con la tumba del Joe Louis, “el Bombardero Negro”. Uno de los mejores púgiles de la historia que abandonó una brillante carrera por enrolarse al ejército americano.
Ahora sí, salimos del cementerio y cruzamos el Arligton Memorial Bridge bajo la atenta mirada de decenas de aviones que van tomando tierra cerca de aquí.
Ahora sí, salimos del cementerio y cruzamos el Arligton Memorial Bridge bajo la atenta mirada de decenas de aviones que van tomando tierra cerca de aquí.
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De pronto un estruendo tremendo, Brucelina y yo nos miramos y al girarnos vemos una masa negra de nubes que se acerca velozmente a la ciudad. Al parecer tendremos lluvia antes de finalizar la jornada.
Sin más demora pasamos por el Korean War Veterans Memorial, el memorial a los caídos en la guerra de Corea. El conjunto presenta a un batallón en plena incursión por tierra Coreanas, más un muro con caras de los soldados.
Sin más demora pasamos por el Korean War Veterans Memorial, el memorial a los caídos en la guerra de Corea. El conjunto presenta a un batallón en plena incursión por tierra Coreanas, más un muro con caras de los soldados.
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Luego llegamos al enorme Lincoln Memorial. Estamos agotados y las escaleras, a estas alturas del día, resultan ser un gran handicap. Así que tomamos el ascensor para acceder al interior del memorial. Allí nos topamos con una imagen largamente vista en películas, el presidente Lincol sentado en un trono y mirando hacia el Capitolio. Menuda impresión. La estatua es enorme, aunque diría que un poco desproporcionada, claro está que te dirán que con el David de Miquel Angelo de Florencia pasa lo mismo (serán bandidos).
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Salimos y nos sentamos en las famosas escaleras para ver la Reflecting Pool. ¿Recordáis la escena de Forrest Gump cruzando la piscina corriendo? Pues va a ser que no. La piscina tiene pérdidas de agua y la están renovando, así que no vimos ni una gota de tan famosa piscina. Bueno, ¿qué se le va a hacer?
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Seguimos para visitar, esta vez, el memorial a los soldados fallecidos en Vietnam.
Una estatua honora los soldados y también un muro en forma de punta de flecha con todos los nombres. Allí sus seres queridos les dejan flores, poemas y recuerdos.
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Entonces empiezan a caer unas gotas enormes. A sacar los paraguas toca.
Seguimos por el lago que nos permite usarlo como Reflecting Pool y de ahí hasta el memorial de los soldados de la Segunda Guerra Mundial, aunque tenemos que desviar la ruta porque este memorial está en restauración.
Seguimos por el lago que nos permite usarlo como Reflecting Pool y de ahí hasta el memorial de los soldados de la Segunda Guerra Mundial, aunque tenemos que desviar la ruta porque este memorial está en restauración.
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Así que seguimos para acercanos, aunque no mucho, al obelisco que honora a Washigton y así tener alguna foto más cercana.
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Por suerte la lluvia cesa, así que podemos andar sin paraguas y vamos a la parte trasera de la Casa Blanca. Allí también encontramos cantidad de policías y curiosos, que como nosotros, quieren tener un recuerdo de su paso por este emblemático edificio presidencial. Ya puesto, tocamos el timbre para ver si sale Obama y nos invita a una cañitas, pero se ve que está de vacaciones y no está en casa. Peor para él.
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Tras un rato admirando el jardín y el huerto ecológico que ha montado la señora Obama, salimos para buscar un sitio callejero y así comprar algo de comer y beber. Que bien nos entra la Coca Cola helada.
Una vez más sacamos el mapa. Queda 1 hora y media escasa para que el bus parta con destino NY, así que la duda en si seguir las visitas o no entra en escena. Que carai, decidimos que sí. Optamos por pillar el metro y acercarnos al Museo del Aire y del Espacio. Tendrá que ser una visita breve pero creemos que vale la pena.
Las combinaciones del metro no nos benefician, al parecer hay algo de retraso y entramos al museo cuando falta poco más de una hora para la partida. Entramos al museo y que guapo. Hay cantidad de aviones antiguos (entre ellas la de los hermanos Wright), recuerdos de aviación y sobretodo la parte dedicada a la carrera espacial con el modelo a tamaño real del Columbia que es una gozada de ver, así como el módulo del mando del Apolo XI que transportó a los astronautas a la luna por primera ver en la historia de la humanidad. También los misiles allí expuestos dan el pego. Pero lo mejor de la jornada lo encontramos en la tienda del museo. Allí pudimos comprar un traje de astronauta de color naranja para nuestro hijo, así que ya tiene disfraz para el próximo carnaval. El vestido espacial da el pego con todo de detalles que parece real.
Una vez más sacamos el mapa. Queda 1 hora y media escasa para que el bus parta con destino NY, así que la duda en si seguir las visitas o no entra en escena. Que carai, decidimos que sí. Optamos por pillar el metro y acercarnos al Museo del Aire y del Espacio. Tendrá que ser una visita breve pero creemos que vale la pena.
Las combinaciones del metro no nos benefician, al parecer hay algo de retraso y entramos al museo cuando falta poco más de una hora para la partida. Entramos al museo y que guapo. Hay cantidad de aviones antiguos (entre ellas la de los hermanos Wright), recuerdos de aviación y sobretodo la parte dedicada a la carrera espacial con el modelo a tamaño real del Columbia que es una gozada de ver, así como el módulo del mando del Apolo XI que transportó a los astronautas a la luna por primera ver en la historia de la humanidad. También los misiles allí expuestos dan el pego. Pero lo mejor de la jornada lo encontramos en la tienda del museo. Allí pudimos comprar un traje de astronauta de color naranja para nuestro hijo, así que ya tiene disfraz para el próximo carnaval. El vestido espacial da el pego con todo de detalles que parece real.
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Tras una vuelta más salimos zumbando hacia el metro. Tic, tac, el tiempo corre.
El metro vuelve a hacer de las suyas pero por fortuna la combinación hasta Union Station es buena y logramos llegar 20 minutos antes de la hora fatídica. Así pues, al ver que teníamos margen, entramos en un burger de North Capilo St para comprar unos bocatas que nos harán las veces de cena. Por cierto que el camarero camerunés que suelta un Visca el Barça que me deja atónito. Esto de la globalización es tremendo.
Sin más subimos al bus. Durante el trayecto agotamos la poca baterial del móvil con el wiffi y aprovechó para enviarle un menaje a mi amiga Concha que se que le hará mucha ilusión.
Tras unas 4 horas y media llegamos a NY. La ciudad nos espera con sus movidas, sus luces y sus camiones de bomberos a toda pastilla.
Entramos al metro y directos al Milford Plaza Hotel. Sí, lo tengo que aceptar, estamos rendidos pero esta escapada a Washigton, por suerte, ha valido la pena.
El metro vuelve a hacer de las suyas pero por fortuna la combinación hasta Union Station es buena y logramos llegar 20 minutos antes de la hora fatídica. Así pues, al ver que teníamos margen, entramos en un burger de North Capilo St para comprar unos bocatas que nos harán las veces de cena. Por cierto que el camarero camerunés que suelta un Visca el Barça que me deja atónito. Esto de la globalización es tremendo.
Sin más subimos al bus. Durante el trayecto agotamos la poca baterial del móvil con el wiffi y aprovechó para enviarle un menaje a mi amiga Concha que se que le hará mucha ilusión.
Tras unas 4 horas y media llegamos a NY. La ciudad nos espera con sus movidas, sus luces y sus camiones de bomberos a toda pastilla.
Entramos al metro y directos al Milford Plaza Hotel. Sí, lo tengo que aceptar, estamos rendidos pero esta escapada a Washigton, por suerte, ha valido la pena.