Nos despertamos y ponemos inmediatamente el canal de noticias para ver cómo va Irene. El día anterior hubo muchos destrozos en Carolina del Norte, incluso algún muerto, y la previsión es que hoy llegue la gran tormenta a Washington. Lo peor parece ser que será por la noche y que durante el día ira aumentando poco a poco el nivel de lluvia y viento.
De momento, en nuestra ventana hace un día gris, pero aún no hay una gota de lluvia, así que decidimos seguir con nuestros planes y retirarnos al hotel en cuanto veamos que la cosa se complica. Lo bueno del Enfant Plaza es que tiene una parada de metro en la planta baja del hotel, así que mientras funcionase el metro, podríamos volver sin problemas.
Teníamos nuestra reserva online (gratuita como todos los monumentos y museos en la ciudad) para la visita al Capitolio a las 9:00. El Visitors Center, donde tienes que presentar la reserva, abre a las 8:30 y a esa hora llegamos. Así nos dio tiempo de hacer algunas fotos por fuera, por si luego el tiempo empeoraba y no teníamos tiempo de volver.

La visita es aproximadamente de una hora y el guía va explicando el origen de las salas más importantes y hechos históricos que han tenido lugar en cada una. A pesar de toda la información, la visita no se hace nada pesada. Lo único, que hay que ser rápidos con las fotos, porque te vas moviendo rápido y hay que mantenerse junto al grupo en todo momento por motivos de seguridad y por la gran cantidad de grupos que están realizando la visita a la vez.
La espectacular cúpula vista desde dentro y algunas de las salas.


Acabada la visita vemos que al salir ya necesitamos el chubasquero, pero como aún no llueve muy fuerte queremos intentar hacer todo el paseo andando hasta el Monumento a Washington. La cosa se quedó en intento, porque aún no habíamos llegado al Smithsonian y la lluvia ya había apretado de tal manera que ya estábamos empapados. No es que creyésemos que era peligroso, pero era terriblemente incómodo ¡y no valía la pena arriesgarse a que nos cayese una rama en la cabeza!
Esta es una foto que me encanta del cielo pocos minutos antes de llegar la tormenta:

Retirada a la habitación para ver una peli. Comemos también en el hotel (costillas barbacoa nada destacables) y después de la siesta miramos otra vez al cielo para ver si hacemos algún plan. Como parece que el metro sigue funcionando bien y no sigue siendo más que una molesta lluvia, decidimos arriesgarnos y hacer alguna visita “cubierta”.
Cogemos de nuevo el metro hasta Capitol South y esta vez nos metemos en la Biblioteca Nacional, donde hacemos una pequeña visita organizada de menos de media horita.

Luego, como aún no estamos demasiado empapados, otra vez al metro hasta el Federal Triangle y entramos en el Museo de Historia Americana. Para los que no sean muy amantes de museos, este está muy bien, porque es sobre cultura americana de los siglos XX y XXI, con lo que son cosas muy cercanas a todos, como la publicidad, la televisión o el deporte.

Al salir volvemos a intentar acercarnos al Monumento Washington para ver si está abierto. Teníamos reserva para subir a las 6 de la tarde, pero mucho nos temíamos que estaría cerrado. Efectivamente, no había nadie, y aun así hice el ridículo al día siguiente al ir a preguntar si nos cambiaban la entrada en la taquilla para subir el lunes. De repente sentí un montón de miradas que me atravesaban y una mujer me pregunta extrañada si es que no he oído nada del terremoto. Sí que lo habíamos oído, ¡pero no teníamos ni idea de las consecuencias! Creía que estaba cerrado por el huracán, no por el terremoto. Así que ni nosotros, ni parece que nadie en el próximo año, podríamos subir.
Estando ya en el monolito vimos que era mejor que diésemos por acabado el día y nos fuésemos al hotel, porque el viento había llegado y casi hacía imposible caminar por la calle.
Algunos intrépidos:

A la mañana siguiente seguía lloviendo, aunque con menos intensidad. Las previsiones decían que sobre las 11 de la mañana acabaría la lluvia, así que decidimos empezar a cubierto, en el Museo del Aire y el Espacio.

Allí probamos incluso un simulador de vuelo, que solo sirvió para demostrar que mejor me quedo con el coche y con la moto, porque con el avión soy un desastre.
Cuando salimos del museo ya eran casi las 11 y para nuestra sorpresa los metereologos acertaron esta vez de pleno y pudimos comprobar como las nubes iban desapareciendo rápidamente
Cuando llegamos al cementerio de Arlington, ¡el sol brillaba como nunca! Chaqueta fuera y a sacar el protector solar. ¡Qué raro es el clima!
En vez de bajar en la parada de Arlington, nos bajamos en Rosslyn, que es la que queda más cerca del Memorial de Iwo Jima, y fuimos andando hasta la entrada del cementerio paseando por el parque que empieza en el memorial.
Foto del famoso monumento donde se puede apreciar cómo había cambiado el día:

Una vez en el cementerio, impresionante, al ver lo enorme que es cogemos tickets para el autobús que va por los principales puntos de interés. Es de los que puedes bajarte en cualquier parada y coger el siguiente que pase durante todo el día.

La primera parada que hicimos fue en la tumba del soldado desconocido, donde asistimos al cambio de guardia (cada media hora en verano y cada hora en invierno)

Dimos una buena vuelta más y luego nos fuimos andando por el Arlington Memorial Bridge hasta llegar al Lincoln Memorial. A pesar de haberlo visto en la tele y en el cine miles de veces, la enorme estatua de Lincoln impresiona igualmente. Lástima que la piscina reflectante está de obras y no hay agua, con lo que no conseguimos la misma imagen que se podía ver en discursos tan importantes como el “I have a dream” de Martin Luther King.

Y desde ahí, ahora sí, hicimos la caminata hasta el Washington Monument pasando por otros monumentos conmemorativos como el de los soldados de Vietnam

O el de la II Guerra Mundial

Volvimos al hotel para solucionar un tema que se nos había complicado. Teníamos comprados los billetes del tren hasta Nueva York para el día siguiente en Amtrak pero nos enteramos de que el servicio de tren estaba aún parado por las inundaciones y los árboles que habían caído en diferentes puntos de las vías. Al final conseguimos alquilar un coche en Alamo (otra vez con ealquilerdecoches) más o menos por lo que valían los billetes de tren, y anular los billetes sin coste alguno. No queríamos conducir en Nueva York, ¡pero no nos quedaba más remedio! Habíamos buscado también los autobuses, pero al no haber tren, estaban todos completos.
Solucionado este tema y con nuestra nueva documentación impresa, decidimos volver a Georgetown para cenar y probar esta vez un restaurante cajún que habíamos visto el viernes por la noche, el Bayou on Penn. Comida muy buena, aunque bastante picante. Esta vez sí nos dejamos un hueco para el postre, así que nos volvimos a acercar a Serendipity y compartimos un frozen hot chocolate con todo tipo de toppings que daba pena comérselo de la pinta que tenía

Al día siguiente aún nos dio tiempo de acercarnos a la Casa Blanca. Un inciso aquí, ya que tuvimos una pequeña confusión. Justo al lado de la casa blanca hay un edificio, también muy conocido, que es el Departamento del Tesoro. Nosotros por las indicaciones, creimos durante un rato que eso era la Casa Blanca
Este es el Departamento del tesoro:

Y esta la Casa Blanca:

Solo nos quedaba volver al aeropuerto de Reagan a recoger nuestro coche y emprender el viaje a nuestro último destino de estas vacaciones, la gran manzana