Día 7: Swakompond – Skeleton Coast
10 de agosto: la tienda ha soportado nuestro peso y hemos dormido estupendamente. El día está muy nublado y hace frío. Nos dirigimos hacía Cape Cross, en una carretera paralela al mar, sin asfaltar, con arena compactada.

Una vez llegamos vemos una gran colonia de focas concentradas de todas las edades, haciendo de las suyas. Unas peleándose, otras jugando, otras molestando, madres dando de mamar a las crías, machos haciendo el gallito,… como si no se dieran cuenta de que les estamos mirando. Hacen un ruido parecido al de las cabras cuando están cabreadas y sin dejar de lado una fuerte olor, parecida a la de la gente que no se debe duchar en un año. Gozamos del espectáculo que nos ofrecen.


La carretera, por nuestra sorpresa se encuentra en perfecto estado a pesar de no estar asfaltada. Seguimos nuestro viaje a través de la nada, cruzando quilómetros i quilómetros de vacío. A medida que vamos cruzando, vemos algún barco anclado, oxidado por el paso del tiempo, una mina de diamantes abandonada, un pozo de extracción de petróleo y un paisaje que no dejará indiferente a nadie. A medida que vamos dejando el mar de lado, pasamos de un paisaje desértico y tenebroso a unas dunas de arena negra que poco después dejaran paso a unas montañas rojas que contrastan con el azul del cielo y el color dorado de la hierba. Comenzamos a ver fauna animal, algunos monos y algún ciervo.
Nos empieza a rondar la idea por la cabeza de acampar en cualquier lugar, ya que el paisaje invita a ello. El sol cae muy temprano y antes de las seis nos encontramos con que está oscureciendo y todavía no hemos llegado al camping. Para llegar a éste nos damos cuenta que tenemos que hacer un camino de 40 km que mañana deberemos deshacer. De camino hacia Corixas, en busca del Camp Xarangu, nos encontramos un señal que indica Damaraland Camp a tan sólo 13 km. Tenemos ganas de probar suerte y vamos para allí. El camino es bastante malo, suerte que llevamos un 4x4. Después de cerca de media hora llegamos al lodge i resulta que no tienen camping i las habitaciones valen unos 100€. Les comentamos que es demasiado cara para nosotros y nos dicen de ir a un poblado que hemos cruzado de camino y nos dicen de preguntar por el señor Ring. Íbamos un poco cagados, … el poblado no eran más que cuatro xabolas de uralita, pero no teníamos muchas más opciones, teniendo en cuenta la hora que era, así que vamos para allí. El señor Ring, resulta ser un buen hombre que tiene unos terrenos arreglados para casos como el nuestro.
Finalmente dormimos en plena naturaleza, cenando bajo una luna llena que nos permite vernos sin necesidad de luz. Después de cenar no tardamos demasiado en subir a la tienda a dormir, no tenemos ganas de tentar a la suerte y encontrarnos algún animal.
