Seguimos impactados. El espectáculo lúdico festivo por las riberas de Guilín todavía nos dura. Como no nos queremos quedar con esa sensación y debíamos estar en el hall del hotel a las 9.00, decidimos levantarnos a las 6.00 para quitarnos esa pesadilla que nos ronda por la cabeza. Decidimos recorrer todas las riberas de los lagos Rong y Shan. A esas horas el calor todavía no aprieta y todos los lugareños abarrotan las riberas practicando tai ji quan.
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Uploaded with ImageShack.us[/img]Esto ya nos gusta más, todo es real, sin luces de neón, sin espectáculos raros. Nos encanta como por más que mires, la gente no pierde la concentración, poniendo todos sus esfuerzos en seguir sus movimientos pausados. Otro de los puntos que concentra nuestra atención, es ver cómo mucha gente saca a sus pájaros a la calle. Suponemos que los pajaricos pese a estar enjaulados consiguen llegar a algún tipo de relación con sus familiares que están en libertad, o por lo menos, así lo creen sus dueños. En el camino de la ribera, imponentes, nos encontramos las pagodas gemelas Riming Shuang Ta, son fáciles de de reconocer por su altura e intenso brillo. Nos sentamos en una sombra y dejamos volar nuestra imaginación ante una estampa tan bonita. Creemos que lo de ayer ya es pasado, mejor dejarlo así, como es…
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Uploaded with ImageShack.us[/img]Como aún no hemos dejado el hotel, decidimos subir a la habitación a darnos una ducha rápida, el día se plantea largo y ya llevamos casi tres horas en pie.
Todo el mundo es puntual. Se nota que la gente cogió fuerzas ayer por la tarde en la piscina del hotel y que no madrugar ha conseguido reponer energías. Ponemos rumbo hacia las cuevas de Ludi Yan, situadas a unos 5 km del centro de la ciudad. Estas cuevas también son llamadas las cuevas de las flautas de caña o junco. Son unas cuevas que los habitantes de Guilin utilizaron como refugio en la invasión japonesa. El sitio es bonito, pero como sucedió en las riberas, pierde todo su encanto al estar iluminado de neones azules. La visita dura una hora y media. Creemos que es una visita totalmente prescindible. Nos hubiese gustado más seguir recorriendo Guilin.
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Uploaded with ImageShack.us[/img]En el camino entre las cuevas y el aeropuerto sucede la situación más extravagante del viaje. El guía nos comenta que ha llegado el momento en el que los hombres del grupo disfrutemos de un desfile de moda con bellas señoritas que van a portar lujosas perlas. Nos llevan a una especie de fábrica y entramos en un salón que parece la pasarela Cibeles. De repente, suena la música y empiezan a desfilar unas cuantas señoritas repletas de perlas. Después de cinco minutos en los que todos nos mirábamos alucinados, nos pasan a la tienda donde se pueden comprar las perlas donde nos tienen unos veinte minutos para que la gente compre…Nosotros aprovechamos para tomar un cortado.
Pasado el espectáculo, ponemos rumbo al aeropuerto. Por la tarde volamos a Hangzhou. Cada grupo volaremos en un avión distinto. Nos toca ir en el que sale un poco más tarde. Probamos la tercera aerolínea china, China Southern. De nuevo, volamos en un Boeing 737-800 durante unas dos horas. La gente sigue enfadada con que no le permitan volar con su pareja en el asiento de al lado.
Ponemos pie en tierra sobre las 19.00 horas. Casi sin dar tiempo a que reaccionemos, el nuevo guía nos ofrece ir al espectáculo llamado “Impression West Lake”. Pese a insistirnos que merecía mucho la pena, desistimos debido al precio (unos 20€ por entrada). Cuando llegamos al hotel, nos encontramos que la mayor parte del otro grupo iba al espectáculo. Si cuando volviesen nos decían que merecía la pena, iríamos mañana. El hotel era el Zhejiang International. El hotel pese a tener cinco estrellas no nos lo pareció. Estaba en obras y el aspecto que presentaba era bastante caótico. Como curiosidad comentar que era el único hotel de todos los que hemos estado en China por cuyos grifos salía “drinkable wáter”, vamos agua potable. Esto nos servía como presagio de que nos encontrábamos ante una de las ciudades chinas con mayor nivel económico.
Acordamos con nuestro minigrupo darnos una ducha rápida y salir a cenar por los alrededores del hotel. Como teníamos hambre de comida española y nos habíamos enterado de que había un restaurante regentado por un español en la ciudad decidimos que nuestro guía hablase con un taxi para que nos llevase allí. Pese a que vinieron varios taxis y nuestro guía se esforzó, ninguno de los taxis sabía dónde se encontraba el lugar. Desistimos de nuestro empeño y nos pusimos andar avenida arriba a ver que encontrábamos. La verdad es que la zona del hotel estaba llena de centros comerciales y restaurantes de comida rápida. En China los KFC, Pizza Hut se ven por cada esquina. Decidimos meternos en un KFC, la verdad es que se come bien y barato, con el único inconveniente de que no venden agua embotellada. Una vez cenados acudimos nuestro hotel a tomar una copa. Gran error que hizo que gastásemos todo lo que habíamos ahorrado en cenar…Eso sí, menudo zumo de sandía me bebí…
Después de una entretenida tertulia con nuestros compañeros de viaje, decidimos replegarnos que mañana nos tocaba exprimir Hangzhou al máximo.