Hoy nos despertamos sin el stress habitual, no hay vuelos, ni trenes, ni desplazamientos largos en la mañana, así que recogemos las cosas, ya que a la tarde noche cambiamos de hotel y nos vamos de nuevo al aeropuerto, y vamos a pillar algo local para desayunar, que está de pm, callejero, por 8 yuanes los dos .



De allí nos vamos al barrio de Shi Yuan Men, muy animado, con muchos puestos. Aunque allí lo más famoso, son sus decenas de tiendas de caligrafía. Cuadros por todos lados, pinceles, artistas, mola!



Muy cerca de la Torre del Tambor, ya está el barrio musulmán chino. El mejor sitio donde comprar en todo el viaje. Allí se puede regatear y se debe a cuchillo. Yo nací en los mercadillos, así que estaba como pez en el agua con mis colegas del merca.
Eso sí, salimos de allí que no daban los brazos .
Mis guerreros de Terracota, sudaderas, regalos para la familia, hasta me tocó regatear una maleta de mano nueva para Rosana. Al menos debes bajar , tres veces el precio que te dicen de salida. Luego tú ya vas viendo cómo se va desarrollando la pelea", sobre todo por las caras. Nunca hay que pasarse, pues esa gente vive de eso.
Como esa forma de comprar cansa mucho, y ya íbamos inflados con el ramen del mediodía y todas las tapas gratis, no cenamos en los innumerables puestos callejeros que hay en la zona, solo unos botellones de cerveza, comprados a 3 yuanes en una tienda ( más barato que el agua) y nos la bebimos sentados en un banco, viendo pasar a la gente ( y ellos a nosotros, pues no hubo momento del viaje que no se acercara alguien a charlar o por una foto).
Ya tardecito, nos fuimos a recoger las mochilas y metro para el aeropuerto, donde teníamos el siguiente hotel, para ir temprano al último destino de este intenso viaje, Pekín.