Esta fue un día muy duro, entre el jet lag, el calor, la humedad y la pateada que nos dimos acabamos el día reventados…
Nos levantamos pronto y a pesar de no tener desayuno (buffet) incluido en la habitación tenemos un calentador de agua y nos dejan sobrecitos de nescafe y azúcar con lo que, añadiendole los doowaps que teníamos, el desayuno perfecto. En la calle lo primero que nos sacudió fue el calor y la humedad, lo segundo los olores de los puestecitos callejeros, eran las 8 de la mañana y todo el mundo estaba comprando comida olorosa, sopas y currys. De todos los puestos salían nubes de humo olorosas, es flipante… El tráfico parece una locura, recorrimos toda la calle Silom y seguimos andando hasta encontrar un muelle, íbamos a hacer la excursión de los canales.
En el muelle al que llegamos, tha Oriental, no había ningún long tail, así que, nos subimos al primer Chao Praya Express que vimos dirección norte. En la siguiente parada, vimos uno aparcado y nos bajamos para regatear la excursión. Cada día estoy más convencido que soy, somos, malísimos regateando porque siempre terminamos con esa sensación de estar pagando de más, pero bueno, como al final son cantidades pequeñas que no van a ningún sitio… (el que no se consuela es porque no quiere) contratamos la excursión de dos horas por los klongs a 1400B.
La excursión es una pasada, algo imprescindible del viaje, el río iba hasta arriba de agua, estaba a punto de desbordarse, bajaban flotando montoncitos de plantas que eran usados a modo de islas por unas garcitas blancas. Las olas del propio río y las que generaban los otros barcos que circulaban nos hacían botar sobre el agua y parecía que íbamos a volcar, daba la sensación de que la txalupa se iba a partir por la mitad. El conductor era muy simpático y no paraba de hacernos bromas, más por gestos que otra cosa.
Mientras íbamos por los canales todo el mundo nos saludaba, es una pasada ver sus casas, Soportadas por unos palos sobre el río. Vimos los lagartos, más garcitas, nos dieron pan para dar de comer a los peces, también nos dieron unas frutas fritas para almorzar, el más rico el plátano, lo demás que había en la bolsa… ni idea de lo que era. Nos pararon unas cuantas canoas/tienda que nos querían vender cosas… una gozada, no compramos nada porque estaba todo al doble de precio que en patpong y eso que es uno de los mercados más caros. La gente es muy muy amable, ahora entendemos por que le llaman a Tailandia el país de las sonrisas.
Decidimos terminar la excursión en el muelle del palacio real, la sorpresa que nos llevamos cuando tuvimos que pagar 20B por bajarnos allí, como no sabíamos nada, nosotros nos íbamos del muelle tranquilamente y una persona vino corriendo detrás nuestro haciendo gestos y gritando, pensando que era algún tuktukero que nos quería llevar a algún sitio le ignoramos y fue peor, cada vez daba más gritos y más gestos hasta que nos dimos cuenta, y volvimos al muelle donde nos enseñó el cartel de la “tasa de desembarco”. Vaya susto nos dio.
A la salida del muelle nos encontramos los primeros signos de las inundaciones, en algún punto cercano el río se había desbordado y habían canalizado el agua utilizando sacos de arena. El riachuelo pasaba entre las casas, bajo los puestos de comida,… Seguimos adelante para ir al palacio real. Nos asaltaban los tuktukeros y alguno nos decía que los monjes estaban rezando y que estaba cerrado… nosotros ni caso, seguimos adelante buscando la entrada. Y efectivamente, el templo estaba bien abierto y lleno de gente. Es precioso pero el calor horroroso, el buda esmeralda es pequepeque, dimos una vuelta e hicimos una ofrenda a buda, vimos el cambio de guardia,… De aquí nos fuimos andando al templo del buda tumbado (Wat Pho). Debía haber alguna celebración porque estaba lleno de militares desfilando… este templo es más grande de lo que creíamos, y como entramos por una puerta lateral en vez de por la principal, no constó encontrar el buda tumbado que es terriblemente grande, igual que antes, sabíamos que era grande pero no tanto, nos encantó.
Y para terminar con los templos cruzamos el río y subimos al templo del amanecer, Wat Arun, el embarcadero estaba completamente inundado y había sacos de arena por todas partes para que el agua no entrase en el templo. También es muy bonito y aunque no tan espectacular como los anteriores, merece la pena la visita y armarse de valor ya que para subir y sobre todo para bajar de allí. Qué miedo da esa escalera!
Sin darnos cuenta la hora de comer se nos había pasado hacía rato y encima ya estábamos agotados, así que, nos sentamos más de media hora a descansar a la sombra en las escaleras del Wat Arun mientras decidíamos que podíamos hacer con el resto de la tarde.
Al final nos fuimos a Khao San a tomarnos unas Shingas, este barrio de mochileros es un hervidero de gente y turismo, hay más occidentales que asiaticos o casi y un motón de tiendas que venden mochilas, camisetas, pantalones bombachos, también puestos de comida, de bares y de restaurantes. Aquí nos dimos cuenta que nos salía mucho mejor pedir una big Shinga (100B) que dos pequeñas, o mejor aún, two big Shinga.
Utilizamos la tarjeta amarilla para llamar a casa, y nos pareció realmente caro, si no recuerdo mal… 40B minuto, un euro minuto. Carísimo.
Para cenar nos fuimos a un hindú, la comida tailandesa tendrá que esperar, lo primero es lo primero, y como el hindú nada. La verdad es que fue una cena impresionante, muy muy rica. Pedimos medium spicy, como todas las comidas del viaje, y en general no picaba mucho. Supongo que el medium spicy occidental no es igual que el oriental.
Al salir del restaurante estábamos tan agotados que decidimos irnos al hotel. Con el agotamiento pillamos el primer tuktuk que se nos acercó y sin regatear, no teníamos fuerza, nos pidió 200B sabíamos que era caro, pero no cuanto de caro, sabíamos que el hotel estaba lejos. Nos dimos cuenta que debía ser muuuy caro cuando vimos lo contento que nos llevaba el tuktukero, estaba encantado, haciendo bromas y poniéndolo practicante a dos ruedas en las curvas para reírse con/de nosotros, creíamos que volcábamos de verdad, íbamos acongojaísimos pero a la vez fue divertidísimo. Fuimos así durante, al menos, un cuarto de hora, zigzagueando entre coches, obras, carriles bus,… ahora entiendo por que le llamamos carrera a hacer un trayecto en taxi. Al bajar tuvimos el último susto del tuktuk, el chico no avisó de que el día siguiente iba a ser el día de la GRAN inundación en Bangkok, llegamos al hotel un poco intranquilos, fuimos directamente al portátil del hotel a ver que decía la embajada y que se decía en los foros.
Al día siguiente teníamos pensado hacer la excursión al mercado flotante, pero con esta información decidimos quedarnos en Bangkok por si la cosa se ponía fea. Al final ninguna de las dos excursiones que queríamos hacer, ni mercado flotante ni Ayutthaya que ya sabíamos que estaba como una piscina…

Vistas desde el Wat Arun