Nos levantamos tempranito en Georgetown pues nuestro vuelo hacia Kuala Lumpur salia a las 9:45 de la mañana.
Tras recojer todo, pedimos un taxi en la recepción del hotel, no sin antes preguntar cuanto nos saldría hasta el aeropuerto. Según el recepcionista 35 RM, al llegar el taxi volvimos a preguntar al taxista, el precio había subido. 40RM. Tras hablar el taxista con el recepcionista, el precio volvió a subir 45RM.
Le dije al recepcionista que llamara a otro taxi, que no pagaba eso por ir al aeropuerto, que a mi llegada solo pague 40RM y ese fue el precio que al final nos dejó el taxista.
El traslado hasta el aeropuerto se me hizo eterno, más, porque creo que el taxista se equivocó. Yo veia pasar desvios hacia el aeropuerto y el taxista seguía adelante, eso si, las llamadas que recibía al movil las contestaba todas, daba lo mismo la velocidad a la que íbamos.
En el aeropuerto esperamos poco, al rato embarcamos en el vuelo de Air Asia destino a Kuala Lumpur.
Llegamos pronto, el vuelo no es largo, por supuesto al LCCT, aeropuerto de bajo coste, que ya conociamos a nuestra llegada.
Para trasladarnos hasta la ciudad elegimos la opción de ir con Skybus, 18RM por persona. El billete lo puedes comprar a la salida de tu vuelo, en un mostrador, o en el propio bus.
Se tarda en llegar unos 40 minutos, y te deja en la estación Sentral.
Nuestro siguiente paso era encontrar la estación del monorail, y equivocadamente subimos hasta el hall de la estación en busca de indicaciones, cuando justo donde te deja el bus tienes señalado el camino.
Entre Sentral y el monorail hay obras, por lo que hay que seguir las indicaciones de los carteles que hay por las paredes.
Llegamos al monorail y su funcionamiento es similar al del metro de Singapur, es decir, sobre una pantalla seleccionar tu destino y el número de billetes, y al igual que en Singapur, la máquina no a cambio de más de 4RM.
Nuestra parada era Raja Chulan, puesto según Google Maps, nuestro hotel, el Royal Chulian, estaba cerca.
Llegamos a la parada y bajamos del monorail, y empezó la odisea para encontrar el hotel, ya que terminamos dando un rodeo al entrar, equivocadamente en el centro comercial Pavillion que está al lado.
Cuando conseguimos encontrar el hotel, también nos tocó como 30 minutos esperar a que encontraran nuestra reserva. La hicimos a traves de asianrooms, y como tenían el hotel completo, estuvieron buscando donde meternos.
Al final nos dieron la habiación 10006, una habitación en la planta 10 junto a los ascensores, eso si, no se oía nada el ruido de los ascensores, menos mal.
El hotel es inmenso e impresionante. Se notaba de verdad eso del Triangulo de Oro. El hotel estaba completo. Había varias convenciones ese fin de semana. El trato es exquisito.
La habitación, con vistas a la parte trasera del hotel, pero viendo el horizonte, era grande. Cama enorme de matrimonio, pantalla con muchos canales, escritorio, utensilios para café y té, minibar, caja fuerte, plancha. El baño, enorme, con ducha y wc separados y zona común con el lavabo y espejo.
La presión de la ducha correcta, la temperatura del agua genial, con un solo pero, la mampara que separaba la ducha hacia aguas, y se ponía todo perdido de agua.
El desayuno es enorme y hay de todo, separado como por zonas temáticas. Hay incluso momentos en los que es difícil encontrar sitio para desayunar, pero la comida nunca se acaba.
Puntuación del Hotel:
Habitación: 10/10
Baño: 8/10
Desayuno: 10/10
Total: 9,30
Después de ducha y acomodo, tocaba descubrir Kuala Lumpur, lo primero, las Petronas, para ello, pusimos rumbo a pie hacia las torres, desde el centro comercial Pavillion, para evitar el tráfico.
Desde Pavillión hay un pasaje subterraneo que te lleva hasta el parque junto a las Petronas. En la noche también descubrimos que desde Pavillion, también hay una pasalera sobre las carretera que te lleva al mismo parque.
Llegamos a las Petronas bajo un calor sofocante. A los pies de las torres estaban instalando un escenario, esa noche tocaba show con motivo del gran premio de Formula 1.
De Petronas fuimos andando hasta la Torre Menara, más lejos de lo que a simple vista parece.
En la Torre Menara hay un servicio gratuito de microbus que te sube hasta la entrada, cosa que es de agradecer.
Ya en el recinto, tienen montado un auténtico parque de atracciones con multitud de cosas. Nuestra intención era subir a la torre para tener, sobretodo, una mejor visión de las Petronas.
La entrada más barata para subir es 45RM por persona. Hay que hacer cola, o más bien esperar a que al encargado de turno le de la gana que pases. Comprobamos como las mujeres más llamativas tenían derecho a pasar delante tuya aunque estuvieras media hora esperando.
Ya arriba, comprendimos que la espera, el gasto y el tiempo invertido nos lo podiamos haber evitado.
Las vistas de la ciudad no son para tirar cohetes, y la visión de las petronas es lateral, es decir, no se ven de frente, con lo que tampoco es algo que se recuerde toda la vida.
Cumplido con el tramite de la torre Menara, pusimos rumbo a ChinaTown.
El barrio chino convertido en un auténtico mercado de falsificaciones. Encuentras de todo falso, y si no lo tienes, lo pides.
Una calle repleta de puestos en los que todos tienen lo mismo. Comprobé como la organización de los puestos es mayor del caos que aquello parecia. Todos los encargados de los puestos están comunicados por walki.
20 minutos por Chinatown fue suficiente para poner rumbo a la Plaza Merdeka y pasear por los alrededores.
Pasamos el día andando por Kuala Lumpur hasta que la tarde cayó, momento para regresar al Hotel, ducha y descanso hasta la hora de cenar.
Para cenar nos acercamos al Pavillion, en su última planta está la Tokio Street, dedicado a la cultura
japonesa, pero donde no encontramos nada de sushi para cenar.

Tras dar una vuelta por el centro comercial, terminamos en el sotano, donde si encontramos un restaurante de Sushi donde cenamos.
Tras la cena, nos quedaba la visita obligada a las Petronas de noche. Esta vez, con la lección aprendida, utilizamos la pasarela superior que comienza en el Pavillion para ir hasta el KL Convention Centre, y de allí a las Petronas.
El camino esta perfectamente indicado, hay vigilancia en cada rincón y lo que es más importante, aire acondicionado.
Se tarda unos 10 minutos a un ritmo normal y es curiosos, pues vas andando sobre las carreteras y calles repletas de coches.
Del KL Conventión Centre, salimos al parque de las KLIA Park, donde nos internamos, un parque que estaba vacio, e iluminado de una forma misteriosa, pero que ofrecia tranquilidad e una vista impresionante de las Petronas Iluminadas.
De allí al lago que hay junto a las Petronas, donde ya se veía movimiento de gente. Por desgracia, los espectáculos de luz y sonido del lago estaba cancelados por mantenimiento.
Ya de madrugada, camino inverso hasta Pavillion y de ahí al hotel a descansar