Así es como llaman aquí a Rio de Janeiro. Una gran metrópoli en medio de montañas sacadas de la peli Jurassic Park y del océano, donde los contrastes de Brasil vuelven a aparecer. La riqueza de Ipanema y Leblon junto con las laderas de favelas que ocupan todos los barrios de la ciudad.
El “fenómeno” que descubrió Rio bautizó así a la ciudad porque confundió lo que en realidad es una bahía con el delta de un río. El apellido, Janeiro, es simplemente por el mes en que llegó, enero.
Otra vez, la suerte nos sonrió con el couchsurfing. En esta ocasión, Fernando y toda su familia nos acogieron durante 5 maravillosos días. Fernando tiene 26 años y es traductor de películas cinematográficas, del portugués al inglés, y un encanto de chico. Es como si nos conociéramos de toda la vida. Nada más dejar nuestras mochilas en su casa, nos llevó de cañas con su hermano, Thiago, que curiosamente está casado con uno de los autores de nuestra guía!! Los cuatro acabamos bebiendo caipirinhas en Lapa, rodeados de grupos de Samba que se estaban preparando para el carnaval. ¡Qué gran noche!
A pesar de que Fernando ha tenido que trabajar mucho estos días, sus padres y el resto de vecinos nos acogieron como uno más de la familia. La situación es especial, son 6 casas en una pequeña calle que está separada con una verja de la calle principal del barrio. Desde el balcón se ven favelas a un lado y otro, pero actualmente no dan sensación de peligrosidad. En la celebración de cumpleaños de Teresinha, la madre, nos explicó ella que no hace muchos años se escuchaban los tiroteos cada noche, pero desde hace 3 años han entrado en un proceso de pacificación.
Desde aquí queremos dar las gracias a toda la familia Fico por ser tan hospitalarios, ahora vosotros tenéis casa en España (cuando volvamos, claro)
¿Qué decir de Rio? La verdad, es una ciudad con un entorno maravilloso, probablemente el mejor que hayamos visto hasta ahora. Pero, viniendo de las playas del noreste nos esperábamos mucho más de las famosas Copacabana e Ipanema que no dejan de ser playas de ciudad. Lo bueno que tienen es que son muy dinámicas, partidos de volley, fútbol, futvolley, gente corriendo, patinando, en bici, mini-gimnasios…, por lo demás no deja de ser una gran metrópoli que va a contrarreloj para tener las infraestructuras necesarias de cara al Mundial y Olimpiadas.
Otra cosa que sorprende es la cantidad de personas obesas que hay, en contraste con los cuerpos esculpidos a base de horas de ejercicio. Claro que la alimentación que tienen no ayuda mucho, empanadillas rellenas chorreantes de aceite, arroz, feijoada, en definitiva poco verde.
Como va siendo habitual el sol se dejó ver a ratitos muy escasos, así que Rio perdió un poco su encanto. Las vistas espectaculares que se pueden llegar a ver desde el Pao de Açucar quedaron empañadas por la niebla. Aún así impresiona. Ah!!, y descubrimos que una de las películas de el agente 007 se rodó allí, es en la que un tío enorme con dientes de hierro persigue a Bond en los funiculares.
Los días restantes en Rio siguieron con la misma tónica de mal tiempo, nublado y a ratos con lluvia. El tercer día lo dedicamos a la zona Centro, seguimos la ruta a pie marcada por la Lonely Planet, la mítica que te hace pasar por delante de todo lo que se supone que es relevante. Bien, no hay mucho que decir la verdad, quitando una iglesia presbiteriana y el edificio de la biblioteca no hay nada que llamara especialmente la atención. Al lado de los arcos de Lapa está la Catedral…deja mucho que desear, pero ya la veréis en las fotos. Lo bueno del barrio es el ambiente. Te recomiendan ir entre semana y eso es lo que hicimos. Es chulo porque todo está lleno de tiendecillas de ropa, de cosas de casa, instrumentos musicales, zapaterías.. no es que las tiendas en sí valgan la pena pero las calles se colapsan de gente.
Ese mismo día por la noche volvimos al Centro para ver un concierto de Samba, el grupo se llamaba Sururu na Roda y fueron 4 horas de música en directo. El espectáculo estuvo bien pero descubrimos que la Samba no es nuestro estilo preferido.
El plato fuerte lo guardamos para nuestro penúltimo día en la ciudad, el Corcovado. Allí está el Cristo Redentor, la insignia de Rio. Para llegar lo mejor es coger el tren cremallera que te lleva a través de un paisaje alucinante hasta arriba de la montaña. La verdad es que cuando llegas te quedas sin palabras, es espectacular como se ha construido una ciudad en medio de tanta naturaleza. Desde nuestro punto de vista, las panorámicas ganan por goleada a las playas de esta ciudad.
El “fenómeno” que descubrió Rio bautizó así a la ciudad porque confundió lo que en realidad es una bahía con el delta de un río. El apellido, Janeiro, es simplemente por el mes en que llegó, enero.
Otra vez, la suerte nos sonrió con el couchsurfing. En esta ocasión, Fernando y toda su familia nos acogieron durante 5 maravillosos días. Fernando tiene 26 años y es traductor de películas cinematográficas, del portugués al inglés, y un encanto de chico. Es como si nos conociéramos de toda la vida. Nada más dejar nuestras mochilas en su casa, nos llevó de cañas con su hermano, Thiago, que curiosamente está casado con uno de los autores de nuestra guía!! Los cuatro acabamos bebiendo caipirinhas en Lapa, rodeados de grupos de Samba que se estaban preparando para el carnaval. ¡Qué gran noche!
A pesar de que Fernando ha tenido que trabajar mucho estos días, sus padres y el resto de vecinos nos acogieron como uno más de la familia. La situación es especial, son 6 casas en una pequeña calle que está separada con una verja de la calle principal del barrio. Desde el balcón se ven favelas a un lado y otro, pero actualmente no dan sensación de peligrosidad. En la celebración de cumpleaños de Teresinha, la madre, nos explicó ella que no hace muchos años se escuchaban los tiroteos cada noche, pero desde hace 3 años han entrado en un proceso de pacificación.
Desde aquí queremos dar las gracias a toda la familia Fico por ser tan hospitalarios, ahora vosotros tenéis casa en España (cuando volvamos, claro)
¿Qué decir de Rio? La verdad, es una ciudad con un entorno maravilloso, probablemente el mejor que hayamos visto hasta ahora. Pero, viniendo de las playas del noreste nos esperábamos mucho más de las famosas Copacabana e Ipanema que no dejan de ser playas de ciudad. Lo bueno que tienen es que son muy dinámicas, partidos de volley, fútbol, futvolley, gente corriendo, patinando, en bici, mini-gimnasios…, por lo demás no deja de ser una gran metrópoli que va a contrarreloj para tener las infraestructuras necesarias de cara al Mundial y Olimpiadas.
Otra cosa que sorprende es la cantidad de personas obesas que hay, en contraste con los cuerpos esculpidos a base de horas de ejercicio. Claro que la alimentación que tienen no ayuda mucho, empanadillas rellenas chorreantes de aceite, arroz, feijoada, en definitiva poco verde.
Como va siendo habitual el sol se dejó ver a ratitos muy escasos, así que Rio perdió un poco su encanto. Las vistas espectaculares que se pueden llegar a ver desde el Pao de Açucar quedaron empañadas por la niebla. Aún así impresiona. Ah!!, y descubrimos que una de las películas de el agente 007 se rodó allí, es en la que un tío enorme con dientes de hierro persigue a Bond en los funiculares.
Los días restantes en Rio siguieron con la misma tónica de mal tiempo, nublado y a ratos con lluvia. El tercer día lo dedicamos a la zona Centro, seguimos la ruta a pie marcada por la Lonely Planet, la mítica que te hace pasar por delante de todo lo que se supone que es relevante. Bien, no hay mucho que decir la verdad, quitando una iglesia presbiteriana y el edificio de la biblioteca no hay nada que llamara especialmente la atención. Al lado de los arcos de Lapa está la Catedral…deja mucho que desear, pero ya la veréis en las fotos. Lo bueno del barrio es el ambiente. Te recomiendan ir entre semana y eso es lo que hicimos. Es chulo porque todo está lleno de tiendecillas de ropa, de cosas de casa, instrumentos musicales, zapaterías.. no es que las tiendas en sí valgan la pena pero las calles se colapsan de gente.
Ese mismo día por la noche volvimos al Centro para ver un concierto de Samba, el grupo se llamaba Sururu na Roda y fueron 4 horas de música en directo. El espectáculo estuvo bien pero descubrimos que la Samba no es nuestro estilo preferido.
El plato fuerte lo guardamos para nuestro penúltimo día en la ciudad, el Corcovado. Allí está el Cristo Redentor, la insignia de Rio. Para llegar lo mejor es coger el tren cremallera que te lleva a través de un paisaje alucinante hasta arriba de la montaña. La verdad es que cuando llegas te quedas sin palabras, es espectacular como se ha construido una ciudad en medio de tanta naturaleza. Desde nuestro punto de vista, las panorámicas ganan por goleada a las playas de esta ciudad.