26 AGOSTO: DÍA 11, RUMBO AL GRAN CAÑÓN
Tras desayunar hicimos el check out sin ningún problema y cargamos el coche (cada vez más lleno) rumbo al Gran Cañón. Ese día nos esperaban 450 km que no se hicieron nada pesados. A nosotros nos encanta conducir, pero aunque no os guste, con el cambio automático, la velocidad de crucero (activadlo, que es una maravilla), las conversación y la música, se pasa bien. Nuestra idea era parar para ver la Hoover Dam, comer en Seligman (ruta 66) y llegar a buena hora al parque para poder ver el atardecer.
Antes de marchar de Las Vegas, es imprescindible hacerse la foto en el cartel de “Welcome to fabulous Las Vegas”. Puedes aparcar allí mismo (aunque está en el centro de la carretera, rodeado de césped). Cuando fuimos nosotros había un poco de cola. Lo normal es que los de delante te den sus cámaras para que tú les hagas las fotos, y cuando te toca el turno, se las das a los de atrás, y así todos tan amigos.
La presa Hoover tiene ahora una nueva autovía tan moderna, que cuando nos dimos cuenta ya estábamos al otro lado sin haber visto nada. Fallo garrafal por nuestra parte porque teníamos mucho interés en verla. Se nos quedó una cara de idiotas… Así que si deseáis verla, hay que salirse de la autovía en la salida que hay para el centro de visitantes. Nosotros creíamos que habría algún mirador o algo y resulta que la autovía lleva unos parapetos que te impiden ver la presa. Por la carretera antigua sí que se podía hacer, pero no ahora. Así que ya sabéis, salid y desviaros un ratito que seguro vale la pena. Snif.
Tras la decepción (dar la vuelta y retroceder era un huerto) seguimos adelante y poco a poco, viendo el paisaje y con buena música, nos fuimos animando. Digo yo que habrá que volver…
Paramos a comer en Seligman, un pueblo que está en la ruta 66, la histórica carretera que iba de Chicago a Los Ángeles y cuyo ambiente refleja magníficamente Steinbeck en “Las uvas de la ira”. Es un pueblo que se resiste a morir y que algunos intentan darle vidilla viviendo precisamente de la Route 66.
Nos pareció entre macabro y enternecedor. Realmente es una calle. Entramos en varios de los locales que recomendáis en el foro, entre ellos el de Delgadillo´s Snow cap, que tiene un patio trasero digno de verse…. Y no digo más.
Comimos bocatas propios y fruta de la neverilla blanca y luego nos tomamos unos cafés con hielo y unos helados en Seligman Sundries, otro local con recuerdos, fotos, motos etc. Nos costó todo 5 $ !! . Hay que visitar el pueblo para que perduren sitios como él.
De allí ya no quedaba nada para llegar al Gran Cañón. ¡Teníamos unas ganas! El paisaje fue cambiando poco a poco. De ser casi desértico a vegetación de montaña. Creo que este viaje nos ha gustado tanto porque en la costa oeste la naturaleza es magnífica y los cambios de paisaje impresionantes. Cada día te sorprende con algo nuevo.
Enseñamos al guarda nuestro pase anual y con un mapita que habíamos sacado por la impresora, llegamos a Maswick Lodge, nuestro alojamiento. Al cambio nos salió a 80 € la noche y eso sí, los 4 juntos. Recordad que hay muy poco alojamiento en el interior del parque y que hay que reservar con meses de antelación si queréis dormir dentro. Dormir allí fue uno de los grandes aciertos del viaje. Descargamos todo y nos fuimos corriendo (literalmente) hacia el borde del cañón. Está a unos 200 m, muy cerca.
Me gusta leer todas las opiniones de los viajeros, y no llevaba ninguna predisposición en especial. Tenía curiosidad por ver nuestra reacción. Os aseguro que nos quedamos con la boca abierta… pero no mucho porque en ese momento uno de los autobuses que te llevan por la Hermits road a los miradores para ver la puesta de sol arrancó y casi nos quedamos en tierra. Subimos casi de un salto y bajamos en Hopi Point, ya que habíamos leído que era uno de los mejores lugares para ver el atardecer. MAGNÍFICO. Y lo que más nos llamó la atención es que había poca gente para ser uno de los parques más visitados del mundo. Y lo mismo en Yosemite, no está nada masificado en comparación con cualquier lugar de España en verano.
En la página del parque tenéis los horarios del amanecer y del atardecer, y también en la recepción de los hoteles. Es muy importante porque eran las 6 de la tarde y ya empezaba el ocaso… hasta las 19. No hay que confiarse con nuestros horarios, y eso que era verano!!
Tras el atardecer fuimos al hotel a ducharnos y a cenar. Eran las 20:30 y ya era noche cerrada. Cenamos en el hotel por 34 $ (una especie de self service) y decidimos salir a dar una vuelta. ¡Ja! No veíamos ni 2 metros por delante. Menos mal que haciendo caso al foro llevábamos linterna, pequeñita, pero suficiente para no darnos de narices con un árbol. Como curiosidad os diré que nos subimos en el autobús que hace el recorrido circular por los hoteles del parque, esperando bajar en alguno, si había algo de animación para tomar algo, y tal y como fuimos, volvimos. Aquello estaba muerto. La conductora (que debió pensar que estábamos pirados), apagaba las luces durante el trayecto para evitar la contaminación lumínica. Bajamos y disfrutamos del silencio y de las estrellas. Sentí eso que suena tan cursi pero que sirve para describirlo: comunión con la naturaleza.
Aún ahora recuerdo esa noche como una de las más mágicas de mi vida!!!
Así que a las 10 y pico nos fuimos a dormir… había que madrugar para ver el amanecer.
27 AGOSTO: DÍA 12, GRAN CAÑÓN Y ANTELOPE CANYON
Saltamos rápidamente de la cama y antes de las 6 de la mañana ya estábamos en el mirador para ver el amanecer. Éramos 4 gatos mal contados disfrutando de un espectáculo inolvidable que poco a poco iba desplegándose ante nosotros. El fresquito de la mañana, el aire puro y un cielo limpio, pusieron el complemento perfecto. Tras deleitarnos y pasear un rato, volvimos para desayunar y recoger, pues antes de las 11:30 teníamos que estar en Page.
Si el día anterior habíamos ido hacia la izquierda del Rim (recordad que salvo en invierno toda esa zona tiene prohibido el acceso en coche), esta vez íbamos hacia el este por la Desert view, donde, ya con tu coche, puedes para en los miradores que quieras. Así hicimos. No sé si sería por la hora, pero la tranquilidad era absoluta. Recomendaríamos pues, madrugar mucho y disfrutar del Cañón durante las primeras horas de la mañana, cuando aún no han llegado los autobuses de turistas ni los helicópteros, ni el calor.
Sentada en una roca y viendo esa inmensidad te das cuenta de lo poco que significamos frente a la paciencia infinita del río y de la geología. Es la Naturaleza en mayúsculas. Entiendes la relación ancestral de los indios con ella. Vamos, que si te detienes un poco, el Gran Cañón es algo más que una etapa del viaje…
Menos mal que nos esperaba otra experiencia interesante!! Así que partimos hacia Page y localizamos el local de Antelope canyon tours. Haciendo caso al foro, teníamos reservada la visita de las 11:30 para que los rayos de sol se colaran por los resquicios del techo. El personal camina por el suelo del cañón, te metes dentro, no es como otros que se ven desde arriba.
Pagamos 128 $ por los 4, pero vale la pena y además es divertido. Al cañón no puedes ir con tu coche porque el camino es de arena y por la preservación. Te suben a unos ¿camioncillos? descubiertos de ruedas gigantes y ¡a disfrutar!. Allí sí que había gente, por lo menos a esa hora. Cada guía navajo llevaba su grupo de unas 15 personas a los que iba explicando más que nada curiosidades y los mejores sitios para hacer fotos. No importa que sepas o no de fotografía, que domines la apertura de diafragma o la velocidad; hasta a la pata coja y con la mano izquierda te salen unas fotos espectaculares. Debe ser uno de los lugares más fotogénicos del mundo. Si además te gusta, es una gozada. Zapato cerrado imprescindible, y aun así acabas con arena por todas partes.
La ida la haces por dentro, con el guía. La vuelta puedes hacerla por dentro, a la sombra y a tu aire, o por fuera, al sol… Efectivamente, habéis acertado, volvimos por dentro y aprovechamos para hacer las mejores y más tranquilas fotos del recorrido. Pero sin entretenerte mucho, que el guía nos llevaba a todos controladísimos y había que estar en los vehículos puntuales para el regreso.
Tras llegar de nuevo a Page, la ciudad de las Iglesias (y ya descubriréis cada uno por qué), teníamos que comer y decidir si íbamos al Horseshoe bend o a bañarnos al Glen Canyon. Creo que el calor que hacía hizo que nos decidiéramos por el lago. Compramos comida en un restaurante étnico escocés (un McDonald´s) y nos fuimos a orillas del lago Powell a comer y bañarnos. Antes de entrar hay que mostrar el pase anual, pues es Parque Nacional, al menos la zona a la que nosotros fuimos. El suelo es limoso y el agua gélida, pero había mucho ambiente náutico. El contraste del agua con el desierto de alrededor es digno de verse.
Por la tarde salimos hacia Kayenta, nos quedaban unos 160km de carretera. El hotel elegido fue el Hampton Inn (134 € con desayuno incluido y habitación para los 4). Llegamos a tiempo para irnos a descansar a la piscina y relajarnos un buen rato, porque allí, salvo en el hotel, pocas cosas hay que hacer. Me costó encontrar alojamiento barato por esta zona cercana a Monument Valley. Como hay poca oferta, los precios suben. Pero el hotel estuvo muy bien, igual que la cena y el desayuno. El hall-restaurante-salón, estaba muy chulo, con grandes sofás y chimenea. Dado que habíamos madrugado tanto, decidimos cenar en el hotel (53 $ propina incluida) e irnos pronto a dormir.

Tras desayunar hicimos el check out sin ningún problema y cargamos el coche (cada vez más lleno) rumbo al Gran Cañón. Ese día nos esperaban 450 km que no se hicieron nada pesados. A nosotros nos encanta conducir, pero aunque no os guste, con el cambio automático, la velocidad de crucero (activadlo, que es una maravilla), las conversación y la música, se pasa bien. Nuestra idea era parar para ver la Hoover Dam, comer en Seligman (ruta 66) y llegar a buena hora al parque para poder ver el atardecer.
Antes de marchar de Las Vegas, es imprescindible hacerse la foto en el cartel de “Welcome to fabulous Las Vegas”. Puedes aparcar allí mismo (aunque está en el centro de la carretera, rodeado de césped). Cuando fuimos nosotros había un poco de cola. Lo normal es que los de delante te den sus cámaras para que tú les hagas las fotos, y cuando te toca el turno, se las das a los de atrás, y así todos tan amigos.
La presa Hoover tiene ahora una nueva autovía tan moderna, que cuando nos dimos cuenta ya estábamos al otro lado sin haber visto nada. Fallo garrafal por nuestra parte porque teníamos mucho interés en verla. Se nos quedó una cara de idiotas… Así que si deseáis verla, hay que salirse de la autovía en la salida que hay para el centro de visitantes. Nosotros creíamos que habría algún mirador o algo y resulta que la autovía lleva unos parapetos que te impiden ver la presa. Por la carretera antigua sí que se podía hacer, pero no ahora. Así que ya sabéis, salid y desviaros un ratito que seguro vale la pena. Snif.
Tras la decepción (dar la vuelta y retroceder era un huerto) seguimos adelante y poco a poco, viendo el paisaje y con buena música, nos fuimos animando. Digo yo que habrá que volver…
Paramos a comer en Seligman, un pueblo que está en la ruta 66, la histórica carretera que iba de Chicago a Los Ángeles y cuyo ambiente refleja magníficamente Steinbeck en “Las uvas de la ira”. Es un pueblo que se resiste a morir y que algunos intentan darle vidilla viviendo precisamente de la Route 66.
Nos pareció entre macabro y enternecedor. Realmente es una calle. Entramos en varios de los locales que recomendáis en el foro, entre ellos el de Delgadillo´s Snow cap, que tiene un patio trasero digno de verse…. Y no digo más.
Comimos bocatas propios y fruta de la neverilla blanca y luego nos tomamos unos cafés con hielo y unos helados en Seligman Sundries, otro local con recuerdos, fotos, motos etc. Nos costó todo 5 $ !! . Hay que visitar el pueblo para que perduren sitios como él.
De allí ya no quedaba nada para llegar al Gran Cañón. ¡Teníamos unas ganas! El paisaje fue cambiando poco a poco. De ser casi desértico a vegetación de montaña. Creo que este viaje nos ha gustado tanto porque en la costa oeste la naturaleza es magnífica y los cambios de paisaje impresionantes. Cada día te sorprende con algo nuevo.
Enseñamos al guarda nuestro pase anual y con un mapita que habíamos sacado por la impresora, llegamos a Maswick Lodge, nuestro alojamiento. Al cambio nos salió a 80 € la noche y eso sí, los 4 juntos. Recordad que hay muy poco alojamiento en el interior del parque y que hay que reservar con meses de antelación si queréis dormir dentro. Dormir allí fue uno de los grandes aciertos del viaje. Descargamos todo y nos fuimos corriendo (literalmente) hacia el borde del cañón. Está a unos 200 m, muy cerca.
Me gusta leer todas las opiniones de los viajeros, y no llevaba ninguna predisposición en especial. Tenía curiosidad por ver nuestra reacción. Os aseguro que nos quedamos con la boca abierta… pero no mucho porque en ese momento uno de los autobuses que te llevan por la Hermits road a los miradores para ver la puesta de sol arrancó y casi nos quedamos en tierra. Subimos casi de un salto y bajamos en Hopi Point, ya que habíamos leído que era uno de los mejores lugares para ver el atardecer. MAGNÍFICO. Y lo que más nos llamó la atención es que había poca gente para ser uno de los parques más visitados del mundo. Y lo mismo en Yosemite, no está nada masificado en comparación con cualquier lugar de España en verano.
En la página del parque tenéis los horarios del amanecer y del atardecer, y también en la recepción de los hoteles. Es muy importante porque eran las 6 de la tarde y ya empezaba el ocaso… hasta las 19. No hay que confiarse con nuestros horarios, y eso que era verano!!
Tras el atardecer fuimos al hotel a ducharnos y a cenar. Eran las 20:30 y ya era noche cerrada. Cenamos en el hotel por 34 $ (una especie de self service) y decidimos salir a dar una vuelta. ¡Ja! No veíamos ni 2 metros por delante. Menos mal que haciendo caso al foro llevábamos linterna, pequeñita, pero suficiente para no darnos de narices con un árbol. Como curiosidad os diré que nos subimos en el autobús que hace el recorrido circular por los hoteles del parque, esperando bajar en alguno, si había algo de animación para tomar algo, y tal y como fuimos, volvimos. Aquello estaba muerto. La conductora (que debió pensar que estábamos pirados), apagaba las luces durante el trayecto para evitar la contaminación lumínica. Bajamos y disfrutamos del silencio y de las estrellas. Sentí eso que suena tan cursi pero que sirve para describirlo: comunión con la naturaleza.
Aún ahora recuerdo esa noche como una de las más mágicas de mi vida!!!
Así que a las 10 y pico nos fuimos a dormir… había que madrugar para ver el amanecer.
27 AGOSTO: DÍA 12, GRAN CAÑÓN Y ANTELOPE CANYON
Saltamos rápidamente de la cama y antes de las 6 de la mañana ya estábamos en el mirador para ver el amanecer. Éramos 4 gatos mal contados disfrutando de un espectáculo inolvidable que poco a poco iba desplegándose ante nosotros. El fresquito de la mañana, el aire puro y un cielo limpio, pusieron el complemento perfecto. Tras deleitarnos y pasear un rato, volvimos para desayunar y recoger, pues antes de las 11:30 teníamos que estar en Page.
Si el día anterior habíamos ido hacia la izquierda del Rim (recordad que salvo en invierno toda esa zona tiene prohibido el acceso en coche), esta vez íbamos hacia el este por la Desert view, donde, ya con tu coche, puedes para en los miradores que quieras. Así hicimos. No sé si sería por la hora, pero la tranquilidad era absoluta. Recomendaríamos pues, madrugar mucho y disfrutar del Cañón durante las primeras horas de la mañana, cuando aún no han llegado los autobuses de turistas ni los helicópteros, ni el calor.
Sentada en una roca y viendo esa inmensidad te das cuenta de lo poco que significamos frente a la paciencia infinita del río y de la geología. Es la Naturaleza en mayúsculas. Entiendes la relación ancestral de los indios con ella. Vamos, que si te detienes un poco, el Gran Cañón es algo más que una etapa del viaje…
Menos mal que nos esperaba otra experiencia interesante!! Así que partimos hacia Page y localizamos el local de Antelope canyon tours. Haciendo caso al foro, teníamos reservada la visita de las 11:30 para que los rayos de sol se colaran por los resquicios del techo. El personal camina por el suelo del cañón, te metes dentro, no es como otros que se ven desde arriba.
Pagamos 128 $ por los 4, pero vale la pena y además es divertido. Al cañón no puedes ir con tu coche porque el camino es de arena y por la preservación. Te suben a unos ¿camioncillos? descubiertos de ruedas gigantes y ¡a disfrutar!. Allí sí que había gente, por lo menos a esa hora. Cada guía navajo llevaba su grupo de unas 15 personas a los que iba explicando más que nada curiosidades y los mejores sitios para hacer fotos. No importa que sepas o no de fotografía, que domines la apertura de diafragma o la velocidad; hasta a la pata coja y con la mano izquierda te salen unas fotos espectaculares. Debe ser uno de los lugares más fotogénicos del mundo. Si además te gusta, es una gozada. Zapato cerrado imprescindible, y aun así acabas con arena por todas partes.
La ida la haces por dentro, con el guía. La vuelta puedes hacerla por dentro, a la sombra y a tu aire, o por fuera, al sol… Efectivamente, habéis acertado, volvimos por dentro y aprovechamos para hacer las mejores y más tranquilas fotos del recorrido. Pero sin entretenerte mucho, que el guía nos llevaba a todos controladísimos y había que estar en los vehículos puntuales para el regreso.
Tras llegar de nuevo a Page, la ciudad de las Iglesias (y ya descubriréis cada uno por qué), teníamos que comer y decidir si íbamos al Horseshoe bend o a bañarnos al Glen Canyon. Creo que el calor que hacía hizo que nos decidiéramos por el lago. Compramos comida en un restaurante étnico escocés (un McDonald´s) y nos fuimos a orillas del lago Powell a comer y bañarnos. Antes de entrar hay que mostrar el pase anual, pues es Parque Nacional, al menos la zona a la que nosotros fuimos. El suelo es limoso y el agua gélida, pero había mucho ambiente náutico. El contraste del agua con el desierto de alrededor es digno de verse.
Por la tarde salimos hacia Kayenta, nos quedaban unos 160km de carretera. El hotel elegido fue el Hampton Inn (134 € con desayuno incluido y habitación para los 4). Llegamos a tiempo para irnos a descansar a la piscina y relajarnos un buen rato, porque allí, salvo en el hotel, pocas cosas hay que hacer. Me costó encontrar alojamiento barato por esta zona cercana a Monument Valley. Como hay poca oferta, los precios suben. Pero el hotel estuvo muy bien, igual que la cena y el desayuno. El hall-restaurante-salón, estaba muy chulo, con grandes sofás y chimenea. Dado que habíamos madrugado tanto, decidimos cenar en el hotel (53 $ propina incluida) e irnos pronto a dormir.














