LUNES. AROMAS IMPERIALES.
Nos levantamos pronto pues nos esperaba un gran día. Abrimos la ventana de nuestro 6º piso y vimos que llovía algo, pero nada que ver con lo del día anterior. Desayunamos en un local que hay junto al hostel y que se dedica únicamente a dar desayunos (Fondi). Nos gusto tanto que desayunamos ahí todos los días. Esta vez nos salió gratis por “obsequio” del hostel pero el resto de días pagamos 95 céntimos por un exquisito capuchino y 90 céntimos por un bollo de tamaño medio, muy barato por tanto.
Sin más dilación fuimos a la estación de tren para ir a la oficina de turismo situada en el anden 22. Al pasar junto a los trenes me vino a la cabeza un flash de nuestro cercano Interrail.
Compramos la tarjeta Roma Pass por 25€ cada uno.
La Roma Pass es un pase turístico que por 25 euros te da acceso durante 3 días desde su activación (que no compra) al trasporte público de manera gratuita (metro, autobús y tranvía).
Permite la visita gratuita a los dos primeros sitios arqueológicos o museos que se visiten y buenos descuentos en el resto. Tiene ventajas como la del Coliseo donde las colas pueden ser como la ciudad, eternas. Si se una la Roma Pass por primera vez aquí, hay una entrada reservada para los poseedores de la tarjeta que evita las colas y ahorrar así mucho tiempo.
Cuando la compremos nos darán un kit que se compone de una tarjeta (la misma para transporte y monumentos), un mapa de la ciudad con horarios y demás y una guía con lo que la Roma Pass nos ofrece y como usarla.
Con la compra realizada, el plano en el bolsillo y la chuleta con algunos datos, comenzaba nuestra aventura en Roma. Nos metimos en el metro y sufrimos el primer agobio del suburbano. Era impresionante la gente que había para subir al vagón, vagones que por otra parte venían llenos. No obstante es la de Termini la única parada con correspondencia entre lineas. Hay muchos problemas en Roma con las lineas de metro por aquello de las excavaciones.
Dejamos pasar el primer comboi y montamos en el segundo. Tras dos paradas llegamos a nuestro objetivo. La parada Colosseo nos sacaba a la luz justo frente al propio Coliseo, el Anfiteatro Flavio.
Al verlo me quede un buen rato mirándolo, o más bien admirándolo, sin decir nada. Estaba cumpliendo un sueño. Ahí está, en todo su esplendor, el lugar que hoy en día mejor muestra la grandeza de Roma.
Pasado el embelesamiento sacamos unas fotos y buscamos la puerta de acceso al interior. Prácticamente no había cola y como teníamos la Roma Pass no pasábamos por taquilla e íbamos directamente a la entrada especial para los poseedores de la tarjeta. No había nadie con Roma Pass. Ademas el torno estaba estropeado y allí no había nadie que lo solucionase, lo cual más adelante nos beneficiaria.
Una fina lluvia nos recibió en el Coliseo pero pronto cesó para dejarnos disfrutar del lugar sin paraguas ni molestias.
El Coliseo fue construido por los tres emperadores flavios, de ahí su nombre; Anfiteatro Flavio, aunque se le conoce como Coliseo por una estatua colosal de Nerón que se encontraba entre el propio anfiteatro y el templo de Venus y Roma en el Foro. Fue inaugurado en el año 80 d.c, con Tito como Emperador, y se convirtió en el anfiteatro más grande del Imperio.
El Coliseo podía acoger a una 50.000 personas (bastante más que muchos de los estadios de fútbol actuales) y constaba de tres graderías que diferenciaban el estatus de las personas que en ellas se ubicaban.
El suelo del anfiteatro era de madera cubierta de arena. Bajo la estructura de madera se escondían un laberinto de pasadizos donde esperaban los gladiadores y las fieras.
En el techo se encontraba el “Velarium”, una especie de lona que utilizaban para cubrir el recinto cuando llovía o hacia mucho calor en verano.
En este lugar se realizaban luchas de gladiadores entre sí, gladiadores contra fieras e incluso se dice que aquí se llegó a representar una batalla naval, para lo cual llenaron el Coliseo de agua.
Tras la decadencia del Imperio romano el Coliseo comenzó a sufrir un gran deterioro. Parte de el se derruyó por culpa de un terremoto, pero fueron los propios ciudadanos de Roma en la Edad Media los que más daño hicieron en el lugar, utilizando sus materiales para construir palacios y casas privadas.
Tras ver tranquilamente el Coliseo era hora de pasar a la zona que fue el epicentro de la vida romana, tanto civil como religiosa; el Foro.
El Foro mide unos 120X50 mts. Augusto lo pavimentó con travertino y lo dejó vacío para simbolizar la apertura de la democracia.
Más adelante empezaron a aparecer construcciones a su alrededor, columnas y arcos del triunfo.
Como es mucho lo que hay que ver en el Foro y difícil de interpretar para la gente que no esta muy metida en el tema, os dejo un enlace donde lo explican bien en vez de tratar de hacerlo yo y liaros en lugar de ayudaros. FORO.
Después del Foro la colina Palatina o Palatino sin salir del recinto ya que esta unido. La lluvia había cesado por completo y nos daba un respiro.
Cuna de muchos palacios imperiales que se convirtió en época romana en una especie de barrio residencial donde vivieron varios emperadores, cónsules, oradores y demás gente importante.
Hoy en día las ruinas son difíciles de identificar pero bien merecen una visita. Entre las más destacadas esta la Domus Augustana, desde cuya terraza se puede ver el Circo Massimo (fuera del Palatino). Junto a la Domus esta el Estadio de Domiciano; un lugar donde unos dicen que tuvieron lugar carreras de índole privada y otros que simplemente se usaba como jardín. Sea como fuere es un bonito lugar.
Visto el Palatino volvimos a la zona del Foro para salir por la parte más cercana a la Piazza Venezia (era un camino que había que recorrer si o si, bien por fuera del recinto bien por dentro, así que mejor hacerlo por dentro y pasar de nuevo disfrutando de las ruinas del Foro).
En la Piazza Venezia se encuentra el Monumento a Vittorio Emanuele II, al que los romanos llaman “la maquina de escribir” por su parecido. Este edificio también alberga la tumba al soldado desconocido.
Desde aquí caminamos hasta el Panteón, cuya fachada (la mitad para ser más exacto) nos encontramos en obras.
El Panteón se creó como templo pagano dedicado a dioses romanos y más tarde pasó a ser iglesia cristiana. Destaca sobremanera la perfecta cúpula, una maravilla arquitectónica. En el Panteón se encuentra, entre otras, la tumba del pintor Rafael.
Es el monumento romano mejor conservado del mundo, tal vez debido a que fue utilizado como templo cristiano tras la desaparición del Imperio de Roma.
El estomago se hacía oír ya por encima del ansia cultural que Roma nos despertaba. Nos acercamos a un local de comida rápida cercano al Panteón para apaciguar el hambre.
Hecha la parada de rigor caminamos hasta el lugar que más abarrotado nos encontramos en todo el viaje, la Fontana de Trevi. Admiramos un rato la obra y nos pusimos al píe de la fuente para tirar la moneda y así asegurarnos una próxima vez en Roma.
Nos dirigimos desde aquí a la Piazza Spagna y la lluvia volvía a hacer acto de presencia. En esta época la plaza y su escalinata no esta tan radiante como en primavera o verano, pero nos pudimos hacer una idea.
Bajo la lluvia nos desplazamos a otra plaza, la Piazza Popolo. Este lugar era una de las principales entradas de la ciudad, ya desde tiempos del Imperio. El obelisco egipcio que se encuentra en el centro de la plaza fue traído aquí en 1589 y era el que estaba situado en el circo Máximo. Se trata de una plaza muy bella en la que la mano de Bernini también se deja ver.
Desde aquí tomamos la via di Ripetta para llegar a la Piazza Navona. Pasamos antes de llegar por el exterior (los lunes cierra) del Ara Pacis y el Mausoleo de Augusto. También pasamos junto al Palazzo Borghese.
La Piazza Navona es considerada una de las plaza más bellas del mundo, y con razón. Esta plaza respeta la figura de una antiguo estadio romano sobre el cual se levanta el emplazamiento actual.
Entre los edificios de la plaza destaca una iglesia, Sant´Agnese in Agone, diseñada por Borromini. Pero lo que más gusta de esta plaza son sus fuentes barrocas. La más espectacular es la central, la Fontana dei Quattro Fiumi ( fuente de los cuatro ríos), que representaba los cuatro ríos más importantes de la época.
Habíamos completado con éxito todos nuestros objetivos para este primer día (ayuda mucho la época del año y que no hay tantos visitantes como en otras fechas, lo cual agiliza el acceso y movilidad en los lugares a ver). Aún nos quedaba una hora y media de luz más o menos, y como estábamos cerca decidimos acercarnos al Vaticano para realizar una pequeña toma de contacto con la que sería nuestra primera visita del día siguiente.
Cruzamos el río Tiber por el Ponte S´Angelo que finalizaba a los pies del Castelo del mismo nombre, Sant Angelo.
Encaramos la arteria principal del Estado Vaticano, la Via de la Cociliazione para llegar a la magnifica Piazza San Pietro que precede a la Basílica de San Pietro.
De nuevo las obras nos dificultaban la admiración de los lugares emblemáticos. Esta vez el obelisco estaba rodeado de altas vallas y lonas opacas que no dejaban ver el interior. Nos fijamos en la zona de la entrada a la basílica para que al día siguiente ya supiésemos cómo proceder.
Se iba la luz del día y nosotros nos íbamos del Vaticano. Fuimos a tomar el metro en la estación de Ottaviano. Bajamos en Termini y nos acercamos al hostel para secar los pies y el calzado que sufría sobremanera las inclemencias del tiempo.
Era noche cerrada pero aún pronto para cenar. Miramos el plano y buscamos algo cerca y abierto para poder ver. Santa María Maggiore se llevó la Palma, estaba cerca del hostel y le faltaba tiempo para cerrar.
Es una de las cuatro basílicas principales de Roma. Fue mandada construir por el Papa Liberio que tuvo una visión el la que se le apareció la virgen. Esta le encargó construir una iglesia en un lugar nevado. Un 5 de agosto nevó en el lugar donde hoy se encuentra el templo.
A parte de esta leyenda es un bello lugar.
Lo que hoy podemos observar es el resultado de muchos cambios a lo largo del tiempo.
En el lugar se encuentra la tumba del escultor Bernini y sus antepasados. También dicen que aquí se encuentra un trozo de la cuna del niño Jesús, algo que dependerá de la fe de cada uno.
Salimos de la iglesia y nos acercamos a Termini dando un pequeño rodeo por calles no habituales o principales. Volvimos al restaurante de la noche anterior para cenar, esta vez, una magnífica pizza y un nuevo plato de pasta.