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1. Conociendo Austria de camino a Mauthausen
También en Austria, pero a 3 horas largas de Bratislava, se encuentra el memorial que el estado austriaco se comprometió a realizar a cambio de que los americanos les devolvieran la custodia de los terrenos y estructuras que quedaron tras la liberación de los prisioneros de los campos de concentración de Mauthausen, Güsen y otros campos auxiliares después de la 2ª guerra mundial.
El viaje fue tranquilo al principio, pero al llegar a la desviación para el pueblo de Mauthausen la carretera estaba cortada por obras y te hacían dar una vuelta rarísima por una carretera comarcal superchunga hasta el río. No nos costó demasiado encontrarlo, aunque no está demasiado claramente señalizado. Una vez que se llega arriba enseguida se ven sus muros. Se puede aparcar en un parking que hay a la derecha de la carretera, las primeras 4 horas son gratuitas.
Melk / Muros del campo de concentración desde fuera
2. El memorial KZ Mauthausen (Web en español)
Hay dos lugares donde se puede comprar la entrada, uno es el “nuevo” centro de visitantes, casi enfrente del parking, bajando unas escaleras, y a la derecha. El acceso es por una puerta gris que bien podría ser la de un contador de luz, pero se abre y se accede sin problemas. Allí se pueden adquirir audio guias o bien una guía de papel. Esta última es suficiente, viene todo perfectamente explicado y detallado.
La parte exterior, es decir, donde están los monumentos de las naciones a las victimas de los campos de concentración y demás, que es donde se encontraban los barracones de las SS, es gratuita. El acceso a la zona de prisioneros es donde hay que enseñar la entrada, o, si no la tienes, comprarla.
Entrada desde el interior donde estaban los barracones / Cadena con la que azotaban a los prisioneros
No hay palabras para expresar la atmósfera que se respira. Los visitantes van pasando de barracón en barracón en silencio absoluto mientras leen y contemplan los rostros de las personas que fueron encarceladas y asesinadas allí. La parte mas dura es la de los cementerios, las cámaras de gas y los crematorios.
Estos últimos no los recomendaría a personas que sean muy sensibles o a niños. El horror que despierta imaginarse a la gente asesinada y siendo desechada de aquella manera no se puede describir con palabras.
También se pueden visitar la cárcel, conocida como el “Bunker”, a la que llevaban a altos políticos o gente destacada para interrogarlos mediante tortura. Muchos de ellos no volvieron.
El último barracón que se visita es la “lavandería”, actualmente con un salón con las banderas de las naciones de las que hubo personas internadas allí (curiosamente no está la bandera de España, si no una bandera republicana...) que han hecho un homenaje a las víctimas que murieron allí, y una capilla.
Hornos Crematorios / Bandera republicana española
Lo de “lavandería” entre comillas es porque en este lugar no solo se lavaba la ropa, también se desinfectaba a los reclusos.
3. Monumentos de las naciones y escalera de la muerte.
Al salir de allí se puede recorrer el lugar donde están todos los monumentos de las naciones, y pasando el monumento de Estados Unidos, comienza el descenso hacia la “Escalera de la muerte”.
Los presos eran sometidos a trabajos forzados en la cantera, y para ello tenían que descender hasta la parte baja por una escalera con 186 escalones, y volver con una piedra de un tamaño considerable. A principios de 1941, los nazis calificaron a Mauthausen como el único campo de categoría III, la categoría reservada a los campos con el régimen más duro, y muchos de los prisioneros morían debido al exceso de trabajo.
Si uno se siente con ganas después de todo lo visto, puede bajar y subir la escalera. A mi me fue imposible imaginarme como debió ser aquello con una piedra a cuestas y sin parar en todo el día, mientras te golpeaban, y sin descanso ni comida suficientes.
Escalera de la muerte / Muro de los paracaidistas
La última zona que se puede ver es el “hospital” o campo de los rusos, a la izquierda de la carretera de entrada. Hoy en día es una zona verde con un monumento. En su día era una zona habilitada exclusivamente para prisioneros soviéticos, obviamente con nada de atención médica. Poco a poco se fueron mandando allí prisioneros que estaban en peores condiciones, a morir.
En total nos llevó la visita un par de horas, pero sales de allí mas tocado emocionalmente que otra cosa. Encima, de vuelta a Bratislava pillamos un accidente de tráfico a la altura del aeropuerto de Viena, con una caravana de casi una hora, y en la entrada de Bratislava, otro, aunque el atasco no fue tan malo.
Fue mi primera visita a un campo de concentración, y si puedo, visitaré mas, no podemos permitirnos el lujo de olvidar.
4. Cena y paseito por Bratislava
Ya en Bratislava habíamos quedado con unos amigos que vinieron desde Žilina, otra ciudad eslovaca, para ir a cenar y ver la ciudad de noche. Nos llevaron a un sitio chulísimo llamado Flagship (http://www.bratislavskarestauracia.sk/) donde sirven comida eslovaca buenísima, aunque es un poco caro y es conveniente reservar mesa.
Flagship Bratislava / Čumil
Ya de allí nos dimos una vuelta por el centro, donde nos enseñaron algunos rincones que normalmente no verías si no sabes que están allí, y para terminar la noche nos tomamos una cervecilla en un bar irlandés en la calle San Miguel.