25 de marzo
Una noche tranquila en la habitación, aunque con una cama muy incómoda. Fuera en la calle, ha estado nevando largamente, y en el suelo hay depositada una bonita capa de varios centímetros de nieve. Por suerte, los estudiantes de la Universidad George Washington deben estar de vacaciones de Semana Santa (Spring Break), pues no hay mucho alboroto.
Bajo a desayunar unas tostadas y café, y me dispongo a iniciar las visitas en la capital. Me dirijo a la estación de metro de Foggy Bottom, a un par de calles del hotel. En ella hay parada de la línea naranja y de la azul. Decido coger la azul e irme hasta el Pentágono, un par de paradas en dirección sur. La estación está prácticamente debajo del Pentágono, pero no hay mucha seguridad (visible). Al salir a la calle, caen cuatro copos aún, y el piso está muy resbaladizo. Doy un pequeño paseo por los alrededores con la intención de sacar unas fotos, pero un policía me dice que está prohibido en aquella zona, que debo ir hasta el Pentagon Memorial para poder fotografiar algo. No se encuentra muy lejos, debo atravesar unos aparcamientos solamente. El edificio está rodeado de unos jardines con verjas en las que se puede observar un dibujo pentagonal cada pocos metros. No tiene nada de particular, pero es visita casi obligada en Washington.
Regreso al metro y me dirijo con la misma línea azul a la primera parada en sentido contrario al que he ido antes: Arlington Cemetery. Posiblemente sea uno de los cementerios más famosos, vistos por televisión y cine y visitados del mundo, con sus grandes extensiones de cruces blancas saliendo de verdes campos de césped (hoy no, todo es blanco).
Como el cementerio es enorme, hay mapas de situación en bastantes puntos, pero para ver los puntos más importantes suele bastar con seguir a la multitud. Los dos puntos más vistos son: las tumbas de la familia Kennedy (especialmente la de JFK y su mujer), y la Tumba del Soldado Desconocido, en la que cada hora se hace una ceremonia de cambio de guardia y ofrenda floral. Todo muy solemne y silencioso, con la participación de escolares que hacen las ofrendas. Varias decenas de personas, yo incluido, aguantamos estoicamente una nevada cuya intensidad ha ido en aumento, durante casi una hora, de pie y en absoluto silencio, para ver el cambio de guardia. Tras esto, y bastante empapado, me dispongo a salir del cementerio, cuando a unos pocos centenares de metros veo un funeral, con desfile de soldados, salvas al aire y ataúd tirado por carro de caballos. Supongo que es bastante habitual en este cementerio, en el que la mayoría de huéspedes son militares, gobernadores, presidentes...
Vuelvo a coger el metro (línea azul), hasta la parada de Capitol South, para sacar unas fotos del magnífico edificio. Creo que se puede hacer una visita guiada gratuita, pero no tengo muchas ganas, tras haber recibido con frustración la noticia que no puedo visitar la Casa Blanca porque debido a los recortes (sí, sí, allí también!), han suprimido este servicio gratuito para visitantes. Tras dar un garbeo por la zona, me meto de lleno en el amplio paseo que queda entre el Capitolio y el Lincoln Memorial, para acabar entrando (gratis) en el Museo Smithsonian, concretamente en la parte dedicada al National Air and Space (aeronáutico). En él están expuestos todo tipo de aeronaves, desde aviones a satélites, naves espaciales, misiles... Por lo menos se está calentito aquí, rodeado de gente (en las calles no hay casi un alma). Tras visitarlo durante más de dos horas, recuerdo que llevo todo el día sin comer, y ya son más de las cinco de la tarde.
Empezará a oscurecer en breve, o sea que me voy hacia el hotel, pues cerca de allí, en el camino que va a la estación de metro, he visto un "deli" en el que podré comprar la cena y llevármela a la habitación.
Tras cenar tranquilamente, me dispongo a ver un rato la tele y leer antes de acostarme, el tiempo no invita mucho a salir de nuevo. Espero que mañana no nieve otra vez...
Se hace lo que se puede y le dejan a uno. Felicidades por ver un sueño tuyo manifestarse.