DÍA 9: SHANGHAI
Tras coger el avión en Guilin (esta vez volábamos con Shanghai Airlines, sin problema) y algo más de dos horas llegamos a Shanghai. Una vez allí teníamos claro que queríamos coger el Maglev y desde ahí la línea 2 hasta People Square. Los billetes del Maglev se pueden comprar sencillos, 50Y y un 20% de descuento presentando una tarjeta de embarque del día, o de ida y vuelta, 80Y. El Maglev, por si alguien no lo conoce, es un tren que hace el recorrido desde el aeropuerto hasta la estanción de Longyan Road por la que pasa la línea 2 de metro, y que alcanza durante el trayecto los 300km/h por lo que en 7 minutos te plantas en la estación. La otra forma de salir del aeropuerto es la línea 2, que es justo la que llevaba a nuestro hotel por lo que quizá deberíamos haber cogido el metro en lugar del Maglev pero, como no, de esto nos dimos cuenta tarde, y además queríamos probar el súper tren.
En Shanghai cada parada de metro tiene múltiples salidas, igual que en Pekín, por lo que o se tiene muy claro por donde salir o se hace lo que nosotros: salir por cualquiera y que sea lo que diós quiera. En el metro de Shanghai hay otra ciudad subterranea, tiendas de ropa, de comestibles, pastelerías, Mc Donalds... En esta ocasión y aunque parezca increible no orientamos bastante bien y en cinco minutos estábamos haciendo el check in en el hotel. Check in lento, por supuesto, ducha rápida y al Bund directos. Al lado de nuestro hotel salía la calle Nanying Road, que es peatonal en una parte y una de las más comerciales de la ciudad. Además va directa al Bund para contemplar los rascacielos de Pudong. La calle es genial, está llena de todo, comercios y gentes a partes iguales. Además, al principio de la calle, en la parte izquierda en dirección People Square-Bund encontramos un sitio en el que comeríamos casi todos los días de nuestra estancia en Shanghai, se llama Corner Food y es una especie de centro comercial, las dos primeras plantas están dedicadas a productos típicos chinos y las dos últimas a restaurantes. Comimos en varios de los sitios y, aunque todos nos gustaron mucho y además estaban muy bien de precio, recomiendo encarecidamente el tailandés. Todo buenísimo. La especialidad parecía ser un cangrejo gigante en salsa pero a mi marido no le va mucho el marisco y un cangrejo para mí sola era demasiado por lo que optamos por otras opciones igualmente ricas.
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Uploaded with ImageShack.comCon la panza llena seguimos la calle en dirección al Bund, la calle esta cuajada perpendicularmente de pequeños callejones a cual más pintoresco. Nos paramos a mirar cosas, gente y edificios unas diez mil veces hasta que por fin llegamos al Bund. Sin palabras...
Uploaded with ImageShack.comEra pleno día pero aún así nos quedamos alucinados con los edificios que había a un lado y otro de la bahía, en Pudong edificios súper modernos como la Perla de Oriente o la torre Jinmao, y al otro lado edificios neoclásicos grandiosos de la época de las concesiones europeas. Caminamos a un lado y a otro sin descanso, hasta llegamos al puente de Waibaidu, una estructura de hierro perfectamente integrada con el entorno a pesar de no tener nada que ver con un lado ni con otro. Llegamos hasta el Peninsula, que como siempre está ubicado en un maravilloso edificio y en un lugar privilegiado, que ganas tengo de alojarme algún día en uno de estos hoteles.
Uploaded with ImageShack.comA eso de las 16h el calor y el sol eran completamente insoportables así que decidimos ir a tomar algo fresquito y después descansar un rato en el hotel hasta que bajara un poco el sol porque con ese calor era casi imposible caminar.
Sobre las 19h salimos de nuevo en dirección al mismo sitio que por la mañana porque queríamos ver el Bund por la noche, nos costó bastante llegar porque la calle estaba completamente llena de gente, pero a rebosar, con decir que la gente ya ocupaba algunos de los carriles de los coches os lo digo todo, que agobio. Por fin llegamos y el espectáculo no pudo ser más impresionante, el sol empezaba a ponerse y los edificios a iluminarse, que maravilla. Estuvimos un buen rato caminando por allí y cotilleando el tema de los barcos que recorren la bahía pero finalmente decidimos no coger ninguno.
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Uploaded with ImageShack.comYa bastante tarde decidimos retirarnos no sin antes pasar por nuestro Food Corner a comernos unos currys riquísimos, reconoceréis el sitio en cuanto lo veáis. Primero eliges si quieres pollo, ternera, vegetales o alguna de las cientos de variedades que tienen, después eliges cuanto arroz quieres y por último el grado de picante.
Uploaded with ImageShack.comY ahora sí a la cama.
DÍA 10: SHANGHAI
Para este día habíamos planificado los jardines de Yu y Concesión Francesa por la mañana y por la tarde Pudong y la torre Jinmao.
A los jardines de Yu se puede llegar en metro, parada con el mismo nombre, o, como nosotros, caminando. La distancia en el mapa no parece ser tanta pero nos pusimos a andar y tardamos algo más de una hora desde People Square, encima hacía un calor considerable ya a primera hora, pero la parte buena es que vimos un montón de calles por las que nos hubiéramos pasado de otra forma. Alrededor de los jardines se levantan varias casas de estilo chino plagadas de negocios de todo tipo, hay hasta un Starbucks (hay que decir que, aunque comer es muy barato en China, no es el caso de Starbucks que mantiene los precios europeos, encima los Frapuccinos no están nada ricos). La zona está bastante de llena de gente, parte de la cual desaparece al entrar en los jardines.
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Uploaded with ImageShack.comLa entrada a los jardines cuesta sólo 20Y!!!! (de verdad que no entiendo el criterio que siguen en China a la hora de establecer tarifas) y el lugar es un verdadero oasis dentro del caos de una ciudad como Shanghai, la paz y el silencio se adueñan, dentro de lo que cabe, del jardín y el paseo es realmente agradable, incluso me pareció que los chinos gritaban menos de lo habitual.
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Uploaded with ImageShack.comEl jardín es un verdadero laberinto de callejuelas y pasadizos, canales llenos de peces de colores, puentes, tejados rematados con cabezas de dragones y serpientes, todo en piedra y madera, una maravilla, visita imprescindible en Shanghai.
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Uploaded with ImageShack.comDespués del jardín queríamos ir a la concesión francesa y, como no, decidimos ir caminando. A unos cinco minutos de los jardines comienza la calle Huaihai que lleva directamente a la concesión y es una de las arterias principales de la ciudad, pero no como Nanjing Road, sino que está llena de tiendas de lujo de todo tipo, diseñadores internacionales, concesionarios de coches de súper lujo, joyerías, etc. Lo más curioso de esta calle es que el primer tramo es muy moderno, plagado de rascacielos, mucho cristal, ventanas de espejo y acero por todas partes, sin embargo la última parte, la que desemboca en la concesión no tiene nada que ver con esto, los edificios son mucho más antiguos, todos de ladrillo con chimeneas industriales pero igualmente bonita. Este tipo de contrastes están presentes en toda la ciudad.
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Uploaded with ImageShack.comUna vez en la zona de la concesión francesa la altura de los edificios disminuye, es una zona mucho más residencial, con edificios de dos o tres alturas e incluso casas unifamiliares con jardín, de hecho visitamos dos de estas casas, llamadas Shikumen, pertenecientes a dos dirigentes durante la Revolución de Mao .Para los chinos estas casas tienen una gran simbología por la importancia política de estas dos personas pero para nosotros, o para todo aquel que no esté versado en la revolución china, lo realmente curioso es visitar dos casas tradicionales, con sus muebles, algunos de la época y otros que son réplicas, e imaginar de alguna forma la vida que llevaban este tipo de personas.
A esas alturas ya estábamos agotados, el calor no ayuda, así que compramos comida y nos fuimos a comer a la habitación del hotel, a descansar un ratito y coger fuerzas. Aquí probamos por primera vez una especie de empanadillas que venden en casi todas las tiendas de alimentación en China, es una masa gorda rellena de todo aquelló que os podáis imaginar. Nosotros las compramos en un Seven Eleven en el metro y nos supieran a gloria.
Tras la obligada siesta cogimos el metro hasta Lujiazui para subir a uno de los rascacielos de Pudong, en concreto el edificio Jinmao. Para ir a Pudong se puede coger también una especie de lanzadera súper rápida que va desde el Bund hasta allí por un túnel lleno de luces de todos los colores. A nosotros no nos llamó la atención, no es excesivamente caro, creo recordar que unos 5€ al cambio pero para llegar teníamos que recorrer todo Nanjing Road con los miles de chinos que la transitan, así que en dos paradas de metro estábamos al otro lado de la bahía.
Nosotros nos decidimos por el edificio Jinmao porque tenía un precio bastante razonable, 160Y por persona, (razonable en comparación con el resto claro). Llegamos antes de que anocheciera y así pudimos ver la ciudad con y sin luces. Las vistas son espectaculares como os podéis imaginar, no en vano es el octavo edificio más alto del mundo (aunque las torres de telecomunicaciones están fuera del rankin según leímos en nuestra guía), 360º para ver todo Shanghai. En esté edificio está situado un hotel de la cadena Hyatt que está considerado el más alto del mundo, las habitaciones están ordenadas en espiral de forma que cuando uno se asoma al centro del edificio la sensación es como de asomarse al vacío. Mejor pongo una foto porque con esta explicación no sé si queda claro.
Uploaded with ImageShack.comLa visita al edificio fue muy chula pero a mí se me hizo un poco pobre, eché en falta más explicaciones y más ambiente. No sé muy bien como explicarlo pero lo comparo con la torre Bayoke, en Bangkok, cuya visita el año pasado nos encantó no sólo por las vistas, sino por lo bien ambientado que estaba el recorrido. De cualquier forma la visita a Jinmao merece mucho la pena.
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Uploaded with ImageShack.comY esa noche fue la que nos tocó cenar en el tailandés, qué rico todo.
Uploaded with ImageShack.comA dormir y a recuperar fuerzas que los días de viaje ya iban pasando factura.
Por si se me olvida al final, si alguien le interesa leer algo sobre la Revolución de Mao sin entrar en libros de historia os recomiendo Balzac y la Costurera, es muy fácil de leer y da una pequeña visión de la revolución, muy a grandes rasgos, pero lo suficiente para hacernos una idea de lo que significó para el país. Yo lo estoy leyendo ahora y me hubiera gustado hacerlo antes del viaje para entender un poco mejor el amor de los chinos por todo lo occidental y por el consumo en general.
DÍA 11: SHANGHAI
Hoy iba a ser nuestro último día en Shanghai y desde España habíamos planificado ir a Suzhou hoy pero la noche anterior lo estuvimos pensando y nos dimos cuenta de que no nos apetecía nada coger trenes e ir de acá para allá, así que dedicamos la mañana al templo de Longhua y la tarde a People Square y a una última visita al Bund.
Un poco más tarde de lo habitual salimos del hotel en dirección al templo de Longhua, que es el templo budista más antiguo de Shanghai y aún hoy está habitado por una comunidad bastante grande de monjes. Para llegar teníamos que ir en metro hasta el estadio Olímpico y ahí caminar yo no sé cuanto hasta el templo. A mí las distancias se me hacen enormes cuando no sé a dónde voy, encima el calor que hacía ese día era inhumano. Menos mal que ese día mi marido está inspirado y consiguió que llegarámos a la primera y sin dar demasiadas vueltas. Confieso que la entrada al templo me echó un poco para atrás, en la puerta hay mucha gente un poco rara pidiendo pero aún así decidimos entrar y de verdad mereció la pena porque el templo es muy auténtico, me dió la impresión de que no está nada enfocado al turista, de echo casi no vimos ningún turista, y mucho menos occidentales.
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Uploaded with ImageShack.comAntes de entrar al recinto hay una pagoda que pertenece al templo pero el templo propiamente dicho está conformado de varios patios alrededor de los cuales se encuentran los edificios, unos destinados a las viviendas de los monjes, otros al culto y algunos son cocinas ya que dentro del templo hay un pequeño comedor vegetariano que es la forma de hacer ofrendas sin recurrir a la limosna.
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Uploaded with ImageShack.comCreo que este lugar es, con diferencia, el sitio en el que mayor silencio hemos encontrado en todo el viaje, daba cosa hasta hablar. Estuvimos un buen rato allí pero a la hora de comer emprendimos el camino de vuelta al hotel, esta vez se me hizo más corto, pero el calor era cada vez menos soportable así que después de llenar las barrigas, no consigo recordar dónde, no fuimos a descansar tal como hicimos el resto de días en Shanghai durante las horas centrales del día.
Por la tarde dimos una vuelta por People Square, que es una de las plazas principales de Shanghai. La parte central es un parque precioso lleno de vegetación alrededor del cual se encuentran la Opera de Shanghai, que en ese momento estaba en obras, y otros edificios y hoteles, restaurantes, etc.
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Uploaded with ImageShack.comFue un paseo muy agradable, dentro del parque hay un café con una terraza preciosa, aunque con el calor apetecía poco subir, quizá al anochecer sea mejor momento.
Uploaded with ImageShack.comY después, para despedirnos de la ciudad volvimos a ir al Bund atravesando la calle Nanjing. He de decir que era viernes, y esto significa que todos los chinos de China van a esa calle a dar una vuelta, de verdad que era un hormiguero gigante, así que decidimos coger la calle paralela evitando así a todos los chinos y descubriendo otras calles igualmente pintorescas. Después de un rato llegamos al Bund, avanzamos a la izquierda evitando la zona de mayor condensación de orientales y encontramos un escalón en el que despedirnos como diós manda. A esas alturas ya habíamos desarrollado una capacidad especial para abstraernos del ruido y los gritos y pasamos un rato maravillos mirando los edificios, hablando de las cosas que habíamos hecho bien y mal en ese viaje, soñando con futuros destinos. Se me pasó el tiempo volando y sólo nos dimos cuenta de que se estaba haciendo tarde cuando escuchamos el rugido de nuestras tripas.
Uploaded with ImageShack.comDecidimos cerrar el viaje con una súper cena en el tailandés pero unos diez millones de chinos tuvieron la misma idea y por más que buscamos no escontramos ni una tasca donde comer algo así que con todo el dolor de mi corazón tuve que comerme una hamburguesa del Mc Donalds, hubiera preferido unos fideos o cualquier cosa oriental pero me la comí tan feliz, me supo a gloria, y eso que picaba como un demonio.
Vuelta a casa a preparar las maletas con pena por dejar China pero también con ganas de volver a casa.