Salimos de BCN a las 10.30 hrs. en un vuelo de US Airways y llegamos unas 6 horas después al Aeropuerto de Philadelphia. Dado que teníamos que cambiar de terminal, y en este país eres sospechoso hasta que no se demuestre lo contrario, no nos dio apenas tiempo de ver nada del Aeropuerto, ya que tuvimos que pasar varios controles de seguridad antes de llegar a nuestra puerta de embarque.
Moraleja: una conexión de 2 horas suele ser suficiente en la mayoría de aeropuertos del mundo, pero ojo si os toca hacerla en un aeropuerto enorme de USA, teniendo que recoger el equipaje, volver a facturarlo y hacer colas y más colas para pasar los controles de seguridad… el tiempo se va volando.
Pudimos comprobar que esto sólo ocurre cuando llegas del extranjero, ya que en vuelos interiores o hacia el extranjero el control de seguridad es el habitual de otros aeropuertos.
El segundo vuelo, de Philadelphia a Los Angeles, duró otras 5-6 horas (ya que salió con retraso de casi una hora), por lo que llegamos a Los Angeles sobre las 18 hrs.(hora local).
En la recogida de equipajes encontramos la primera paradoja respecto a la ansiada seguridad que pretenden los americanos. Resulta que en el aeropuerto de Los Angeles (en San Francisco pasa lo mismo) desde la calle cualquier hijo de vecino puede entrar a las cintas de recogida de equipajes sin ningún problema, por lo que resulta un poco chocante que en una planta estén analizando las maletas como elementos radioactivos y en la planta inferior pueda acceder cualquiera a las cintas desde la calle con buenas o no tan buenas intenciones
Una vez recogido el equipaje, los traslados a hoteles y agencias de alquiler de coches los tienen bien organizados (teniendo en cuenta la densidad de tráfico que se mueve por esta ciudad en mi opinión está bien gestionado). En las diferentes puertas de salida, que están organizadas por compañías aéreas, hay zonas de diferentes colores bien señalizadas en las que paran taxis, transfers a hoteles y a los rent a car. Únicamente debes saber cual es tu transfer y coger el bus adecuado. En nuestro caso era el bus verde/azul, que comparten las compañías National y Alamo (pese a haber hecho la reserva con una agencia, el proveedor del servicio era National). No tiene pérdida, ya que los buses van pintados de forma llamativa y fácilmente reconocible (rojo los de Avis, amarillos los de Hertz, etc…)
Una vez en la oficina de National, donde hicimos las gestiones muy rápido, nos indicaron que podíamos coger el coche que quisiéramos de la categoría reservada (en nuestro caso la SUV, que viene a ser como un hibrido entre un monovolumen y un 4 x 4 de ciudad). Llegamos al parking y aquello no eran coches… eran auténticos barcos!!!. Eran largos, grandes, enormes, aunque pequeños comparados con la categoría siguiente. Finalmente acabamos cogiendo el que habíamos visto en la reserva, un Ford Escape (que en España es el Ford Kuga, y que ahora me trae recuerdos de nuestra ruta…). Unas pruebas en el parking con la posición de las marchas (hay que recordar que los coches son automáticos), puesta en marcha del GPS y directos al primer atasco en LA… All right guys!!!
Eran como las 19.30 cuando nos incorporamos a una masa de coches que se movía lentamente. Era como cuando avanza una lengua de lava y poco a poco va cubriendo la tierra, sin llegar a pararse en ningún momento… pues igual pero con los faros de los coches encendidos avanzando por la carretera. Una media hora después llegábamos a Lucas Avenue con la 3ª W, es decir, a nuestro refugio angelino.
El hotel Jerry’s es una joyica, pequeño y muy apañao para estar cerca del downtown un par de noches. Tiene parking vigilado y la zona se ve tranquila (aunque, honestamente, sólo pasamos por allí para entrar o salir del hotel, así que mi opinión al respecto de la zona es un poco limitada).
La noche de llegada teníamos inicialmente pensado salir a recorrer LA sin perder un minuto, pero claramente fuimos demasiado optimistas respecto a nuestro estado físico tras llevar 22 horas en pie, así que nos quedamos en el hotel y caímos reventados en la cama, aunque con el fastidioso jet lag no pudimos dormir muchas horas seguidas esa primera noche