
Nos levantamos temprano y recogimos la mochila para a continuación hacer el checkout, proceso que siempre se hace rápido.
Hoy iba a ser un día largo y cansado, ya que íbamos a tener que cargar con mochila durante gran parte del día.
Bajamos por la calle Bush St. para ver la Chinatown Gate.

Tras unas fotos dimos media vuelta y bajamos por Powell St hasta Union Square, ya que íbamos a coger el bus turístico que nos lleva a Fisherman's Wharf, donde empiezan los tours. No queríamos llegar hasta allí, ya que el objetivo de esa mañana era ir a ver Lombard St que pillaba de camino, por lo que le dijimos al conductor que si podía parar a mitad del trayecto para que nos bajáramos. Este decía que no podía y que debía seguir hasta el final. Después de mucho insistirle nos dejo, como cosa excepcional, en la misma Lombard.
La calle es muy empinada y la subida dura, pero merece la pena. Llegamos a la famosa calle sinuosa de Lombard St.. Llena de flores y arbustos junto a las bonitas casas que forman la calle hacían una bonita estampa.

Subimos la calle por unas escaleras que hay en los laterales hasta llegar arriba, donde se cruza con Hyde St.. Aquí las vistas eran muy buenas, ya que se veía bajar toda la calle Lombard con sus jardines, y al fondo la Coit Tower y la bahía.

A un lado de la Hyde St baja hasta la bahía y donde se vería la isla de Alcatraz, y al otro lado de la Hyde St sube para arriba. Esto junto al Cable Car y su campana que pasa por Hyde St. hizo del lugar uno de los más bonitos de la ciudad.

Después de disfrutar las vistas subimos andando por Hyde St hasta la Washington St. por la que giramos para llegar a Chinatown. Aunque llevábamos las mochilas, el paseo no se hizo muy pesado, ya que íbamos viendo las calles. Además no llevábamos mucha prisa, pero entre comillas, ya que la idea era llegar a Union Square y coger el bus turístico para ver el City Hall y Alamo Square.
En la calle Washington St. pasamos por el Museo del Cable Car pero no entramos. Es un bonito edificio de ladrillo por el que pasa el tranvía.
Llegamos a Chinatown, el barrio chino de San Francisco. Había visto barrios chinos en películas pero ninguno en la vida real, y he de decir que me sorprendió gratamente. Sus calles con edificios de estilo oriental adornadas con farolillos, sus peculiares farolas, calles llenas de gente asiáticos, etc. me gustaron mucho. Eso si, las calles estaban un poco sucias.

Pasamos a varias tiendas, y en una de ellas compramos un gorro que nos haría falta para los próximos días en el desierto. Fue una buena compra por que nos salvó del fuerte sol del oeste americano.
Una vez visto este barrio fuimos al edificio Transamerica Pyramic, el famoso rascacielos con forma de pirámide que está al lado del barrio chino. Llegamos al cruce entre las calles Washington St y Columbus Ave, donde la vista del rascacielos era muy bonita junto al otro edificio Columbus Building con su color verde.

Nos dirigimos hacia Union Square pasando por California St. y los rascacielos del Distrito Financiero.

Llegamos a la plaza y vimos que había mucha cola para coger el bus turístico, además pensamos que era tarde para realizar el tour y no queríamos arriesgarnos a perder el vuelo que teníamos a Los Ángeles, por lo que decidimos no hacerlo e irnos yendo tranquilamente hacia la parada del BART que nos llevaría al aeropuerto. Muy cerca de donde se coge la boca del BART está la parada donde termina la línea del Cable Car de la Powell St, por lo que nos quedamos a ver el cambio de sentido del tranvía, cosa que hace que se junte mucha gente para verlo.

Cojimos el BART que nos llevó al aeropuerto. Llegamos a nuestra terminal y buscamos los mostradores de DELTA para hacer el checkin en las máquinas automáticas. Buscamos nuestra puerta de embarque y esperamos a la salida de nuestro vuelo.
Este avión era pequeño y se veía que era un poco viejo, pero el servicio a bordo fue bueno (nos dieron un aperitivo y un refresco). Una vez llegando a LAX se podía ver la inmensidad de la ciudad de Los Angeles. Miles de casas, carreteras llenas de coches y calles casi infinitas... que inmensidad!

Aterrizamos y bajamos del avión, donde a continuación buscamos la salida a la calle pero al encontrarla nos pareció un tanto extraño que no hubiera taxis ni autobuses ni jaleo de gente. Mirando por allí nos dimos cuenta que estábamos en un piso superior y había que bajar abajo. Entonces sí que vimos todo el jaleo de coches y gente. Buscamos el autobús que nos llevaría a la parada del autobús que nos llevaría directos a Santa Mónica. Esta parada estaba un poco alejada, al lado de uno de los parking del aeropuerto.
Tras unos pocos minutos llegamos a dicha parada y tuvimos que esperar durante mucho tiempo hasta que pasara el bus, unos 45 min. Llegó el bus y subimos. Fue el primer contacto con la gente de Los Angeles. Mucha gente de color, afros, cubanos, latinos… una gran mezcla étnica.
El trayecto hasta nuestra parada en Santa Monica fue largo, unos 45 minutos, pero íbamos entretenido mirando por la ventana las calles de la ciudad.

Nos bajamos en nuestra parada. Estábamos en Santa Mónica!!! No me lo podía creer. Aquí ya se veía el estilo peculiar de las calles y edificios del lugar. Buscamos el alojamiento Hostelling International Santa Monica y pronto dimos con él. Hicimos el checkin y subimos a la habitación, la cual era compartida con más gente. Nunca había estado en uno, pero he de decir que el coger este alojamiento fue un acierto. El Hostel estaba genial, bonito, bien cuidado, limpio, sala de lectura, wifi, comedor, patio chillout y a dos pasos de la playa.
Dejamos las cosas en la habitación y nos fuimos para el paseo marítimo, al famoso muelle. Cruzamos Ocean Ave y allí estaba, la famosa playa de “Los Vigilantes de la Playa”, con el Pier, las casetas de los socorristas, el paseo de palmeras. Qué ilusión!!!

Andamos por el paseo dirección al arco de entrada al muelle y bajamos hasta el Pier.

Al estar nublado y que ya estaba anocheciendo, las luces del muelle y de las atracciones llenaban todo de luz.
Entramos en un gran recreativos donde había máquinas antiguas, seguimos por las atracciones del muelle (noria, montaña rusa, puestos de tiro, etc.) y llegamos hasta el final del muelle, donde llegamos ya de noche total.

Había muy buen ambiente: familias, grupos de jóvenes afroamericanos, hispanos, etc. Me gustó.

Volvimos y nos dirigimos a la 3th Promenade, calle llena de tiendas y restaurantes con mucho ambiente.



Había músicos callejeros, olía a comida, sonaba música, y nosotros buscamos un lugar para cenar. Fue en Johnny Rockets, un local con ambiente de los años 60 donde pedimos una hamburguesa y refresco. De repente los camareros subieron la música y se pusieron a bailar dentro de la barra con un gracioso y entretenido número. Que cachondos son estos americanos.
Seguimos hasta el final del paseo y nos volvimos para el alojamiento. Fue un largo día y estábamos muy cansados, pero muy contentos.