El día de hoy era más relajado porque todo lo que íbamos a visitar estaba relativamente cerca, así que aprovechamos para levantarnos algo más tarde y desayunar tranquilamente en la chambre d’ hotes. Posteriormente, subimos a la habitación para recoger las maletas y es que durante nuestra estancia en el Valle del Loira cada día dormiríamos en un sitio distinto, de forma que empezamos por la zona este del valle y acabaríamos por la oeste. Nosotros decidimos hacerlo así, primero por evitar hacernos kilómetros gratuitos de ida y vuelta, y segundo porque nos gusta vivir los distintos ambientes de la ciudades por la noche. Sin embargo, dado la cercanía de todas las atracciones turísticas tampoco es mala idea quedarse toda la estancia en una zona céntrica como puede ser Tours.
Bueno pues tras dejar las maletas en el coche, pusimos rumbo al Château de Chenonceau. Este castillo es uno de los más bonitos, y por tanto, más visitados de la región, por lo que es recomendable su visita a primera hora de la mañana. Nada más llegar te encuentras con una avenida que discurre entre un pequeño bosque, que acaba con dos preciosos jardines simétricos a los lados, y el castillo enfrente. El castillo no es muy grande, pero es muy bonito y destaca, sobre todo, por su galería construida sobre el río Cher.


El interior está muy bien conservado, con muchos de los muebles originales. Además es muy curioso visitar cada una de las habitaciones de las distintas damas con sus diferentes estilos.



En el exterior, se encuentran los dos jardines: el de Catalina de Medicis (a la derecha) y el de Diana de Poitiers (a la izquierda). Los dos son preciosos y merece la pena darse un paseo por ellos, no sólo por disfrutar de las plantas exquisitamente cuidadas, sino también por las vistas que obtenemos del castillo sobre el río.




A parte de estos jardines hay muchos más elementos en los alrededores, como el huerto, el bosque o el laberinto, que también son muy interesantes.
Tras la visita, nos dirigimos a Amboise, donde también podemos encontrar un castillo, el Château de Amboise.

Sin embargo, sinceramente no fue el château lo que más nos gustó de este lugar, ya que Amboise tiene un casco histórico muy pintoresco con muchos detalles, por lo que mi recomendación es pasear por Amboise y disfrutarla.


Como ya iba llegando la hora de comer, aprovechamos uno de los numerosos restaurantes de enfrente del Château para recargar fuerzas. La verdad es que la oferta gastronómica es bastante variada por lo que es un buen sitio para pararse a comer.
Tras Amboise, nos dirigimos a visitar el Château de Villandry. Éste fue el último gran castillo del Renacimiento construido en el Valle del Loira, sin embargo, el château no es famoso por su castillo sino por sus espectaculares jardines. Tengo que decir que cuando te dicen que los jardines son preciosos realmente no te haces una idea de lo que te vas a encontrar y es que es absolutamente impresionante.

Los jardines están separados en áreas, y cada área tiene un estilo y unas plantas distintas, por lo que es imprescindible pasear por las distintas áreas. Nada más entrar encontramos un huerto, aunque no se parece en nada al huerto tradicional, ya que usan las distintas hortalizas para formar dibujos. Posteriormente podemos encontrar un jardín de plantas aromáticas, uno dedicado al sol, a las nubes o al agua. Éste último absolutamente espectacular por la paz que brinda, te invita a sentarte y simplemente observar. Precisamente eso hicimos nos sentamos bajo un árbol y nos quedamos un rato simplemente disfrutando el lugar.


Tras descansar un rato en el jardín del agua, visitamos los jardines ornamentales que probablemente es la estampa más famosa de Villandry. Estos jardines son increíblemente bonitos. Arriba del todo hay un mirador que nos permite obtener una panorámica de todo el jardín y la verdad es que es sobrecogedor.


Este château es probablemente uno de los que más nos gustaron debido a la espectacularidad de sus jardines y a su singularidad, ya que no verás nada parecido en el valle. Así que lo considero una visita imprescindible en el caso de que tengas poco tiempo en el valle de Loira junto con Chenonceau.
Una vez finalizadas las visitas a castillos por hoy, nos dirigimos a Tours donde dormiríamos esa noche. Hicimos el check in en la chambre d’hotes La herudiere, dejamos las maletas y fuimos a visitar el centro de Tours. La Place del Plumereau es una encantadora plaza de casas tradicionales llena de restaurantes y tiendas y sobre todo con mucho ambiente.
Alrededor de esta plaza hay muchas callecitas por las que pasear y perderse. A unos 15 minutos andando se encuentra la Catedral de St-Gatien que es digna de ser visitada.

Tras el paseíto, volvimos al centro y aprovechamos para tomarnos unos magníficos crepes en una minicrepería súper mona. Creo recordar que el mío era de pato, cebolla caramelizada y manzana

Como Tours tiene un ambiente muy juvenil se pueden encontrar muchísimos sitios donde tomarse una copa. Así que aprovechamos a unirnos y nos pedimos unos cócteles aunque eso sí eran de tamaño maxi…

Tras acabarnos los interminables cocteles, nos fuimos a descansar.