Desayunamos muy pronto, justo cuando abrieron el restaurante. El menú era idéntico al del día anterior, sólo que ahora las tortillas nos las hicieron al gusto, ya que había un cocinero allí mismo, donde las bandejas de comida, que te daba la opción de echarle lo que le pidieras.
La idea era salir a las 6.30 del hotel para llegar a las 7 al aeropuerto. En esta ocasión, mis compañeras fueron puntuales. Tampoco se trataba de perder el avión............
La recepcionista del hotel llamó a un taxi. La tabla de precios marcaba 60.000 rupias. En dos minutos estaba en la puerta. En este caso era uno oficial, de color azul, similar a los Blue Bird de la capital. A la hora prevista, estábamos en el aeropuerto.
Resulta curioso que una ciudad como Yogyakarta tenga un aeropuerto tan pequeño. Podría compararse al de la isla de La Palma, en Canarias. Con tan sólo dos puertas. Salvo Jakarta y Surabaya, todos los aeropuertos que recorrimos parecían propios de ciudades pequeñas, como los que proliferaron en España en la época de bonanza económica.
Facturamos sin problemas, tampoco nos dijo nadie nada sobre el comunicado del cambio de horario y que nos tratarían como viajeros preferentes. Me hacía gracia, pero ya preguntaríamos en el avión.
Pagamos las tasas y pasamos a la sala de embarque donde pudimos realizar alguna pequeña compra de última hora que no habíamos realizado en los templos, principalmente imanes para la nevera. Un “cafelito” y nada.......enseguida nos llamaron para subir al avión.
El avión, cómodo, aunque tengo la sensación que bastante antiguo, nos llevó sin novedad a Denpasar en Bali. Preguntamos y por el correo que nos habían mandado y su respuesta fue:
No sé de que me hablan. Si tienen dudas, manden un correo a la compañía.
Habíamos reservado un hotel. El Jati Home Stay. Leímos comentarios positivos y el precio estaba bien. La sorpresa fue que al mandar un correo, para pedir precio y disponibilidad, este era la mitad que en Booking. Además, se ofrecían a venir a buscarnos por 250.000 IRP. El precio por noche era de 300.000 IRP por tres personas en una habitación triple, unos 18 euros.
Dewa era mi contacto y todos los correos que mandé fueron contestados de inmediato, y eso que eran horas intempestivas en Bali. Todos menos el último, en que le indicaba el cambio de hora de nuestro vuelo y por el que no recibí respuesta.
Si llegábamos allí, y no estaba el chófer, había dos opciones. Esperar a que viniese o tomar un taxi.
Bajamos del avión y recogimos el equipaje. Había otros españoles, que por sus comentarios, eran bastante pijos. Nos pusimos al otro extremo, por si acaso...........
Al salir con las maletas sentí cierto alivio al ver mi nombre en un cartel. Afortunadamente, habían recibido mi correo. Su nombre era Noman, y quien a la postre sería nuestro conductor, los días que estuvimos en Ubud.
*** Imagen borrada de Tinypic ***
El trayecto era largo, pero se hizo ameno ya que Noman nos iba contando y explicando todo. Las fábricas de esculturas, los monumentos que había por la carretera y cuando llegamos a Ubud, nos indicó la calle principal para que nos orientásemos y una perpendicular a ésta, donde estaba situado el hotel.No sabíamos si Noman era independiente o trabajaba para el hotel, ya que nos acompañó hasta dentro, pero nos pidió el dinero del pick up por adelantado.
El Jati es peculiar. Es una casa de huéspedes. Su entrada es pequeña, por una calle muy transitada de Ubud. Lo curioso, es que una vez que caminas unos cincuenta metros, pasando por unas viviendas que hay dentro del recinto al final, las habitaciones están frente a un arrozal ya abandonado, y estando allí, es complicado imaginarse que estás en medio de una ciudad.
*** Imagen borrada de Tinypic ***
Comentamos a Noman, dada su amabilidad durante el trayecto desde el aeropuerto a Ubud, que fuese él nuestro chófer allí. La idea era dividir Bali en tres partes y hacer las excursiones. Saldría un poco más caro que hacerla en un transporte público, pero ahorraríamos tiempo y nos entretendríamos más o menos, según nuestros intereses.Quedamos en reunirnos con él a las 8 de la mañana del día siguiente. Ya era mediodía, y procedía tomarse unas cervezas y comer. El sitio elegido fue un local, un poco más arriba del hotel, que también era una agencia de viajes, organizaban excursiones y demás.
Por la tarde caminamos un poco, viendo las tiendas. Las chicas decidieron darse un masaje, y dada mi experiencia del día anterior en Yogya, decidí mejor irme a la habitación y tumbarme un rato hasta que terminasen. Me resultó curioso ver a un enorme grupo de hombres, vestidos de blanco y con gorros, que parecía, había acudido a una ceremonia. Digo que sería aquello, porque no me cuadraba un Master Chef Balinés, aunque aspecto de ello llevaban.
*** Imagen borrada de Tinypic ***
Mis compañeras vinieron muy satisfechas del masaje y me recomendaron acudir otro día. Por supuesto, otro día.......... Hoy no.......... Mañana¡¡¡Ya reunidos los tres, revisamos las rutas que le pediríamos a nuestro chófer y salimos a cenar. Allí encontramos un local que nos gustó y que sería nuestro lugar de referencia El Taman Curry, donde pasaríamos nuestros ratos de asueto, y claves en nuestra alimentación, en aquella maravillosa ciudad, con wifi y un personal muy amable, que siempre nos preguntaban, si al llegar, faltábamos alguno de los tres. En este lugar, combinaban la comida local con la occidental, sobre todo preparaban unos maravillosos platos de pasta.
Al entrar en el pasadizo que llevaba al hotel, alguien pronunció mi nombre.
Antonino..........
Me sorprendió que alguien me conociera allí. Al preguntarle quien era me respondió que Dewa, mi interlocutor. Vivía en una de las casas previas a la entrada al hotel. Nos saludamos y me explicó que al día siguiente estaría a la hora del desayuno para organizar nuestras excursiones.