Antes de nada, quiero comentar para los que se preguntan si en un sólo día se pueden ver los dos templos, Parambana y Borobudur, la respuesta es si. Es totalmente viable, además, de una forma relajada.
Poco antes de las 7.30 de la mañana estábamos desayunando. Habíamos conseguido descansar y las cosas se veían de manera distinta. Por otro lado, el trasiego de dos noches enteras viajando nos permitía tomarle cierta delantera al cambio horario. En los viajes hacia el este, donde adelantamos el reloj, el cuerpo sufre más que cuando viajamos a las Américas, donde la diferencia horaria es similar a unas noches de vacaciones y copas en España. Te acuestas más tarde y te levantas a mediodía.
En el caso de Java, la diferencia horaria oficial son seis horas. Sin embargo, serán aproximadamente ocho, en horas solares, ya que a las cinco de la mañana amanece, y por tanto, emerge la actividad.
Desayunamos bien. Algo que sería ya el menú típico en el resto del viaje. Unas tostadas, huevos en forma de tortilla, zumo de naranja y fruta fresca.
Aún quedaban quince minutos para las ocho, hora a la que nos vendría a recoger el taxi. Salí un momento fuera del hotel, y ahí estaba ya nuestro chofer, esperando junto a otro hombre. Había más taxis, y antes de acercarme a él, varios me preguntaron si precisaba de sus servicios.
Nuestro conductor del día anterior tenía un compromiso y nos enviaba a su cuñado. Ya había leído en los foros, antes del viaje, que era frecuente que un chofer o un guía, enviase a su cuñado. Era curioso, siempre eran cuñados. En realidad, nos daba lo mismo uno u otro, ya que sólo se trataba de llevarnos allí, no era nuestro guía. Aún así, existía una contrariedad, no hablaba inglés.
Yendo con dos mujeres, salvo que tengas que coger un avión, lo normal es que salgas un poco más tarde. Eran las ocho y cuarto cuando subimos al coche.
Calculo que fue como una hora el trayecto, con un tráfico bastante intenso. Eran poco más de las nueve cuando llegamos a Borobudur. Con señas, le indicamos que quedaríamos donde estaba aparcado el coche, a las doce y cuarto.
El recinto era bonito, y había muchísima gente. Tengo que decir, que personalmente, fue el templo que más me gustó durante mi visita a Indonesia.
Fue construído entre los siglos VIII y IX. Posteriormente fue abandonado hasta que fue redescubierto en el siglo XIX. En los años 70, la Unesco patrocinó su restauración hasta dejarlo como lo conocemos en la actualidad, incluyéndolo dentro de su Patrimonio. Al parecer fue abandonado en el siglo XV, y cuando se rescató estaba cubierto por las cenizas del Merapi. La restauración duró varios años, cortando árboles y retirando cenizas. Otra curiosidad es que no se sabe exactamente el motivo por el que fue abandonado, y durante tres siglos fue considerado un lugar maldito, relacionado con la mala suerte.
No os marearé con detalles técnicos que podéis encontrar en Google o en La Wiki. Como curiosidad, se dice que está construído sobre un lago seco, y representa una flor de loto flotando sobre él.
Al llegar vimos una inmensa cantidad de público que caminaban hacia la entrada. Nuestro chofer nos acompañó a la entrada de extranjeros. El precio, desorbitado, 190.000 IRP. Unos 12 euros.
Habíamos leído que se podía pasar si llevabas algún carnet y decías que eras universitario. Pues bien, la señora de la taquilla sacó un taco de fotocopias, y nos dijo que sólo eran válidos aquellos. El ahorro habría sido del cincuenta por ciento. Son achinados, pero no tontos.
Calculo que entrarían unas cuatrocientas personas locales por cada extranjero. Ellos pasaban por un control policial, similar al de los aeropuertos, pasando sus bolsas por un control metálico, mientras que a los “privilegiados “que pagábamos, te invitaban a un café o una botella de agua. Qué detalle¡¡¡¡
Antes de pasar al recinto, por supuesto, nos pusieron el sarong, tampoco iba a ser una excepción.
Nos mezclamos con todo el mundo. Curiosamente había muy pocos occidentales. Según caminábamos, veía como hacían fotos al público, en lugar de al templo, que iba apareciendo majestuosamente.
Las fotos se hicieron cada vez más frecuentes, pero en dirección contraria a la subida del recinto. Pensé que igual me las hacían a mi, pero claro, era de perogrullo. Cómo iba a ser así?
Mis dudas se disiparon cuando vi a una chica que apuntaba con su cámara hacia mi, al mirar a la derecha, había otra joven que se había situado a mi lado y justo cuando disparó, salió corriendo y se reunió con su amiga. Efectivamente, la atracción era yo, mis rasgos occidentales les debían resultar curiosos.
Seguimos subiendo escaleras, y recorríamos las galerías, veíamos las figuras y sobre todo las campanas que gobiernan el templo. Tengo que decir que con independencia de la historia de este templo, merece la pena sólo porque es bonito, aunque no tuviera un pasado interesante, aunque no se conozca lo que puede significar cada una de sus galerías, sus incrustaciones en la piedra y sus representaciones, es una maravilla visual digna de ser contemplada.
*** Imagen borrada de Tinypic ***
Fue entonces cuando me pasó una de las experiencias más curiosas del viaje. Un chico se acercó y me preguntó si podía decirle mi nombre y firmarle en unas hojas que llevaba. Al parecer estaba realizando un trabajo de inglés. Mi sorpresa fue que al hacerlo, aparecieron como unos 30 más. Tan sólo me limité a plasmar mi firma, y les dije que el nombre lo copiasen de otro. En mi vida firmé tantos autógrafos. Cuando terminaron, cambiaron los bolígrafos por las cámaras y móviles. Al final, si lo piensas el coste de la entrada compensa, ya que por el mismo precio ves el templo y te sientes famoso.
Habíamos visto ya todo el recinto. Antes de salir al aparcamiento pasamos por diversos puestos y tenderetes. Compramos alguna campana para llevarnos de recuerdo. Al final, hay un recinto similar al de Prambanan, donde te puedes sentar a tomar algo. Bebimos unas cervezas, no sin antes cerciorarnos del precio. Allí no hubo ningún problema.
Tuvimos que esperar un rato al chofer, que se había perdido por el complejo. De nuevo hicimos el camino de vuelta y llegamos al hotel. Era hora de tomar algo y comer. Hasta ahora los locales donde habíamos estado no eran totalmente de nuestro agrado.
Tomamos la “gang” próxima al hotel y llegamos a otra calle paralela a la estación de Tugu. Encontramos un garito sencillo, pero totalmente lleno de occidentales, salvo por el personal que lo atendía. El local se llama Bladok, y es también hotel, aunque ese día estaba lleno. Los precios son muy asequibles y el personal amable.
Después de comer decidimos ir a darnos un masaje. No es una actividad que me interese demasiado, pero me dejé llevar por mis compañeras de viaje y acepté el dármelo, justo en un local en frente de nuestro hotel. Eran solo 60.000 rupias, menos de 4 euros. Así que entramos los tres.
La chica, con aspecto frágil por fuera, trató mi cuerpo como si fuese una masa panadera. Me hizo daño en todos los lugares que tengo constancia. Lo último fue intentarse subir encima mía.
No, bonita, no. Ni se te ocurra¡¡¡
Al fin terminó la sesión de tortura y me juré a mi mismo que si había vivido 48 años sin un masaje, podría vivir el resto de mi vida. El sadomasoquismo no va conmigo. A ellas tampoco les gustó, menos mal, ya empezaba a dudar con quien me había ido de viaje¡¡¡¡
Otro paseo por Malioboro para hacer tiempo. Estaba hasta arriba de público. Vendían unas camisetas estruendosas, con escudos brillantes, incluidos equipos de futbol como Madrid, Barsa, Chelsea, etc. Nos daba la hora de cenar, así que decidimos volver al Bladok.
El local tiene aspecto limpio y cuidado, pero aquella noche comenzamos a ver multitud de ratas por el tejado y alguna que bajaba al patio, donde estábamos. No soy escrupuloso, pero no quería que me rozasen. Una de ellas entró en la cocina, y un grito amenazador, no de miedo de la cocinera la hizo salir “por patas”.
Aún así, es un local que recomiendo. Yogia es una ciudad sucia, y es normal que las haya. Supongo que si estás encerrado no las ves.
Antes de llegar al hotel hicimos intención de tomar una copa. Miramos los precios y los cóctekes eran asequibles, pero al mirar un whisky cola, vi que los precios eran de 1.000.000 IRP. No sé si habría o no un error, si te daban la botella, pero el caso es que no nos apeteció discutir y nos fuímos a dormir.
La noche antes habíamos recibido un sms en el que nos indicaban que nuestro vuelo de Air Asia, había sido adelantado de las 10 a las 8.30 AM. Había que madrugar. También nos decían, que dado el trastorno, nos darían un trato preferente al día siguiente.