Como ya habíamos cumplido en San Francisco, y estábamos bastante cansados; dedicamos la mañana simplemente a descansar. Nuestro vuelo hacia Honolulu no salía hasta las 15:00 h y habíamos quedado con la empresa del Shuttle a las 12:30 en nuestro hotel.
El día anterior habíamos comprado comida para desayunar en la habitación, así que con toda la calma, preparamos la maleta, desayunamos y esperamos hasta la hora de recogida.
El vuelo era con Delta Airlines y la duración fue de 5 horas y 20 minutos, por lo que contando que en Hawaii son aún dos horas menos que en la costa oeste de USA, cuando aterrizamos seguían siendo las 17:30 horas.
Para nuestra sorpresa, el servicio de shuttle que habíamos contratado nos estaba esperando ya a la salida del avión con un cartel con nuestro nombre y un collar de flores hawaiano para cada uno. En esta ocasión lo teníamos contratado con Speedi Shuttle.
El cambio de clima con respecto a San Francisco fue enorme. Durante los cinco días en Honolulu no bajamos de 25 grados en ningún momento, incluso en una mañana que llovío, mientras que en San Francisco nunca alcanzamos los 20 en tres días.
Así que disfrutando del paisaje de la isla hicimos el trayecto de 25 minutos desde el aeropuerto hasta el hotel. La gran mayoría de los hoteles está en la zona de Waikiki, que es la parte más turística de la ciudad. En nuestra agencia nos ofrecieron otra opción que fue la que escogimos. El hotel New Otani (2863 Kalakaua Avenue, Waikiki) se encuentra en Kaimana Beach, que es una pequeña playa a continuación de Waikiki. Con eso, ganas tranquilidad para los ratos de playa, ya que la otra está mucho más masificada y estás situado a menos de 10 minutos caminando de la zona principal. La playa no es privada del hotel, pero al encontrarse tan recogida, la gran mayoría de los bañistas son inquilinos del hotel.

FOTO: Hotel New Otani Kaimana
Entre el traslado al aeropuerto y hacer el checking en el hotel, prácticamente era hora de cenar. Así que después de una ducha, nos fuimos a cenar a Waikiki. Está lleno de locales, bares, buffets y sitios de comida rápida. Nosotros comimos en un buffet libre y retornamos al hotel.
Al día siguiente, nuestro plan era por la mañana quedarnos en la playa. Con la llegada a Hawaii, de momento se habían acabado las caminatas que llevábamos durante los primeros nueve días.

FOTO: Waikiki vista desde Kaimana Beach
El desayuno lo compramos en un mini supermercado que había cerca del hotel, cogimos cuatro cosas, nos pusimos el bañador y para abajo a la playa. Yo la verdad que no soy mucho de tomar el sol tumbado en la playa, pero como a mi mujer le gusta y hay que hacer de todo, estuvimos un par de horas largas tirados en la playa.
Después, subimos para la habitación a ducharnos y sobre la una del mediodía bajamos a comer al restaurante del hotel, el Hau Tree Lanai. Ya había estado mirando en su página web y la verdad que tenía muy buena pinta tanto la carta como el lugar. Es una terraza cubierta por árboles a pie de playa.

FOTO: Restaurante Hau Tree Lanai
Yo probé uno de los platos típicos de Hawaii, el Loco Moco, que se sirve como Brunch (mezcla de desayuno y almuerzo) y que lleva varias capas de ternera y cerdo con un huevo frito, acompañados de arroz, setas y lechuga. Vamos, lo que viene siendo una comida completa
Tras reposar la comida, salimos del hotel para dar una vuelta por Waikiki. Había muchísimo ambiente por toda la zona. La playa está llena de gente jugando a volley y disfrutando del sol. Hay varias esculturas dedicadas al surf, la gran pasión de la isla. Sin embargo, la playa donde menos surf se hace es Waikiki debido a la mayor cantidad de gente y que es una de las playas de menor oleaje.

FOTO: Volley playa en Waikiki
Después de recorrer toda la playa, nos metimos en el International Market Place de Waikiki, que es una especie de mercado al aire libre con tenderetes y puestos de comida y bebida. Tras dar una vuelta, entramos en uno de los locales, el Ticki Town, donde servían bebidas. Lo escogimos porque tenían música en directo. Había un hombre con una guitarra haciendo versiones de canciones de Nirvana, Rolling Stones o Depeche Mode. Pedimos unos cocktails de vodka y estuvimos mas de una hora disfrutando de la música, el clima y la bebida.
Como hasta el momento no habíamos comprado ningún detalle para la familia, ya que decidimos comprarlos en Hawaii para no cargar con ellos durante todo el viaje; dedicamos lo que quedaba de tarde a ello. Si por algo se destaca Hawaii, es por el mestizaje de culturas que hay presente, por lo que encuentras detalles americanos, japoneses como polinesios, completando una mezcla original. En las tiendas de regalos ocurre lo mismo, la variedad es enorme. Para nosotros nos inclinamos por una máscara polinesia del amor, que ahora está colocada en nuestro comedor.
Ya era hora de cenar y nos metimos en uno de los muchos restaurantes que dan hacia el lado del mar en Waikiki. Cenamos una hamburguesa completa muy rica. Nos llamó mucho la atención que el anochecer fue el más rápido que habíamos visto nunca, en menos de media hora pasa de sol a la noche completa.
Para acabar el día nos quedaba un paseo nocturno por Waikiki hasta nuestro hotel. Por la noche hay encendidas antorchas en la playa junto a las estatuas y al paseo, que dan un ambiente muy bonito para caminar ya sea por el paseo o por la arena.