Para nuestro último día completo en Hawaii habíamos reservado entradas para ir al Sea Life Park, un parque acuático donde ver a las especies marinas e incluso bañarte con algunas de ellas. Ir a este parque fue uno de los motivos de haber alquilado el coche, ya que se encuentra en la misma carretera por la que habíamos circulado el día anterior. Las reservas de la entrada y las actividades las hicimos a través de su página web. Tiene varias opciones y descuentos según el número de actividades que cojas. Nosotros elegimos tres, en primer lugar para mí cogí una inmersión en un tanque enorme con tiburones con una verja alrededor; y para mi mujer bañarse primero con leones marinos y luego con delfines.
El parque abre a las nueve de la mañana, así que madrugamos para desayunar primero y a las 8:20 salíamos con el coche. Desde el hotel había una media hora, tened en cuenta que en Hawaii los límites de velocidad son muy bajos, no se puede correr nada con el coche. El límite más alto que vimos fue de 60 millas en lo que se supone que es la autopista de tres carriles, que son unos 96 km/h.
El desvío al Sea Life Park está en la Kalanianaole Highway, antes de llegar a Sandy Beach. Llegamos unos minutos antes de las nueve, así que nos esperamos fuera hasta que abriesen. La primera actividad programada era la mía con los tiburones a las 10 horas.
Al entregar la reserva de la entrada, te indican que has de ir a la tienda de recuerdos donde está puesto tambíen los cuadros de los horarios de las actividades y las plazas restantes. Allí te ponen pulseras de colores dependiendo de que vayas a hacer con la hora que tienes asignada y te indican que estés unos 20 minutos antes de la hora en la sala contigua a la tienda donde te vienen a buscar los monitores de la actividad.
Así que ya nos quedamos en la sala después de que nos pusiesen las pulseras. Van con un poco de retraso durante todo el día al menos en el que estuvimos nosotros.
Vino la monitora a buscarnos. Eramos cuatro para hacer la inmersión, un chico de Glasgow, dos chicas de California y yo.
El tanque es enorme, no sabría decir su longitud. De profundo tendría unos cinco metros. Lo primero te dan una explicación en inglés, de la que me quede con alguna cosa pero no con todo, y te enseñan unos cuantos signos para comunicarse bajo el agua. Te buscan un neopreno de manga corta de tu talla para el cuerpo y para los pies.
La inmersión se realiza con una escafandra que te dejan caer sobre tus hombros. Fuera del agua es bastante pesada pero una vez que te sumerges ya no hay problema.

FOTO: Escafandras para la inmersión en el tanque de tiburones
Yo iba el último para bajar, así que te pones de espaldas en las escaleras, te colocan la escafandra con una mini-grúa y para abajo. Desciendes en dos niveles, para no bajar tanto espacio de golpe. Toda la escalera y el espacio en el fondo del tanque está rodeado por una valla metálica, separándonos de los tiburones.
Al llegar abajo del tanque si que se nota la presión en los oídos, pero soplando con el pulgar metido en la boca se alivia bastante la sensación. Dentro había varios tiburones, el más grande mediría unos dos metros y ninguno era de razas peligrosas. La verdad que supongo que es por haberlos visto tanto en televisión y nunca en directo, impresiona bastante tenerlos cerca aunque no sean un tiburón blanco. El monitor bajó una bolsa con gambas y tal como la sacó, la raya que había se acercó y se pegó a la valla metálica por su parte inferior, quedando su boca hacia nosotros. En un visto y no visto la raya se comió 6 o 7 gambas.

FOTO: Tanque de los tiburones
Después nos dieron a cada uno un trozo de lechuga para introducirlo por la valla y que se acercasen a comer los peces tropicales. Los tiburones la verdad que ni se inmutan de que haya gente a su alrededor.
El tiempo total de inmersión son unos 20 minutos. El tanque es transparente y tiene un pasillo que lo rodea por lo que desde fuera te pueden observar en todo momento. En el mismo orden que bajamos, fuimos subiendo, fuera escafandra y ya podíamos ducharnos y quitarnos el neopreno. Dentro del tanque ni me dí cuenta de que había estado lloviendo bastante.
La segunda actividad del día venía ya seguida. Volvimos a la sala de recogida y al poco ya vino otro monitor a buscar al grupo que se iba a bañar con un león marino. Les dieron un chaleco flotador para ponerse encima del bañador.
En una piscina alargada y estrecha pusieron al grupo de ocho personas que hacía la actividad. Trajeron a un león marino y fue haciendo acrobacias y trucos con cada uno de los participantes. Saludar, estornudar, giros o hacerse el muerto eran algunos de los trucos que sabía hacer el león.

FOTO: Zona de los leones marinos
Después de haber hecho con todos, les hicieron a cada uno una foto abrazado al león y otra con el león dándole un beso. Todas las fotos se podían comprar en la tienda de regalos del parque. Duró una media hora entre todo.
Entre la segunda y la tercera actividad si que teníamos un rato libre. Aprovechamos para tomar algo y para dar una vuelta por la zona donde tienen más animales marinos. Estuvimos viendo las tortugas, las estrellas de mar o los peces tropicales.
También coincidió que hacían uno de los espectáculos de los delfines. Esto es similar al que hace en cualquier zoo de acrobacias y saltos.
A las 12 horas era la última de nuestras actividades; el baño con delfines. Hay varias opciones de actividad en función del número de personas y el número de delfines para elegir. Mi mujer iba en un grupo de unas 12 personas con un delfín en la piscina grande. Los ponen en fila dentro de la piscina donde no cubre, y allí les fueron explicando cosas de los delfines, pasando delante de ellos para que le fuesen tocando las aletas, la cabeza, la cola o el lomo. Al igual que con los leones marinos, para acabar fueron pasando uno por uno y les hicieron una foto con el delfín de pie cogiendole por las aletas y otra dándole un beso en el morro.

FOTO: Espectáculo de los delfines
Al acabar con los delfines, ya era la hora de comer. La verdad que estábamos un poco cansados. No habíamos parado casi en toda la mañana y llevar ya dos semanas fuera de casa se dejaban notar. Comimos en el mismo parque, que tenía el típico restaurante americano de comida rápida.
Por la tarde habíamos pensado estar en la playa del hotel, pero como el coche no teníamos que devolverlo hasta las 8 de la tarde, al final decidimos aprovechar para ir a alguna playa que no hubiésemos estado. Miré en el gps alguna de las que recomendaba y elegí Lanikai Beach, que además estaba a unos 20-25 minutos del Sea Life Park.
La verdad que la elección fue buenísima. Lanikai fue la playa más bonita de las cuatro que estuvimos en Hawaii. Era la más parecida a una playa caribeña, con arena fina y agua muy clara, rodeada de vegetación. Caímos como troncos en la arena. Estuvimos tomando el sol y bañándonos hasta las 5 y media de la tarde.

FOTO: Lanikai Beach
Recogimos y pusimos dirección a Waikiki para devolver el coche. En vez de ir por la costa fuimos por una carretera por el centro de la isla, entre la montaña y la vegetación. Pases por donde pases, Hawaii te muestra paisajes y fotos de recuerdo.
Entregamos el coche y utilizamos el servicio que tenía la empresa para llevarnos a nuestro hotel. Fuimos a cenar y se acabó nuestro último día completo en Hawaii.