Empiezo desde el principio de nuestro viaje. Llegamos un día antes a Madrid, desde donde salía nuestro vuelo. Nos quedamos en el hotel Husa Chamartín, de lo más barato que habíamos visto. No es para tirar cohetes, pero tiene wi-fi y buena comunicación con el aeropuerto. Pensamos en ir a Madrid un día antes ya que con la combinación de AVE del domingo desde Alicante hasta Madrid el tiempo nos venía justo. Y lo podríamos haber cogido, porque tiempo hubo de sobra.
Cogimos el cercanías desde la estación de Chamartín a la T. 4, que no teníamos que pagar ya que puedes comprar billetes de Cercanías con el billete del AVE. Fue muy rápido, ya que sale cada media hora de la estación y a los 10 minutos estabas en la terminal. Allí cogimos el bus que te lleva de una terminal a otra, por lo que a las 11 más o menos estábamos allí. Fuimos a facturar las maletas y había bastante cola. Había gente que se colaba, pero como antes ya te daban unas etiquetas para las maletas los sacaron enseguida. Tras unos 20 minutos de espera, llegamos al mostrador de facturación, nos asignaron los asientos a los 3 juntos en la planta de arriba y los billetes y etiquetas para el vuelo siguiente y ya nos fuimos a pasar el control de seguridad.
En el control de seguridad también había mucha cola, pasamos sin ningún problema y entramos a donde estaba nuestra puerta de embarque. Una vez allí, ¡sorpresa! el vuelo llevaba una hora y cuarto de retraso. En vez de a la 1, salía a las 2 y 18. Empezamos a olvidarnos un poco de ir a visitar Trondheim. En la sala de espera no había ningún sitio libre. También entiendo que la gente mayor necesita descansar más que yo, así que acabamos mis padres y yo sentados en el suelo, y aprovechamos para comer los bocatas que habíamos comprado en la estación, en lugar de comer en el avión.
A la 1 y media había una gran cola formada para embarcar los primeros. La mayoría, gente mayor. Lo mejor fue cuando a las 2 menos algo empezaron a llamar para embarcar por los grupos que ponía en el billete, por lo que la cola no sirvió de nada. Como íbamos arriba, al lado de la primera clase, nos tocó embarcar de los primeros. Bajamos y había un bus esperándonos, y cuando se llenó nos fuimos al avión. Preguntamos donde estaba nuestro asiento y los azafatos nos mandaron al final del avión, cuando en realidad estábamos arriba. Luego se disculparon diciendo que eran nuevos (al menos pidieron perdón
) Subimos arriba, metimos nuesta maleta de cabina y nuestras maletas. Una de nuestras ventanas estaba rallada, así que no teníamos muchas vistas.Cuando ya estábamos todos en el avión, llegaron los mensajes por megafonía: ''Atención pasajeros, se están buscando las maletas de dos personas que no van a subir al avión por no llevar las maletas'' A las 2 y media dijeron que las habían encontrado. Tras 300 vueltas por la pista diciendo que nos preparáramos para el despegue dijeron que no habían calentado motores. Lo único que hicieron ponerme más nerviosa, porque odio todo lo relacionado con el despegue del avión. Al final, a las 3 y 5 dijeron que ya habíamos tomado pista y despegamos. Todo el mundo estaba enfadado, ya que dos horas de retraso era mucho y mucha gente quería ir a ver la ciudad.
El vuelo fue muy bien, como siempre te ofrecen comida, cosas del duty free y tarjetas rasca y gana, y el despegue fue totalmente limpio. A las 6 y 20 estábamos saliendo en los buses del aeropuerto de Trondheim. Llegamos a la ciudad sin esperanzas de salir a verla. Hicimos el check-in, muy rápido, y nos fuimos al camarote. Más o menos nos orientábamos en el barco ya que es muy parecido al Sovereign del año pasado. Dejamos el equipaje de mano allí. Había cena libre, por lo que pasamos del restaurante Miramar, tomamos algo en el buffet, y esperamos a las 9, donde antes de zarpar (se supone que zarpábamos a las 7 y media!) hicimos el simulacro de emergencia. Fue muy rápido. Fuimos a ver el espectáculo de bienvenida y tras ir otra vez al buffet y ver que ya teníamos nuestras maletas nos fuimos fuera a ver el sol de fuera. La primera noche fue precioso, a las 12 el sol aun no se había escondido.
Nos quedamos enfadados por el retraso del vuelo, pero no fue un mal día. Descubrimos un poco más el barco y nos fuimos a descansar, ya que al día siguiente llegábamos a Alesund.