Volvimos a visitar Mostar, pero esta vez por la mañana con luz y vimos donde estaba el antiguo puente de la Unesco y su reconstrucción, la zona donde aún quedan vestigios de la guerra, edificios con metralla derruidos juegan un papel importante y contrastan con la ciudad moderna, sus gentes, su quehacer diario, su tráfico, sus tiendas...la catedral. Tanta tienda no nos dejó indiferentes, compramos unas zapas muy monas de verano... y nos sentamos en un bar con wifi para ver la ruta hasta el camping del parque natural Boracko Jezero.

Cuando ya no era una tromba de agua, sino una lluvia como la que habitualmente conocemos, fuimos hasta el coche e hicimos comida improvisada dentro :roll:. Salimos hacia Boracko Jezero.
Por el camino paramos en Konjic, pero como llovía no pudimos ver mucho y decidimos seguir, ya volveriamos a la vuelta, pues teniamos que pasar de nuevo
Subimos y bajamos puerto de montaña para llegar a la zona de acampada de Boracko Jezero, carretera estrechita donde las haya y con lluvia...toda una delicia! Rezando para no encontrar a ninguna caravana de frente en una de las curvas...Pero, finalmente llegamos felices a las 7:30 pm a un sitio de relax total. Tengo que decir que la intención de esta ruta y de llegar a este lugar, era la de subir el monte Prenj, pero hablando con la chica del camping cambiamos de idea porque pensabamos que quedaba más cerca y era una autentica paliza para un sólo día.
Este era nuestra cabañita!
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Después de un día y medio en este paraiso de relax, donde nos dedicamos a darle la vuelta al lago a pie, encontrarnos con boys scouts, bañarnos en el lago, intentar hacer paddelsurf con una tabla de windsurf, lavar ropita y lavarte los dientes con los caballos mirandote de reojo en el baño abierto de madera (pa mi que se pensaban que era la cuadra), encontrar un barecillo estupendo con wifi y desayunar estilo bosnio (pasta de harina con leche y queso de cabra....), recogimos las cosas y volvimos por el mismo camino por el que llegamos, subimos y bajamos el puerto y hoy sin lluvia la carretera parecía de otra forma. Fue entonces cuando paramos a visitar Konjic:
